7 de septiembre de 2005

SIR FERNANDO ALONSO


Todavía nuestro Fernandito Alonso no ha ganado ni un título mundial de la cosa formulera y ya acaban de darle un premio tan insigne como el Príncipe de Asturias. En la sana competencia venció por goleada a a la saltadora de pértiga rusa Yelena Isinbayeva y anteriormente a los tenistas Andre Agassi y Rafael Nadal, al trece veces campeón del mundo de motociclismo Angel Nieto, al ex campeón del mundo de Rally Carlos Sainz, al piragüista David Cal y al campeón olímpico de 1.500 en Barcelona Fermín Cacho. Poner en la balanza en estos momentos a Fernando Alonso con Ángel Nieto es un insulto a la inteligencia y a las buenas costumbres. Nadie duda que nuestro as del volante, por su sapiencia, juventud y buena estrella nos dará muchas alegrías en los circuitos, pero se ve que el jurado del premio “Príncipe de Asturias” tenía mucha prisa por concederle el premio a Alonsito, antes de que se haga más mayor. Y si lo de las dos ruedas de Angel Nieto no le gustaba al jurado, tenían al piloto Carlos Sáinz que tampoco es manco de historial. Si al final ha primado lo de que Fernando es asturiano pues bueno, lo mismo el próximo año le dan el premio al ganador del Descenso del Sella. Hasta el propio piloto español ha calificado de sorpresa el anuncio del premio. Lo que le honra. Por cierto, que lo mismo diríamos a estas horas si el ganador hubiese sido el tenista Rafael Nadal. Para acabar de arreglar el asunto, el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, (un político) ha dicho que se ha valorado la trayectoria de Alonso "desde que tenía 3 años". ¿Incluidas las caquitas de tan tierna edad? Los únicos que no han dicho tonterías han sido el propio Alonso y Angel Nieto, que ha dicho que “me darán el premio a título póstumo”. No, Angelito, o te dan trece premios o serán unos tacaños.

5 de septiembre de 2005

EL LÍO DE LOS FICHAJES Y LOS CONTRATOS

Confieso que para algunas cosas soy bastante torpe. Para comer gambas, no, mira por donde. Para echarme un kilo al coleto cojo velocidades de Fernando Alonso. Pero para otras cosas es que –maldita sea mi alma- no hay manera de enterarme o hacerlo bien, ni aún recurriendo a CEAC o a la Universidad a Distancia. Una de las cosas que nunca entenderé en esto del deporte (y se da muchísimo, especialmente en el atribulado mundo del fútbol) es el asunto de los fichajes, su duración, cuando terminan o empiezan los contratos… No hablo de que se fichen jugadores que después no tienen sitio ni se les necesita. Lo que alguno diría “gastar por gastar”. ¡Quién no se compra lo primero que le entra por el ojo y después lo deja arramblado en un cajón! Lo más llamativo es el tejemaneje de algunos fichajes y contratos. -A ver, Solari. Te vamos a renovar el contrato por unos cuantos años más, hasta que te hagas viejecito y ya no puedas jugar por culpa de la artritis reumatoide. Y los jerifaltes del Real Madrid (es un ejemplo que vale para más equipos) montan toda la parafernalia, incluidas las cámaras de televisión para que retraten el asunto. A los varios meses, los mismos jefes y el mismo entrenador, deciden dar la voleta a Solari, tiran el contrato a la papelera y lo traspasan al Inter. Si te queda un año (o dos) de contrato, échate a temblar. El club no puede esperar, ni el jugador, a que la cosa llegue a su fin y después ya veremos. Es el caso de Duda (jugador del Málaga). Se le quiere traspasar a otro equipo para así cobrar un dinero que un año después rien de rien. El jugador dice que nones y lo apartan del equipo. El club incumple un contrato que, por lo visto, es pan mojado. A veces (caso Figo, de nuevo el equipillo de don Florentín), el jugador no quiere verse en el banquillo todo ese tiempo que le resta de contrato y decide volar por su cuenta, aún con el agradecimiento de los servicios prestados. En otras ocasiones es el jugador quien, aún teniendo varios años de contrato, dice que se va a otro club y que se va, oye, que coge la maleta, mira que ya va por el aeropuerto, pero será capullo, si está cogiendo un avión destino Inglaterra…. Y ya está: como el jugador no era feliz, o no le pagaban lo que valía o le ha salido una novia más guapa, puerta y tararí que te vi. ¿Pero no había un contrato por en medio? -Sí, por en medio de la entrepierna. Otras veces las cosas son más sencillas. El jugador pretendido está en su casa leyendo tranquilamente un libro (será cosa rara, pero bueno…) y el club ricachón llega a una casa muy grande llamada Federación, suelta un cheque de mucha manteca, dice que esa minucia es para pagar la cláusula de rescisión del jugador lector y en menos que canta un berberecho ya tenemos un traspaso confeccionado en plan aquí te pillo, aquí te mato. ¡Y al presidente del club rival se le queda una cara de tonto….! En ocasiones el personal va de rumboso. Se ficha a un entrenador por cuatro o cinco años, sabiendo como se sabe que la duración de un entrenador en un club de fútbol es inferior al tiempo que dura un neumático en la Fórmula I. Después, cuando llega la ruptura hay que pagar millonadas de indemnización por aquellas alegrías de inicio. Otro ejemplillo: Se renueva al jugadorinho de turno por diez años, o se le ficha por ocho, lo cual que ni los locos de atar se atreverían, mitad porque jamás se cumplirán plazos tan largos, mitad porque es una estupidez hacerlo en este mundo tan pelotero. Pues se hace, oiga, y después no veas como han de trabajar los abogados para deshacer tan larga madeja. Pero lo más gracioso llega (caso Casillas) cuando tienes contrato en firme (o sea, uno de los pocos casos en que parece que se respetará) y cuando faltan todavía tres años para que finalice, los chiripitifláuticos periodistas deportivos ya te están preguntando que cuando vas a renovar, que a ver si al club no le interesas y tú haciendo el canelo. Así que, por estos y otros casos aún más sangrantes, el menda lerenda (o sea, el Puñetas) se siente en el penoso deber de pasar por un completo torperas, que no se entera de nada. Será que uno tiene la mente demasiado cuadriculada con eso del ajedrez y el derecho mercantil, pero yo siempre había pensao (y ya me lo decía mi abuelo) que cuando se firma un contrato –como parte contratante de la primera o de la segunda parte- es obligación de ambas partes el cumplirlo hasta sus consecuencias. Y si no, no se hace. O se pone una cláusula que diga: -Este contrato será pasado por el arco del triunfo de la parte contratante primera cuando lo estime conveniente, al igual que también podrá hacerlo la parte contratante segunda cuando le salga de los nísperos. Y para que así conste, da el visto bueno Periquillo el de los Palotes, ilustre notario del reino deportivo. Corolario: Para más inri, las cantidades especificadas en los contratos (sueldos, gratificaciones, pagas extraordinarias, permisos de maternidad….) no suelen responder tampoco a la realidad. Vamos, que hay aquí más dinero negro que en un pozo de petróleo. Pero de eso ya ladraremos algún año de estos…

2 de septiembre de 2005

A LA PORRA EL CICLISMO

Terminaba la temporada pasada mi último comentario, antes de largarme con viento vacacional, haciendo una referencia general al ciclismo y particular al Tour de Francia. “No hay deporte más duro que el ciclismo, salvando quizás al boxeo. Desloman a sus protagonistas con pruebas tan exigentes como el Tour y encima se ríen de los ciclistas poniéndoles a orinar a las cinco de la mañana, sacándoles sangre a la salida del sol, registrándoles sus maletines como si fuesen vulgares delincuentes. Asco me da ver semejante espectáculo. Así que si no fuese por la epopeya de un tal Armstrong, ganador del más duro Tour, el cáncer, este menda no iba a mirar en estos tiempos el desfile de la socorrida "serpiente multicolor" en la pequeña pantalla ni harto de vino”. Pero prometí hacerlo este año. “Quiero disfrutar viendo a ese americano subirse al olimpo del Tour, cuando siempre lo están puteando, un año tras otro, que si se la enchufa, que si es un antipático y un creído, que si tal y cual. Será un placer infinito. ¡Armstrong for president! Qué cabeza tiene el tío. Y qué güevines…. Y es que vencer en plena juventud a una enfermedad tan puñetera y traicionera como el cáncer, que te pillo y aquí te mato, infunde un carácter indeleble. ¡A mí Tourmalet, ja, ja! ¡Vengan Alpes y Pirineos, mezclados o en estado puro!” Y el amigo no defraudó. Acudió a la carrera con todo estudiado, analizado y calculado. Con la fuerza especial que le daban los 42 millones de personas que habían adquirido la pulsera amarilla “Livestrong” para luchar, por medio de su fundación, contra el cáncer. Y ganó el Tour por séptima y última vez con la autoridad habitual y la envidia de los de siempre. “La verdad es que el cáncer es lo mejor que me ha pasado nunca, hizo maravillas en mi vida”. Ahí empieza el mito Armstrong: superando un cáncer de testículos con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Sufriendo varias operaciones a cara de perro. Padeciendo con una quimioterapia que para destruir las células malignas se come todo lo que encuentra a su paso, lo que provoca una bajada de las defensas tan atroz que eres hombre muerto a la menor infección. Curiosamente, para potenciar a los glóbulos rojos, al bueno de Lance le tuvieron que suministrar a manos llenas Epogen (eritropoyetina). La EPO (¿a que suena el nombre?) era una de las cosas que lo mantuvo vivo hasta que su cuerpo fue reaccionando y echando fuera (si es que alguna vez se echa del todo) al maldito cáncer. Ahora, cuando el corredor norteamericano ha decidido colgar la bicicleta a causa de la edad, nos salen los chicos listos del diario L’Equipe, que se forra todos los años a costa de la sangre y sudor de los ciclistas, con que unas misteriosas muestras de orina de Armstrong del año catapum (el primero de su era de tour-victorias) muestran que se dopó con EPO. “La mentira Armstrong” titulaban los gabachos en primera plana. Hala, ahora que ya no vamos a sacar un euro más del yanqui, hagámosle un homenaje final en plan aquí te pillo, aquí te mato. Mientras que el laboratorio dice que no puede confirmar si la orina congelada corresponde al texano o no, L’Equipe se lanza a tumba abierta, se pone a investigar en plan Mortadelo y Filemón y encuentra lo que tantos años llevaba buscando. ¡Epa ya, aquí hay epo! Para uno de los pocos y agradables mitos que nos iban quedando, llegan estos franchutes de papel y quieren destrozarlo vilmente: sin contraanálisis, sin garantías jurídicas ni nada de nada. Y claro, muchos se han subido al carro más pronto que tarde: “Cazado”, “A mí no me sorprende” o “Era un secreto a voces”. Bien, el primer Tour fue gracias a la EPO. ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? ¿Y el cuarto? ¿Y los otros tres que han venido detrás? Quizás la verdad no se sepa nunca, pero prefiero creer –yo, que soy un descreído total- que quien ha visto la muerte tan cerca de su gaznate como la vio el bueno de Lance, que quien ha tenido que meterse en su cuerpo toda la porquería químico-medicinal que no está escrita para poder salvar el pellejo, se queda tan harto de tragar tanta mierda que de ahí en adelante jamás se meterá entre pecho y espalda más potingues que un buen solomillo o un exquisito pescado al horno. Si me decanto porque Armstrong dice la verdad (“nunca me dopé”) es porque tras haber mamado EPO hasta la saciedad en su proceso curativo, cuando salió del túnel (o cuando resucitó, que dicen los malvados), hizo tabla rasa sobre todo lo que tuvo que tragar para poder seguir vivo por estos andurriales. Que se lo pregunten a quienes han pasado por su mismo trance (más gente de la que nos imaginamos) y verán que a todos les pasa lo mismo: odian todo lo que huela a aquellos dramáticos momentos. Claro que todo este linchamiento y todas estas putadas y todas estas sinvergonzadas pasan porque los ciclistas tienen unas tragaderas más anchas que el Danubio. A ver cuando les entra un poco de orgullo, se plantan y les meten los cuernos de sus bicicletas por salva sea la parte a tanto abusón, a tanto drácula y a tantísimo malandrín como pulula por las organizaciones y federaciones ciclistas. ¿Es que no es de juzgado de guardia, o de asalto al palacio de invierno que, como está pasando en la actual Vuelta Ciclista a España, las horas de salida de muchas etapas sean entre las 12 y las 13 horas, con un calor del carajo, y en donde por mucho que se beba –con temperaturas rondando los 40 grados- eres hombre muerto? ¡Y todo para poder llegar a la meta a la hora que conviene al negocio televisivo y publicitario! Una vez retirados Indurain y Armstrong, mientras que el rebaño ciclista tenga tan escasa dignidad personal y profesional, el Puñetas le va a hacer un corte de mangas perpetuo al Tour, la Vuelta y a la carrera ciclista de Jabalcuerno del Porrón. ¡Si ya hasta me produce repelús ver a un tío montado en una bicicleta estática!

1 de septiembre de 2005

SE ACABÓ LA VIDORRA

Se acabó lo bueno. O sea, la vidorra. Esas vacaciones que te ayudan en los dos meses del achicharramiento sureño a soportar las ganas de estar tirado todo el día a la bartola (que no es lo mismo que estar tirándose diariamente a la Bartola), a sobrevivir a los miles y miles de gachones horteras que con su camisita y su canesú playero no te dejan ni un mísero roal de arena marina donde aposentar el trasero y a aportarte energía positiva alternativa en forma de muchos gazpachos, frescas cervecitas (sin alcohol, ojo) y alguna que otra racioncita de pescaíto frito. Un veranillo con sus caras y cruces donde la mente y el cuerpo se abandonan a su libre albedrío, perdiendo gran parte del rigor y disciplina que se les exige en los otros diez meses.
Así que, cuando regresa de nuevo el Puñetas a este particular arco del triunfo, lo hace como la mayoría de los deportistas tras sus vacacionales asuetos: un par de kilitos de más, una vagancia corporal y mental que costará ir dejando a fuerza de fuertes sesiones de entrenamiento y unas ganas de ponerse ya en faena, que no todo va a ser bartola va, bartola viene. Eso sí, nada de síndrome postvacacional, que aquí somos mu serios y equilibraos.
Los lunes, miércoles y viernes, con permiso de la autoridad (ninguna) y si el tiempo (Katrinas, sequías y otras gaitas) no lo impiden, andaremos por aquí sembrando en barbecho nuestras acostumbradas visiones satíricas sobre el peculiar mundo del deporte, trasunto espejil de nuestra ínclita y ceporrera sociedad circundante. Regresamos en perfecto estado de cachondeillo deportivo, con la acostumbrada mala leche puñetera (enriquecida con calcio, toda clase de vitaminas y alfalfa) y procurando mantener el más absoluto e irrespetuoso respeto hacia todos los que se dedican (incluido el menda) a disfrutar, a veces sana, a veces masoquistamente, del bello deporte y otras hierbas colindantes.
Bien hallados y que la próxima temporada que ahora se inicia nos sea leve. Ello será un buen síntoma de que nos lo pasaremos en grande. ¿Verdad, Robinho?

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).