Mostrando entradas con la etiqueta El Arco-El Espectador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Arco-El Espectador. Mostrar todas las entradas

28 de febrero de 2010

COMENTA... QUE ALGO QUEDA (2 DE 2)


Donde el Puñetas se cachondea abiertamente de la “internacionalización” de las Grandes Vueltas Ciclistas dando sabrosas ideas sobre la nuestra.

"Si es por dar ideas, yo las doy: Si el Tour de la Francé y el Giro de la Italié optan por abarcar etapas europeas, la Vuelta Ciclista a España tiene una alternativa aún mejor:

1ª) Convertirse en la vuelta ciclista a las autonomías. Cada Comunidad autónoma confeccionaría la etapa que mejor le favoreciera a sus intereses (muestreo de su gastronomía, peculiaridades lingüísticas, acervo cultural, costumbres y tradiciones…).

2ª) Para completar el gallinero (perdón, el Girotour a la Españé), podría haber también unas cuantas etapas internacionales: una contrarreloj en Gibraltar (con descuento del 20 % en todas las compras de recuerdos y souvenirs); una etapa de montaña en Andorra (con regalo de una entrada para la estación de esquí más cercana); dos etapas por Ceuta y Melilla, pasando la frontera hacia Marruecos, donde nuestros ciclistas disputarían varias etapas, estrechando de paso nuestros lazos culturales y geoestratégicos con el bendito pueblo marroquí, aún con el riesgo de que al volver a la Españé trajeran escondidos en el tubular a unos cuantos inmigrantes. Es aquí donde se podrían celebrar esas etapas llanas que comentas, plenas de emoción y sabor a épica y a polvo (del camino, ojo, que los ciclistas en este tipo de carreras largas no tienen tiempo ni fuerzas para echar un kiki). Aunque me parece a mí que como sigan apretándoles las tuercas a los ciclistas, al final nos vamos a tener que conformar con la Vuelta Ciclista al Retiro. O al Santiago Bernabéu…" (28.04.2005).

Donde se enjuicia con el más alto cachondeo un estudio “científico” de la Universidad de Durham en Inglaterra que “demostraba” que, "especialmente en los deportes competitivos y de combate en los Juegos Olímpicos, el rojo parecía conferir una ventaja a los individuos que lo usan”. Todavía me duran las risas…

"Yo también realizo de vez en cuando mis propias investigaciones. Caserillas, pero investigaciones al fin y al cabo. Y he llegado a la conclusión (no es científica, pero es que lo único científico que hay en esta vida es la muerte) de que el 90 % de las investigaciones que se pretenden de científicas tienen de esto lo que yo de cura. Una segunda conclusión más avanzada es que el 99 % de las investigaciones churriguerescas que se realizan en nombre de la ciencia dan como resultado lo que quienes las pagan pretendían demostrar. Y una tercera conclusión científica obtenida tras mis propias investigaciones: cuanto más gilipollesco es el tema investigable, más probabilidades hay de que también lo sean sus investigadores. Dicho lo cual, la “investigación” que comentas me parece a mí que se encuadra perfectamente en el currículum de las mías: no tiene nada de científica, el resultado es una chorrada y sus autores corren el riesgo de pasar a los anales de la ciencia como unos auténticos gilipuertas.

Hablando en serio, pa mí que quien está detrás de estas cosas es alguna marca de bitter, para endilgarnos dentro de unos meses algún anuncio publicitario que hable sobre el rojo de la emoción, el rojo de la victoria y el color rojo del bitter Perengano. Y si no, al tiempo". (19.05.2005)

Donde se dicen unas cosas sensatas pero que resultan insensatísimas para los gobiernos y gobiernillos de turno.

"A mí me parece que (como casi en todos los órdenes de la vida) el tema es de prioridades. Si el dinero no da para todo y son muchas las necesidades a atender, me parece “económicamente indecente” que se subvencione a los equipos de futbol profesionales (la inmensa mayoría  son sociedades anónimas) mientras que la educación infantil no es obligatoria todavía, los empastes no los cubre la seguridad social, las pensiones siguen siendo ridículas y otras menudencias que sólo hacen llorar. Sí, de acuerdo que ya hay familias que dedican más dinero al ocio y el cachondeo (incluido ese monstruo de televisor de plasma que vale un güevo) que a la comida (para comer, cualquier cosa….) o a la cultura. Pero soy de los que piensa que primero hay que atender a la salud y a las necesidades primarias antes de tirar los impuestos en subvencionar acontecimientos que perfectamente podrían pasar sin ellos. Y si tenemos el equipo en regional, pues no pasa ná. Que yo sepa, nadie se ha muerto de ello". (14.06.2005)

Donde dábamos las gracias porque Madrid no fuese elegida ciudad olímpica. Luego intentaría repetir la jugada con igual suerte. Los hay que no aprenden…

"Organizar un embolao como los Juegos olímpicos de la actualidad yo creo que siempre saldrá deficitario. Pero aquí es como en tantas cosas de la vida: a muchos les encanta disfrutar del presente un ratito aunque luego se hipotequen para un ratazo. En España tenemos ejemplos muy claros, con instalaciones fabricadas especialmente para unos campeonatos y que después quedan semiutilizadas o abandonadas, con instalaciones provisionales o portátiles que resultan carísimas o a menudo con grandes festejos que dejan un caudal de deudas enorme y casi para nada. Aquella Expo sevillana es un ejemplo de manual. Tengo mis dudas que los juegos de Barcelona fuesen un éxito económico pues se invirtió en ellos y en infraestructuras muchísimo dinero y de los resultados que nos dieron los políticos y los economistas me fío menos que de Jack el Destripador. Los unos porque sólo viven ese presente de gloria que les da fotos, votos y pasta y los otros porque vienen engañando desde que se inventó su profesión. De modo que gracias por no haber sido elegida Madrid para sede olímpica porque nunca sabremos la de pasta gansa que nos habremos ahorrado". (12.10.2005)

24 de febrero de 2010

COMENTA... QUE ALGO QUEDA (1 DE 2)


Soy poco amigo de escribir comentarios en bitácoras ajenas. Primero por pudor pues mis opiniones son bastante heterodoxas y quizás molesten o no hagan gracia en la casa del vecino. Segundo, porque sólo si tengo algo que decir, lo digo. Y tercero, porque viendo lo mal hablado y poco respetuoso que anda el personal (sobre todo en el ámbito politiquero, que en el deporte todavía nos salvamos), dan pocas ganas de mezclarse con los que escasean de educación y formas. Pero hay una excepción: "El Espectador" (antes "Aguja de Bitácora"). Allí comento habitualmente y no me cuesta esfuerzo alguno. El mérito no es mío, claro, sino de su autor, que con su bisturí bien afilado sabe tratar cualquier tema hasta diseccionarlo y abrirlo en canal. Luego uno estará más o menos de acuerdo con la exposición, pero lo expuesto y razonado allí siempre invita a soltar unas palabritas, alguna acotación, cualquier idea. Hoy he releído algunos de mis comentarios primeros (allá por el 2005), transportándolos al hoy. Pese al transcurso de un lustro, todavía me siguen pareciendo la mar de actuales. 

Donde se criticaba el pésimo afán politiquero de hacer instalaciones deportivas suntuosas allí donde no había ni suficiente demanda ni gente para usarlas. Eran los tiempos de las vacas gordas, claro…

"Nada, nada, un palacio de congresos en cada pueblo y villorrio… para que jueguen los agüelos a las cartas y hagan croché las viejecitas. Una piscina olímpica en cada villa para que el turista despistado que llegue pueda darse un chapuzoncito reparador antes de proseguir viaje hacia la playa. Un palacio de deportes para que los chiquillos puedan jugar al pilla-pilla bajo techumbre. ¿Y eso quién lo paga? Pues los paletos de turno, quién si no. Una vez hechas las obras (y el 3 % o más en el bolsillo), si te he visto no me acuerdo. En el palacio de deportes no habrá luz por falta de presupuesto, en la piscina sólo tendrán agua las duchas (y fría) por ahorro ecológico-económico y en el palacete de congresos los abuelos tendrán que jugar al mus en el suelo por falta de mobiliario (Kioto, ya se sabe). Y es que, aunque pagan los paletos de turno, de donde poco hay, poco se puede sacar. Eso sí, algunos viven del cuento durante al menos cuatro años con tanto sacar punta a un lápiz con el que no saben hacer ni un maldito número." (16.03.2005)

Donde la Aguja se quejaba porque le habían robado una camiseta en un vestuario y donde el Puñetas le hacía ver que vivimos en un país donde abundan los chorizos de dos patas.

"Ya no hay lugares sagrados. Hasta en un cementerio te pueden robar la cartera. O un vivo… o un muerto. Si algo abunda en este país son los chorizos con dos patas: los autóctonos y los foráneos. Parece que el terreno invita al delinque. Y da igual que sea una camiseta, un osito de peluche o un pascuero. (En Málaga, por las navidades, el Ayuntamiento pone miles de pascueros para adornar las calles, y cada día debe reponer cientos de ellos porque los amigos de lo ajeno se los llevan a su casa. Ya me dirás para qué quieren una planta que, en cuando pasan los Reyes, ya se queda sin hojas). Sólo hay una cosa que el personal no roba ni aunque le pongas un cartelito atractivo diciendo: “Cógeme…”. Los libros. Deja libros por donde quieras, que los volverás a encontrar en el mismo lugar donde los abandonaste. ¡Y sin que nadie los haya abierto para simplemente echarles una ojeada al índice! (Y cuando digo libros, hablo de libros, no de la basura que hoy día publica cualquier meretriz famosilla, cualquier gilipuertas que canta o sale en la tele o las memorias del payaso de turno). Saludos y a ver si hay suertecilla y la camiseta no es de la talla del chorizo o de su jai." (08.03.2005)

(Han pasado algunos añitos pero el país sigue en sus trece: con mucho chorizo suelto y sin leer un puñetero libro).

Donde le sale a uno le vena carpetovetónica al comprobar que la masa (que no los ciudadanos, que a esos hay que tomarlos de uno en uno) sigue adorando a los ídolos de barro.

"Tienes más razón que cien mil santos. Veinticinco años de democracia, siglo XXI, tropecientos años de imperio, otros tantos de guerritas y cantinelas, pero todo sigue como siempre: un pueblo inculto que se va detrás del primer trono que pasa por la calle, de cualquier ignorante de sonrisa embaucadora, de cualquier farandulero o soplagaitas vestido de corto o de luces. Si no llega a ser por los romanos, los árabes, los griegos, los cartagineses y toda la enorme patulea de gente que nos visitó, colonizó y hasta conquistó, todavía estaríamos en la Edad de Piedra. Sí, ya sé que exagero un poco, pero a unos pocos nos revuelve el estómago que lo que importa verdaderamente a la masa, en vez de cosas como las que mencionas en tu lista, sea que a unos millonarios que no rascan bola les hayan eliminado de un torneucho deportivo. ¡Al pilón con ellos y a preocuparse de lo que verdaderamente nos afecta! Vamos, digo yo…"  (15.03.2005)

Donde nos sale el ramalazo ácrata que llevamos dentro, poniendo a parir el trapicheo politiqueril que se traen con el deporte.

"Cada vez que ha cambiado el partido en el gobierno en este país poliédrico y fantasmal, ha cambiado el Secretario de Estado para el Deporte. Ahora le toca el turno a uno del PSOE, este señor de nombre tan impronunciable. Sólo quiero dejar una pregunta en el aire: ¿hasta a las mismísimas aguas del deporte tiene que llegar la contaminación de la política de partido? ¿Es que no puede haber un remansillo de paz y de libertad donde no pongan sus sucias manos estos funcionarios de la política?" (26.04.2005)

(El tal Lissavetzky, aún sigue amarrado al sillón, que no sillín. ¡Qué tío!).

18 de febrero de 2009

EL PATO DONALD NO FUMA MARIHUANA


(Este articulillo es parte de una colaboración con El Espectador, escrito por la Aguja).

En la retransmisión televisiva de la Super Bowl del 2004 se armó la marimorena porque, en un descanso, salió en las telecacas una presentadora enseñando un pechito. Un achuchón del camarada con el que compartía el guión, un descuido y, zacatrás, medio país escandalizado al ver la glándula mamaria improvisadamente suelta de una tal  Janet Jackson. En los EEUU es que son muy peliculeros y montan un numerito por cualquier teta al aire. Me viene a la memoria semejante memez porque acaba de darse otro caso paradigmático: el imperio menos culto y más neurótico de todos los que ha habido a lo largo de la historia se la coge con papel de fumar no por la violencia extrema o por la pena de muerte de que hace siempre gala sino por cosas livianas e insignificantes como enseñar un globo con pezón o aparecer en una foto fumando marihuana. Como en Spain somos la mar de permisivos con el sexo, las drogas y los gobiernos, aquí no entendemos el pollo que se ha montado hace poco con Michael Phelps, ese mocetón que barrió en las piscinas olímpicas de Pekín el pasado verano y que, como era previsible, quedó convertido en un nuevo héroe americano, tal como Supermán, Batman o el Pato Donald. Con la diferencia de que Michael no tiene dos dedos de frente (para nadar en una piscina, más bien sobra frente) y es un personaje de carne y hueso, es decir, con sus ambiciones, debilidades y porquerías, como todo hijo de vecino, mientras los otros héroes sólo existen en la imaginación calenturienta de la mayoría de los yanquis y del medio mundo americanizado por sus tonterías, importadas a golpe de dólar y de audiovisual.

El otro día un diario sensacionalista publicó una foto del “heroico” nadador fumando, al parecer, en una pipa de esas que se utilizan para chupar marihuana, una droga perseguida en algunos estados de Yanquilandia con penas de cárcel o de multa. Como don Michael tiende más bien a la bovinez, pronto reconoció que sí, que estaba dando una calada, en vez de soltar el rollo de que estaba fumando la pipa de la paz o tomando cocacola gaseosa. A ver quién lo iba a desmentir cuando hoy día una foto se puede manipular más fácilmente que un cerebro. Phelps, sin embargo, dijo que sí, que estuvo con la “marijuana” en aquella fiestorra, pero eludió decir que alguna alegría que otra se tiene que dar pues su vida, piscina va, piscina viene, es más aburrida que la de un pez en una pecera. Así que, reconocido su error no justificado, cayeron sobre él todos los meapilas USA que son, en aquel país de locos, varias toneladas. Pronto la Federación de Natación le suspendió tres meses de competición con estas bellísimas y emocionantes palabras, dignas de una ternurista y patética comedia de Hollywood: “Ésta no es una situación en la que las reglas anti dopaje hayan sido violadas, pero hemos decidido enviar un fuerte mensaje a Michael porque ha decepcionado a mucha gente, especialmente a cientos de miles de niños miembros de USA Swimming que lo ven como un modelo y como un héroe”. Sniff, sniff, no puedo contener las lágrimas ante semejante memez. Aquí quienes han fabricado el mito, el modelo y el héroe son esa misma federación, los medios sensacionalistas como el que inició la actual inquisición y las marcas publicitarias que vieron en él a un filón sobre el que montar sus acostumbradas mentiras. Por ejemplo, la Kellogg, quien decidió anular inmediatamente el contrato que le unía al nadador pues “ya no se ajusta a la imagen que queremos dar”. Como si los cereales y otras gaitas que vende a precio de oro fuesen poco menos que el maná divino. ¡No te jode!

-¿A sus años, defendiendo la ingesta de marihuana, señor Puñetas?

No, a mis años defendiendo y defendiéndome de la gilipollez ajena, de los héroes de pacotilla, de los amorales meapilas de la moral, de los tontos del culo que por una foto lo pierden, porque la historieta es más cursi que Bambi, porque no saben distinguir el rábano de las hojas y porque estoy hasta el copetín de gente tan insustancial. Pero, sobre todo, porque el nadador se disculpó por su “lamentable comportamiento”,porque luego la policía no ha actuado por falta de pruebas o de ganas (se veía venir), porque nuestro heroico mocetón ha pensado seriamente en dejar la natación para dedicarse a sembrar patatas y porque los jerifaltes de la cosa natatoria no tardaron ni dos segundos en sancionar al deportista como si en su vida privada no pudiese hacer lo que le venga en gana, aún a costa de llevarse el castigo correspondiente por incumplir la ley del Estado. Se ve que el deporte ha conseguido tal estatus de poder (al margen, incluso, de la ley) que se dedica a saltarse olímpicamente todas las reglas civiles y hasta militares, imponiendo su propio código moral, ético y patatero por encima de las leyes constitucionales o de andar por casa. Lean el artículo de “El Espectador”, donde queda clarito como el agua lo que hay detrás de toda esta sobredosis por el control de los deportistas, tomados como números, pardillos, objetos de deseo y escándalo, a los que no se les permiten cosas que a cualquier ciudadano se le tolera. ¿O es que por el hecho de ser famosillos y haber sido elevados a la categoría de diosecillos patrioteros y mediáticos, no van a poder ser considerados –en lo bueno y en lo malo- como cualquier hijo de vecino?

9 de diciembre de 2008

DEPORTES QUE AGONIZAN


Este bello cuento chino es parte de una colaboración con El Espectador, escrito por la Aguja.

Aquel sacerdote vestido de joven deportista, chándal blaugrana y pantalón blanco, llamó decidido a la puerta del palacete, cuyo letrero iluminaba la vacía y oscura calle: “Ministerio de Deportes – Gobierno de España”.

-Buenas noches. ¿Es aquí donde se requieren mis servicios?
-Pase, don Lizza le está esperando.

El cura, con paso presuroso, traspasó el umbral de la chirriante puerta y en cuatro zancadas (se notaba que físicamente estaba como una moto) entró en el despacho del Ministro de la Cosa.

-Siéntese un momento, mosén. Le hemos requerido urgentemente porque, como ya sabrá por la Biblia y por la Constitución, las crisis se presentan de improviso y sin llamar. Trabajamos para evitarlas pero, cuando menos se las espera, zas, las tenemos encima de nuestras carteras. Recuerdo la última, aquella del trienio 2008-2012, que fue especialmente dura. Acabó con escuderías, clubes de fútbol, equipos de baloncesto y por poco acaba con nosotros. Menos mal que luego llegaron los buenos tiempos y nos pillaron aquí, en el Ministerio, donde siempre tenemos calefacción y agua corriente. Las penas, ya se sabe, con pan son menos. Pero no sé porqué le cuento esto, padre. Dígame a qué ha venido…
- Usted sabrá, mister. El obispado me ha dicho que viniera corriendo a la calle del Tribulete nº 7 donde decían, textualmente, que hay varios deportes en estado moribundo, agonizante y que deberían palmarla con la bendición apropiada. Corría mucha prisa, al parecer, y han solicitado mis servicios. Por si no lo sabe soy record mundial en los 400, 800 y 3000 metros en las últimas Olimpiadas Religiosas organizadas por el COI y la ONU, en colaboración con el Vaticano. Explíqueme concisa y brevemente el estado de la cuestión, quiero decir, de la agonía.
-Le agradezco su prontitud. Francamente, le esperaba para mañana por la mañana dada la tranquilidad de ánimo y espíritu con que ustedes se toman estas cosas. Más o menos como nosotros… Pues verá: tenemos varios deportes que están de capa caída desde hace lustros y hoy ya han dicho basta. No tenemos fichas federativas ni bicho ambulante que los practique. Se han convertido en muertos vivientes y es hora de darles el finiquito espiritual. La gente ya no los practica porque no dan dinero, necesitan ímprobos esfuerzos y sacrificios y no hacen famoso ni rico al que los cultiva. Son deportes que ya no cuentan con personal federado. Se practican sólo por algunos locos de atar, en plan popular y dominguero. Ya no son negocio ni dan que hablar. Le hablo del atletismo y de la natación, en todas sus modalidades. Le hablo de la gimnasia y de la pesca (por falta de peces: todos están ya pescados). Me refiero a la esgrima, al ajedrez (el personal se cansó de pensar) y, en general, a todos los deportes individuales o de equipo con pocos componentes.

-Sí que es grave el asunto, sí. Ya sé que al atletismo profesional (si ya lo dijo en 2008 aquel presidente que duró tanto tiempo en la Federación, un tal Odriozola) nadie se dedica salvo un servidor y unos cuantos locos más, que lo practicamos sin oficio ni beneficio, salvo el divino. Pero yo pensaba que la natación sería otra cosa…
-La gente se aburre metida tantas horas en el agua. ¡Si al menos fuera cerveza! –dicen algunos. Comprenda que eso sería un sacrilegio…-replicó don Lizza, el ministro. Ha desaparecido ya la hípica (por falta de caballos y de caballeros). También los deportes de rítmica, demasiado violentos. No digamos los de lucha: nadie quiere que le rompan la cara por cuatro euros y sin Seguridad Social que corra con los gastos de la cirugía estética. Todavía, aunque muy viejecitos, vegetaban algunos atletas y nadadores. Ayer se murió el último practicante que aún nos quedaba en los 3000 metros obstáculos. Tenía el pobre la friolera de 84 años: un obstáculo insalvable. Ya me dirá: si no hay nuevas generaciones que tomen el relevo, nos vamos a la miseria. Yo mismo llevo en el Ministerio -que se sacó de la manga don Zapatero, actual presidente de los EEUU- más de 20 años y cada día que pasa tengo menos gente y deportistas a mi servicio. Van cayendo como moscas. El fútbol, sin ir más lejos, con aquella funesta crisis se convirtió en un deporte de elite al que sólo llegaban deportistas de fuera. Nuestra gente acabó por hartarse de tanta pelotita. Le llamaron la burbuja futbolera. Un día explotó de aburrimiento y ya sólo acuden a los estadios los nostálgicos y los turistas. En este país, sabe usted, le damos bastante al pendulazo…
-Sí, dígamelo a mí, que un año soy reclamado por todo el mundo como si fuera un artista de cine y al siguiente me corren a gorrazos. Pero dejémonos de cháchara y veamos a los agonizantes para extenderles la extremaunción. 

El viejo Ministro y el joven Cura salieron del despacho consolándose el uno al otro, ojos llorosos y moco tendido. Abrieron la puerta del estadio polideportivo que había anexo al Ministerio y, desolados, comprobaron que allí no había nadie. Por no haber no se veía ni a los ácaros del polvo. El sacerdote sacó de su chándal un bote de cristal lleno de agua de Lanjarón (una bendición para quien pudiera pagársela), lo abrió y esparció el líquido consolador por todas las dependencias. Se podía cortar el silencio. Aquel momento era histórico. Unas gotas de H20 cayeron sobre la pista de carreras, sobre la vacía piscina, sobre el parqué del gimnasio. 

-Todo tiene su principio y su final –habló el sacerdote con voz emocionada-. Tantos esfuerzos en el siglo XX para acabar en esta desolación en el XXI. Menos mal que unos deportes mueren y otros nacen, como la cría del salmonete. Don Lizza, le acompaño en el sentimiento. Son 50.000 euros y la voluntad.
-Voluntad tengo mucha, amigo, pero euros ninguno. Don Zapatero creó el Ministerio y no lo dotó de presupuesto. Pese a ello, así hemos llegado hasta aquí, gracias a Dios. Permítame darle un abrazo por su generoso esfuerzo y tiempo.

Se fundieron en un solo hombre. El silencio siguió cortándose como si fuera una rodaja de salchichón. Más de un siglo de historia finalizaba en esos momentos, modesta y oscuramente. Sólo nosotros estábamos allí, escondidos tras una puerta, para presenciar el dramático momento. Para que luego digan que los chicos del AS no sabemos estar a la altura de la historia… Y ahora les dejamos con nuestra chica, lo único importante del periódico.              

                                                          

31 de octubre de 2008

ESTADO Y DEPORTE: LLENOS DE MOCOS

 

Este artículo es parte de una colaboración con El Espectador, escrito por La Aguja.

En El Espectador y el Arco llevamos tiempo dándole vueltas a una manivela que muy pocos se atreven a coger: la de la separación de poderes entre lo deportivesco y lo político. Dicho de manera fácilmente entendible: al César lo que es del César y al negocio lo que es del negocio. Pensamos que, con el dinero de nuestros impuestos, el Estado y los gobiernos no deben pagar parte de la minuta que genera el negocio privado de los clubes y federaciones del deporte. Y viceversa, el deporte no puede utilizar en vano los símbolos y la representatividad nacional o local para así aumentar sus dividendos. El deporte profesional es un negocio privadísimo que da muchas perras y a él compete el costear toda la movida que genera, desde la seguridad, a las instalaciones, etc. A su vez, el Estado debe abandonar la utilización del deporte como medio de adoctrinamiento y distracción de masas. Los Estados y países no compiten deportivamente entre sí porque los deportistas no son representantes de nada, sólo de sí mismos o de sus propias federaciones y clubes. Así que sobran los himnos y la parafernalia  patriotera en forma de banderas, camisetas y ositos de peluche. Que cada palo aguante su propia vela y que se dejen de coñas marineras.

Recientemente hemos vivido dos casos paradigmáticos. La UEFA acusaba a la policía española de actuar negligentemente en un campo de fútbol. Ya sólo falta que Platini expulse del cuerpo a algunos maderos por no besar en la boca a los seguidores del Olympique de Marsella. Lo suyo es que, dentro de un campo o recinto privado, no haya un solo policía. La seguridad deben pagársela los que viven del tinglado de Champions, Ligas, Copas y Recopas. La ministra francesa del deporte, por su parte, pretende suspender cualquier partido de la selección “de Francia” en el que parte del público se mofe del himno de la Marsellesa. Si la patriótica tonada sólo sonase en los momentos y lugares adecuados, no habría estos problemas. Desde luego, en un campo de juego no pinta absolutamente nada.

Algunos intelectuales y gentes con cierto pedigrí, como recientemente en Le Monde, empiezan a escribir cosas altamente gratas a nuestros ojos: el fútbol es el opio del pueblo, no se debe pagar con dinero público la bunkerización cuasi militar de los estadios y de himnos ni gaitas, ni hablar: a palo seco. Las privadísimas organizaciones y gentes que se forran con el deporte competitivo y super profesionalizado deben rascarse el bolsillo y pagar todos los gastos que genera su tingladillo y negociejo. Exactamente lo contrario de lo que suelen hacer, como nos muestra claramente el movimiento olímpico: los Estados corren con los gastos y el COI y sus delegaciones se encargan de la mortadela y de las copichuelas. Bienvenidos al club de las moscas cojoneras y puñeteriles…


Hay situaciones en que el ridículo es espantoso. No sólo cuando los deportistas se dan golpes de pecho, como si su triunfo o derrota fuese a variar el discurrir de la nación a la que pretendidamente representan; o cuando son recibidos como héroes o villanos por la ciudadanía y los jerifaltes políticos tras un torneo de alto pedigrí. ¡Incluso algunos visitan a la Virgen para agradecerle los favores recibidos! (Se permite el ji, ji, ja, ja, jo, jo…).  Por no hablar de situaciones tan chistosas como que, tras una carrera de Fórmula I, se toquen los himnos del país del piloto (que a veces tiene su domicilio y pago de impuestos –para evadirlos- en otro país) y ¡de la escudería! Es como si, cuando usted va a comprar al Carrefour le recibieran con el himno francés por ser el hipermercado con más ventas. Ya puestos, sería deseable la coherencia y que también se tocase el himno del país del caballo ganador en una prueba hípica. O que en el Everest, justo en la cima, una banda de música reciba con los sones del chipón-chinpón nacional al alpinista de turno que ha conseguido coronar la sobada cumbre. ¿Y por qué no musicar por los altavoces el himno del país de donde se obtuvo la madera que permitió construir el velero que impulsó a buen puerto a la tripulación ganadora? ¿Por qué no suenan en los estadios los himnos del equipo arbitral? ¿O es que estos tipos son los únicos que se representan a sí mismos y a sus gloriosas y siempre vituperadas madres? Y si –un suponé-  el árbitro es inglés y, por no pitar un penalti, se le grita “hijo de la Gran Bretaña”, ¿se estará insultando de paso a su Graciosa Majestad y a toda la ciudadanía inglesa? ¿Podría llegar hasta la ONU el contencioso con la afición injuriante?

Ya vemos que en cuanto hurgamos un poco en la nariz deportivesca, nos ponemos perdidos de mocos. Sería deseable que dejáramos de mezclar las churras con las merinas, aunque sigamos hablando de ovejas. Ni el deporte es una razón de Estado ni el Estado tiene razón alguna para, con el dinero que nos sablea en cantidades industriales, inyectárselo en vena a los jerifaltes y practicantes del deporte local, nacional e internacional. Para empezar, sobran todos los Ministerios del Deporte. Ah, y todos los deportes que viven del Ministerio. Mucho cuento y mucha trola es lo que hay…   

6 de julio de 2008

SI EL PUÑETAS FUERA MINISTRO DE LA IGUALDÁ


Hoy celebramos el último artículo de la temporada del Arco, a falta de los acostumbrados resúmenes de la próxima semana, y queremos hacerlo en comandita con nuestra homóloga “El Espectador”. (Aconsejo leer primero su artículo y luego pasar a éste). Y qué mejor que acabar el curso deportivo con algo de buen humor y mucho de crítica, normas habituales de esta santa casa y de la de mi vecino.


En el socialismo descorbatado que ahora mismito nos gobierna destaca con luz propia, aunque sin mérito alguno, la Ministra de Igualdá Bibiana Aído, de profesión sus meteduras de pata. Su filosofía (porque no pasa de ahí) es que las palabras deben hacer visible a la mujer, nombrándola, y si no se puede, debe buscarse el vocablo oportuno que permita identificar a los dos sexos en vez de sólo al macho ibérico. De esta manera de entender la gramática y la lengua les habla la Aguja en “El Espectador” hoy mismito y lo relaciona primorosamente con el lenguaje en el deporte. Pero nosotros queremos ir más allá de las palabras.


En este psocialismo zapateril, casi indistinguible de un anuncio televisivo, como no saben cómo hincarle el diente a los temas que más preocupan a la ciudadanía, (crisis económica, reinos de taifas en el Estado, falta de democracia interna de los partidos, corrupción política, ley electoral tramposa, sistema educativo por los suelos, justicia decimonónica, etc) se dedican a andarse por las ramas y las palabras, como hace doña Bibiana. Pero eso no cuela para el Puñetas, que si algo exige a los políticos gobernantes –además de formación intelectual, honradez y dedicación plena- es imaginación. Menos palabritas del niño Jesús y más hechos. O sea, menos pico y más pala.


¿Qué podría hacer la ministra Bibiana en el mundo del deporte buscando la famosa Igualdá? Por lo visto hasta ahora, parece que su igualitarismo se circunscribe casi en exclusiva al ámbito de la dialéctica macho-hembra y sus excesos, el machismo-feminismo. De la verdadera igualdad, la que se da ante la ley, ante el hecho económico y ante las libertades, hay mucha propaganda y excesiva tontería, pero desde aquí vamos a pedirle que empiece por el campo más grato y dónde es más fácil hacer visible la igualdad real entre el hombre y la mujer: el deporte federado.


Francamente, estoy aburrido de ver cómo las competiciones son o masculinas o femeninas. Cuando lo mixto se da cada vez más en la vida cotidiana –desde la educación al ejército- sorprende que en la cosa deportivesca todavía andemos aferrados a la separación de sexos: los penes con los penes y las vaginas con las vaginas. Se argumentará que las diferencias físicas no pueden evitarse, aunque conocemos miles de machos que no le dudarían un asalto a más de una robusta moza. Vale, dejemos que cuando la competición sea individual cada sexo marche por su lado. Pero no es el caso cuando quienes compiten son equipos y colectivos. Si en unas listas electorales deben de ir mitad machos y mitad hembras; si la pretensión es que se aplique la paridad en todos los colectivos, no sé porqué doña Bibiana y sus chiquilicuatres no se ponen a trabajar de una vez propugnando que los equipos deportivos sean paritarios. Sé que mi propuesta es una medida verdaderamente revolucionaria que dará repelús a los meapileros y meapileras del psocialismo zapaterino, más duchos y duchas en palabritas huecas y gestos de cara a la galería; pero es tan coherente esta propuesta que vamos a tener que restregársela en la cara a nuestros gobernantes cada vez que abran el piquito de loro hablando de igualdá. (Encima, cobran su buena pasta por hacer como que la defienden).


Como siempre, el tenis es el deporte de masas más avanzado, el más moderno y echao palante. En él pueden jugar parejas mixtas sin ningún problema. ¿Por qué no hacer extensible la medida al resto de los deportes? Incluido el fútbol, por supuesto. Es más, siendo el deporte rey y el deporte bufón, debería ser el primero en dar ejemplo. Hace poco la FIFA proponía alinear sólo a cinco jugadores extranjeros. La UEFA, por su parte, proponía establecer un cupo de jugadores formados en la cantera. El Puñetas propone (y espera que doña Aído se sume a la propuesta, si es que su “igualdá” no es de boquilla) que en cada equipo jueguen cinco hombres y cinco mujeres. Sí, amiguitos, han leído bien, pero por si acaso haremos como en las televisiones, repitiendo la jugada: propongo que en cada equipo futbolero jueguen cinco hombres y cinco mujeres. Salen diez jugadores y jugadoras… –se me argumentará con razón. Pues miren, yo subiría a doce por equipo, mitad y mitad, pero si quieren que le eche un poco más de morro e imaginación al asuntejo, propondría que los dos que nos faltan fuesen homosexuales. Así la igualdad sexuá sería completa y el lobby gay quedaría satisfecho.


No me digan que no serían mucho más atractivos los partidos… Y más plásticas las imágenes televisivas… Y habría más morbo, y más pasión, y más pasta de por medio y más de todo. En el fútbol y, prácticamente, en casi todos los deportes colectivos. No hay ninguna razón que pueda impedirlo, ¿verdad, doña Bibiana? Si es que el Puñetas debería ser el Ministro de la Igualdá esa y ya verían como habría hechos y realidades tangibles, no estas memeces parlanchinas del “miembro y miembra”. Se me argumentará que esta idea está muy bien, pero que el Gobierno no tiene poder nacional ni internacional para llevarla a cabo pues los clubes y equipos deportivos son entidades y empresas privadas. Bueno, aceptémoslo de momento por no alargarme…, pero ¿por qué no empezar con las selecciones nacionales? Ah, que esas también dependen de organismos privados... –se me volverá a decir. Pues entonces, ¿a cuento de qué viene el mentirnos con que la selección nos representa? ¿A cuento de qué viene montar esos numeritos patrioteros con unas selecciones en las que el gobierno de turno sólo puede intervenir para hacerse la foto cuando se gana un titulillo? Si es que se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo… (o a una mentirosa que una coja...)

  © Blogger template 'Greenery' by Ourblogtemplates.com 2008

¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).