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7 de noviembre de 2010

LOPERA Y LA AFICIÓN BÉTICA: QUIEN LES HA VISTO Y QUIEN LES VE

 En esta España de botijo y pandereta, en un tris-tras los mismos que se daban besitos en los morros y achuchones en la entrepierna son capaces a los diez minutos, o a los cinco años, de tirarse los trastos y las piedras a la cabeza con un ardiente odio equiparable al amor de otros tiempos. Veletas, exagerados, simples… No abusemos de los adjetivos porque los carga el diablo.

De ser el presidente más valorado de la historia del Real Betis Balompié ha pasado el señorito Lopera a ser el más odiado. Tanto es así que los que no dijeron ni “mu” cuando el campo bético pasó a llamarse Ruiz de Lopera, bautizado así por el ídem, hace poco emprendieron una cruzada para cambiar el nombre del estadio y retrotraerlo al viejo Benito Villamarín (antes Heliópolis). Lo ya escrito: hoy nos hacemos carantoñas y mañana nos damos patadas en las espinillas; hoy nos amamos hasta la náusea y mañana no nos podemos ni ver en pintura.

Aquellos polvos del mamoneo y el sobeo han traído estos lodos. Como dijo el clásico: se veía venir. En el Arco ya pusimos las peras al cuarto al señorito Lopera en articulillos bien lejanos (años 2005 y 2006). “Mi mujer está orgullosa de que me haya gastado 36.000 millones en fichajes”. “Una madre me pidió ir a la autopsia de su hijo desnudo, envuelto con la bandera del Betis, fui y lloré”. “Hay muy pocos ateos que sean del Betis” “Hay apuntados niños que aún no han nacido porque tienen que ser béticos por gracia de Dios y antes de nacer”. Únicamente por estas perlas el personaje ya se definía, es decir, se descalificaba por sí solo. (Perlitas del 2005, no de ahora, cuando muchos han descubierto la crudeza real del personaje demasiado tarde).

Tan bien iban las cosas entre don Lopera y doña Afición hace un lustro que el buen hombre decía por aquel entonces: “Los béticos se dirigen a mí no como presidente sino como algo suyo. La afición me considera más bético que el escudo. Soy un hombre que he sido bético antes de nacer”. Hoy, para esa misma afición, el caballero se ha vuelto un indeseable.

En realidad la crisis matrimonial empezó a hacer aguas menores a finales de 2006, cuando er Beti inició su caída deportiva en picado. Ya se sabe, si fallan los resultados hasta el tío que riega el césped es más inútil que un cero a la izquierda. Por eso, atónitos ante el cambio tan radical de actitud, escribíamos entonces: “Cuando los buenos resultados no llegan porque las cosas se hacen mal o regular, los primeros que te saltan a degüello son aquellos que meses atrás te daban besos hasta en el cielo de la boca. Y eso le está pasando al ínclito Lopera, de un tiempo a esta parte. En algo más de un añito ha pasado de estar en la cumbre del éxito a caer en la mayor de las desgracias. Los que antaño lo consideraban más bético que la madre que los parió, ahora le llaman de todo menos “bonico”. ¡Quién le ha visto y quién le ve, don Manué!”

La filosofía del “usar y tirar”, madre intelectual del mundejo del futbolín profesional, era ajena a don Manué, siempre tan creído de que él era un ser especial, un enviado de Jesús del Gran Poder. Algo tan absurdo y falso como que la afición bética era la más simpática de España y parte del extranjero. Bastó alcanzar algunas mieles triunfales, (con Lopera, por cierto) para demostrar que tan “ilustre” afición era como las demás: con mala sangre en las adversidades y con escasa virtud crítica en los éxitos. Del “viva er beti manque pierda” se pasó a frases y espectáculos lamentables que están en las hemerotecas para quienes gusten saber.

La situación de encono fue agravándose hasta límites grotescos. Del viejo idilio ya no quedaban ni las raspas. En 2009, ayer como quien dice, se celebró en Sevilla una manifestación histórica. “Con gentes de todos los pelajes sociales, desde el cantante de fama al obrerete anónimo. Todos juntos y unidos bajo un mismo lema y único clamor…” No se protestaba contra el paro endémico, contra un gobierno andaluz incompetente y corruptillo o contra la crisis de nuevo cuño. El clamor de aquella afición, otrora tan satisfecha con su líder, era “Por un Betis libre y con sentimientos”, “Lopera, vete ya”, “No nos hagas sufrir más”, “Resurgiremos de las cenizas”… 

Ahora, a finales del 2010, ya ni el estadio recuerda en su nombre al señorito Lopera, acuciado por los aficionados que tanto le querían, acosado por la Hacienda pública y seguramente harto de tanto amigo devenido en traidor, incluyendo a sus hombres de paja. Que se lo merezca o no nos la trae al pairo, pero ese pendulazo entre el señorito y la simpática afición nos deja un regusto agrio en el gaznate. La sobreactuación, la falta de sentido de la realidad, la hipérbole, el nulo  espíritu crítico adornan a la gran mayoría de los aficionados futboleros y a los personajillos que pululan por los palcos y el césped. Gentes que hoy te aclaman, mañana te aporrean (a un presidente, a un entrenador, a un jugador…) y, todo es posible, pasado mañana puede que vuelvan otra vez a subirte a los altares para acto seguido trocarlos en calentorro patíbulo. Señor, señor, qué voluble y qué cantamañas es mucho personal futboleril. A grandes amores, ya se sabe, grandes divorcios…

27 de octubre de 2010

LOS BOBOS SE QUEDAN SIN PULPO


Mundial futbolero de Sudáfrica. Nada comentamos en el Arco cuando toda aquella soplapollez del vidente pulpo Paul. Recordarán las infinitas memeces que se dijeron y contaron en torno al bicho. Y todo porque –decían- adivinaba lo que iba a ocurrir.

Leo que el pulpejo ha estirado la pata y los tentáculos. Con su fallecimiento acaba uno de los momentos más estúpidos, cretinos y gilipollescos que uno recuerda en muchos siglos. Le han fabricado biografías, poesías, le han declarado hijo adoptivo, le han llamado “asceta” (señor, señor…), hasta 600 cadenas de televisión llegaron a retransmitir su bobada adivinatoria, algún periodistillo se quedó con ganas de que el pulpejo le concediera una entrevista, pueblo hubo que llegó a ofrecer hasta 300.000 euros (en plena crisis, ojo) por su fichaje. En fin, una mamarrachada detrás de otra, protagonizada por pobres diablos, memos hasta reventar, gentes sin dos dedos de frente, majaderos hasta las uñas y tipos que no merecen tener un micrófono en la mano, excepto para rascarse la entrepierna. Nada diferente de lo comúnmente habitual pero tan concentrado en el tiempo –ay, aquel mundial sudafricano del futbolín- que deberá quedar como ejemplo de la estupidez  a que hemos llegado en estos desnortados e idioticráticos tiempos. Antes del evento pensábamos que no cabía un gilipollas más en este mundo pero éramos unos optimistas.

Parece que ahora el pulpejo la ha palmado. Y si uno revisa en la internet del detritus (que es muy abundante) encontrará majaderías a cuentas del bicho que –vistas a toro pasado- hacen enrojecer todavía más a cualquier animalejo humano que se crea dotado de cierto sentido común. Como el pulpón nos importó siempre un cojín, en su momento no hablamos del mismo ni un cajón. Sólo ahora, cuando lo llevan a enterrar, elevamos las teclas al firmamento para enarbolar un RIP. Pero, ojo, no por el pulpón, que nos importa un cojón, si no por todos aquellos capullitos y capullones que nos dieron la vara y la “información” con el insípido cefalópodo demostrando que estaban a la misma altura del animalejo, lo cual es un enorme piropo hacia éste. Descansen en paz todos los que nos vendieron el pulpo tomándonos por gilipollas e imbéciles. Quede aquí escrito que para ídem, ellos…

¡¡¡ RIP !!!

“El acuario alemán ha anunciado que levantará un monumento en honor a este pequeño pulpo marrón que conquistó al mundo con sus poderes de predicción, convirtiéndose en una estrella que casi eclipsó a Lionel Messi, Wayne Rooney o Andrés Iniesta”. ¡Que lo declaren héroe nacional, hombre!   

20 de octubre de 2010

DEPORTISTAS HEROICOS

No destaca el mundo del deporte por albergar gente muy crítica con el poder establecido y con la realidad social imperante. La inmensa mayoría de los deportistas profesionales tienden hacia lo pastueño, y los dirigentes de la cosa suelen ser personal más bien vividor. Gente acomodaticia los unos y otros, empeñados en ganar mucho dinero y fama en el menor tiempo posible o en apoltronarse en los cargos hasta que les salgan callos en el trasero.

Así que hoy, cuando el Puñetas se levantó dispuesto a escribir algo sobre “héroes del deporte”, se encontró con un desierto sólo salpicado con unos cuantos oasis prefabricados por la prensa deportivesca (para la que Messi, Nadal o Alonso son héroes) cuando en realidad son vulgares espejismos.

Así que, junto con el Ardilla y Pepe Pi,  nos hemos tenido que refugiar en el pasado buscando aquí y allá. De lo encontrado, hemos seleccionado dos casos que casi nos hacen saltar las lágrimas, y eso que somos unos tipos bien duros. Hablaremos brevemente de ellos, emplazando al lector hacia el enlace donde más detenida y exhaustivamente se habla de su historia. Estos sí que son (fueron) unos auténticos héroes.

JOHANN TROLLMAN, EL BOXEADOR GITANO QUE RIDICULIZÓ AL TERCER REICH.

A los seis días de conseguir el título de campeón de Alemania fue despojado del mismo porque su estilo de boxeo no era el de un deportista ario. Lo había ganado contra el también alemán Adolf Witt en un combate en el que, siendo claro ganador, fue declarado nulo. La multitud asistente, enfurecida, exigió reconocer vencedor a Trollman y los jueces se vieron obligados a declararlo ganador. Johann lloró de felicidad en el ring, y precisamente esa fue la excusa para que tan solo seis días después le fuera retirado el título. La razón oficial: “Pobre comportamiento” (¡llorar en el ring!) y “Mal boxeo”. La verdadera razón: ser gitano en la Alemania nazi.

Dos meses después se organizó un nuevo combate en el que Trollman fue obligado a participar. Las autoridades nazis querían vengar la derrota de Witt y acabar con la peligrosa popularidad del joven gitano. Prohibieron terminantemente a Trollmann moverse del centro del ring y utilizar su famoso baile de pies para esquivar los golpes, de otra forma perdería su licencia. Trollman apareció en el ring con el pelo teñido de rubio y todo su cuerpo cubierto de harina, en un gesto de provocación, burla y caricatura hacia la imagen del “guerrero ario” con la que la propaganda nazi estaba envenenando el país. Durante el combate se quedó inmóvil en el centro del ring, con las piernas separadas y sin esquivar, uno tras otro, los mazazos de su rival. Johann resistió cinco asaltos y cayó al suelo totalmente bañado en sangre. Su carrera prácticamente acabó aquel día.

Varios años más tarde fue esterilizado, como miles de gitanos y judíos. En 1939 fue reclutado por la Wehrmacht para luchar en el frente oriental. Era la forma de evitar la muerte de su familia: a cambio del "servicio desinteresado al Tercer Reich." Murió en un campo de concentración tras verse obligado a disputar una pelea de boxeo  contra un preso que trabajaba para la SS. Aunque le derrotó, finalmente fue asesinado por ese preso, vestido con sus guantes de boxeo.

En 2003, setenta años después de conseguirlo, fue entregado a sus herederos el cinturón de campeón alemán de peso semipesado. Hace unos meses fue inaugurado en Berlín un monumento en su memoria. (Lean aquí, mucho más detallada, esta heroica historia).

MATTIAS SINDELAR, EL FUTBOLISTA "DE PAPEL".

Mattias fue un tipo que luchó contra el fascismo y lo pagó con su vida. Era austriaco de origen judío y es considerado el mejor deportista austriaco del siglo XX. Corría la década de los años 30 y un finísimo jugador  llamado Sindelar ("flotaba por los campos como una hoja de papel") lideraba la que entonces era la mejor selección de Europa, la austriaca.

La primera vez que Matthias se dio de bruces contra el fascismo fue en el Mundial de 1934. Partido contra Italia, quien era la anfitriona. Árbitro designado por Mussolini. Italia debía ganar el torneo. Sindelar recibió uno de los marcajes más infames e impunes de la historia del fútbol. Acabó lesionado y su equipo maltratado y perdedor. Luego se repitió la historia con Checoslovaquia. Así ganó Italia su primer campeonato del Mundo de fútbol.

De quien ya no pudo escapar fue de los nazis. Se anexionaron Austria y también a los mejores jugadores austriacos pero Sindelar nunca quiso defender un régimen que odiaba. Inventó lesiones, enfermedades y evadió como buenamente pudo a la Gestapo.  Cuando Alemania se enfrentó a Austria en el Prater vienés en el último partido de esta última como selección independiente, tras un primer tiempo meramente teatral, marcó un gol en el minuto 70. No contento con ello se fue a celebrar el gol delante mismo del palco de los jerarcas nazis simulando un baile y dando brincos como si tuviese un violín.

Perseguido sin tregua por la Gestapo, viviendo a salto de mata, en 1939 Matthias y su novia italiana -también de origen judío- fueron encontrados muertos sobre la cama de su piso vienés.  La versión “oficial” fue suicidio. Es muy probable que fuese un crimen de la misma Gestapo puesto que el informe oficial sobre la muerte se “extravió”. Lo enterraron en el mismo cementerio vienés que a Beethoven, Brahms, Schubert, y los Strauss padre e hijo. Lo llamaban el “'Mozart del fútbol”.  Dejando a un lado disquisiciones sobre su muerte o sobre el tipo de fútbol que practicó, su actitud contra el nazismo y en aquel partido es suficiente para calificarle de héroe. Como tantos miles y miles de gentes anónimas que no se plegaron a los criminales de la cruz gamada. (Lean aquí, mucho más detallada, esta historia).

28 de marzo de 2010

EN FIN, YO NO QUERÍA, PERO...

11 de marzo de 2010

CATÁSTROFE

Rogamos a San Balón dos jaculatorias y tres lágrimas artificiales por la triste desaparición en la Champions League del afamado equipo de don Florentino Pérez en el día de desgracia del 10 de marzo de 2010. Aunque quedan sólo unos meses para que vuelva a resucitar en dicha competición, todos sentimos tan lamentable pérdida, especialmente su afición (a la que la eliminación ha sentado como una patada en los higadillos), los amigos de la cosa mediática y todos aquellos que deseábamos una larga vida championera a nuestro afamado y ricacho equipillo. ¡Cuántos magros ingresos vamos a dejar algunos de recibir por tan lamentable pérdida! ¡Adiós superávit de resultados por culpa de una noche aciaga y de unos tipos tan poco talentosos pero tan magníficamente retribuidos! ¡Qué de portadas se pudrirán en el limbo de nuestras rotativas, qué de bellos juegos florales estilo “Esto es Europa: hoy tenéis que ser once Juanitos” u “Hoy necesitamos al Bernabéu como al comer”! ¿Por qué esta vida tan mísera y desgraciada que se arrastra desde hace seis años por los arrabales de la Champions? ¿Por qué el cruel destino nos impide poder disfrutar de al menos  un par de eliminatorias más y así alcanzar las mieles de la gloria?  ¡Qué injusticia de vida, con lo fácil que sería que al rico diese poder y éxito y al desharrapado, como el Olympique ese de Lyon, le contentase con unos octavos de final y va que chuta! ¡Mísera naturaleza futbolera enemistada con la justicia, la historia y el parné! ¡A ti, putrefacta alcahueta, elevamos nuestras plegarias para que  la temporada próxima podamos alcanzar el cáliz de la final, pero no nos dejes caer en la amarga sensación de quedarnos siempre a las puertas de los cuartos de final como si fuéramos vulgares cantamañanas! ¡Que nuestras súplicas sean tenidas en cuenta! ¡Ya toca, San Balón, que te estás pasando un montón!  Devuélvenos la pronta confianza para que nuestro desconsuelo se troque en ilusionada espera, en bellas expectativas, en maravillosas vistas futuras. ¡Que al menos la Liga sea nuestra! ¡Amén, amén y amén!

28 de octubre de 2009

TAMBORES DE GUERRA



Sobre el cirio que había montado en el Atlético de Madrid hasta la misma noche del domingo pasado, tenía pensado escribir sobre el particular este miércoles. La mezcla de ultras, abeles, giles, cerezos y una historia ciclotímica de un equipo capitalino que juega a ser grande pero que en realidad es casi siempre una medianía, auguraba un articulillo de lo más pinturero y sarcástico. Pero hete aquí que los problemones futboleros se solucionan muy fácilmente: se cambia de entrenador y aquí paz y después gloria. (Como ya dijimos en otra memorable ocasión, justo cuando don Cerezo nombró a quien ahora ha puesto de patitas en la calle,  “los entrenadores son el pararrayos de los directivos, que así salvan el pescuezo ante las furibundas críticas de los acríticos aficionados e hinchas. Todo sea por seguir chupando palco todos los domingos y salir en las televisiones cada dos por tres cantando la gallina”). Así que, ¡hasta el próximo cabreo, beibis atléticos!

Claro que, por si acaso, tenía en la recámara el problemazo del Barça al cual los periodistas deportivescos de turno ya habían colocado en la UVI pues llevaba un par de partidos desangrándose. Los equipazos grandes y universales –y más si se les idolatra como si fuesen un becerro de oro- tienen un serio problema: han de ganar siempre. Bastan tres partiduchos seguidos comiéndose los mocos para que las masas salgan a la calle y salten al estadio  reclamando la cabeza del entrenador, del presidente y de la señora de la limpieza. Así que el Puñetas, mientras miraba con un ojo al Atlético madrileño, con el otro echaba una visual hacia las Ramblas y su fuente de Canaletas. Por fortuna los gordos problemazos se trastocan en vulgares problemillas de fácil olvido si hay por medio unos cuantos goletes. Así que seis tantos al Zaragoza obraron el milagro dominguero: no sólo ya no hay crisis en el club de Guardiola sino que Laporta puede seguir sacando pecho sin que lo corran a gorrazos las miles de peñas barceloninas que –incomprensiblemente- pululan por fuera de Cataluña sin saber ni pizca de catalán.

He de confesar, sin embargo, que a quien estaban esperando mis ojillos miopes era a otro club elegido de los dioses, también en horas bajas porque lleva un par de partidos haciendo el ridículo: el Irreal Madrid. Como está obligado siempre a ganar y a jugar bien –como si esto fuese cosa de coser y cantar- bastan varios resultados en contra para que los buitres carroñeros enfilen su afilado pico hacia el Bernabéu, especialmente hacia el lugar donde se asienta el entrenador. Así que contemplé también la posibilidad de que al final el Irreal Madrid fuese el club al que más cantazos le iban a arrear en esta semana. Sobre todo si no goleaba por ocho a cero al Alcorcón en la Copa del Rey. Como la goleada se la han llevado los chiquillos de Pellegrini, ya tenemos montada la de dios. ¡Estaba cantado! Así que hoy miércoles –cuando escribo estas letrajas- los tambores de guerra apuntan sólo hacia el club florentinesco. El Atlético madrileño y el Barça, al final se han ido de rositas gracias al cambio de entrenador del primero y a la última goleada del segundo. La esperada leña al mono tiene ya un grandioso y único receptor.


Como no es la primera vez que el Irreal Madrid es “humillado” (ni será la última) por una derrota imprevista, lo que publica la prensa nacional e internacional nos lo pasamos aquí por el arco del triunfo. ¡Esto ya no es noticia, beibis! La noticia, queridísimos verdugos, es la siguiente: “4-0. El Alcorcón golea al Real Madrid haciendo el partido de su vida”. O algo así, pero se ve que a los chicos de la prensa lo que les encanta es despreciar a los clubes pequeños ninguneando sus hazañas pues sólo se centran en la “tragedia” del club todopoderoso y megaguay.  Y se lo toman tan mal como si a ellos mismos les hubiesen humillado metiéndoles cuatro pepinos en salvas sean sus partes.


Tal como muestran las portadas seleccionadas a modo de ejemplo, los del Marca –en plan periodistas de Puerto Hurraco- exclaman “¡Vete ya!” a un Pellegrini al que todavía no le han dado tiempo ni de conocer a sus jugadores. ¿Y quién demonios son estos tipos para echar a la calle a nadie? “Vergüenza histórica”, “y encima se pone farruco…”. ¡Señor, señor! Para vergüenza histórica las frecuentes portadas de este diario. ¿Y qué me dicen del portadón del diario “Sport”, capaz de cometer ¡cuatro faltas de ortografía! en un increíble titular de cinco palabras?

A estos funerarios y truculentos niños de la prensa deportivesca habría que recordar lo que ya escribimos en febrero de 2006 cuando el Zaragoza le metió seis castañas al “mejor equipo del mundo”, claro, el Madrid…: “Perder un partido por goleada no es ni un desdoro, ni una vergüenza, ni un crimen”. Por lo demás, no pensamos defender aquí nada más que a los chicarrones del Alcorcón, a los que casi nadie ha reconocido su juego, entrega y valor. Los millonetis del Madrid, incluido su entrenador, que vayan preparando las bayonetas y los cañones porque tienen una guerra encima dispuesta a volarles la cabeza y los testículos. (Claro que mientras que no les vuelen la cuenta corriente…). Les atacan por tierra, mar y aire gentes que piensan que el fútbol es lo único importante y que todo vale con tal de hacer caja y patria chica. Afortunadamente tienen muy mala memoria y bastará que el próximo domingo el Irreal golee a su rival para que se les pase pronto el enfado. Incluso son capaces, dado que esto de la pelotita da muchas vueltas, de convertir en héroe y mito a Pellegrini si éste sobrevive y consigue la ansiada Liga o Champions. Los mismos que ahora le humillan (aquí sí es correcta la palabra) besarán el trasero al entrenador chileno si logra aguantar, levantar vuelo y ganar alguna copichuela futura de buen ver. Yo que éste no cometería el mismo error y mantendría muy fiel la memoria: a esta soldadesca, ni agua…     

17 de junio de 2009

LA FOTO

Sevilla. Dicen que fueron unas sesenta mil personas. Una manifestación histórica. Con gentes de todos los pelajes sociales, desde el cantante de fama al obrerete anónimo. Todos juntos y unidos bajo un mismo lema y único clamor…

-“Que se acabe la crisis, ya…”.
-No.
-Entonces, “Contra el paro y por un empleo digno”.
-Pues tampoco. Es usted un antiguo…
-A ver, déjeme que piense un poquillo. Ah, sí: “No a la corrupción ni al mamoneo: caciques fuera”.
-Bueeeeno, ya se va acercando al objetivo de la clamorosa manifestación…
-Oiga, que 60.000 personas son muchas personas…, que debían de protestar por algo muy serio, muy importante y muy lesivo para toda la sociedad…
-Efectivamente, chaval. Calentito, calentito…
-Y si hay algo importantísimo en este país, sea en Sevilla o en Madrid, en Barcelona o en Vigo, eso es… ¡el fúrbo!
-¡Que se quema, hombre, que se quema…!
-Y estando en Sevilliya… o hablamos der Betis güeno o… ¡Claro, cómo no había caído antes! Toda esa inmensidad de almas protestaban como un solo hombre contra Loperilla, el presidente adorado y elevado a los altares hace años pero que ahora no aguanta ni dios…
-¡Bingo, chaval!

Efectivamente. Una gran masa de aficionados béticos (y algunos sevillistas, para más cachondeo) protestando por la gestión del club, recientemente descendido a Segunda División. “Por un Betis libre y con sentimientos”, “Lopera, vete ya”, “No nos hagas sufrir más”, “Resurgiremos de las cenizas”La manifestación fue un éxito. Sin incidentes. Una ciudadanía harta y cansada pidiendo un cambio de política deportiva, lo único importante por lo que hoy día una ciudad se echa a la calle: para festejar los éxitos de su equipo o para protestar por sus fracasos. Sólo faltaron los sindicatos para que la reivindicación fuese más reivindicativa. ¿Quién fue el panoli que dijo aquello de que “el furbo es sólo furbo”?

5 de abril de 2009

EL DRAMÓN DE LOS NÚMERO UNO


Ocurría los otros días en la semifinal del Master Series de Miami de tenis. Durante el partido Djokovic-Federer, el suizo rompió una raqueta al tirarla contra el suelo de la pista. ¿Nervios? ¿Frustración porque la victoria se le escapaba? Para analizar la tragedia del jugador suizo he pedido opinión a don Anacleto Perfecto, psiquiatra de guardia.

-Mire, Puñetas. Lo del tal Roger demuestra una inestabilidad emocional propia de alguien cuyos fundamentos psicológicos han sido removidos de pe a pa. El hombre ha estado cortando el bacalao del tenis durante unos años, llegando a ser catalogado en el hit parade de la cosa como el mejor tenista del mundo de ahora y de ayer, o sea, de todos los tiempos. Más que jugar, se paseaba por las pistas luciendo palmito, sonrisa y bellas maneras. Pero hete aquí que –cuando le falta el canto de un duro para redondear su triunfal faena, ganando unos cuantos grandes torneos que convertirán en definitiva su gloria- aparece una nueva generación de chaveas (Nadal, Djokovic, Murray…) que se le suben pronto a las barbas, y eso que don Roger va siempre bien afeitadito. El español ya lo tiene calado y le gana casi con los ojos cerrados. Los otros han empezado a seguir el ejemplo. Así que el suizo se encuentra con que, antes de lo esperado, empieza el viacrucis de la jubilación. El hombre sigue entrenándose como siempre e incluso más, pero algunos rivales ya empiezan a subírsele a la chepa. Eso, psicológica y afectivamente, es un palo de los que duelen hasta en el cielo de la boca. Por eso se puso a llorar como una magdalena en Australia (pese al buen rollito con Nadal) pero en Miami directamente sacó el lado violento que todos llevamos dentro. Así que no le extrañe que rompiera la raqueta. El problema de los que han llegado a la cúspide (y se han mantenido en ella durante unos añitos, saboreando cantidubi las mieles del triunfo y del estrellato) es que no están acostumbrados a perder de manera tan consecutiva. Sus derrotas las viven como un hecho premonitorio: se acerca su final de éxitos y oropeles. Y empiezan a no aceptarlo. Riñen y se enfadan más de la cuenta, se vuelven inseguros y desconfían hasta de los recogepelotas. A sus 28 años siente la vejez deportiva pisándole los talones pues alguien que lo ha sido todo no puede ir arrastrándose por las pistas como un vulgar tenista. Llegar hasta una semifinal para cualquier otro significaría fiesta y discoteca durante una semana, pero para don Roger sólo es una frustración más, así que agarra un cabreo de cien pares de monos. Ya le digo, Puñetas, el dramón de los grandes campeones es que cuando pierden el liderato -y no lo recobran con prontitud- se vuelven ansiosos, dubitativos y parece que estén empezando otra vez, aunque ellos saben que lo que realmente ha empezado es el "the end" de su carrera deportiva de grandes éxitos. Sobre su coronilla el peso de la gloria reciente les acogota hasta extremos inconcebibles en otros deportistas, así que empiezan a darse cuenta que su final está cerca y se ponen de los nervios que no veas.

Cuando el bueno de don Anacleto acabó su larga perorata, el bueno del Puñetas ya estaba a diez metros de distancia pues si no pongo tierra de por medio todavía -dos días después- estaría hablándome del caso, matizando, descifrando, analizando hasta el más mínimo detalle y repitiéndose más que el ajo. Sólo diré que no le falta razón y que si yo fuese el suizo empezaría a cambiar el chip, tomándome la cosa como una despedida triunfal. Tampoco creo que se vaya a morir de hambre, aunque dicen que su novia trae de camino un chavea y los gastos supongo que se le dispararán. Yo, simplemente, le recomendaría que hable con Rafa Nadal quien (seguramente muy bien aconsejado por su clan familiar) sabe que esto del liderazgo es flor de un día, semanas, año o un par de ellos: “Hay que mantener los pies en el suelo. El que no lo hace es el que comete el error; hay que estar preparado para asumir el éxito y también la bajada. Si uno se va muy para arriba, tiene que bajar mucho más después”. Joé, Rafaelillo, qué bien te explicoteas…

11 de marzo de 2009

REAL MADRID: DE VICTORIA EN VICTORIA HASTA LA DERROTA FINAL


Ayer martes, el Puñetas, cual buitre carroñero, se sentaba ante la telecaca de turno dispuesto a ver cómo el barco del Madrid se hundía en las profundidades de la Champions. “Presiento que les van a meter tres a cero” –le dije momentos antes del encuentro al Ardilla, que vino a casa con unas latas de cerveza en la mano. “No sas exagerao. Yeva dié victorias seguías enla Liga” –me dijo. “Eso es un espejismo. En el país de los tuertos, qué quieres, pero en el momento en que se enfrenta a uno de los grandes de Europa, la palma. Tres a cero, Ardilla. Mañana todos los medios van a poner a parir a este equipo, fiel reflejo de una dirección deportiva y de la otra que hace aguas desde antes incluso de que se fuera aquel Florentín, ahora tan añorado. Informarán tan dramáticamente de la derrota del Irreal que va ser como si en este país se acabara el mundo. Ríete tú de la maldita crisis económica”. “Que no, tito, que vana ganá por 1 a 0 y luego en los penaltis el Casiyas se merienda al Reina”. Al Ardilla le pierde su optimismo infundado.

No es que uno presuma de vidente. De hecho jamás ha ganado un puñetero premio de algo, sea lotería o quinielas, pero bastaba ver con cierto alejamiento los “triunfales” partidos ligueros del Madrid, para darse cuenta que una cosa es el Español o el Betis y otra el Liverpool. O el Manchester, o el Juventus… Y no me equivoqué. Ahora todos los medios ponen a parir a los jugadores, al presidente, al director deportivo y al lucero del alba. Y todos están en la historia de siempre: deben rodar cabezas, echar media plantilla fuera y empezar de nuevo. O sea, lo que el Madrid viene haciendo en los últimos años… y así le va. Nuevo entrenador, muchos nuevos jugadores y la casa sin barrer. Igualico que el Liverpool, en el que año tras año vienen manteniendo a Benitez y el mismo armazón de jugadores. Así se vio luego en la telecaca, una lucha desigual entre un equipo que juega bien hasta con los ojos cerrados y otro que, ni abriéndolos, sabe por donde circula cada cual.

En cualquier caso, hacer una tragedia de una derrota futbolera es una exageración y una desvergüenza. Más se perdió en Trafalgar, Annual y en la Guerra de Cuba, ya puestos. Para drama la actual crisis económica, de la que están saliendo de rositas los gobernantes y mandones económicos de medio mundo, mientras que la eliminación del Madrid poco menos que da pie a algunos para que se linche a los jugadores y se cuelgue de una soga a la actual directiva. Así se demuestra cómo tienen considerado al fútbol desde hace tiempo: como opio del pueblo.

A juicio del Puñetas, lo único vergonzoso de esta historia es que algunos “aficionados” del Madrid se hayan desplazado a Inglaterra (y no creo que pagando todos de su bolsillo) para hacer el imbécil en las calles de Liverpool, provocar incidentes en algunas tiendas, enfrentarse a otros descerebrados aborígenes y tener que ser llamados al orden por la policía. Me da grima que estos ultrafachas y energúmenos puedan presumir de “españoles” haciendo majaderías en casa ajena. Sus insultos en Anfield a Fernando Torres, coreando a grito pelado que era un hijo de tal, reflejan que lo suyo, además de una falta de educación y señorío, es de odio bananero y de psiquiátrico. Vamos, que tienen enfermo el poco cerebrín que les adorna. Mejor harían los jugadores, cuerpo técnico, directiva y medios de comunicación afines al Irreal Madrid en dejarse de tantos lamentos e histerias por una derrota (que tampoco es para tanto) y poner a esos tipejos -tan “madridistas y españoles”- de patitas en la calle para que nunca más aparezcan por un campo de fútbol apoyando a “su” equipo, salvo que muestren un certificado de rehabilitación neuronal. Valiente pandilla de cafres. Y por cierto, puestos a ser más “patriotas” que ellos, cómo no alegrarse de que triunfara el equipo que más españoles sacó al terreno de juego. Aunque ese equipo se llame Liverpool…  

13 de diciembre de 2008

ARTÍCULO INTERRUPTUS

Lleva el Puñetas más de una semana tratando de enjaretar un precioso cuentecillo sobre ese Ministerio de los Deportes que don Zapa quiere tener próximamente en su gobierno. A ello ya le ha dedicado el Espectador un sabroso sopapo. Y, la verdad, es que uno ya tenía el primer párrafo perfectamente construido. Así:

“Dios mío (con perdón): con lo tranquilitos que estábamos algunos y llega don Zapatero, presi del gobierno de España, recibe a los dicharacheros chicos de la Copa Davis hace unas semanas y promete que pronto habrá un Ministerio del Deporte. ¡La que se va a liar! El personal es capaz de transigir que los gobernantes sean unos zoquetes en Economía o que en Educación no sepan leer ni escribir, pero de lo que el paisanaje nunca va a pasar es de quien esté al frente de un  Ministerio tan capital. Lo van a mirar con lupa. No sabe el bueno de Zapatero en qué jardín se va a meter. La primera consecuencia será  la necesidad imperiosa de crear otros 17 mini-ministerios (uno por cada Autonomía) pues cada cortijillo tiene sus especificidades y perendengues propios: a unos les pirra el hockey sobre patines, a otros el levantamiento de piedra, a otros la caza del percebe, a los sureños el salto de la rana, a los del centro el juego de bolos, etc. Y eso, naturalmente, sólo podrá ser promocionado y dirigido por el personal que lo vive y siente hasta la médula patria. O sea, por el personal de cada reino de taifas. ¡La que nos espera!“

Pero… ahí se me acabó la inspiración. Han pasado los días, he intentado encontrar otro párrafo para la finalización del artículo, pero que si quieres arroz, Catalina. Ná de ná. El cerebro se me ha quedado en pelota picada. No logro escribir una frase, ni redonda ni longitudinal. Parece que alguien me haya echado un mal de ojo. ¿Será la CIA, el CNI, la prensa deportivesca que se frota las manos con la promesa ministerial o, sencillamente, es que el Puñetas es humano y ha entrado en crisis creativa? Estoy intrigado, preocupado y hasta acojonado. ¿Y si la mente y la tecla se me han quedado en blanco y las próximas entradas se las tengo que encargar a un negro? ¿Qué me ocurre, doctor? ¡Soy incapaz de pergeñar cuatro letras sobre el futuro Ministerio de Deportes! ¿Habré llegado ya a mi nivel de incompetencia? ¿Se me habrán acabado las pilas y tengo que volver al aceite de hígado de bacalao y a la lata de Acuarius? ¿Estaré enamorado? ¿O sencillamente es que es muy difícil escribir sobre la NADA?

¡Otras, Pedrín! ¡¡¡ Acabo de descubrir lo que me pasa !!!

PD:  Por si acaso, si algún amable lector está algo más iluminado que yo, le invito a proseguir con un estupendo y crítico párrafo, tras el mío de más arriba. Le estaría eternamente agradecido. (Ojo, no vale pedir dinero). 

26 de octubre de 2008

AVENTURAS DEMASIADO ARRIESGADAS

 
La semana pasada la prensa informaba de la siguiente noticia: “Muere un bombero en el rescate de tres piragüistas que se cayeron al Duero”. Luis Angel Puente murió cuando trataba de salvar la vida a unos jóvenes que estaban practicando piragüismo en un tramo del río a la altura del pueblo de Villaralbo (Zamora). Al parecer, se soltó de la cuerda para dársela a uno de los jóvenes en peligro (un adolescente) y no pudo superar la fuerte corriente. Al caerse debió de darse un golpe en la cabeza. Los que lo conocían hablan de que era un experto en este tipo de rescates y que destacaba por su prudencia. Muy mal tendría que ver la situación para anteponer la vida del chaval a la suya. Los jóvenes tenían entre 15 y 16 años.

Es una noticia que a nadie deja indiferente pero que se despacha en una esquinilla de una página cualquiera de un periódico, cuando realmente debería ocupar lugares de portada, con la fotografía del héroe. Dudo mucho que algún medio haya llegado a tanto. Los héroes modernos son de otra condición: esos pelagatos y pelagatas que mueven el culo en una pasarela, en una peli, en un escenario cargado de decibelios o en un estadio. 

Por más vueltas que he dado por la web, no he avistado ningún reproche a la actitud de los piragüistas y el monitor que les acompañaba, que al parecer tuvo también una actitud bastante heroica. La mayoría de las informaciones se limitan a reproducir las mismas palabras, copiándose unas de otras. El Norte de Castilla publicaba que “la zona en la que se produjo el accidente está próxima a una presa, de ahí la corriente y el que los piragüistas quedaran atrapados en medio de la fuerza del agua y que tampoco se pudiera maniobrar con la lancha de los bomberos”. Todo apunta, de ser eso cierto, a una imprudencia, aunque en estas cosas todo el mundo ha de ser muy comedido, hasta que se cierre la obligada investigación. Lo cierto es que ya estamos curados de espantos porque cada vez más abunda el personal que se lanza a la aventura (a eso le llaman “deporte”) sin medir los riesgos, bien porque ello demuestra un plus de valentía del ego, bien porque su cerebrín no da para prever los inevitables riesgos. Eso sí, en cuanto se atisba el peligro (mami pupa, oh qué acojono…), estos valientes descerebrados llaman urgentemente a los servicios de urgencia pidiendo socorro y salvación, aunque ello implique poner en serio riesgo las vidas de bomberos, policías y otros ángeles de la guarda. Unos policías y guardias que acaban hace poco de manifestarse en Madrid porque cobran una miseria y unos bomberos que en ocasiones tienen que hacer calendarios con desnudos para recaudar fondos extra o llamar la atención sobre sus propios problemas laborales.

Eso sí, cuando pasan las desgracias todo son homenajes. Qué menos, pero mejor sería dárselos en vida en forma de buenos sueldos y mejores condiciones de trabajo. Y, sobre todo, concienciar a los “deportistas” descerebrados (piragüistas de río, alpinistas de pico y pala, pilotos de monte, atletas de campo, etc) que su divertimento puede tener trágicas consecuencias, afectando a veces a gente inocente que está para servir a la comunidad en los grandes problemas y no para resolver accidentes privadísimos de  niñatos imprudentes e inconscientes que se juegan la vida por amor al arte y a su propia adrenalina. ¡Pues jugárosla del todo, machos, y no pongáis en peligro la ajena!

Claro que no sólo es cosa de los “deportistas” de pacotilla. Ayer mismo los bomberos eran noticia en Málaga porque tuvieron que rescatar a una gata que se había quedado atrapada en el tejado de una vivienda. A este extremo de estupidez hemos llegado: llamar a los bomberos para que te rescaten a la mascota. Y gratis, claro, que encima estas virguerías no tienen lo que sería lógico: una factura posterior por el importe correspondiente al servicio desempeñado más un plus de peligrosidad, si ha lugar. La soplapollez (donde destaca la “deportiva”) no debe salir gratis y, mucho menos, arriesgar vidas ajenas.  

1 de septiembre de 2007

LA SINRAZÓN DE UNA MUERTE INESPERADA


Nadie se imaginaba el sábado 25 por la noche, cuando se retiraba a los vestuarios por su propio pie a consecuencia de un desvanecimiento aparentemente sin importancia, que el joven futbolista del Sevilla Antonio Puerta iba a fallecer de un fracaso multiorgánico derivado de numerosas paradas cardiacas varios días más tarde. Un “indetectable” mal congénito en su corazón, en cuestión de horas, le llevó al fatal desenlace.

Como era de esperar, ante el imprevisible y trágico final del ya consagrado futbolista del Sevilla su ciudad, los medios de comunicación y prácticamente todo el mundo –incluso el más alejado del negocio futbolero- han seguido los acontecimientos con tristeza, estupor y hasta cierta vital indignación. La portada del diario MARCA reflejaba claramente el sentir de muchos: “Antonio Puerta, la injusticia de morir a los 22 años. ¿Por qué?” Esta vez le ha tocado a Puerta, famoso y joven. Millones de veces les toca a niños indefensos, a gentes anónimas que jamás hicieron daño a nadie, a pobres desgraciados que murieron absurdamente sólo porque estaban en el sitio equivocado a la hora más inoportuna. Miles y miles de seres humanos desaparecen diariamente de nuestro bellaco mundo sin que nadie –salvo sus allegados más cercanos, que a veces ni eso- pueda dedicarle más que unos solitarios rezos y algún que otro grito de justa indignación.


No me gusta la espectacularización de la vida cotidiana y mucho menos de la muerte. Por eso huyo de la contemplación de las dramáticas imágenes que se producen ante una tragedia colectiva o una desgracia individual más o menos impactante, bien por las circunstancias, bien por la persona afectada. El porqué de la sinrazón –como la muerte de Puerta- lo rumio para mis adentros sin encontrar más respuestas que la impotencia, el asco, la indignación o el simple fatalismo. ¡Vaya perro mundo que creaste, amigo! –mascullo al vacío por si ese ser infinito y poderoso del que tanto nos hablan existe y tiene al menos orejas para escuchar. Jamás me ha respondido y jamás he oído de nadie respuesta diferente, pese a lo cual millones de humanos siguen creyendo en su existencia desde la noche de los tiempos. Y lo que es peor, a menudo matándose y matando en su nombre.


En fin, ni es razonable nuestra existencia ni la de este mundo por mucha teología, magia, imaginación y perendengues que le echen al asunto los creyentes de uno y otro signo. Mas como sé que este es un tema complicado y peligroso en el que mucho personal se mueve más con las armas de la emoción, la superstición y el misterio que con la banderola blanca de la razón y el discernimiento, aquí lo dejo en suspenso. Prefiero quedarme con el texto que Joaquín Caparrós -anterior entrenador del Sevilla, y hombre creyente- ha escrito a raíz de la fatídica muerte de su pupilo Antonio Puerta.


“Una bestia negra y ciega se ha llevado a Antonio. A él le partió el corazón y a mí me ha partido el alma. A esa bestia negra y ciega que nos ha dejado llorando a todos le quiero decir entre lágrimas muchas cosas. Le quiero decir que, una vez más, se ha equivocado, y que lo ha hecho de forma gravísima. Y golpeo mi cabeza contra la pared por la irreversible injusticia que ha cometido.



Le quiero decir que se ha llevado a un chico lleno de vida, a una persona valiosísima y a un deportista de enorme estatura. Le quiero decir a esta bestia negra y ciega que si quería hacer daño lo ha conseguido. Su tajo ha sido de dimensiones gigantescas porque ni ella misma sabe a la cantidad de gente que ha dejado herida.



Se ha llevado a Antonio y con él se marcha una de las sonrisas más sinceras de Sevilla, de Andalucía y de España. No había otro como él en el vestuario del equipo. Si necesitábamos ánimo, Antonio se sacaba un chiste de la manga. Si alguno de nosotros parecía venirse abajo, ahí llegaba él y nos soltaba una de las suyas. No había otro igual y el hueco que deja es irreparable.



Le digo a esa bestia negra y ciega que nuestra venganza será terrible porque a ese hijo de Antonio que está a punto de nacer le vamos a contar tantas cosas bonitas de su padre que parecerá que sigue vivo en cada rincón de Sevilla, de Andalucía y de España. Y no podrá con todos. Hoy me siento el hombre más triste del mundo. Yo le di la luz en el primer equipo y con su marcha me he quedado totalmente a oscuras. No habrá un día de mi vida en que no mire al cielo para saludarle”. (El Mundo, 29-08-2007)



Amigos deportistas, sean bienvenidos a esta nueva temporada del Arco y a su buen humor, que hoy forzosamente brilla por su ausencia. ¡Jo, menuda reentrée has tenido, Puñetas!

6 de febrero de 2007

SE VEÍA VENIR PERO TODOS ESTABAN CIEGOS


Era previsible que ocurriera y ocurrió. Ha sido en Italia, donde el descerebramiento futbolero alcanza cotas de paranoia, pero que tire la primera piedra aquel país que se crea libre de seguir estos derroteros: muertos, heridos, violencia desaforada, altercados en los campos y fuera de ellos. La batalla de Catania ha abierto a algunos los ojos. Esto no es Irak, ni siquiera Palestina o el País Vasco, pero la cosa ya empieza a parecérsele. Y todo con el fútbol como pretexto.



Según algunos listos, habría que hablar de política. Pues no necesariamente, que ya está bien de que a la susodicha se le echen todos los muertos y en su nombre se justifiquen todas las psicopatologías sociales e individuales. Tampoco creo que deba hacerse al fútbol único responsable de tanta estupidez colectiva, rayana en casos como el de Sicilia en lo mafioso y criminal. Estamos en una caída de culo y cuesta abajo que está arramblando al infierno a millones de seres humanos por hambre, miseria, sobrealimentación, depresiones, accidentes gratuitos como los del tráfico… y que acabará llevándose al garete al mismísimo planeta, como centenares de científicos vaticinan, aunque cualquier par de ojos con ganas de ver la realidad sabe que más que vaticinio es una certeza. Un ejemplillo: para beber agua en condiciones ya tenemos que consumirla envasada a precio de oro. Llegará el día en que habrá que hacer lo mismo con el aire que respiremos.


Pero volvamos al ámbito estrictamente deportivo para ver si hay algún atisbo de solución a corto plazo. El sábado 27 de enero, en el diario EL MUNDO, había tres páginas dedicadas a los ultras del fútbol. Se fechaban en Argentina, pero la localización geográfica yo creo que es lo de menos. Los titulares: “Curso para ultras: operadores turísticos organizan, por sólo 100 euros, encuentros con los grupos más violentos del fútbol argentino. Hooligans españoles viajan a Buenos Aires para aprender cómo actúan los temidos Barras Bravas de Boca Juniors”. En la información se detallaba el periplo turístico de estos imbéciles, los nativos y los visitantes, algunos de ellos hinchas ultras de equipos españoles como el Real Madrid. Pero hay más: se hace mención a que estos grupos organizados argentinos (algunos con nombres tan ilustrativos como “Los canallas”, “Los leprosos”, “La Guardia Imperial” o “Los borrachos del tablón”) reciben un porcentaje de los ingresos de los fichajes de algunos equipos. Eso sí, la empresa que maneja los derechos de televisión en régimen de monopolio, se frota las manos y el bolsillo. Ya saben: unos sacuden el árbol y otros se quedan con las nueces.


¿Y qué hacen los poderes públicos mientras tanto, sea en Argentina, Italia o el Porrosillo? Mirar hacia otro lado, cuando no tolerar unas prácticas violentas que cada vez tienen más de negocio y de tejemaneje de poder. Y los clubes, ídem de ídem. Ahora, con esto de Italia, se ponen todos muy serios, nerviosos y nos salen con el rollete ese de “así no se puede seguir”. Según parece, al menos en el país de las pizzas, van a tomar ciertas medidas, que cuando se les pase la congoja, quedarán seguramente en agua de borrajas. Se pretende que sólo haya público en los campos que cumplan las medidas de seguridad fijadas en 2005 por el decreto Pisanu que nadie ha cumplido hasta la fecha excepto dos equipos: tornos en las puertas, un sistema cerrado de vídeo-vigilancia dentro de la instalación, billetes nominales, una amplia zona de control y registro fuera de los estadios o localidades todas de asiento. El pobre señor amante del fútbol, ese que insulta y vocifera pero que no es capaz de pasar a mayores, va a ver que se le trata como un delincuente por asistir al campo. Y encima, pagando un pastón.


El ministro del Interior italiano ha llegado a decir en esos momentos de baja autoestima que excepcionalmente tienen los políticos cuando se quedan en cueros vivos ante el pueblo, que “no enviaré a la policía a los estadios en estas condiciones” o incluso que “si los equipos tienen para pagar diez o veinte millones por un jugador, también deberían tenerlos para garantizar la seguridad”. Cuando cualquier mindundi o desgraciao piensa una cosa sensata le toman por loco: “los niños no deberían ir a los estadios de fútbol pues son escuelas de mala educación y violencia”, “no deberíamos pagar con nuestros impuestos a personal policial y sanitario para cubrir eventos deportivos de tipo privado”. De estas dos perlas sabrán los lectores habituales del Arco o la Aguja. Pero ahora se les ocurre a un pringao que ocupa un puesto de alto copete en un gobierno o en un partido político y todo el mundo las ve como unas medidas maravillosas que ojalá se hubieran puesto en marcha mucho antes. A buenas horas mangas verdes.


Pero no seamos ingenuos y candorosos, que ya nos conocemos el percal. Como he escrito también en alguna ocasión, el fútbol –muy a su pesar- es un medio de entretenimiento gracias al cual se gana muy bien la vida la mayor parte del circo mediático al tiempo que las masas permanecen ensimismadas y obtusas ante la dura realidad, lo cual le viene estupendamente bien a los que detentan el poder. Pan y fútbol, remedo del otrora “pan y circus” de la gran Roma. En fin, que esto no tiene arreglo, como casi nada de lo que nos ocurre y que tenemos un porvenir en éste y en casi todos los sentidos más negro que la visión de un ciego. El homo sapiens está desapareciendo del mapa aquejado de una rara enfermedad mental. Su sucesor, el homo gilipollensis, lleva años ganándole terreno y tendrá el dudoso honor de ser él quien nos lleve definitivamente al ocaso definitivo. O a la locura...

29 de septiembre de 2006

UNA TRAGEDIA "NASIONÁ" (O LAS DOS ESPAÑAS)


Andaba esta tarde tranquilito, ajeno a toda actualidad, (por eso estaba “en la gloria”) cuando llaman a la puerta y es mi vecino del décimo que –conocedor de mi interés por las cosas deportivas- me espeta a bocajarro:



-¡Acaban de cargárselo!


-¿Cómo dices?


-¡Que ya no cuentan con él!



A mi calenturienta mente acudieron diversas conjeturas, a cual más desagradables mientras mi vecino se rascaba el cogote y su perrucho (al que seguramente iba a sacar a la calle para que hiciera sus necesidades en el jardín) olisqueaba mi pierna.


-No sé, ¿los barones del PP se han cargado al Mariano, por el bien de España? ¿O a Zapatero le ha dado un ataque de risa y lo han tenido que encerrar en una prisión de máxima seguridad? ¿O es que han cesado al seleccionador Luis, ese sabio de la nada?



Casi entre sollozos, el guarrete de mi vecino (su perrucho también está aprendiendo a serlo: tal para cual) me dice casi con voz sollozante:



-¡¡ Luis no ha convocado a Raúl para los dos próximos partidos de España ¡!



Entonces me di cuenta que se avecina una tragedia nacional. Le dije adiós cerrándole abruptamente la puerta pues el chucho empezaba a atacar creyendo que el Puñetas era una farola. Y, aún con el corazón latiendo a toda prisa por el sobresalto y la emoción, no pude contenerme, de espaldas a la puerta, y comencé a llorar. Como un niño.



-¡Sniff! Pero ¿ cómo pueden hacerle eso a un tío que lo ha dado todo por España (¡Espaaaañaaaa, Espaaaañaaaa, Espaaaañaaaa!) durante diez años, más de cien partidos, con 44 goles, habiendo jugado siempre con todos los seleccionadores –incluido Luis-, jugando en la actualidad en su equipo, donde para su entrenador Capello prácticamente es insustituible y cuando entrenadores de otros clubes lo siguen considerando el alma máter del Madrid y de la selección? ¿Acaso es el único culpable de que ésta no se coma una rosca ni sea capaz de ganar una partida de parchís? Y si no mete goles, ¿no será que es porque cada vez los técnicos lo alejan más del área o porque ya empieza a tener vista cansada?



Francamente, el puñetero vecino me había dejado hecho polvo con la súbita noticia. Mas pronto reaccionó mi cuerpo serrano, los valores sanguíneos, arteriales y tropicales volvieron a su normalidad y entonces apareció en mí el otro yo, la antítesis, el ser frío, calculador y ajeno a toda sensiblería: el auténtico Puñetas, el del Arco.



-La verdad es que Raúl siempre ha sido el tuerto en el país de los ciegos. Un paquete de celofán cuando el resto de los jugadores era una simple caja de cartón. Pero aquí, donde hay más cantamañanas deportivos por metro cuadrado que en ningún lugar del mundo (con permiso de Argentina y Brasil), siempre lo han considerado como un genio de la pelota. Lo encumbraron a los altares hace más de diez años, cuando casi era un zagal, y unos pretenden bajarlo de allí de manera violenta al considerar que ya es un perro viejo, y otros mantienen que a toda costa debe seguir figurando encima de la peana, tal que si fuese un intocable San Raúl. Esto huele a simple roce personal entre el seleccionador y el jugador, quien probablemente ha olvidado que tantos años de acudir a la selección no le dan atribución para meterse en asuntos que no le competen y sí a Luis. Si este hubiera querido renovar al equipo, habría dejado en la estacada a más de la mitad de los paquetitos, pero sigue llamando a los mismos y Raúl continúa jugando como siempre, en plan oscuro y escasamente vistoso, pero útil para su equipo. Por eso sus entrenadores madridistas siguen confiando en él, porque se deshidrata en el campo más que ninguna de las figurillas de porcelana que le rodean y encima con el enorme mérito de que su trabajillo apenas sirva para nada. Esto suena a vendetta coyuntural del mister: “!Aquí mando yo, chaval, y ahora te quedas en casita a meditar!”.



Dicho lo cual, y ya con mis constantes vitales a plena normalidad, me fui para el ordenata y escribí esta chorrada profética: “Luis acaba de firmar su sentencia de muerte. Acaba de abrir el melón de las dos Españas: la raulista y la antiraulista. Una le aplaudirá, la otra media lo maldecirá. La tragedia nacional no ha hecho más que empezar. Más cabezas rodarán tras los dos próximos partidos, donde se fracasará. Luis será el primero al que le caerá la guillotina. Y le seguirán otros más, incluido ese juntaletras del Alfredo Relaño. Nostradamus ya lo predijo. Alfonso Guerra también lo tenía previsto en Suresnes, cuando diseñó la transición política a la democracia, y el Puñetas acaba de verlo dibujado en la apocalíptica cara de su guarrete vecino”. ¡La revolución se acerca! ¡Viva la revolución!” (Ji, ji, ji, ji….)

30 de junio de 2006

LA MUERTE DE UN BALONCESTISTA

El Puñetas ha visto, en su recién cumplido medio siglo y un día de andar por el planeta Tierra, muchas imágenes deportivas. De todos los colores. Alegres y tristes. Dramáticas y risueñas. Una de las que aún recuerdo más o menos nítidamente tiene que ver con el comentario de hoy. Hace la tira de tiempo. Más de diez años. Un partido de baloncesto de una liga extranjera. Últimos lances con un marcador muy apretado. Un jugador serbio. Eran los brillantes tiempos del Estrella Roja y la Vojvodina. Entra a canasta. Los árbitros le pitan una falta personal. Se cabrea. Malhumorado, se da un cabezazo con el soporte de la canasta, sin caer en la cuenta que le falta la habitual protección acolchada. Cae redondo sobre la pista. La cara ensangrentada y la sensación de que allí ha pasado algo gordo. Sólo recuerdo –porque días más tarde lo debatí intensamente con varios amigos- que salvó la vida de milagro pero jamás pudo volver a jugar al baloncesto: quedó inválido.

Desde aquella escena, telegrafiada nebulosamente ahora tal como permanece por alguna recóndita alcantarilla de mi memoria, me quedó grabada una norma muy sencillita, que defendí acaloradamente con aquellos amigos y que siempre alzo como bandera innegociable: el puto deporte, por muy profesional que se vista, es sólo un juego. Y así deben entenderlo sus practicantes, a pesar de disputarlo intensamente. Como hacen los actores: cumplen y desempeñan un papel en el que ponen el alma y el cuerpo, pero siempre manteniendo la mente fría y alejada de la ficción de la actuación, por muy verídica que ésta sea. Los deportistas deben también actuar así. Poniendo en el terreno de juego sus facultades plenas, sus máximas ilusiones y la totalidad de sus saberes técnicos, pero jamás olvidando que los diferentes lances del juego y que la derrota o la victoria NUNCA pueden llevar a perder el control de sí mismos. ¿Difícil, verdad? Pues eso lo consiguen sólo los auténticos deportistas y campeones. Si se les provoca, para eso están los jueces y árbitros. Si ese día no dan pie con bola, lo intentan hacer bien o ya les cambiarán. Si las cosas salen estupendamente, la alegría jamás debe llevar al menosprecio del rival. La cabeza fría y la sangre caliente. Y el que no sepa lograrlo, que se vaya a destripar terrones. No admito paños calientes o componendas en este tema. Radical hasta la médula.

Aquel jugador serbio lo comprendió demasiado tarde. Hoy rememoro débilmente aquellas imágenes porque me entero por el diario “El Mundo” que Slobodan Jankovic ha muerto. Y tras leer el obituario la historia se concreta y agiganta. Fue un 28 de abril de 1993 en la fase final de la liga de baloncesto griega. Jugaban el Panathinaikos y el Panionios. Boban era la estrella extranjera de este último. Quien tenía que sacar las castañas del fuego en los momentos más apurados. Entró a canasta pero chocó contra su defensor. Los árbitros le pitaron falta en ataque. Era su quinta personal. La expulsión del encuentro. Tenía fama de jugador visceral. Enfadadísimo, se propinó un brutal cabezazo contra el soporte de la canasta. Pero allí no había protección alguna. Sólo una barra de hierro. Jankovic cayó fulminado y ensangrentado. Confiesa al médico entre gestos de enorme dolor que no siente las manos. Por el camino afirma repetidas veces que va a morir. En el hospital diagnostican que se había fracturado la tercera vértebra cervical. Se quedó tetrapléjico para toda su vida. Por un vulgar desahogo.

Pero lo que son las cosas y lo que el Puñetas ya ni se acordaba. Boban no se hundió. Ahora sí tenía motivos más que justificados para darse con la cabeza contra todas las paredes del mundo. Pero no lo hizo. Comprendió, aunque tarde, que hay que enfrentarse a la vida, en los éxitos y en los reveses, con la máxima serenidad, con fair play, con el equilibrio moral y anímico que debe exigirse a nuestra especie. Y lo hizo. Se quedó a vivir en Atenas en vez de regresar a su país. Fue operado varias veces pero sin resultado. Quiso seguir vinculado al baloncesto y enseñar a un puñado de chavales jóvenes lo que él sabía, que era mucho, y lo que no sabía cuando todavía andaba y corría, que era poco pero muy importante. Un pecado de muchos jugadores de su brillantísima generación: eran soberbios, irascibles, de escasa educación, con poco respeto por los rivales… El líder de toda aquella cohorte de jugadorazos malcriados se llamaba Drazen Petrovic, quien dos meses después del suceso ocurrido a Jankovic moría (él, que estaba empezando a ser una estrella en la NBA) en un accidente de coche. Sloboban llegó a dirigir un equipo de baloncesto, en el que creó una sección de sillas de ruedas. Y enseñó, entre otros, a su hijo. Una de sus últimas apariciones fue en 2005 en la despedida del jugador del Real Madrid y Barcelona, Sasha Djordjevic. En Belgrado, leo en EL MUNDO, “rodeado de lo más selecto del baloncesto europeo de todos los tiempos, Boban no pudo contener las lágrimas ante el gesto de su compatriota”.

Hace unos días, Jankovic sufrió un paro cardiaco en alta mar, camino de las vacaciones. Su corazón, aquel con el que no supo controlar su mente aquel fatídico día, pero el mismo con el que fue capaz de transmitir ilusión y ganas de vivir a todos los que le rodearon desde entonces, dejó de latir. Su drama y el de algunos otros jugadores de su generación, como el citado Petrovic, sirvió al menos para que los jugadores siguientes aprendiesen de sus errores. Nunca se ha repetido aquella magnífica generación de baloncestistas, pero sí se puede decir que las siguientes la han superado en lo más noble de lo que debe ser el deporte: más educación, más respeto, más control de las emociones, más deportividad. O al menos, a mí me lo parece…

30 de mayo de 2006

MURIERON CON LOS PANTALONES CORTOS PUESTOS


El otro día leía una escueta noticia en un periódico de tirada nacional dando cuenta del asesinato de dos jugadores del equipo nacional de tenis de Irak. También del entrenador. Como sólo fueron tres muertos (frente a las habituales matanzas de más de una decena de anónimos desgraciaos), la cosa ha tenido poco eco.



Pocos días antes, un grupo militante sunita había lanzado una advertencia prohibiendo llevar pantalones cortos, probablemente por razones "religiosas". Cuando vieron a los tres deportistas salir de una lavandería con dichos pantalones (seguramente venían o iban a entrenar), ratataplaf, varios balazos y a otra cosa, Alá. Así se escribe la miserable historia iraquí de todos los días. Cierto que no son los primeros ataques contra personas que desarrollan actividades deportivas, pero la imagen de unos tíos armados hasta los dientes asesinando a sangre fría a unos deportistas por el simple hecho de llevar pantalones cortos supera las más altas cotas de la paranoia humanoide. Alguien pensará que el verdadero motivo del asesinato es que los deportistas “representaban” a Irak y eso es hoy día una labor de alto riesgo, en un país sumido en una guerra civil entre la minoría sunita y la mayoría chiita. Alguien podrá seguir pensando que a lo peor los tenistas eran chíitas y los suníes (el sector más privilegiado durante la tiranía de Hussein), se han vengado en ellos por puro odio político y religioso. Todavía habrá algunos que indirectamente culpen de esta y otras masacres a ese tipo que vive en la Casa Blanca (no, no hablo del Real Madrid) y sus camaradas, expertos en lavarse las manos. El Puñetas prefiere seguir pensando, al hilo de la noticia, que los tenistas y su entrenador murieron por llevar pantalones cortos y que ya estaban avisados del riesgo que corrían, aunque lo prefirieron a ceder ante la barbarie de una minoría nacional, pese a que a nivel mundial representa más del 80 % de la población musulmana. No han ganado ningún Gran Slam, ni siquiera un simple partidillo de clasificación en algún remoto torneo occidental, pero con su valentía –¡joder, simplemente por llevar unos pantalones cortos!- han demostrado qué es ser unos héroes en la práctica del deporte, algo muy diferente a lo que por aquí llamamos “heroicidad”: meterle cinco goles al Prepucio C.F. o ganar la Champion Li o la UEFA con un equipo de millonarios que sólo se juegan una suculenta prima o un incremento de la tarifación publicitaria para la siguiente temporada.



En la mayoría de los países árabes, la carne está carísima. Una pierna aireada de tenista puede costar un balazo y un cuerpo de mujer futbolera –que las hay- sin velo y sin ropas que la cubran por completo –ya me dirán como se juega a la pelota así- vale dos lapidaciones, una para matar y otra para rematar. Si desde esta bitácora solemos tener el mal gusto de poner a caldo los desnortados excesos de nuestros hinchas y aficiones, lo de estos salvajes disfrazados de humanoides sólo merece el más absoluto de los desprecios. Que haya gente que se juegue las habichuelas por darle cómodamente a una pelota, sin ropajes innecesarios, sería para mear y no echar gota de no ser porque estamos hablando del juego más sagrado: la vida. A su lado, las gestas y hazañas de nuestros occidentalísimos campeones me parecerían de tebeo, si no fuese también porque cada vez más el nivel de exigencia se lo ponemos tan alto (rozando a veces lo sobrehumano: caso del ciclismo, por ejemplo) que a veces su salud y hasta su vida peligran por tratar de conseguir un segundo de menos o unos centímetros de más.


Ahora que se disputa el Roland Garros de tenis en la populosa tierra de los franchutes (ya saben, la igualité, la fraternité y esas cosas…), no sería mal detalle el que la organización dedicara un minuto de silencio o unas emotivas imágenes a esos tenistas iraquíes que –como los buenos soldados- murieron con el uniforme reglamentario puesto. En según qué sitios, a qué precio tan barato se cotiza la heroicidad cotidiana...

14 de marzo de 2006

REFLEXIÓN TRAS LA MUERTE DE ROLLÁN

Sólo la trágica muerte de Jesús Rollán, el exportero de la selección española de Waterpolo (un triunfador en su deporte, que llegó a ser valorado como el mejor portero del mundo durante un par de temporadas) ha servido para que algunos medios de comunicación (esos que andan obsesionados por el fútbol y las bragas de las famosas) dedicasen unas glosas a quien fuera alma máter de los años dorados del waterpolo nacional. Aún así, lo han hecho pasando casi de puntillas por la noticia: un suicidio (tras muchas dudas iniciales), una depresión, un problema familiar… Jodé, de la depre de la Mosquera nos enteramos hasta en la teletienda.



A pesar de haber sido una auténtica estrella en su deporte, a nivel nacional e internacional, muy poco se ha sabido de él cuando triunfaba y ahora que ha fallecido. Da una enorme tristeza pensar la cantidad de gente maravillosa que entrega toda su juventud y mejores años de la madurez a la práctica de deportes minoritarios y que ni son reconocidos mínimamente en el éxito… ni en la muerte. Para varias televisiones nacionales, Rollán era un don nadie deportivamente hablando porque ellas sólo se dedican a chafardear sobre el nuevo opio del pueblo, esa mezcla de héroes peloteros y famosuelos/as de entrepierna. Así que ¿por qué iban a dedicarle a su muerte unos cuantos segundos, si era más importante mostrar el anoréxico contoneo de la fulana de moda o el balbuceo del pringao futbolero de turno?


Recopilando de lo que uno sabía y ha leído por ahí. Un hombre que ha estado toda su vida peleándose en una piscina por ser el mejor, con entrenamientos durísimos que le dejaron físicamente echo polvo y con secuelas. (El waterpolo es un deporte tremendamente exigente). Un chaval sanote, fuerte, extrovertido, animoso y simpaticón al que se le vienen encima todos los problemas del ocaso deportivo y físico, junto a una separación matrimonial y –al parecer- un acercamiento a ciertas drogas blandas, aunque poco se ha confirmado sobre el tema. Una depresión de caballo que exigió un internamiento en un centro de rehabilitación y reposo. Algo muy fuerte tiene que pasar por la cabeza de un hombre acostumbrado a soportar la gran presión deportiva de enfrentarse a mil retos a lo largo de muchos años de práctica para que, alejado de ella, a las primeras de cambio y ante varias adversidades se venga abajo. ¿No estaremos exigiendo demasiado a los deportistas de élite, aunque la gran mayoría de ellos sean unos auténticos desconocidos por practicar deportes minoritarios? ¿No será excesiva la responsabilidad que echamos a las espaldas de los más cualificados deportistas para alcanzar las máximas cotas del éxito representando a su país, ciudad o equipo que les paga y eso acaba pasando factura? ¿Se les prepara también, además de para los éxitos y los fracasos deportivos, para el momento del adiós, del fin de la actividad, del silencio?


Ortega y Gasset hablaba en su tiempo de “la barbarie del especialista”. Hoy que batimos el record de barbarie en este sentido, incluyendo la deportiva, quizás sea conveniente pararse a pensar si no estaremos pasándonos de la raya. O quizás es que hay muertes, como la de Jesús Rollán, que necesitan alguna explicación justificativa para que podamos seguir encontrándole algún sentido a la práctica del deporte de élite.



P.D: Comprenderán que hoy no tenga ninguna gana de hacer irónicas gracietas con la afoto de turno. Otra vez será.

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