8 de octubre de 2006

A DEGÜELLO CON LUIS ARAGONÉS



El sábado 7 de octubre tuve un ramalazo masoquista y me dispuse a tragarme enterito el partido de furbo de la Eurocopa entre Suecia y España. Los antecedentes presagiaban tormenta. “Luis contra todos”, “España contra un fantasma”, “España, principio o fin ante Suecia”, titulaban algunos periódicos antes del encuentro. Se acercaba el acabóse, el Apocalipsis, el fin del mundo si los chicos de Luis no rascaban bola a los suecos. Y, claro, no la rascaron. Cuando juegas con un país en contra (Suecia) y casi todo el tuyo también, hay que ser un mago, un genio o un héroe para no sucumbir en la pelea. “Nuestros” jugadores son gente normalita por mucho que los vistan de seda y ganen cientos de millones, así que milagros hacen los justos. Y por mucho que Luis intenta sacarles el mejor rendimiento, resulta difícil cuando la materia prima es un paquete más bien oscuro que sólo se visualiza claramente cuando tiene a su lado talentos del tipo Ronaldinho, Ronaldo y Cïa. Antes que Luis, otros lo intentaron y también sucumbieron en la tarea. Lo que no pué sé, es que no pué sé y, además, es imposible. Menos mal que si lo echan de la selección, con su experiencia en el tratamiento de paquetes, podrá ganarse la vida en Seur o en MRW.


Así que, una vez producida la derrota de la Armada siempre Vencible ante los primitivos suecos, me dispuse a beber el cáliz de la derrota, escuchando en caliente a la gente del “Rondo”, un programa “deportivo” que la TVE pone a la indisposición del público. Allí había cuatro señores que sabían bastante de fútbol (entrenadores y jugadores –el mejor, Caparrós, el entrenador del Deportivo) y otros cuatro tíos (periodistas deportivos) que ni sabían de fútbol, ni de educación ni de nada. Pese a ello, me divertí cantidubi con estos cuatro pringaillos. No me quedé con sus nombres, pero ni falta que hace. Por lo visto son habituales en el programa y deben ser los que aportan la parte analfabeta, gritona, forofa y mostrenca al programa que dirige (es un decir, claro) el páter Guash.



Mientras los cuatro futboleros hablaban con tranquilidad, hilvanando unas palabras detrás de otras (lo que ya es difícil en gente de la pelota), ponderando que el fracaso de la selección no es para tanto, que hay de dejar reposar el asunto pues hasta marzo no hay nuevo partido oficial y, en fin, tomándose las cosas con la tranquilidad debida, los cuatro "periodistas" echaban espumarajos por la boca, entrando a degüello contra Luis al que, por lo visto, se le ha olvidado entrenar desde hace un par de meses. Faltó el canto de un euro para que dijeran del seleccionador que chochea. Gritando, no dejando hablar a los demás, tal como si fuesen hinchas ultra, proclamaban a grito pelado cómo tiene que jugar al fútbol la selección y hasta quienes deben hacerlo. Un dechado de virtudes estos juntaletras, excelsos representantes de un periodismo deportivo hispano que da auténtico asco. Una prensa ciegamente partidista, vocinglera, descerebrada, incapaz de informar objetivamente, chabacana, ciclotímica, esquizoide… Al día siguiente sus portadas eran un canto al exilio de Luis. Sólo les faltó un “Luis, al paredón” para darle el tiro de gracia.



Estos cantamañanas pasan de la euforia a la desafección en menos segundos que Fernando Alonso en poner su bólido a 300 por hora. No es que Aragonés sea un dechado de virtudes, pero ni antes era un Sabio (para genio, Einstein, Da Vinci…) ni ahora es un tonto del haba. Cuando tienes a todos estos buitres detrás tuya desde hace varios meses mordisqueándote la cabeza porque el becerro de oro (ese futbolín del que viven opíparamente estos y otros especímenes) necesita periódicamente sacrificios humanos ante su altar, hay que ser muy templado para no ponerse a las elevadas velocidades de Fernandito. Le está pasando a Luis, le pasó a Sáez, a Clemente, a Camacho y le pasará al siguiente, aunque sea el bendito Vicente del Bosque. Al final, a todos acaban echándolos de mala manera porque el negocio necesita candela nueva cada poco tiempo para que no se consuma en su propia inanidad.



Al día siguiente, leyendo las portadas de bastantes diarios españoles, me encontré con esta curiosidad: EL PAIS, ABC y EL PERIODICO DE CATALUÑA no informaban en ellas sobre el mal resultado de la selección española. Ni un titular, ni una foto, ni una lágrima, ni una simple esquela. Curioso, ¿verdad? Tan curioso como que son los tres periódicos más progubernamentales de los que se publican en España. Oiga, francamente sospechosa esta coincidencia. Unos tanto y otros tan poco…

6 de octubre de 2006

TOPALOV Y KRAMNIK, VAYA PAR DE PIEZAS...


Si hay algún acontecimiento interesante en estos momentos en el ámbito deportivo, político y cinematográfico, ese es el enfrentamiento por el campeonato del mundo absoluto de ajedrez que se disputa en Elista, capital de la república rusa de Kalmikia entre el búlgaro Vesselín Tópalov y el ruso Vladímir Krámnik. Un campeonato que pretende superar el cisma protagonizado en 1993 por Gari Kaspárov, gran dominador del ajedrez entre 1985 y 2000, cuando provocó la ruptura en dos grandes bloques irreconciliables, tras años y años de mangoneo y politiqueo. Ya sólo por esta reunificación merecería echarle unas letras al evento. Pero la cosa está dando mucho más de sí, aparte de unas partidas la mar de majas y emocionantes. (Se llevan disputadas ocho de las doce previstas y hay empate en el marcador).



Hace una semana el búlgaro Tópalov abrió la caja de los truenos al acusar a Krámnik de hacer trampas en el baño y dijo que no le daría la mano al principio y al final de cada partida, a lo que el ruso replicó que se retiraría si no se respetaba su privacidad. Resulta que el ruso iba demasiado al WC, donde prácticamente vivía, excepto cuando movía la pieza correspondiente. Y esto le olía a chamusquina a su rival.


-Seguro que el Vladímir habla sobre la partida con un entrenador disfrazado de urinario –debió pensar el jugador búlgaro. Y protestó porque le extrañaba tanta meada rusa.


El jugador ruso se cabreó y dijo que él mea cuando y donde le da la gana, que le estaban violando su vida y picha privada, que como se cabrease un poco más se iba a largar a Moscú dejando al búlgaro con un palmo de alfil y que -a este paso- de reunificación del título nasti de plasti (más o menos así se dirá en ruso el castizo “ná de ná”). Para calmar la mala idea del búlgaro el comité que vigila la competición le mostró en video las imágenes de los lugares de descanso, recreo y meada del jugador ruso. Y parece ser que se quedó satisfecho. Y más cuando Kramnik (al que todavía duraba el cabreo) hizo huelga de tablero en la quinta partida.



-Que juegue hoy el búlgaro contra su puñetera madre –vino a decir el chico, pero en ruso, con lo cual casi nadie se enteró de nada. Menos el Tópalov, que vio como le llovía un puntito del cielo.



Al final, el ruso reconsideró su postura (algo tendrá que ver en ello el que cada jugador ganará un milloncejo de dólares por disputar el campeonato) y dijo amén, yes, sí, jamalajá y algo equivalente en ruso. También juró en arameo que se las pagarían, pero de eso hablaremos en el párrafo siguiente, tras la publicidad.



(Publicidad. ¿Puede decirme alguien en qué competición deportiva va a encontrar espionaje, política, meadas, dos millones de dólares, una tortura mental como es la práctica del ajedrez a niveles de alta competición, la confrontación intelectual de un par de geniecitos humanos durante decenas de horas y la belleza estética de dos tíos como dos castillos metiéndoles mano a sus damas respectivas ante la atenta mirada de toda Rusia y Bulgaria? Porque allí se ven las partidas hasta en las teles, no como en España, donde el ajedrez es considerado por el populacho sólo como un divertimento de mariquitas. Fin de la Publi.)



Y llegó la revancha. El otro día, el equipo del ruso expresó su temor de que algún miembro del equipo de Topalov pueda colocar algún dispositivo electrónico o algún objeto similar en la sala de juego -probablemente en su área de descanso o en su retrete- con idea de agudizar la guerra sucia. Y proponía inspecciones de la sala, cacheos y registros del personal. ¿Alguien da más, además de la emoción que se traen entre pieza y pieza ambos maestros de la intriga y, también, del ajedrez?


No sabemos cómo acabará la cosa, pero pierdo la chaveta por saberlo. Es más, me gustaría ver en directo las partidas para saborear mejor el dulce, pero me temo que en España a ninguna telecaca le interesa el show que se disputa en Elista. Y no lo entiendo, porque más aburrido me parece ver a una cuadrilla de vagos y vagas tumbados en un sofá discutiendo sobre banalidades en ese Gran Hermano de Telepingo regentado por la sargenta Milá. “Si pudieramos observar el interior de la cabeza de un jugador de ajedrez, encontraríamos ahí un mundo lleno de sentimientos, imágenes, ideas, emoción y pasión” (Alfred Binet). A lo mejor ahí está el problema…

3 de octubre de 2006

LA TRISTE Y DESVENTURADA HISTORIA DE JACINTO PICAFLOR


Supe de Jacinto Picaflor desde hace unos diez años. El nombre es ficticio por razones del guión y porque no quiere ser identificado. Era un deportista nato. Desde pequeñajo siempre había estado dándole a alguna pelota, fuese de baloncesto, fútbol, tenis, balonvolea, balonmano… “Lo mío siempre ha sido una cuestión de pelotas. Me parece aburridísimo el atletismo, la natación, el ciclismo y tantos deportes en que uno actúa básicamente en solitario. Prefiero los deportes de equipo, de choque, de amigos”. El caso es que desde sus años mozos anduvo dale que te pego con el deporte, siempre en plan aficionado, pues nunca destacó en ninguno.


A lo largo de su larga trayectoria jamás tuvo una lesión más o menos seria. Todas las que le acontecieron fueron de risa: un tobillo inflamado que se desinflamaba al cabo de varios días sin dejar huella ni tarjeta de visita; una heridas en las espinillas que en cuestión de horas cicatrizaban y “sé finí”, que dicen los franchutes. Una uña perdida, una ligera tendinitis, una brecha en una ceja. Y nada más. Picaflor sabía cuidarse el esqueleto. Hasta que un buen día notó que la rodilla izquierda no podía doblarla del todo, y que agacharse para abrochar los cordones de los zapatos era una ardua tarea. “Bueno, será a consecuencia de algún golpe en el partido del otro día” –se dijo el inocente de Jacinto.


Como ni con hielo, descanso ni remedios de la abuela aquello mejoraba, no tuvo más remedio que –por primera vez en su vida- acudir al médico generalista de la Seguridad Social para decirle lo que le pasaba. El galeno le mandó una radiografía. Tras varias semanas de espera, Picaflor se fue tan ufano a ver al médico de cabecera con la fotografía en blanco y negro de su rodilla.



-¡Bah, un ligero desgaste del cartílago, propio de la edad y de la práctica deportiva! Te envío tres pomadas antiinflamatorias, dos relajantes musculares, medio kilo de jarabe calcificado, cuatro tipos de pastillas para controlar el dolor y un gel refrescante para cuando te vayas a la cama. Y en tres meses, como una gacela…



Simpático aquel tipo. Y Picaflor se tragó durante un trimestre toda la metralla que el matasanos le había recetado. Pero la rodilla seguía dando la lata y ahora, encima, el estómago estaba hecho polvo con tanto potingue y tanta mierda como se había tomado. Eso sí, iba a todos sitios la mar de relajadito. Hasta en su trabajo le llamaron la atención por falta de rendimiento. Cuando regresó a la consulta había un nuevo médico, que quiso recetarle lo mismo. Al final le hizo unas rebajas y quedó la cosa en medio arsenal. Al cabo de otro trimestre, nuestro amigo seguía como siempre –jodido- y regresó de nuevo. Había otro doctor (cosas de las rotaciones de interinos y subcontratados), que tras oír los lloros y súplicas de Picaflor, lo remitió al traumatólogo, el especialista en huesos y osamentas. Tres meses tardaron en darle cita. Y el tío, cuando le vio, mandole una nueva radiografía.



-La voy a tener repe –le dijo Picaflor, haciéndose el gracioso.


-No voy a ver en ella casi nada, pero es la única prueba médica que mis superiores no consideran muy lesiva para el erario público.


Se confirmó el diagnóstico y recetó nuevos potingues. Picaflor picó el anzuelo. ¡Un especialista es… un especialista! Pero a los seis meses, fue a verle de nuevo. "No asimilaba la medicación", así que ahora la cosa sólo tenía dos remedios: o aguantarse y dejar cualquier práctica deportiva que forzase la rodilla u operarse en plan sorteo de lotería de la Navidad por si había suertecilla. Roberto le pidió que le mandase pruebas más determinantes: una resonancia, por el amor de dios… “Se mandan con cuentagotas: son caras, sirven para según qué casos y no hay un duro para malgastarlo en casos como el suyo”.



Y así está Picaflor. Esperando que algún siglo de éstos la Inseguridad Social le pague una resonancia magnética para ver y diagnosticar mejor la maldita rodilla. Mientras tanto, nuestro camarada observa cómo lesiones gravísimas se producen todos los días en los campos de fútbol de primera y segunda división y que en cuestión de horas los jugadores (el último, Etoo) son operados o reciben tratamientos milagrosos que en poco tiempo les devuelven a la normalidad. Pero claro, ellos son famosos, cumplen una función social importantísima (que la gente se entretenga y no piense en cosas más peligrosas) mientras que él es un simple pelagatos, un don nadie, un tonto del haba, un desgraciao. Desde que le pasó lo que le pasó, se ha pasado a los deportes de mesa, incluido el parchís, ha engordado diez kilos (ahora está en su peso) y dice que de ahora en adelante va a hacer deporte el puñetero padre del traumatólogo de la Seguridad Social y el puerco del Consejero de Sanidad correspondiente.



MORALEJAS: Los desgraciados no tienen derecho a una resonancia magnética. La Seguridad Social te ampare, imbécil. Todos los españolitos somos iguales ante la ley. Jugando al parchís con la pata quebrada y en casa. El que no se consuela es porque no quiere. Quien fuera Ronaldo… Picaflor, eres un paria…

1 de octubre de 2006

Pachi. Diario SUR, domingo 1 de octubre

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