EL DEPORTE DE LA SIESTA
DEDICATORIA. Al jugador del Barcelona, Etoo, que hoy se ha desmelenado con uno de sus tradicionales numeritos. Samuel, eso te pasa por no hacer la siesta…
Tenía ganas, demonios, de escribir una cosa así desde hace tiempo, pero como depredador paciente he esperado que hubiese alguna noticia al respecto, para saltar a la yugular del tema. Sí, amiguitos y amiguitas, la siesta es un deporte la mar de saludable, siempre que puedo la practico y pese a que mis enemigos hacen todo lo posible por evitarlo, informaciones e investigaciones recientes proclamando las virtudes científicas de la siesta no hacen si no confirmar lo ya sabido así como elevar aún más mi querencia por su práctica.
“Francia estudia permitir la siesta en el trabajo”. (EL PAIS.es, 31/01/07). "¿Por qué no echarse una siesta en el trabajo?", se ha preguntado el ministro de sanidad francés, refiriéndose a algunos estudios científicos que afirman que, en ciertas condiciones, una siesta corta favorece la concentración y la seguridad laboral. Unos seis millones de euros serán destinados en los dos próximos años a formación e investigación sobre el asunto “y si todo va bien, no dudaré en promover su práctica”. Eso está bien pensado, mesié Bertrand. ¿Aprende usted, señora Salgado?
“Según un trabajo médico griego de la Universidad de Atenas, dormir la siesta habitualmente (30 minutos al menos tres veces por semana) podría reducir la mortalidad coronaria. En el estudio, junto a otros hábitos, como la alimentación o el nivel de ejercicio físico, se evaluó la costumbre de tomar una siesta. Los resultados demostraron que aquellos que regularmente dormían tras el almuerzo presentaban una tasa de mortalidad coronaria un 37% más baja que aquellos que se mantenían despiertos durante toda la jornada. Esto podría deberse al efecto relajante de la siesta, que actúa contra el estrés, un factor de riesgo cardiovascular ya demostrado. Los hombres trabajadores se beneficiarían más de la siesta debido a que acumularían mayores niveles de estrés que los individuos jubilados. (Extracto de EL MUNDO.es, 12/02/07).
Pero al Puñetas le sobran tantos estudios y tantas gaitas. Las buenas costumbres y la sana tradición demuestran lo benéfico de la siesta corta y reparadora. ¡Tiene bemoles que algo que siempre hemos practicado en este desnortado país y que casi está en vías de extinción, vengan ahora franceses o griegos a reivindicarla científicamente!
-Oiga, pero llamarla “deporte” es un poco fuerte, ¿no?
-Si llamamos deporte a la colombicultura, a prácticas extremas como el descenso de barrancos y de crisma, al aikido o al levantamiento de piedras, no sé porqué no va a ser deporte algo tan saludable y fortalecedor del cuerpo y la mente como la bendita siesta. Si hasta es deporte que un tío vaya pilotando un loco cacharro en un circuito, con el ruidazo que eso hace…
Los antiguos, gente más sabia que muchos modernos de hoy, conocían perfectamente las virtudes de la siesta. Es un método simple y natural para vivir mejor y en plena forma. ¡Y sin contraindicaciones, ni lesiones, ni iva incluido!
Como algún lector despistado creerá que estoy de cachondeo, le recomiendo que bucee por las librerías de viejo y de segunda mano este libro publicado hace tan sólo 10 añitos y que se titula “Las virtudes de la siesta”. Autor: Bruno Comby, franchute de la France, politécnico y físico nuclear, para más señas. El prólogo está a cargo de un tal Jacques Chirac, presidente de la República. Ya el amigo (el autor, no el presi) escribe en la contraportada estos efectos benéficos de la siesta: “Refuerza la salud, facilita la digestión y previene las enfermedades cardiovasculares. Nos hace más eficaces en el trabajo. Permite ganar tiempo al cabo de la jornada al disminuir las horas de sueño. Es un método excelente para controlar el estrés. Proporciona una sensación de bienestar y de vitalidad extraordinarios, disuelve tensiones, aporta optimismo y positividad en quienes la practican”. ¡Y sin costar un duro!
-¿Nos echamos una siestecita, eim?





