13 de febrero de 2007

EL DEPORTE DE LA SIESTA


DEDICATORIA. Al jugador del Barcelona, Etoo, que hoy se ha desmelenado con uno de sus tradicionales numeritos. Samuel, eso te pasa por no hacer la siesta…



Tenía ganas, demonios, de escribir una cosa así desde hace tiempo, pero como depredador paciente he esperado que hubiese alguna noticia al respecto, para saltar a la yugular del tema. Sí, amiguitos y amiguitas, la siesta es un deporte la mar de saludable, siempre que puedo la practico y pese a que mis enemigos hacen todo lo posible por evitarlo, informaciones e investigaciones recientes proclamando las virtudes científicas de la siesta no hacen si no confirmar lo ya sabido así como elevar aún más mi querencia por su práctica.


“Francia estudia permitir la siesta en el trabajo”. (EL PAIS.es, 31/01/07). "¿Por qué no echarse una siesta en el trabajo?", se ha preguntado el ministro de sanidad francés, refiriéndose a algunos estudios científicos que afirman que, en ciertas condiciones, una siesta corta favorece la concentración y la seguridad laboral. Unos seis millones de euros serán destinados en los dos próximos años a formación e investigación sobre el asunto “y si todo va bien, no dudaré en promover su práctica”. Eso está bien pensado, mesié Bertrand. ¿Aprende usted, señora Salgado?



“Según un trabajo médico griego de la Universidad de Atenas, dormir la siesta habitualmente (30 minutos al menos tres veces por semana) podría reducir la mortalidad coronaria. En el estudio, junto a otros hábitos, como la alimentación o el nivel de ejercicio físico, se evaluó la costumbre de tomar una siesta. Los resultados demostraron que aquellos que regularmente dormían tras el almuerzo presentaban una tasa de mortalidad coronaria un 37% más baja que aquellos que se mantenían despiertos durante toda la jornada. Esto podría deberse al efecto relajante de la siesta, que actúa contra el estrés, un factor de riesgo cardiovascular ya demostrado. Los hombres trabajadores se beneficiarían más de la siesta debido a que acumularían mayores niveles de estrés que los individuos jubilados. (Extracto de EL MUNDO.es, 12/02/07).


Pero al Puñetas le sobran tantos estudios y tantas gaitas. Las buenas costumbres y la sana tradición demuestran lo benéfico de la siesta corta y reparadora. ¡Tiene bemoles que algo que siempre hemos practicado en este desnortado país y que casi está en vías de extinción, vengan ahora franceses o griegos a reivindicarla científicamente!



-Oiga, pero llamarla “deporte” es un poco fuerte, ¿no?



-Si llamamos deporte a la colombicultura, a prácticas extremas como el descenso de barrancos y de crisma, al aikido o al levantamiento de piedras, no sé porqué no va a ser deporte algo tan saludable y fortalecedor del cuerpo y la mente como la bendita siesta. Si hasta es deporte que un tío vaya pilotando un loco cacharro en un circuito, con el ruidazo que eso hace…



Los antiguos, gente más sabia que muchos modernos de hoy, conocían perfectamente las virtudes de la siesta. Es un método simple y natural para vivir mejor y en plena forma. ¡Y sin contraindicaciones, ni lesiones, ni iva incluido!



Como algún lector despistado creerá que estoy de cachondeo, le recomiendo que bucee por las librerías de viejo y de segunda mano este libro publicado hace tan sólo 10 añitos y que se titula “Las virtudes de la siesta”. Autor: Bruno Comby, franchute de la France, politécnico y físico nuclear, para más señas. El prólogo está a cargo de un tal Jacques Chirac, presidente de la República. Ya el amigo (el autor, no el presi) escribe en la contraportada estos efectos benéficos de la siesta: “Refuerza la salud, facilita la digestión y previene las enfermedades cardiovasculares. Nos hace más eficaces en el trabajo. Permite ganar tiempo al cabo de la jornada al disminuir las horas de sueño. Es un método excelente para controlar el estrés. Proporciona una sensación de bienestar y de vitalidad extraordinarios, disuelve tensiones, aporta optimismo y positividad en quienes la practican”. ¡Y sin costar un duro!


-¿Nos echamos una siestecita, eim?

9 de febrero de 2007

PAÍS (O PAÍSES) DE LOCOS. ¡Menos política de miseria y más deporte enriquecedor!


Hay algo más peligroso que un toro de Mihura o que un borracho pilotando un avión: hablar de política en este país (o países). Y si encima se mezcla el asuntejo con el fútbol, entonces la cosa ya es mortífera. Sólo hay un lugar donde exista tan mala educación cívica como en un campo de fútbol español: en los variados Parlamentos de este país (o países) de locos. Insultar al rival, mentarle a su madre y a sus muertos, hacer trampas… Todo vale con tal de ganar miserablemente. Un pluricortijo donde lo más importante no es tener ideas, si no impedir las de los oponentes. Porque siempre hay oponentes, rivales, enemigos. Basta ver los Madrid-Barça o los Sevilla-Betis. Igualito que los PP-PSOE, un suponé.


Este breve preámbulo puñetero viene a cuento respecto al folloneo que se ha armado porque un futbolista del Barça llamado Oleguer, ha escrito un articulillo en varias hojas parroquiales de Cataluña y el País Vasco señalando que nuestro Estado de Derecho tiene bastantes puntos oscuros, mucha hipocresía y que no todos son iguales ante su ley. Y cita para ello no las peripecias de algunos de los cuarenta millones de ciudadanos anónimos y desgraciados que formamos la gran masa de curritos si no a unas cuantas “piezas” políticas (Rodríguez Galindo, Elorriaga, De la Rosa, Rafael Vera, De Juana Chaos…) condenadas en firme por corruptas o criminales. Se ve que don Oleguer en vez de ejemplarizar al pueblo llano le pone más el citar a personal politicón y pendenciero, sea un general de la Guardia Civil, un empresario choricesco, unos políticos mangantes o un terrorista carnicero.


Como era de esperar, al fino estilista del Barça las críticas le han llovido como puñales. En un país que no lee ni el precio de las facturas, parece que todo el mundo se haya empapado de las cuatro letras escritas por Oleguer, publicadas en catalán y vasco en unas revistas de escasa difusión. Y como estamos en un país (o países) de locos, que de seguir así se irá a la mierda el día menos pensado (quiero decir, que los cuarenta millones de curritos nos la comeremos), los politicones y pendencieros de uno y otro signo han vuelto a sacar el hacha de guerra, nunca enterrada. Kelme, la marca deportiva que patrocinaba a Oleguer, ha roto el contrato que le unía al jugador blaugrana al considerar que su relación con éste se basa sólo en criterios deportivos y que sus declaraciones la perjudican comercialmente. Los políticos nacionalistas catalanes con los que juega al parchís Oleguer han salido a la palestra defendiéndole y haciendo bellos cantos a su inalienable libertad de expresión. (La misma que no tienen reparos en impedir o criticar en quienes no piensan como ellos. ¿Verdad, Boadella o Arcadi?) Y se ha liado la madeja, claro. Los lametraseros de uno y otro signo han empezado las campañas habituales de boicot y de favor. Los unos, no comprarán nada de Kelme. Los otros, premiarán la actitud de la empresa valenciana adquiriéndole algo, aunque sean unos calcetines agujereados. Encima el jugador, que dicen que es inteligente, bien preparado culturalmente y esas cosas (eso lo afirman sus compadres politiqueriles, claro), no contento con haber publicado su parida legítima, en la mismísima sala de prensa del Barça –como si fuese el amo del club- se ha marcado un fandanguillo de declaraciones de reafirmación nacionalista ahondando en la ya conocida historia.


Los políticos pierden el culo por el fútbol y algún que otro futbolista lo pierde por la política. (Vaya tropa). Así que cualquier día de éstos veremos que las salas de prensa del Barcelona, Madrid y Cía se convierten en púlpitos de adoctrinamiento político mientras que en el Parlamento se discutirá sobre las alineaciones de Capello, llegando los diputados y senadores a las manos por un quítame a Raúl o ponme a Guti. Y todo ello con mucha alharaca, abundante cinismo y pésima educación, a la que nos tienen habitual y pésimamente acostumbrados. Francamente, Oleguer ha escrito cuatro gilipolladas que muchos descerebrados –yo mismo- venimos diciendo y hasta escribiendo desde mucho antes que el camarada naciese: que de justicia, ja, ja, je,je, ji, ji, jo, jo, ju, ju, tantos abogados tienes, tanto vales, que cúbrete las espaldas con alguna triquiñuela política (como los etarras o los gobernantes corruptos) y la cárcel la pisarás sólo para firmar el finiquito. O sea, que de Estado de Derecho, menos lobos y tarari que te vi. Pero partir de estas obviedades para lloriquear por un terrorista sanguinario en huelga de hambre, eso ya sólo se le puede ocurrir a ciertas mentes algo blandengues -para según qué cosas- como la de Oleguer.


Que hasta en el mundo del fútbol se hable del psicópata etarra De Juana, al que una clase política y judicial mayoritariamente descerebrada ha permitido que por 25 crímenes sólo haya pisado la prisión 18 añitos (y a cuerpo de rey) mientras que ahora le quieren endilgar casi otro tanto sólo por escribir dos cartas amenazantes, es para coger el petate y salir huyendo a Marte (en la Tierra no hay ya lugar sano o sin pudrir). Si la inteligencia política y cultural que algunos alaban en Oleguer la destilase el amigo en el campo de juego, hablaríamos de palabras mayores, pero el mismo tío que usa al Barça para defender sus ideas politicortas es incapaz luego de mojarse la pirula hablando del fútbol, de sus vicios y corruptelas. ¡Ay, la maldita enfermedad de la insuficiencia neuronal que brota de la política excesivamente ideologizada! Por ahí, desgraciadamente, han venido, vienen y vendrán todos nuestros males. En fin, ya que no le llega a Ronaldinho ni a la altura de la uña, lo mismo nos sale en el futuro un diligente, honrado, sabio y culto ministro del deporte del país catalán, llamado Excelentísimo Señor Don Oleguer…


Señor, señor, qué hemos hecho para merecernos nacer en este país de viciosos que sólo critican y se mean en el vicio ajeno… Porca política hispana en que el mayor problema actual es que un terrorista en huelga de hambre no se nos muera en la cama de un hospital cuando –un ejemplillo- cada día la palman veinte anónimos seres en las carreteras por exceso de velocidad, distracción, gilipollez o criminalidad voluntaria disfrazada de homicidio involuntario. ¿Pero qué hemos hecho, señó, para vivir en un país (o países) tan cretino/s…!

6 de febrero de 2007

SE VEÍA VENIR PERO TODOS ESTABAN CIEGOS


Era previsible que ocurriera y ocurrió. Ha sido en Italia, donde el descerebramiento futbolero alcanza cotas de paranoia, pero que tire la primera piedra aquel país que se crea libre de seguir estos derroteros: muertos, heridos, violencia desaforada, altercados en los campos y fuera de ellos. La batalla de Catania ha abierto a algunos los ojos. Esto no es Irak, ni siquiera Palestina o el País Vasco, pero la cosa ya empieza a parecérsele. Y todo con el fútbol como pretexto.



Según algunos listos, habría que hablar de política. Pues no necesariamente, que ya está bien de que a la susodicha se le echen todos los muertos y en su nombre se justifiquen todas las psicopatologías sociales e individuales. Tampoco creo que deba hacerse al fútbol único responsable de tanta estupidez colectiva, rayana en casos como el de Sicilia en lo mafioso y criminal. Estamos en una caída de culo y cuesta abajo que está arramblando al infierno a millones de seres humanos por hambre, miseria, sobrealimentación, depresiones, accidentes gratuitos como los del tráfico… y que acabará llevándose al garete al mismísimo planeta, como centenares de científicos vaticinan, aunque cualquier par de ojos con ganas de ver la realidad sabe que más que vaticinio es una certeza. Un ejemplillo: para beber agua en condiciones ya tenemos que consumirla envasada a precio de oro. Llegará el día en que habrá que hacer lo mismo con el aire que respiremos.


Pero volvamos al ámbito estrictamente deportivo para ver si hay algún atisbo de solución a corto plazo. El sábado 27 de enero, en el diario EL MUNDO, había tres páginas dedicadas a los ultras del fútbol. Se fechaban en Argentina, pero la localización geográfica yo creo que es lo de menos. Los titulares: “Curso para ultras: operadores turísticos organizan, por sólo 100 euros, encuentros con los grupos más violentos del fútbol argentino. Hooligans españoles viajan a Buenos Aires para aprender cómo actúan los temidos Barras Bravas de Boca Juniors”. En la información se detallaba el periplo turístico de estos imbéciles, los nativos y los visitantes, algunos de ellos hinchas ultras de equipos españoles como el Real Madrid. Pero hay más: se hace mención a que estos grupos organizados argentinos (algunos con nombres tan ilustrativos como “Los canallas”, “Los leprosos”, “La Guardia Imperial” o “Los borrachos del tablón”) reciben un porcentaje de los ingresos de los fichajes de algunos equipos. Eso sí, la empresa que maneja los derechos de televisión en régimen de monopolio, se frota las manos y el bolsillo. Ya saben: unos sacuden el árbol y otros se quedan con las nueces.


¿Y qué hacen los poderes públicos mientras tanto, sea en Argentina, Italia o el Porrosillo? Mirar hacia otro lado, cuando no tolerar unas prácticas violentas que cada vez tienen más de negocio y de tejemaneje de poder. Y los clubes, ídem de ídem. Ahora, con esto de Italia, se ponen todos muy serios, nerviosos y nos salen con el rollete ese de “así no se puede seguir”. Según parece, al menos en el país de las pizzas, van a tomar ciertas medidas, que cuando se les pase la congoja, quedarán seguramente en agua de borrajas. Se pretende que sólo haya público en los campos que cumplan las medidas de seguridad fijadas en 2005 por el decreto Pisanu que nadie ha cumplido hasta la fecha excepto dos equipos: tornos en las puertas, un sistema cerrado de vídeo-vigilancia dentro de la instalación, billetes nominales, una amplia zona de control y registro fuera de los estadios o localidades todas de asiento. El pobre señor amante del fútbol, ese que insulta y vocifera pero que no es capaz de pasar a mayores, va a ver que se le trata como un delincuente por asistir al campo. Y encima, pagando un pastón.


El ministro del Interior italiano ha llegado a decir en esos momentos de baja autoestima que excepcionalmente tienen los políticos cuando se quedan en cueros vivos ante el pueblo, que “no enviaré a la policía a los estadios en estas condiciones” o incluso que “si los equipos tienen para pagar diez o veinte millones por un jugador, también deberían tenerlos para garantizar la seguridad”. Cuando cualquier mindundi o desgraciao piensa una cosa sensata le toman por loco: “los niños no deberían ir a los estadios de fútbol pues son escuelas de mala educación y violencia”, “no deberíamos pagar con nuestros impuestos a personal policial y sanitario para cubrir eventos deportivos de tipo privado”. De estas dos perlas sabrán los lectores habituales del Arco o la Aguja. Pero ahora se les ocurre a un pringao que ocupa un puesto de alto copete en un gobierno o en un partido político y todo el mundo las ve como unas medidas maravillosas que ojalá se hubieran puesto en marcha mucho antes. A buenas horas mangas verdes.


Pero no seamos ingenuos y candorosos, que ya nos conocemos el percal. Como he escrito también en alguna ocasión, el fútbol –muy a su pesar- es un medio de entretenimiento gracias al cual se gana muy bien la vida la mayor parte del circo mediático al tiempo que las masas permanecen ensimismadas y obtusas ante la dura realidad, lo cual le viene estupendamente bien a los que detentan el poder. Pan y fútbol, remedo del otrora “pan y circus” de la gran Roma. En fin, que esto no tiene arreglo, como casi nada de lo que nos ocurre y que tenemos un porvenir en éste y en casi todos los sentidos más negro que la visión de un ciego. El homo sapiens está desapareciendo del mapa aquejado de una rara enfermedad mental. Su sucesor, el homo gilipollensis, lleva años ganándole terreno y tendrá el dudoso honor de ser él quien nos lleve definitivamente al ocaso definitivo. O a la locura...

2 de febrero de 2007

A MIS PRIMOS DE GIBRALTAR TAMBIÉN LES GUSTA EL FURBO


Escribía el compa de la Aguja a mediados de diciembre que “los británicos juegan a su antojo con sus cuatro nacionalidades o como quiera que allí les llamen: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte”, al hilo de la noticia de que “Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte competirán como equipo único en voleibol en los Juegos Olímpicos de Londres 2012”. Y con su mala leche habitual (que es la buena), escribía: “¿Soy yo el único que tiene la sensación de que los hijos de la Gran Bretaña hacen lo que les viene en gana? (…) Ahora nos juntamos, ahora nos separamos. En este deporte concursamos unidos, en este otro lo hacemos cada uno por su cuenta. Nos asociamos para tal evento concreto, y para el resto, según nos convenga, participamos unos sí y otros no”.



Por aquellas fechas ya estaba empollando la gallina otro nuevo hijito de la Gran Bretaña: Gibraltar, aspirante a entrar como miembro de pleno derecho en la UEFA, ese chiringuito federativo del que algunos viven como dios gracias a las patadas que se atizan los futbolistas profesionales europeos. Hace unos días cantó la gallina y, al contrario de lo que nos esperábamos los mal pensados de siempre, salió nones, nanai de la nana, nasti de plasta, por aquí se va a Madrí, que te zurzan, otra vez será, hermano...



La UEFA ha rechazado la solicitud de Gibraltar de convertirse en miembro de club tan selecto, donde ya campan por sus juergas habituales las cuatro selecciones citadas del Reino Unido. Por una vez, eso de que “no hay quinto malo”, no se ha cumplido. Los gibraltareños deberán esperar tiempos mejores para poder presumir de tener una selección nacional jugando partidos oficiales y tal. La razón que alega el Comité Ejecutivo uefoso para darle en todos los morros a los tipos del Peñón (más bien, Peñasco) es que “la Federación Gibraltareña no se puede considerar como una asociación nacional, requisito imprescindible para ingresar en la UEFA”.


Como pueden imaginar los lectores que tienen la paciencia de aguantarme, al Puñetas le importa una higa que Gibraltar juegue la Eurocopa o el Mundial y que alguna vez llegue a enfrentarse incluso a la selección de figurones futboleros españoles, comandados por el teniente Villar y su alférez provisional, don Luis Aragonés de Hortaliza. A mí lo que me preocupa de Gibraltar (viviendo geográficamente tan cerca de ella) no son sus aires de grandeza ni que le dé a la pelotita como todo hijo de vecino si no que sea un refugio de piratas, mafias de blanqueo de dinero y droga y un chupóptero de la economía andaluza. También que sea receptor frecuente de chatarra británica averiada, especialmente nuclear, la cual es muy bien recibida por los gibraltareños por aquello de ser agradecidos a su Penosa Majestad. Ellos sabrán porqué les encanta poner en riesgo su trasero y el de sus pacíficos vecinos haciendo el canelo de esta manera tan estúpida.


A pesar de que cuentan las crónicas (Wikipedia) que la Asociación de Fútbol de Gibraltar es una de las federaciones más antiguas del mundo, fundada en 1896, el potencial de su selección se refleja en este resultado: Gibraltar 0 Groenlandia 5, partido disputado en la Isla de Wight allá por 1993. Sus escasos encuentros internacionales los ha jugado contra equipazos del calibre groenlandés: Isla de Man, Isla de Wight, Chipre del Norte… Y siempre sin comerse una rosca ni una simple rosquilla. Pero como lo importante dicen que es participar y hacer bulto (sobre todo si formas parte del Imperio Británico), pues eso…. Tiene el Peñasco unos 27.000 habitantes mal contados, porque si quitamos los piratas, los policías ingleses, algunos sherpas y unos cuantos famosos que se han hecho del lugar para evadir impuestos en su país natal, la cantidad se reduce considerablemente. Si encima quitamos a las viejecitas y a los niños de pecho, a los chaveas que estudian en la escuela, a los que no están en edad de correr detrás de un balón, a los que pasan del fútbol, a las señoras y señoritas y a los bohemios, ya me dirán cuanta gente nativa nos queda para hacer un equipo gibraltareño de garantías. Pero no importa, “zemos una nasión”, “tenemo un gran equipo” y “queremo codearnos con la fló y nata del balompié uropeo”. Perdonen que me dé la risa, pero es que con estos aires de señorito ricachón (típicos del Reino Unido) a uno se le afloja la mandíbula con mucha facilidad.



Aquí el que no se lo monta a lo grande es porque es gilipuertas. Y en esto, hay que reconocer que los chicos angloandalusíes del Peñasco de Gibraltar son unos maestros la mar de espabilaos. El problema mayor es que, en épocas de mucha gripe y resfriados deben tener serias dificultades para encontrar once tíos adultos aptos para jugar con ciertas garantías en el equipo nacional. Ahí es donde debería entrar la única peculiaridad cultural e histórica del Peñasco: sus famosos y típicos monitos, que en previsión de falta de quórum, ya deberían estar siendo adiestrados por si en situaciones de emergencia tienen que vestir la camisola nacioná. El Puñetas da la idea desde aquí y hasta piensa que él sería un buen entrenador (mitad Capello, mitad Rijkaard) de los simpáticos monicacos (mucho más dóciles y entregados a la faena que el mismísimo Ronaldo), así que ya les informaré si hay noticias receptivas hacia mi doble propuesta. No sé yo si tendré algunas posibilidades de éxito pero lo intentaremos, qué caramba, pues el menda tiene –como la Asociación de Fútbol de Gibraltar- más moral que el Alcoyano. O que el mismísimo Zapatero...

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).