30 de marzo de 2005

A REVUELTAS CON LA VIOLENCIA FUTBOLERA

Me temo que la semana deportiva está metida en sangre. Quiero decir, que si el lunes hacía referencia obligada al cariñoso codazo del sevillista don Javier Navarro al jugador del Mallorca Juanillo Arango, con el que le partió las muelas y casi media vida, hoy no hay más remedio que seguir en plan sanguinoliento.

Leo en varios periódicos diversas noticias relativas a la violencia en el fútbol, especialmente referidas a los últimos encuentros internacionales disputados en el mundo mundial. Resulta que los partidos del pasado fin de semana han dejado un balance de 6 muertos, 199 heridos y 399 detenidos en diversos altercados en los estadios. Estadística que se queda corta porque los que se encargan de hacerla siempre tiran alto cuando se trata de aspectos positivos y barren por los suelos cuando el asunto es negativo o levanta ampollas. La razón de este proceder: cuidan de nuestra salud y de su bolsillo.

Señor, señor. En el partido Eslovenia-Alemania, 52 ultras detenidos. En el Italia-Escocia, hinchas del Inter y de la Atalanta se liaron a mamporros, ante los ojos atónitos de los seguidores escoceses. En el Egipto-Libia hubo una batalla campal. El Camerún-Sudán acabó con un jugador en prisión pues el capullo amenazó de muerte al árbitro y le intentó agredir. En el Zambia-Congo, como había espectadores hasta en las torretas de la luz, hubo decenas de heridos tras desplomarse una de ellas. Sobreventa de localidades y picaresca africana. Por el continente americano la cosa no fue mejor: el Chile-Paraguay acabó con 23 arrestados, altercados callejeros y escenas dignas de un psiquiátrico. El Irán-Japón acabó como el rosario de la aurora: 6 muertos y centenares de heridos. Todo porque la policía reprimió dentro del campo una manifestación política contra el gobierno y ya se sabe que el Jatamí –aunque va de mosquita muerta- es más duro de roer que una chuleta de ternera comprada en el Carrefour. Y para no seguir deprimiendo más al lector, con el riesgo de que en cualquier momento empiece a resquebrajarse la pantalla del CRT o del TFT, cierro este pequeño desglose de gracietas futboleras con el partido Mali-Togo, que fue suspendido en la segunda parte cuando más de 500 espectadores invadieron el césped, no para pastar en él, sino para agredir a TODOS los futbolistas, no se sabe si porque el partido estaba siendo soporífero o porque por aquellos andurriales el personal tiene la biliburricie a flor de piel y no distingue siquiera entre compatriotas o forasteros. También es posible que sean muy demócratas (zurriagazo a tó el mundo), pero no creo que la cosa vaya por ahí.

Tras tan larga disgresión, qué vamos a decir.

Qué vamos a decir si hoy mismo el diario As titula a toda página: “La Batalla de Belgrado” refiriéndose al partidillo entre Serbia y España que en estos momentos se está jugando cuando escribo estos renglones torcidos.

Pues vamos a decir algo… Que no sólo los futbolistas como el Navarro ese, ni los entrenadores guerreros, ni los directivos mafiosos tienen la culpa. Que no sólo los políticos desnortados y los federativos tragones son culpables de todo este maloliente estado de cosas. Que muchísima culpa la tienen los medios informativos que calientan los partidos. Pero, sobre todo, que cada vez hay más cafres y trogloditas que acuden a los campos de fútbol.

La solución no es fácil porque esperar que venga de los de arriba (de los que mandan, dirigen o curran en esta sopa boba) es como pedirle a Pamela Anderson que se meta a monja. Si hay alguna alternativa de mejora en el asunto vendrá de los mismos espectadores, de esa gran masa de gente corriente y moliente que todavía acude a los campos de fútbol creyendo que va a ver un partido de fútbol. El día que miles y miles de aficionados decidan quedarse en casa para ver el asunto por la televisión, o no verlo; para evitar salir descalabrados o con las costillas rotas; para ahorrarse el dineral que cuesta el invento y para emplear el tiempo en labores más productivas o educativas, ese día el tinglado del futbolín empezará a cambiar algo para volver a asemejarse a lo que un buen y ya lejano día fue: simple y llanamente, un bello espectáculo.

28 de marzo de 2005

LOS CARNICEROS DEL FÚTBOL

El domingo 20 de marzo, en el partido Mallorca-Sevilla, se produjo una durísima entrada del defensa sevillano Javi Navarro sobre el jugador rival Juan Arango, que en días sucesivos las televisiones se encargaron de repetir voluptuosamente quinientas mil veces para que el populacho nos solazáramos con los espasmos entre la vida y la muerte del jugador mallorquín.

Entrada (o, más bien, agresión) como la de Navarro es cosa habitual en los campos de fútbol. Tanto como las imprudencias temerarias o las calamidades de los conductores en nuestras carreteras. En la mayoría de las ocasiones no ocurre nada, sólo un susto o una seria advertencia. Pero a veces la buena estrella desaparece y se produce el accidente fatal, quedando los cadáveres entre el acero retorcido o el futbolista más fláccido que un pelele. Y entonces todo el mundo se lleva las manos a la cabeza: ¡Esto no puede ser! ¡Castigo ejemplar! ¡Asesinos!

Y nunca pasa nada, fuera de estos improperios viscerales fruto de la pasión más volandera. Es más, mentí dos renglones más arriba porque no todo el mundo se lleva las manos a la cabeza y pone a parir al carnicero de turno. A éste siempre le defenderán sus compañeros de cuadrilla, la directiva y la afición de su equipo. Todos hechos una piña en el más estúpido y majadero de los sectarismos. Y que no cunda el pánico. Si la situación fuese al revés (el agredido como agresor y viceversa) estaríamos asistiendo a la misma historia pero con los protagonistas cambiados en los papeles. Y es que cualquier exceso en el bando propio merece absolución en la misma medida que se niega al adversario.

Lo grave es que nunca se reconoce la propia culpabilidad (en este tema, los futbolistas son peores que los niños) y lo más grave aún: que ni los árbitros, ni los clubes, ni los organismos competentes imponen castigos ejemplares. ¿Qué tal, por ejemplo, en no volver a jugar hasta que el jugador contrario pueda hacerlo? Cada vez se me agotan más los adjetivos para calificar a un deporte hermoso que ha devenido en lucha tribal donde la necedad, la incompetencia y el sectarismo campan a raudales por los despachos y los terrenos de juego. El pistolero Navarro desenfundó el codo (parte que cada vez más futbolistas emplean como instrumento de trabajo) para estrellarlo en la tráquea de Arango. No es que quisiera hacerlo adrede. Es que el pobre Javi (dejemos lo de “pobre” porque el tío gana en una temporada más de lo que usted y yo vamos a ganar trabajando toda nuestra vida), o sea, el rico Javi no sabe hacer otra cosa. Es así de malo, laboralmente hablando. Lo suyo es el patadón, el cabezazo y empinar el codo hacia el cuerpo del rival. Y que sea lo que Dios quiera, reza el amigo antes de cada choque.

No podemos pretender, es lógico, que todos los futbolistas sepan tocar virtuosamente el balón. Eso queda para la minoría. Una mayoría se consuela con fabricar un par de jugadas en cada partido y correr hasta desangrarse. La minoría restante tiene que dedicarse a destruir, a hacer de malos de la película, pero malos de verdad: palo y tentetieso. Y para eso no hace falta que sepan acariciar un balón o que feliciten las pascuas a los rivales. Lo que todo el mundo exige a los carniceros no es que sean buenas personas o hagan malabarismos con el hacha, sino que corten a la perfección el filete o los higadillos del pobre animal que les toca en suerte. Si Navarro no es duro en el césped, no jugará y se le acabará el chollo. Está clarito como el agua. Y ahora dejo para fin de fiesta un fragmento del artículo publicado por Luis Miguel Fuentes en el diario El Mundo del jueves 24. Escrito desde la misma Sevilla, o sea, conociendo bien el paño, no tiene desperdicio.

“Pensé que el chaval iba a morir en el campo y odié el fútbol que hacen los carniceros pero sostienen los meapilas, los sacristanejos, los tontos del pueblo con billetera. Hay demasiado dinero, vanidades y babosos para pensar siquiera que una agresión así pueda terminar en algo más que un castigo para cumplir delante de la tele de plasma. Mientras esperamos que al fútbol baje de vez en cuando un ángel malabarista, los tronchadores de piernas, los idiotas de las guerras entre barrios y los presidentes de clubs que hablan como chuloputas nos ponen el fango como honor y el crujido de los huesos como virilidad. Javi Navarro es un cepo que arma el Sevilla en cada partido. Del Nido, un fanático con cara de asco, tipito de boda y discurso de folklórica que busca el olor de la sangre en el campo o bajo la falda de los cristos, creyendo en ambos casos que hace Patria. El fútbol a veces es casi arte y entonces parece que Leonardo corre la banda. Más a menudo, apesta o nos lo presenta gente que apesta. Sólo si nos desinfectáramos de estos tipejos puede que el fútbol llegara a ser, verdaderamente, geometría en movimiento y la fiesta de unos espadachines que sólo bailan”.

23 de marzo de 2005

MARCHANDO UNA DE CITAS

Una de mis aficiones favoritas es lo que vulgarmente se llama “citas”. Esas frases cortas que concentran un kilo de buena sabiduría. Y dentro de ellas, las hay cínicas, bienintencionadas, humorísticas, burras….

Hoy me ha dado por rebuscar un poco en el tema deportivo. Cuesta trabajo el asunto porque no hay mucho publicado ni en libros ni en la interné. Así que he recurrido a mi memoria, alguna que otra publicación y hasta a mi propia imaginación. Aquí van unas cuantas píldoras bien humoradas (esa ha sido la condición básica de su elección).

* Fútbol: único lugar donde puedes ver como le dan patadas en los genitales a un millonario. (Anónimo)

* Un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros. (Coll)

* Los futbolistas son los únicos profesionales que exigen ser recompensados por cumplir con su deber. (Manuel Alcántara)

* España es un ejemplo para el olimpismo mundial: es donde mejor se cumple el lema "lo importante no es ganar, sino participar”. (Perich)

* Sucesos: cincuenta y dos muertos en un accidente en un campo de fútbol. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias intelectuales. (Perich)

* La inocentada del día: España campeona del mundo de fútbol. (Juan Puñetas)

* “Cuando yo me vaya, se acabó el Atlético” (Jesús Gil). Siempre fue un bocazas.

* "Si no me valoran cojo la maletita". (Figo, futbolista del Real Madrid). Lo dijo en mayo del año pasado. Este año se hará realidad.

* Perdimos porque no entró la pelotita. (Cualquiera que juegue al fútbol)

* El amor es el único deporte que no se suspende por falta de luz. (Anónimo)

* En una partida de ajedrez a veces juegan cuatro caballos y dos burros. (Juan Puñetas).

* El deporte es el departamento de juguetes en los grandes almacenes de la vida humana. (H. Cosell)

* El deporte es una guerra sin armas. (George Orwell)

Y para rematar la faena, un chistecillo:

* Un papá está dando la papilla a su crío. Cabreado le dice a la mujer:-Cariño, nuestro niño va para futbolista…-¿Tiene buenas piernas? –le pregunta la parienta-No, pero escupe de miedo… (Chiste gráfico de Pachi publicado en el diario SUR).

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Hasta el lunes próximo, amigos deportistas.

21 de marzo de 2005

A VECES LLEGAN CARTAS

Lo primero que suelo hojear en un periódico suelen ser las cartas al director. Es ahí donde se palpa el talante del diario en aceptar las críticas de sus lectores así como la ideología de ese montón de papeles que tienes entre las manos y que, tras unos minutos de sobarlos, deberás lavártelas de lo negras que se quedan. ¿Cuándo harán periódicos que no manchen?

Al grano. En la prensa deportiva casi todas las cartas suelen reflejar el “descerebramiento” típico de todos aquellos que tienen sorbido el coco por su equipo favorito y que no ven más allá de su alineación y de sus figurillas ambulantes. Pero de vez en cuando alguien se levanta del suelo, otea el horizonte y escribe cosas la mar de interesantes. A continuación transcribo una de esas cartas últimamente leídas.

“Qué pena me da ver en lo que se está convirtiendo el fútbol y todo lo que le rodea. Árbitros que tienen que dejar su profesión por amenazas de muerte de los aficionados; jugadores que un día son dioses y al día siguiente tienen puesto precio a su cabeza como si fueran forajidos; estrellas que ganan lo que un ciudadano normal no ganaría ni en siete vidas; fichajes que cuestan lo que el producto interior bruto de muchos países sin siquiera haber demostrado lo que valen; gentuza –pocos pero muy ruidosos- con cánticos racistas, a los que se les da la publicidad que necesitan para convertirnos a todos los demás en igual de cafres que ellos…
Por todos estos motivos, creo que el único fútbol que de verdad merece la pena es el de los infantiles de mi barrio, donde si dos chavales tropiezan, se levantan y se dan un abrazo. Chavales que todavía no saben lo que es protestar una decisión arbitrar y mucho menos jugar con la presión de ganar a toda costa. Ellos sólo pretenden jugar al fútbol para divertirse”. (Diario AS).

Pues sí, reconforta saber que algunos no estamos solos en nuestras pejigueras contra la manía de destrozar un bello deporte como el balompié por parte de dirigentes, jugadores, espectadores y medios de comunicación. No soy tan optimista como el escribiente respecto al fair play de los chavales. Quizás los de su barrio sean una maravilla, pero no creo que eso sea la norma general. (Algún día volveré sobre el asunto).

Sólo en los últimos días se han dado casos que inciden en lo denunciado por el lector. En Brasil, un árbitro responde a golpes –en legítima defensa- frente al intento de agresión de un aficionado. En Málaga, un jugador del equipo local sube a las gradas para pegar a unos aficionados que proferían insultos no se sabe si a él o al equipo rival. En Alemania es detenido un jugador por la compra de partidos e ingresa en prisión acusado de recibir dinero a cambio de regalar un penalti y amenazar a un portero. Las televisiones, cuando no hablan del Madrid y del Barcelona, es que están poniendo las imágenes de cualquier acto desagradable que haya ocurrido en un campo de fútbol, para que así el personal aprenda como tienen que hacerse las cosas (de mal). La dramática escena ocurrida este domingo con el jugador del Mallorca, Arango, es un ejemplo de ello.

Total, que la vida está muy difícil, pero los que tenemos la obligación de hacerla más digerible –los humanoides- cada vez la estropeamos más. Hasta en los placeres. Que tiene bemoles que el personal en vez de disfrutar, divertirse y olvidarse de la dureza del hábitat, acuda a los partidos para todo lo contrario. Algunos lo consideran beneficioso por aquello de la adrenalina que se suelta, el desfogue de las pasiones, la canalización de la mala leche y la socialización de las abejas. Pura masturbación psico-ideológica. El fútbol (como tantas otras cosas, incluido el sexo) se inventó para favorecer el placer y no la estupidez o la idiocia.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).