28 de abril de 2006

LOS TIENEN CUADRADOS



La semana pasada contemplaba el Puñetas, medio atónito, la manta de agua y granizo que caía sobre Sevilla, en víspera del partido de Liga entre el ídem y el Barça. El campo era una piscina, donde se podía practicar perfectamente los cien metros libres o espalda. Pese a ello, el árbitro andaba dale que te pego con la pelota a ver si botaba milagrosamente en aquel pequeño mar. “O es tonto o poco le falta” –me decía. El pobre hombre tardó al menos una hora en decidir que en el Sánchez Pizjuán no podían hacer deporte más que los nadadores y los submarinistas. Finalmente comprendí el absurdo comportamiento del trencilla: el amigo andaba acojonadísimo porque desde la Federación Española de Fútbol le estaban presionando para que se hiciese todo lo posible por jugar. No sé, que llegasen los bomberos de toda Sevilla para achicar el agua y que el Ejército secase el césped a soplidos. La cosa, sin embargo, estaba tan chunga que al final no tuvo más remedio que hacer lo que cualquier niño de 3 años hubiera hecho una hora antes del comienzo del partido, y no una hora después: suspenderlo.



Aquella misma noche el Puñetas empezó a intuir que algunos señoritos de la Federación Española de Fútbol iban a montar un pollo de cuidao a costa del partido suspendido. Y en efecto, días más tarde, dichos mendas lerendas proclamaron urbi et orbi que se corría una semana la competición de Liga para dejar hueco al partido suspendido. Con esta inteligentísima decisión impedían que los clubes jugaran con sus internacionales, a los que se les tiene prometidos unos días de descanso antes de volver a la faena del Mundial. Como no podía ser menos, los mercaderes de la FIFA –varios días más tarde- han metido sus pezuñas en el calendario liguero español indicando que se jueguen las jornadas que faltan como estaba previsto y que el Sevilla-Barcelona lo haga el 20 de mayo, una vez finalizada toda la competición, a falta de este partido. Genial, ¿no? O sea, que el Sevilla jugará contra un Barça en pelotas, sin sus internacionales, con mayoría de jugadores del filial y así el club blanco podrá ganar tres puntitos que a lo mejor le sirven para meterse en la competición de la UEFA. Y el resto de los equipos afectados, que se arrasquen si les pica. Don Blatter y sus adláteres tienen unas cosas de peón caminero…



Y ahora surgen las preguntas de un tonto del haba como es el Puñetas: ¿Y qué demonios pinta la FIFA metiendo sus narices en la organización del calendario de Liga hispano? Si las selecciones mundialistas se llevan a sus jugadores el día 20 y así no disputan la última jornada de Liga, pues bueno, pues vale, ya sabemos que la tropelía es la de siempre: tú pagas a Ronaldinho y yo me lo llevo gratis y cuando me da la gana a la selección porque la patria le reclama. Para una vez que iban a salir beneficiados los equipos menos poderosos, va la FIFA y les fastidia. Y lo más grave: ¿saben estos tipejos de la FIFA qué significa que un partido se juegue cuando ya ha finalizado la competición hace 6 días? Adulterar, mercaderes míos. Favorecer a un club sobre el resto (en este caso al Sevilla, pues el Barça ya será campeón de Liga y jugará con los chicos del filial) y dejar a dos velas a varios equipos que compiten contra los sevillanos por un puesto de la UEFA. (Por cierto que ya lo ha dicho uno de ellos: acudiremos a la justicia ordinaria. Pues hacedlo y dadle en los morros a esos santos varones de la FIFA).


Ay, señor, señor… ¿Y no había más soluciones que las propuestas por la FEF y la FIFA? ¿No había un día libre entre col y col para plantar una lechuga? Si un jugador de tenis o uno de baloncesto, un balonmanista o un ciclista, un nadador o un atleta son capaces de competir varios días seguidos, ¿por qué no pueden hacerlo los señoritos del futbolín en un caso extremo, máxime cuando un equipo lo forman al menos 20 jugadores? Se ve que en esto del deporte hay clases, o si no a ver si alguien explica al ignorante Puñetas alguna razón de peso. Lo más grave, no obstante, es que tanto la FIFA como la FEF no tengan previstas fechas libres para el caso de que ocurra lo que ha pasado: que un partido se suspenda por inundación, ciclón, atentado o vaya usted a saber. Y es que, como vulgarmente se dice, los tienen cuadrados.

25 de abril de 2006

SE BUSCAN 105 TONELADAS DESAPARECIDAS



Siendo ésta una bitácora con vocación satírica sobre todo lo que tenga que ver con la cosa deportiva (aunque sea una brizna de césped), comprenderá el sufrido lector que hoy pasemos de Champion Li, Fórmula I, éxitos del Nadal y retirada de Zidane para centrarnos en un suceso descacharrante, digno de figurar en cualquier antología deportiva. Haré un sucinto resumen del asunto.



Con esa afición que les ha dado a los jerifaltes deportivos de levantar instalaciones temporales que, una vez finaliza el evento, se van a tomar por saco (con perdón), allá por diciembre de 2004, se ubicó en el Estadio Olímpico de Sevilla una cancha de tenis válida para 23.500 personas para disputar la final de Copa Davis entre España y los pérfidos EEUU. El estadio se cubrió parcialmente con una estructura tecnocalada de poliéster de una superficie de 4.000 metros cuadrados, montada en el suelo y posteriormente elevada a 23 metros del mismo. La cubierta tenía un presupuesto que rondaba el millón de euros. Acabados los partidos -dijeron- "se desmontaría y quedaría para algún otro recinto deportivo". En efecto, el armazón de la cubierta fue –al cabo de varios meses- trasladado a un espacio de propiedad municipal, donde ha dormido el sueño de los justos y los benditos hasta que a primeros de abril de este año se descubrió que la estructura (nada menos que 105 toneladas repartidas en 2500 barras tubulares y 680 esferas) había desaparecido como por arte de magia.


¿Va comprendiendo el perspicaz lector? Ciento cinco toneladas evaporadas en un pis pas. Visto y no visto. Nada por aquí, nada por allá. Tararí que te vi. Pero sigamos con la historia. La desaparición pasó desapercibida bastantes días para el Alcalde y, especialmente, para el concejal de Deportes del Ayuntamiento sevillano hasta que la semana pasada la oposición municipal destapó el pastel. Fue en ese momento cuando dicho concejal reconoció la voladura mágica de la cubierta y presentó la correspondiente denuncia ante la Policía. El alcalde, mientras tanto, hacía de Spiderman subiéndose por las paredes del despacho, ya que “la cubierta tendría que haber estado perfectamente controlada en todo momento pues además de su valor material tiene un valor inmaterial al tratarse de una estructura que nos sirvió para hacer un acontecimiento de proyección internacional”. Bellas y poéticas palabras las de Monteseirín, el alcalde, un tipo al que le pasan las cosas más raras del mundo, pero de las que él siempre se entera tarde. Cosas de los espíritus y, quizás de Harry Potter, que vigilan su salud, sueños y pesadillas para mayor loor y gloria de sus sufridos ciudadanos.



Naturalmente que han rodado cabezas por el desaguisado volandero. Ha sido cesado uno que pasaba por allí, un tal Jose Luis Pardillo (el apellido ya lo dice todo), jefe del Servicio de Obras y Proyectos del Instituto Municipal de Deportes. Aquí los políticos nunca tienen la culpa de nada, empezando por el alcalde y acabando por el concejal más tonto de la corporación, que siempre suele ser el de deportes o el de tráfico. De modo que nadie se enteró en toda Sevilla del movimiento de aquí para allá de 105 toneladas de chatarra de poliéster para cuyo traslado debieron hacer falta unos cuantos camiones y grúas de gran tonelaje. No hay gente más ciega que la que no quiere ver. “Es un desgraciado acontecimiento, más que un hecho negligente” ha manifestado el responsable municipal de la cosa deportiva, un camarada de Izquierda Unida con un morro que se lo pisa, primero ocultando el robo y después calificándolo de “acontecimiento”. Sí, como la Semana Santa o la Feria, no te fastidia el gramático éste…


Al final resulta que la Policía, según las últimas noticias, ha detenido a dos personas que al parecer tenían en un solar la mayor parte de la cubierta. Presuntos culpables de robo aunque merecedores de una medalla olímpica a la discreción, el saber hacer, el fair play y todo lo que el sagaz lector quiera porque hay que ser unos profesionales de tomo y lomo en un país de chapuceros (empezando por los políticos municipales) para desempeñar su trabajo con la perfección realizada: desplazar 105 toneladas desde un solar municipal a uno privado sin que se enterase ni el gato. “Debió de ser una operación rápida” balbuceó el concejal de marras (un tal Silva, experto en silbar mirando para otro lado). ¡Y tan rápida! Quizás en los próximos días haya novedades y hasta cesen a algún otro jefezucho ajeno al asunto. Dará igual. El ridículo ya no hay quien se lo quite de encima dentro del Ayuntamiento sevillano ni al alcalde, ni al concejal de deportes ni al que asó la manteca.

21 de abril de 2006

VICIOS PÚBLICOS, VIRTUDES PRIVADAS



A ver si logro explicarme bien para que se entienda un poco el titular del presente comentario. Y es que hoy ando un poquillo espeso de mollera, al estilo del esperpéntico Maragall. Espero despertarme a tiempo.


La cosa va sobre la epidemia que se avecina en junio. Ese mundial de fútbol que nos va a arreglar la vida durante todo el mes. Resulta que el nuevo canal de telecaca (“la Sexta” viene a llamarse) ha adquirido los derechos exclusivos de retransmisión del Mundial de Ronaldinho y cía. Esto de que una sola empresa se lleve toda la tarta, junto con los platos, los cuchillos y los tenedores, mientras que las restantes se quedan a dos velas, es algo que nunca he entendido. ¿Por qué una sola televisión tiene que disponer de la exclusiva de la Fórmula I, o de la Champion, o del Tour, o de la NBA…? ¿Y por qué el Mundial de fútbol sólo lo puede adquirir una telecaca? Imaginémonos –en otros órdenes de la vida- que Telepizza tuviese la exclusiva de las pizzas comerciales: o comes las suyas o no hay pizzas. O que los libros de texto fuesen vendidos a todo el mundo sólo por una editorial, previa subasta a ver quien paga más. Absurdo y ridículo, ¿no? ¿Por qué no pueden retrasmitir la Liga Europea de Baloncesto tres o cuatro televisiones del mismo país, pagando la parte que se estipule? Pero regresemos al futbolín, donde el caso es más sangrante porque, al ser el deporte de masas por excelencia (y el opio del pueblo), resulta que los poderes públicos –o sea, con dinero de todos los ciudadanos- le inyectan cuantiosos recursos sea en instalaciones, recalificaciones urbanísticas, ayudas a fondo perdido, publicidad…


De nuestro bolsillo sale también la pasta que cobra la policía y los equipos sanitarios de emergencia en cada partido de fútbol importante (casi todos), en vez de costear el gasto los equipos correspondientes. No hablemos de los altos precios de las entradas que abonan los seguidores y aficionados, a todas luces exagerados en relación al espectáculo que se les proporciona y a cualquier otro que sea en directo. (Pero bueno, ahí el pago es voluntario…) Y ni hablar de los medios de comunicación y confusión, muchos de ellos públicos, que gastan millonadas para hacerse con los exclusivos derechos para retransmitir partidos. (Caso, por ejemplo, de las telecacas autonómicas con la Liga de fútbol). Enorme caudal dinerario que sale también de nuestros bolsillos, vía impuestos. Resumiendo: El fútbol, como el mayor vicio público, a pagarlo entre todos, aunque a muchos (no es mi caso) les apeste hasta la redondez de la pelota.


Pero…, et voilá. Aquí todos apoquinamos “democráticamente”, pero al final siempre hay unos cuantos privilegiados que se llevan los mayores beneficios que da el fútbol a su privado bolsillo. De ahí lo de “vicios públicos, virtudes privadas”. Y aquí es donde entra “la Sexta”. La nueva televisión (que con suerte llegará a tener un 70 % de cobertura allá por junio) se ha hecho con los derechos de emisión del Mundial en esa exclusividad ilógica y absurda que rige la cosa de los grandes acontecimientos deportivos. La nueva cadena telecaquil ofrecerá los partidos de la selección española (previsiblemente tres o cuatro, porque pronto quedaremos eliminados, como es costumbre), la final y el partido de inauguración. Aquellos que tengan cobertura o un descodificador digital se podrán emborrachar de emoción, goletes y tal. El resto de los mortales, participamos en el pago del invento pero no veremos ni la carta de ajuste. ¿Y el resto de los partidos? ¿Serán puestos a la venta a todas las cadenas de W.C. para que cada una compre los que más les apetezcan, o todos, y así podremos ver un Brasil-Inglaterra en Telepingo o un Italia-Argentina en Antena Puaff? No señor, porque entonces sería hacer las cosas bien y repartir el pastel, con el consiguiente beneficio para los consumidores (en esto del futbolín, se supone que una gran mayoría). La Sexta ha vendido parte de los derechos de emisión sólo a una cadena, Digital Plus, que será la que emitirá en directo los 64 partidos del campeonato. Y el que quiera verlos, como Digital Plus es una cadena DE PAGO, tendrá que pasar por el aro de hacerse cliente suyo durante al menos un año, aunque el mundial se acabe en el mes de junio. Bonito negocio a cargo de un tal señor Polanco, el empresario que desde hace 40 años, siempre se las apaña para quedarse con los mejores platos mediáticos y deportivos. ¿Qué les da a los gobiernos, sean del color que sean, para ser tan excelentemente bien tratado? Así que el que quiera ver el mundial enterito, a pasar por el aro, esto son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas. Un negocio redondo de Polancolandia.


Concluyendo, que es gerundio: los ciudadanos pagamos el fútbol como vicio nacional (algunos en contra de nuestra voluntad, pero Hacienda no entiende de eso) y casi siempre don Jesús del Gran Poder (permanentemente a la sombra amiga del gobierno de turno) recoge en exclusividad los beneficios, las nueces y lo que haga falta. ¿Dónde hay que apuntarse para ser tan listo, tan rico y …tan progre como el camarada?

18 de abril de 2006

EL ADIÓS DE CONCHITA



Si me preguntaran qué partido de tenis me viene a la memoria, así, a bote pronto, sería aquel de 1994, en que una Conchita Martínez espléndida y esplendorosa a sus 22 añitos, derrotaba a la mejor tenista de todos los tiempos, una tal Martina Navratilova, ya en sus años maduros pero aún impecables de juego y entrega, en la mítica pista de Wimbledon, en la final de su torneo homónimo. Si es que todavía conservo en la retina algunos de los passings que la aragonesa le arreó a su maestra y amiga, la checa-estadounidense, y me relamo de gustirrinín. Fue ese partido en que todo se sale de lo normal: una favorita clara, veterana y con experiencia, con un tenis y una fortaleza casi inexpugnables, que se enfrenta a una chica irregular y tímida, cuyo tenis de muchos quilates aflora de manera imprevista y genial cuando menos te lo esperas. Técnicamente mucho mejor que su amiga y compañera de generación, Arantxa, pero inferior en el derroche físico y la entrega, el Puñetas se enfrentaba a un partido de Conchita Martínez como los buenos aficionados taurinos lo hacían ante una corrida de Curro Romero: temiendo salir defraudado por el resultado global, pero esperanzado en disfrutar de algunos minutos en que el arte y la magia relucieran incomparables.



Aquel día de la final en la Catedral del Tenis, todo estaba en contra de Conchita pese a haber disputado unas excelentes eliminatorias. Una rival de elevadísima calidad tenística, inasequible al desaliento; una pista que siempre le ha sido negada al tenis español (salvo a aquel monstruo de Manuel Santana, hacía ya demasiado tiempo); el carácter introvertido de Conchita, que hacía que cuando mejor jugaba, en cuestión de minutos se descentrase y -finalmente- una historia de segundona que no le auguraba buenos presagios. Pero, ya digo, aquel día disfruté como un enano porque a la maña le salió ese orgullo, ese genio y esa técnica impecable que venía exponiendo irregularmente (ya en 1998 fue finalista del Abierto de Australia) pero que nunca acababa de cuajar en algún éxito grande. Esa tarde fue la apoteosis, vivida por un Puñetas enamorado de la práctica del tenis y –por qué no decirlo- del cuerpazo de la oscense. Bien que lo lució dando un recital de concentración, golpes increíbles (hasta la Martina le aplaudía en algunas ocasiones) y de garra, tan echada en falta en otras tardes. Aquella victoria no fue por España ni por la madre que la parió. Los deportistas son los que juegan y a los países ni mentarlos. Fue porque ya empezaba a merecerse el éxito y porque, intuía el Puñetas, un fracaso en tan importante momento hubiera podido representar el declive de la Martínez, antes de haber llegado al cenit que se merecía su calidad tenística.


Tras aquel triunfo que muy pocos esperaban (aunque venía de un Roland Garros donde había sido semifinalista, pero la “hierba es la hierba”), Conchita se aupó al año siguiente como la segunda jugadora del mundo, consiguiendo ser semifinalista en el Abierto de Australia, en Roland Garros y Wimbledon. Su sino parecía ser segunda en todo (también en España, tras Arantxa). El otro día decidió que a sus 34 años ya es hora de abandonar “lo que ha sido mi vida”: el tenis. Sus últimas temporadas (a partir del año 2000) han sido más bien un ir aplazando la temible decisión de la retirada, pese al desgaste físico de tantos años en el candelero. Bienvenida al mundo de los parados, aunque supongo que tendrá la cartera bien repleta de billetes. Tras ella y Arantxa, el tenis español es casi un erial. Pasarán lustros hasta que veamos (si vemos) un par de ejemplares como la aragonesa y la catalana. Aunque siempre nos quedará a los amantes del tenis el recuerdo de aquella tarde del 2 de junio de 1994 en el que los hados se aliaron un poco con quien venía mereciéndolos desde hacía tiempo por su genialidad, o sea, por sus grandes pifias y sus grandes aciertos. Steffi Graf, la mujer que lideró la generación de Conchita y Arantxa, ha sido clara: “Era alguien con quien siempre podías hablar y a quien podías pedir ayuda”. Como Conchita, el Puñetas también añora el tenis de antes, donde había más variedad de juego y menos físico y pegada, pero todo pasa y todo queda, aunque lo nuestro es pasar, que decía Serrat. Quiero decir, el bueno de Antonio Machado.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).