29 de junio de 2007

EL FÚTBOL COMO TRAMPOLÍN POLÍTICO


Hubo un tiempo en que los presidentes de los clubes de fútbol eran gente del montón o, a lo sumo, algunos pequeños empresarios, propietarios de bares, restaurantes o gestorías. Debemos exceptuar a los presidentes de los equipos más poderosos (adivina, adivinanza…) que, habitualmente, se dedicaban a los grandes negocios, especialmente los de la construcción pues –en España- son los que dan mayor pasta y beneficio con el menor riesgo y honradez.


Pero desde hace unos lustros el personal con ganas de figurar y medrar por las alturas se dio cuenta que ser presi de un equipo de furbo es un excelente medio de continuar la expansión del negocio, de ganar dinero, de coger fama y hasta de poder aspirar a ser alguien en el mundo de la politiquería.



Nos informan ahora que Mauricio Macri, el presidente del Boca Juniors argentino (que hace poco ganó su sexta Copa Libertadores), será alcalde de Buenos Aires a partir de diciembre. Otro tipo que ha hecho una meteórica carrera en la política desde que un día le diera un disgusto a su financero padre diciéndole que se presentaba de candidato a la presidencia de Boca. Una vez alcanzada, lo de don Mauricio ha sido una meteórica carrera en cohete hasta llegar a la alcaldía bonaerense, previo paso por el Congreso de los Diputados y, quien sabe, si la meta final no es la butaca principal de la Casa Rosada, donde sientan sus posaderas los presidentes de la República.



Arrimarse al mundo bobalicón que han creado los mass media en torno al fútbol es garantía, en muchos casos, de éxitos posteriores, incluidos los políticos si es que el estómago del aspirante es capaz de aguantarlos. Hoy día no sólo son conocidísimos los jugadores y los entrenadores (de los que se sabe hasta el color de sus meadas) sino todos los que giran en derredor de la pelotita, incluyendo los utilleros y regantes del césped. Incluidos, faltaría más, los presidentes. Basta sin ir más lejos el caso del señorito actual del Irreal Madrid, el Sr. Calderón, que en un solo año de presidencia ha salido más en las telemugres que su más famoso antecesor, don Florentín de los Ladrillos y Cía, quien estuvo reinando en torno a los seis años. (Don Floren ya había pasado por la política, con sonoros fracasos, así que lo suyo se entiende). Yo diría que el mandamás del Madrid ha salido en las telecacas más veces que el mismísimo Presidente del Gobierno Zapatiéstico.



Todos recordamos a aquel gordinflón con lengua larga y bífida llamado Jesús Gil y Tal que, tras usar de trampolín la presidencia del At. de Madrid, llegó a ser alcalde de Marbella y de las mafias que allí introdujo, hasta el punto que sólo cuando se murió algún juez tuvo bemoles para empezar a sanar el patio, metiéndole mano a sus camaradas de trinque y corrupción, aún vivos y aún pendientes de juicio final. De modo que ya se ha convertido en una vieja aspiración de todo ser privilegiado con aspiraciones de ser alguien el día de mañana en el mundo de la política, el apoltronarse en la presidencia de un importante club de fútbol y echar la caña de pescar. Sólo hay un problema: el futbolín está cada vez más corrompido, más loco, más disparatado y al final acaba devorando hasta a los que se suben al mismo para servirse y autopropulsarse hacia otros puestos de mando más eróticos: una alcaldía, un diputaje, un salón de masajes…


Se afirma en los mentideros que un ejemplar típico que –llegado el momento- dará el salto de la rana, pasando del fútbol a la política, es el ínclito señor Laporta, presidente del Barcelona. No sé si será verdad, pero se le nota muchísimo que cada cosa que hace, cada gesto que expresa, cada palabra que suelta, que todo lo que gira en torno suyo está milimétricamente pensado (salvando aquel “desnudo” en el aeropuerto del Prat) para no quedarse fuera de juego en el brillante futuro politiqueril que le auguran y que él no desmiente.



En cualquier caso, la última palabra la tienen siempre los electores. Claro que si te presentan tropecientos tíos y tías en distintas listas electorales y, de todos, al que más conoces es a aquel que fichó a Ronaldinho (un suponé), parece claro quien se va a llevar el voto de la confianza al agua. Aunque tanta confianza al final acabe dando asco. Como pasó con el Gil y Tal y Tal…

26 de junio de 2007

IRREAL MADRID: DESPEDIDO SI GANAS LA LIGA


Cuando escribo este comentario (26 de junio), huele a cacicada, a defenestración, a estupidez. No creo que falten muchos días para que algunos de los cabezas de chorlito que “dirigen” el Irreal Madrid pongan de patitas en la calle a Fabio Capello, interrumpiendo el contrato que –hace un año- ellos mismos firmaron con el entrenador italiano. Esto de que en el fútbol las partes contratantes de las primeras partes se pasen por el forro y la entrepierna sus propios contratos es algo tan habitual que el personal ni se escandaliza, excepto cuatro meapilas como un servidor. El Puñetas le llama a eso “desmadre” y hasta “choriceo”. Porque si tú fichas a un tipo por tres años para que te gane la Liga, cumple con tus deseos al primer añito y luego lo quieres echar caprichosamente, teniéndole que pagar los otros dos años de contrato que le restan, de ti se podrá decir cualquier cosa menos que eres un tío de palabra, un tipo legal o un fulano con las ideas claras. Cuando quien lleva el timón de una de las empresas deportivas españolas más conocidas en el mundo actúa en plan manirroto e insensato, más como un hooligan descerebrado que como un directivo responsable, la meada final será abundante y copiosa. Sólo es cuestión de sentarse y esperar.

El señorito Calderón acabará echando a la rue a Capello, pero si tuviese dos dedos de frente y uno de memoria, debería saber que ya su antecesor, aquel Florentino Pérez de las altas torres galácticas, hizo algo similar con otro entrenador, un tal Vicente del Bosque, al que despidió también tras ganar una Liga. Debería recordar que aquel despropósito fue la primera piedra del aluvión de pedruscos y cantazos que le vinieron encima unos años más tarde. Por tonto y por pasarse de listo. Ramoncito Calderón –con menos poder y menos inteligencia que don Florentín- quiere seguir aquellos pasos y -azada en mano- ya está cavando su propia fosa con sus propias manos. Desde la aciaga patada florentinesca al culo de don Vicente, hasta el día de hoy, han transcurrido cuatro duros añitos y se han quemado siete entrenadores. Y tirado a las alcantarillas del fracaso y del fiasco un buen saco de millones de euros. (Dilapidar el dinero ajeno tiene un bello nombre que dejo a discreción del lector y de su diccionario). Si el fútbol no fuese un negocio oscuro, subterráneo y hasta truculento, tolerado cuando no auspiciado por los poderes públicos de todos los niveles y colorines, más de un club estaría en suspensión de pagos y más de un presidente dormiría en chirona, pero ya se sabe que los réditos que da este deporte mayoritario bien merecen la mayor de las tolerancias de los que nos desgobiernan. Un ejemplillo: España es el país con menores costes fiscales para los futbolistas extranjeros. Otro: centenares de clubes están endeudados hasta las cejas con Hacienda y la Seguridad Social y ahí siguen, riéndose de los que contribuimos a la caja común con nuestra sangre, sudor y lágrimas de modestos currantes de medio pelo.


En unos días pondrán a Capello en la calle. En varios días más habrá un nuevo careto en el puesto de entrenador madridista (contratado para un número de años que jamás cumplirá) y vuelta a empezar con la noria. Lo decía magistralmente Pachi en un chiste publicado en el diario SUR el domingo 24, en el que Ramón Calderón hablaba por teléfono con el Schuster aspirante, diciéndole:



-¿Schuster? Hola, soy el Presidente del Madrid… Mira, que sí te vamos a fichar como entrenador…, pero te advierto de una cosa: ya sabes la costumbre que tenemos en el Madrid: Si ganas la Liga, te echamos.



Igual que en el ámbito productivo el periodo de renovación de los modelos y productos se acorta cada vez más (aunque en realidad los cambios son pura engañifa y propaganda), en el tinglado del futbolín estamos instalados siempre en plenas fiestas falleras: quema constante de muñecos para que el humo producido no deje ver la carcoma del tinglado. Mientras haya millones de paganos capaces de pasar por taquilla dejándose medio sueldo…

22 de junio de 2007

QUÉ RISA, TÍA FELISA, CON LAS ENCUESTAS...


El CIS (para los amigos, Centro de Investigaciones Sociológicas) ha sacado a la luz uno de sus clásicos estudios. Una investigación concienzuda que, como todas las sociológicas, parte de un axioma en el que el Puñetas se cisca olímpicamente. Y es que basta con entrevistar a 2500 individuos e individuas para concluir lo que piensan y trajinan 40 millones de personas. Para los que se dedican a estas cosas de los muestreos, encuestas y tal, basta hacer un “muestreo polietápico, estratificado por conglomerados, con selección de las unidades primarias de muestreo (municipios)…” y patatín patatán, siempre con las debidas “rutas aleatorias y cuotas de sexo y edad”, para desnudar el alma de un país y saber lo que piensa, lo que ansía, lo que tiene y como se lo monta. Sintetizando, los antiguos dirían que el CIS es un experto en tomar el rábano por las hojas. Yo también lo creo.



Son famosas las encuestas políticas y electorales de nuestro CIS porque habitualmente no suelen dar nunca en la diana. Entre otras cosas, porque seleccionan tan mal a la muestra aleatoria esa, que parece que siempre escojan a los más embusteros del país. También en el ámbito del deporte, el famoso Centro se dedica a hacer meneos y sondeos, sacando conclusiones de la chistera con la habitual complacencia y rigurosidad con que la Sociología nos tiene acostumbrados. Sin ningún rubor. Hasta hubo una encuesta del propio CIS que llegó a la conclusión de que “la mitad de los españoles no se fía de las encuestas”. Yo tampoco.



La última revelación deportivo-sociológica, tras consultar a unos pocos, es que España es madridista. Algo que sabe cualquiera y sin tener que gastarse una pasta gansa en preguntar a unos cuantos prójimos. Basta poner el oído sobre la acera. ¿Y cual es el segundo equipo preferido? ¡Bingo: el Barça! En un país en que todo el mundo quisiera ser rico para no dar golpe, los ojos siempre están puestos en quienes tienen las pelas. Natural. Como también lo es que la mayoría asegure que su inclinación por un equipo concreto se debe a su lugar de nacimiento o de residencia. También lógico: lo que se come, se cría.


Lo bueno de la encuesta que me solaza, viene cuando preguntan al personal escogido no se sabe en razón de qué (a mí jamás me han preguntado los del CIS ni por la hora que es) que como se sienten tras perder su equipo. Los más dicen no sentir nada, lo cual invita a llamarles mentirosillos. Otro montón afirma que se deprime, cosa también incierta pues los psiquiatras se están muriendo de hambre por falta de pacientes.



Una gran mayoría (el 60 %) opina que la Liga sólo la pueden ganar los equipos con más dinero y casi un 50 % desconfía de que el campeonato sea limpio. Con lo que uno se pregunta qué interés puede tener un tinglado que ganan siempre los mismos y, encima, haciendo trampas en los despachos y en el campo. ¿Será que, como el tabaco y el alcohol, el fútbol liguero crea adicción a fuerza de chutes y borracheras mediáticas? Pues no se sabe, porque el mismo personal que opina una cosa, opina lo contrario: un 56 por ciento cree que al final la Liga la gana el equipo que mejor juega durante toda la temporada. ¡Menudo cacao mental tienen algunos!



Entra aquí otra característica de las encuestas, aparte lo ridículo de la muestra y los embustes de los entrevistados: la escasa coherencia del personal. Mientras una gran mayoría afirma que prefiere estar informado en temas de salud, cultura, economía, asuntos laborales y hasta ecológicos, luego resulta que “son los asuntos deportivos los que polarizan la mayor parte de las conversaciones de los encuestados”. ¡Para matarlos!



Pese al interés que provoca el deporte en general, sólo la mitad asegura haber comprado una entrada para ir al fútbol en el último año, con lo cual va a resultar que la mayoría de los aficionados que abarrotan los campos son extras a los que se les paga una gratificación para que hagan bulto en el graderío. Y lo más descacharrante: más del 60 % dedica su tiempo libre a ver la televisión y el 60 % a caminar. ¿Cómo se entiende? Pues que cuando salen los anuncios se levantan del sofá y caminan hasta la cocina para picar un poco. Las encuestas (especialmente en España y parte del extranjero) es que son para mear y no echar gota.

19 de junio de 2007

JODIDAS CELEBRACIONES FURBOLERAS


Por fin se acabó la Liga española del futbolín, una de las más largas del planeta. A falta de estética, finiquitó con una épica casi desacostumbrada por estos lares. Se ha demostrado una vez más que en el tema de la pelotita, lo que manda son las pelotas de los jugadores. O las ponen sobre el césped o las guardan para los saraos nocturnos, públicos o privados. Ha sido el hecho diferencial entre el Real Madrid y el resto de los equipos, especialmente el Barcelona. Y es que el fútbol es básicamente patadas, fuerza, guerra, ir como un burro hacia la portería rival, no parar de correr hasta que finalice el partido, tratar de tú a tú a la suerte, ponerse una flor en el culo cada domingo y jugar siempre sobre el filo de la navaja, aún con el riesgo evidente de pegarse un hostiazo. Eso de la técnica y el buen juego queda ya sólo para los sibaritas y los que añoramos el fútbol de antaño. La gente quiere emociones fuertes con victorias in extremis. Hay que soltar adrenalina, que la vida está muy “achuchá y estresá”. Capello siempre lo ha tenido claro y por eso gana donde otros señoritos hacen agua y pipí. Pelear y sufrir. Dejarse la piel en el campo y creer en la resurrección de los muertos. No hay más. Eso es fútbol y lo demás, milongas. Lo sabe Etoo y lo ha olvidado Ronaldinho. Por eso se les ha venido quedando cara de tontos en los últimos domingos. Acaba de decirlo crudamente Arrigo Sacchi: “En la mediocridad siempre gana Capello”. Lo que no dice el muy envidioso es que el fútbol actual es soberanamente mediocre. Por eso, el que pone las pelotas sobre el césped y tiene la suerte de que no se las rompan ni los rivales ni el fatal destino, al final acaba llevándose la Liga a la cama. Aunque luego, al día siguiente, te echen del burdel por falta de juego erótico.


Lo peor, sin embargo, no son las tropecientas jornadas de Liga, el bombardeo mediático por tierra, mar y aire y el hartazgo de tantas declaraciones de encefalograma plano. Lo peor es cuando todo acaba y empiezan las celebraciones. Horror. Se acaba la épica y retorna la falta de estética, la cutrez y el mal gusto. Tras ver los numeritos que ha montado el Real Madrid con su triunfo de Liga, el Puñetas ha pedido asilo estético en una boutique de lujo. (Cada equipo tiene su aquel, pero en ésto los madridistas baten el record de lo hortera, quizás sólo superados por los sevilllistas). El espectáculo ofrecido al final del partido en el mismísimo Bernabéu fue sencillamente inenarrable… Claro que de la gente del fútbol no se puede esperar otra cosa. Cada cual da lo que tiene y en este deporte planetario no brilla precisamente el buen gusto, la inteligencia y la finura. Ni siquiera en el momento cumbre de las celebraciones o los disgustos. Hay más elegancia en un desfile de orangutanes en la pasarela Gaudí que en una de estas celebraciones multitudinarias. Y, que conste, que al Puñetas le importan tres pepinos estos “eventos”. Cada cual, a lo suyo. Lo que ya le pone las pulsaciones a ochenta (suerte que tiene de ser bradicárdico) es cuando los más tontos del haba –que abundan como moscas- se dedican a ocupar las calles, a coger el coche y atascar la ciudad, a darle al claxon hasta altas horas de la madrugada, a reunirse en ciertos lugares calientes de la ciudad para celebrar así que “su” equipo ha ganado una copichuela o un campeonatoncillo. Lo celebran a lo grande, o sea, dando porculillo al resto del personal, especialmente al que le importa una higa su exultante alegría. O al que al día siguiente, tras un par de horas de duermevela, tiene que abrir de nuevo los ojos y salir a la calle a ganarse el jornal y el televisor de plasma de 42 pulgadas. A veces, mezclando el mal beber con la pésima educación, estos tontícolas acaban la jarana pidiendo a gritos las cachiporras de la policía, para que de un buen golpe se les recoloquen nuevamente sus escasas neuronas. Así sucedió el domingo por la noche en la mismísima Cibeles madrileña.


¿Por qué la gente normal tenemos que aguantar a estos tipos? ¿Por qué las autoridades pasan del tema? Como dice muy acertadamente la bitácora “Lo que hay que oír”: “¿Se imaginan ustedes lo que hubiese ocurrido si el día que nacieron mis hijas me hubiera lanzado yo a la calle con una pancarta inmensa que dijera “Soy papááááááááá ...” y pegando bocinazos como un poseso entre las once de la noche y las tres de la madrugada? ¿Cuánto tiempo hubiera tardado en ser detenido por la policía? ¿Por qué el nacimiento de mi hija no puede celebrarse públicamente en la calle y la victoria de un equipo de fútbol sí? ¿Por qué la ordenanza reguladora del ruido no es aplicable en estas circunstancias? En resumen, ¿por qué en este jodido putiferio los más borregos campan a sus anchas sin que los demás podamos hacer nada (ni siquiera llamar a la policía) para que no atropellen nuestros derechos?”.


Jodidas celebraciones futboleras…

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).