
Esta semanita pasada hubo parones ligueros en lo que respecta al fútbol para que las selecciones nacionales hiciesen bolos y encajes de bolillos en sus respectivas competiciones o partiduchos amistosos.
Cuando llegan esos días de asueto liguero, los mejores futbolistas del mundo agarran la maletita y emprenden vuelos hasta transoceánicos para defender los colores de su país, según cuentan las crónicas. Se hacen carne de aeropuerto y a tragar kilómetros. Diarra, sólo por un partidillo amistoso con Mali frente a Senegal, ha tenido que recorrer esta semana más de 6.000 kms. Los jugadores brasileños del Madrid y el Barça se han tenido que chupar más de 20.000 kms, entre viajes a Lima, Sao Paulo y el regreso. Luego dicen que Ronaldinho no podía con su alma cuando aterrizó de regreso a Barcelona. ¡Pues natural! Una cosa es que uno esté entrenado para aguantar 90 minutos en un campo de césped soportando patadas y patadones de los jugadores contrarios, y otra que se puedan aguantar estoicamente 15 aburridas horas entre esperas y vuelo. ¡Eso no hay dios que lo resista!
La declaración de los derechos humanos debería contemplar esta casuística. El Puñetas quisiera saber, por ejemplo, cuanto kilometraje hizo el año pasado el astro culé, sumando los traslados ligueros, los de la champion y los de su selección, amén de todos aquellos realizados por motivos publicitarios, sentimentales o de ocio. Quisiera saberlo por curiosidad y para ver si es algo exagerado el titular del presente articulillo. Porque la cantidad anual habría que multiplicarla por el número de añitos que lleva viajando más los que le quedan. Ya digo, no sé quien tendría más kms encima, si una estrella futbolera o un avión comercial.
Lo curioso de todo este trajín y tejemaneje es que quienes pagan el pato nunca son los beneficiarios. A los jugadores maldita la gracia que les hace tener que coger la maletita para irse a la Cochinchina a disputar un partido y a los clubes que les pagan menos gracia les hace todavía pues son conscientes de que ellos son los tontos del invento. Los listos, los de siempre: las federaciones nacionales e internacionales que no dan un palo al agua porque el agua viene a ellas mansa y corderilmente. ¿Cuándo se les acabará este chollo?
Luego pasa lo que pasa. Los jugadores pierden los enlaces y los vuelos porque los pobres andan más desorientados que una cabra en un garaje:
-Jodé, coñe, cáspita… ¿Dónde demonios estoy ahora, si anteayer estaba por las Ramblas, ayer amanecí por la cordillera de los Andes y hace un rato correteaba por la Pampa? ¿No estaré soñando, con altas fiebres o tendré el mal de altura?
Pierden los aviones por culpa de la desorientación viajera y luego –encima- en sus clubes les están esperando con la porra levantada porque hay que entrenar nada más bajarse del avión ya que “el domingo nos jugamos la vida contra uno de nuestros eternísimos rivales”. Así que más de un importante jugador se ha hecho el longui y ha llegado con retraso, ganando unas horas de asueto bien merecidas. Razón por la cual los clubes ricos han aprendido y así, el Madrid, que en el anterior parón liguero sufrió los retrasos de cuatro de sus jugadores internacionales, esta vez se ha gastado su dinerín haciéndose cargo de todos los billetes de vuelta. Oiga, todos han llegado a tiempo.
A muchos de estos jugadores habría que pasarles también la ITV, como a los Boeing. Cuando no dan pie con bola en un partido, el menda les justifica:
-Pobrecico, pa mí que todavía se cree que está volando camino de Brasil…