11 de mayo de 2007

POR UN FÚTBOL MÁS MODERNO Y GUAY


En verdad os digo, queridos, que desde hace más de veinte años el fútbol me aburre como una ostra, salvo cuando sale –de higos a brevas- un partido de esos que acaba 5 a 4. Porque la sal del furbo es el gol. Con la emoción del resultado no se va a ninguna parte, pues además de un camelo (casi siempre ganan los mismos), el dinero que se paga por ver fútbol y goles no se ve correspondido. Ay, esos partidos que acaban en empate a cero, donde los jugadores no deberían cobrar ni un penique, por malos e ineptos en la cosa de meter (aunque sea de penalti) un solo golete…



Así que propongo algunos cambios para hacer del deporte del futbolín sobre hierba algo más dinámico, vivo, emocionante, variado, moderno… En suma, guay. Podría señalar algunos cambios revolucionarios que se me han ocurrido a mí solito pero que llegarían a desvirtuar demasiado el fútbol actual. Cambios excesivamente atrevidos que probablemente a la gente conservadora del deporte rey no les agradaría demasiado. Por ejemplo, que cada patadón al contrario, con el resultado de fractura de tibia y peroné, sea castigado con pena de cárcel y tres avemarías. O que se juegue con dos balones, para que el asunto sea más distraído.



Bueno, hablando en serio, he aquí cinco pequeñas propuestas para aligerar a nuestro fútbol del tremendo sopor que le invade por la falta de goles, la sal de la vida. Las cinco son independientes una de otra, aunque juntas sería la repanocha…


* Doble portería, tal como figura en la viñeta superior. A ver si así vemos goles de una puñetera vez, que para eso pagamos. Las estrategias y tácticas se multiplicarían y la emoción también. Los porteros, claro, deberían coordinarse, para evitar choques entre ellos en caso de que la pelota fuese hacia el poste central. ¡Para disfrutar el doble, doble portería!



* Desaparición del penalti. No tiene sentido una jugada que, cuando se marcan pocos goles, es demasiado definitiva (y polémica). En el caso de las porterías dobles, todavía tendría menos sentido. ¡La gente ya no se casa ni de penalti!



* Partidos a tiempo real. Se acabaron las pérdidas de tiempo, el tirar la pelota fuera del estadio y todas las marrullerías que hacen de este deporte un bebedero de tramposos. Teniendo en cuenta que de los 90 minutos de juego, suelen jugarse efectivamente unos 60, éste podría ser el tiempo real, diferenciado en dos tiempos de 30 minutos cada uno. ¡Ladrones de tiempo al carajo!



* Expulsiones temporales, como en el balonmano. Cada patada al rival digna de calificarse de alevosa, tres minutos reales de expulsión del campo. En caso de reincidencia, expulsión definitiva, debiendo salir –como ocurre en el baloncesto- otro jugador en su lugar. Así siempre estarían jugando once contra once (o doce contra doce en mi propuesta de la doble portería). Los espectadores pagan por ver a 22 tíos jugando, no a 21 ó 20 en caso de alguna expulsión. Esto es un fraude. Igual que lo de jugar realmente menos tiempo del que figura en el marcador, de ahí la propuesta del punto anterior. ¡Hay que respetar los derechos del aficionado, que no paga para que después le den gato por liebre!



* Aumento de los árbitros que vigilan un partido. En cada medio campo habría un árbitro, con lo que siempre podría seguir la jugada con la nariz pegada al balón. Detrás de cada portería habría siempre otro auxiliar para verificar que la pelota entró (algo similar a lo que existe en el hockey). Seguirían los jueces de línea, pero también circunscritos a sólo la mitad del campo. Se acabaría, en gran medida, el espectáculo de los pobres árbitros, a los que se exige un esfuerzo de visión, de concentración y de reflejos superior al que se pide a los mismísimos futbolistas. ¡Por la dignificación del arbitrucho, ya! (Además, como mucho me temo que seguirían siendo destinatarios de las iras del respetable, al aumentar el número de trencillas, tocaría cada uno a menos insultos y críticas. ¡Leche, el árbitro también es un ser humano!)



La adopción de alguna de estas medidas mejoraría el juego, crearía más puestos de trabajo, evitaría las estériles polémicas, no defraudaría el espectáculo (cuántos partidos se vienen abajo por la expulsión tempranera de un jugador o por un penalti demasiado decisivo), evitaría estafas como la de cobrar por 90 minutos de fútbol cuando en realidad la pelota está en juego mucho menos tiempo, las tácticas y estrategias se revitalizarían (hoy día ya está todo inventado en este fútbol ultramontano que “disfrutamos”) y los jugadores que sólo saben atizar a la pierna del rival tendrían el castigo que se merecen a las primeras de cambio, sin perjudicar en exceso al equipo. ¡Por unos futbolistas-artistas, ya! ¡No a los jugadores antidisturbios!



Ahora sólo hace falta que los carcamales que rigen los destinos del furbo tomen alguna de estas ideas (o todas) en consideración. Se las regalo. En cualquier caso, no tengo prisa. Tarde o temprano, cuando el negocio se vaya a pique por falta de clientela (que desertará aburrida y harta), habrá que resucitar al moribundo. Y entonces algunos se acordarán que hubo un tipo muy ingenioso llamado Puñetas (que no tenía abuela, por cierto) que un día del mes de mayo de 2007 tuvo la ocurrencia de parir varias mejoras la mar de interesantes para que el fútbol no degenerase en un muermo de aquí te espero. Mientras tanto, amable lector, puedes dar tú alguna idea, que no todo va a ser cosa mía… ¡Habla, pueblo, habla!

2 comentarios:

la aguja 17/5/07, 1:10  

Pues yo, y dado que dicen que la polémica es la salsa de este juego, propongo que se arbitren ellos mismos, como hacen los niños en la escuela. Y el que se enfade pues que se marche.

En rugby tienen el Sin-Bin (que no sé exactamente qué quiere decir) cuando al árbitro les muestra una tarjeta amarilla. Al jugador que se le va la pinza se le expulsa 10 minutos, y su equipo se queda con 14 jugadores en campo.

En vez de tanta tarjeta amarilla futbolera que no vale para bajarle el caliente a nadie, esto sí que es una nevera. Salen la mar de calmaditos.

En hockey hielo también existe la expulsión temporal por dos minutos, y el otro equipo queda en power play.

En balonmano existe la exclusión, que son también unos cuantos minutos fuera del terreno de juego y el equipo con uno menos.

Pero en fin, se trata de deportes más civilizados. En el fútbol hasta el mejor jugador del mundo te puede meter un testarazo en plena tabla del pecho que la gente sigue aplaudiéndole y justificándole.

Y para que corran más, pues un campo más grande o nueve tíos por equipo.

En cuanto al penalti, yo lo pondría a 20 metros por lo menos. Casi al doble. Que no los meten, pues eso, que no se tiren.

Y aumentar la portería o/y hacer un balón algo más pequeño.

En fin, que de tan sencillo que es el fútbol es aburrido. Quizá porque algunos lo han maestrizado hasta tal punto que le han quitado el encanto.

Anónimo 17/5/07, 18:04  

La verdad es que cuando millones de personas no sólo siguen un partido de fútbol, si no que son capaces de gastarse el sueldo casi íntegro en ello (véase el reciente Español-Sevilla), quizás los equivocados seamos nosotros, exigiendo al fútbol cosas que éste ya da. O es que con lo que da, ya les sobra y basta a sus seguidores para estar supercontentos. Pero yo lo digo claro en el artículo: me parece una tomadura de pelo que la expulsión de un jugador acabe con un partido, cuando perfectamente podría sustituirle otro, como ocurre en otros deportes; o que la polémica siempre acompañe al fútbol porque así lo desea, pues se podría prevenir con normas más claras, más árbitros...

Dices que el fútbol es aburrido y yo también lo creo. Pero el personal (que se aburre leyendo dos páginas seguidas de un libro, o viendo una película de las de antes, o que no sabe divertirse si no es en masa) luego llega a un campo y aunque el espectáculo aburra hasta a las ovejas, él se lo pasa divinamente. ¿O será quizás que lo que tiene el futbolín de excitante -y que a nosotros nos aburre soberanamente- es la transformación personal que muchos tienen escondidos en la masa, ese exceso de pasión y griterío, esa pérdida del sentido del ridículo, esa necesidad casi imperiosa de algunos de creerse alguien si se adaptan siempre a lo establecido, la conciencia de "ciudad" simplemente porque hay un club privado que lleva su nombre, la comedura de coco de esos ases de la palabra que siempre están restregándonos que el fútbol es como la vida misma, y qué imprevisible que es y tal y cual? (Tan imprevisible que siempre suelen ganar los mismos).

En fin, a mí me da igual lo que cada uno piense siempre que lo haga con respeto y argumentos. Después, que cada cual se la machaque con lo que crea oportuno, siempre que luego no nos vengan como esos fumadores que se pasan 40 años fumando y oyendo que el fumar es malo y cuando les llega el cáncer de pulmón quieren demandar a las tabacaleras por asesinas. Sé que la comparación no es muy certera, pero yo sé lo que me digo. Mira, si no, esa violencia extrema (e incluso muertes) que se produce en algunos encuentros futboleros en el largo y ancho mundo. ¡Es sólo fútbol! -suelen lloriquear luego los que se benefician del negocio. Pues, no. Es algo más que fútbol. Modestamente, de ello hemos hablado en muchas ocasiones en el Arco y la Aguja.

¡Dios mío, escuchar y cantar "El arrebato" trescientas veces en una noche tiene que dejar el cerebro hecho cisco! (Yo, sería incapaz de hacerlo o de estar allí para soportarlo). Y quien dice el famoso himno del Sevilla, dice el Oé, oé, u otras virguerías dignas de espíritus selectos... Aunque millones de humanoides valgan para ésto, yo -humildemente- no. Quizás es que soy un extraterrestre..., aunque tengo la vaga intuición de que también son millones en el planeta los que piensan o sienten como nosotros.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).