29 de marzo de 2009

DEPORTE Y REPRESIÓN

Ahora que se aproxima la Semana Santa (la Pasión según San Mateo y sus otros camaradas) es el momento de ponerse a reflexionar. Pero como aquí estamos en plan deportivesco, se nos ha ocurrido hoy probar la paciencia de nuestros escasos pero fieles lectores. ¿Qué tal un añejo ladrillo teórico-marxistoide? –les pregunto, con una sonrisilla ladina de conejo. ¡Pero si eso suena muy antiguo! –me contestará algún lector ya entrado en años.

Pues sí, hoy voy a seleccionar algunos párrafos de un artículo titulado “Deporte y represión”, aparecido en la revista marxista “El viejo topo” hace 32 añitos de nada. O sea, que regresamos a la guerra fría, a la vieja URSS y a esos sesudos análisis que por entonces solían publicarse en las revistas serias. Hoy sólo hay revistas superficiales donde lo más profundo que publican es el escote de Madonna. El caso es que yo guardé ese artículo porque me pareció interesante entonces y aunque hoy está bastante apolillado el pobrecico, algunas reflexiones aún pueden tener vigencia y capacidad para despertar algunos sarpullidos en las mentes puras y virginales que pululan por este mundo tan inocentón e ingenuo del deporte de  este siglo XXI. Hoy, pues, vamos de reliquia histórica que a más de un joven lector sonará a chino o maorí. Aseguro que la cosa tiene enjundia y daría para dos semanas pero seré piadoso y sólo le dedicaré el día de hoy. Seguro que gente mucho más docta que yo le saca bastante jugo y hasta es posible que –leyéndolo o recordándolo- se le caiga una lagrimita por los tiempos pasados que –quien sabe- lo mismo cualquier día regresan. (Como la Tierra da vueltas, al final acabamos repitiéndonos más que la morcilla…).   

Vale, pues, de preámbulos –para que luego no digan que no les avisé- y demos paso a algunas perlas del citado artículo, escrito por Pierre Laguillaume, y seleccionadas por el ínclito Puñetas.

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“El deporte se inscribe en el marco de las relaciones de producción que determinan, en lo fundamental, su estructura interna, su naturaleza profunda. En la actualidad, el deporte está determinado por la sociedad capitalista y por las relaciones de clase. El deporte, como todo hecho social, tiene una naturaleza clasista, está fuertemente jerarquizado y cada vez más centralizado. Por eso no existe ningún sector deportivo autónomo. Las federaciones internacionales, el COI y organismos del mismo tipo lo administran, dirigen y controlan. Esta administración es la que determina una práctica mundial del deporte. Toda la estructura organizativa del deporte está basada sobre esta realidad superior. El deporte, como la ciencia y el arte, ignora las fronteras y sus normas y estructura son universales. La unidad que las naciones no pudieron lograr a lo largo de los siglos en el plano político, ha sido realizada por el deporte en su ámbito particular…en menos de 50 años. La unidad mundial del deporte es, sobre todo, política. (…)

Prácticamente todos los países están vinculados a la confrontación deportiva internacional. Cada Estado organiza y controla su deporte nacional a través de sus competiciones, sus campeones, sus records, su comité olímpico y sus federaciones. En la actualidad el deporte se ha convertido en un deporte de Estado. El objetivo de la estatización del deporte sirve evidentemente para coordinar y controlar a las masas, y sobre todo a la juventud, así como para impulsar la vida en un sentido de esfuerzo nacional único. El deporte se ha convertido hoy, totalmente, en un engranaje del capitalismo monopolista de Estado, cuyos sirvientes incondicionales son los CAMPEONES. El campeón no es más que el portavoz del gran capital en el mercado deportivo, el agente propagandístico de la burguesía. El campeón, al servicio de su nación, espera una gratificación del gobierno. El deportista, así, ya no se pertenece: pertenece al sistema, pertenece al Estado. (…)

La ideología deportiva es inseparable de la ideología burguesa. Los grandes ideólogos del deporte (Arnold, Coubertin…) han sido grandes ideólogos burgueses. El campeón es la realización viva del hombre tal como lo desea el capitalismo. El deportista es aquel que, por encima de todas las cosas, ha sabido integrarse en una jerarquía: relaciones jerárquicas entre dirigentes y dirigidos, entre los valores deportivos, entre los competidores. Este principio, basado en la selección, obliga a los débiles a permanecer en la sombra, olvidados, borrados, en el mismo nivel en que se encuentra un obrero que no tuvo la ventaja de heredar de un padre propietario capitalista.  No por casualidad, todas las estructuras altamente jerarquizadas (Iglesia, fuerzas armadas, burocracia) promueven el deporte con tanto desvelo. Trabajo y Patria son las voces de mando en el deporte. Los países del Este  burocratizados han readaptado este slogan burgués: “Listo para la producción y la defensa del país”. La movilización deportiva es una pre movilización patriótica. (…)

El espectáculo deportivo se ha convertido en un ritual obsesivo de masas. Este ceremonial representa la trampa que va a permitir las grandes maniobras multitudinarias. Se trata de un ejercicio ritual de movilización masiva, que cumple una función evidente: controlar a las masas. Al reunirlas periódicamente alrededor de motivos nacionales y chauvinistas, el Estado ejerce una presión ideológica sistemática.  Esta movilización ideológica y física de la población a través del deporte entraña una despolitización masiva de la atmósfera política. Toda la prensa, todos los medios masivos comentan los mínimos gestos de los campeones, los menores incidentes y resultados de los encuentros y dejan de lado la actualidad fundamental. Ello representa la domesticación de la conciencia crítica y más aun cuando se produce una identificación masiva con los objetivos nacionalistas del deporte. Bajo este aspecto el deporte constituye un poderoso medio de condicionamiento político y perfectamente se le puede aplicar el calificativo de opio del pueblo, en el doble sentido del término: por una parte, oscurecimiento de las facultades críticas (evasión, fuga, éxtasis); por la otra, compensación, sustitución de las desdichas reales. A través de la identificación nacional, el deporte configura un poderoso medio de homogeneización y cohesión social y, como tal, es presentado por sus ideólogos. (…)

El deporte, como hecho de masas cotidiano, constituye un espectáculo masivo también cotidiano. La industria ha encontrado en él una importante fuente de ganancia. Los deportistas-mercancía son tratados y manipulados con todos los métodos del marketing aplicados al mercado deportivo.  En efecto, el motor del espectáculo deportivo es el atractivo que ejercen los hombres-espectáculo sobre el público. El valor mercantil (y no su valor de uso, que es nulo) significa, por lo tanto, el dinamismo del espectáculo deportivo. Al atraer a las grandes masas, el espectáculo deportivo representa una especie de consumo cultural que corresponde estrictamente a las necesidades de la producción cultural masiva del sistema. A su vez, el deporte se ha erigido como el ámbito de la mitología laica. Los encuentros deportivos, por el carácter casi sacro y semi místico, han adquirido los rasgos de las fiestas religiosas tradicionales. Ciertas pruebas, particularmente  penosas y esforzadas, se han revestido del carácter simbólico del vía crucis. (…) El deporte como forma de dominación, de represión (competencia, rendimiento) sólo podrá desaparecer en una sociedad comunista”.

Chin, pon…

25 de marzo de 2009

LA EXITOSA HISTORIA DE JACINTO CHAMPÚ


(Aviso a navegantes: Cualquier parecido con la realidad más irreal es pura coincidencia, o sea, que sí…)

Jacinto Champú Gominola vino al mundo un día lluvioso y frío de febrero. Nada más verlo su padre, don Rigoberto Champú Desodorante, experto en Cosmética y Perfumería,  pronunció estas vaticinadoras palabras:

-Jodé, qué cabezón tiene el chavea… ¡Y qué redondo…! Pa mí que éste le va a dar al baloncesto…
-Rigo… -dijo con apocada voz la parturienta, o sea, su esposa-, no te has fijado bien. ¿No ves  unos pentagonitos de pelo en su gordita cabecita? Nuestro hijo tirará más por el fútbol…

Doña Benigna Gominola Chupachups, predestinada por sus apellidos familiares a trabajar en una tienda de chucherías durante toda su vida, era más perspicaz que su maridito. “Además –concluyó la susodicha-, las patadas que me daba cuando lo tenía en la barriga eran más propias de un futbolista que de un canastero…”.

En el colegio, Jacinto Champú pronto destacó en cómo manejaba el balón con destreza y puntería. Varios cristales de las aulas en que estuvo fueron reventados a conciencia pues el mozo odiaba las clases. Sólo lograba realizarse como ser humanoide jugando a la pelota en el recreo. Durante esos treinta minutos se transformaba en un  ser apasionado dispuesto a todo con tal de ganar el encuentro.

-Este chaval será leñador cuando sea mayor –se oyó una vez decir a un profe que andaba por allí.
-¿Cómo lo sabes? –le preguntó otro.
-Por la leña que reparte cuando juega al fútbol.

Pero a Jacinto Champú le visitó la mala suerte, ya mozalbete larguirucho y desgarbado por aquello de la adolescencia. Un pésimo día le tocó a él recibir una entrada criminal de otro apasionado del “no pasarán”. Rotura de los ligamentos cruzados de ambas piernas, evaporación de la rótula izquierda, meniscos triturados por cinco sitios, esguince de ambos cuádriceps y unas cuantas cosillas más, pero éstas sin importancia. No quedó para una silla de ruedas pero nunca más pudo volver a disputar un encuentro.

Sus padres quisieron entonces encaminarlo por la vía del negocio familiar, pero Jacinto dijo que nones, que lo suyo era el fútbol y que se ganaría la vida con él, mas como su cerebro estaba peor que sus piernas, entendió juiciosamente que no podría ser entrenador  o utillero. Aunque todavía era demasiado joven para desempeñar puestos de responsabilidad, pensó que si se camelaba a la directiva del club de sus amores, podría llevar una vidorra plena en aquel mundo que tanto le narcotizaba. Primero fundó una peña deportiva bastante golfa dispuesta a sembrar el pánico en los estadios, cobijada bajo banderas ultras, gritos horripilantes y petardazos. Pronto encontró numerosos camaradas de tropelías, que le aceptaron y adoraron como si fuera un becerro de oro (bueno, algo tenía de becerro, para qué les voy a engañar). Un poco más tarde consiguió el elogio de la directiva, incluyendo un chiringuito dentro del propio estadio para  guardar en él toda la artillería con que defendía a capa y espada al equipo de sus entretelas y frenesíes.

Jacinto había alcanzado bien pronto sus objetivos estratégicos: era utilísimo a los intereses del  club y de sus dirigentes, aunque alguna vez –llevado por su fanatismo tan ardoroso y arrojadizo- se le fue la mano y metió la pata y el pedrusco, con lo que las autoridades deportivas no tuvieron más remedio que verse obligadas a cerrar el campo durante algunos partidos. A él, en cambio, se le habían abierto todas sus expectativas: su peña siempre era invitada a seguir al equipo para que animase a los jugadores y aficionados propios y desanimase con sus gamberradas a los ajenos. Incluso le pusieron un sueldo mensual, pagado con dinero opaco o traslúcido, no sé. Empezó a ser una institución en el equipo. Su pasión era muy útil y eficaz, como así se acreditaba partido tras partido. Consiguió que el campo se convirtiese en un bastión casi inexpugnable donde todos los rivales caían como moscas impresionados por los cánticos, los insultos, las amenazas y alguna pedrada que otra. Los aficionados contrarios le temían tanto que  rehusaban acudir a aquel campo tan conflictivo donde reinaban tipos tan cafres. Cuentan las crónicas que Jacinto Champú empezó a ser valorado más que los mismísimos jugadores y que en algunas ocasiones en que lo requirió, el propio club puso a su disposición una avioneta con piloto automático para que cumpliera con sus obligaciones extradeportivas.

Nuestro héroe, desheredado por sus padres al comprobar que aquel hijo de cabeza tan redonda y hueca les había salido rana y faltón, sólo tenía una preocupación cuando comprobó que su negocio iba a toda vela.

-Tengo que encontrar entre la tropa una tía que se me parezca, aunque deberá ser más guapa y estar más jamona. Quiero tener un hijo para enseñarle mis amplios conocimientos sobre el tema. Por mucho que yo me empeñe jamás conseguiré que nuestro equipazo gane la Champion algún año de estos pues nos falta experiencia y pasta, pero si consideramos el asunto a más largo plazo, mi hijito podrá conseguirlo siempre que aprenda todo lo que yo sé, que es mucho y bueno… Hay que empezar buscando un jeque y un capo de mucho prestigio y luego ya ficharemos a los mejores jugadores del mundo… Yo sólo no puedo desempeñar tan histórica misión. 

Como loco –aquí uso la palabreja anterior en su plena acepción, o sea, la psiquiátrica- anduvo un par de  temporadas buscando a una chavalota que tuviese una genética digna de su alto rango futbolero. Por fin consiguió enamorarse de una tal Tomasita Pedorreta, tan cabeza hueca como él, hincha acérrima del equipo y de armas tomar cuando se ponía la bufanda y el pasamontañas en los partidos de casa. Aquella mujer era un Jacinto con tetas. Como era de esperar no pararon hasta tener un churumbel, mofletudo, sonrosado y de cabeza balompédica. Jacinto Champú es ahora un hombre feliz  y más que lo va a ser en cuanto su chavea crezca un poco y empiece a ayudarle en su titánica misión de llevar a su equipo a la cúspide del fútbol europeo y mundial. Jacintillo, que así se llama el nuevo monstruito, ya apunta maneras (ver fotillo en plena faena), tal como su padre le ha ido enseñando en los pocos años que lleva de vidilla. Acuérdense de este nombre: Jacintillo Champú Pedorreta. Hará historia…  
    

22 de marzo de 2009

SUPERLIGA EUROPEA: RECOLOCANDO AL PERSONAL

 
La semana pasada se empezó a hablar nuevamente de la Superliga Europea. Parece que para 2012 puede ir en serio. En este enlace se explica más o menos de qué va el asunto pero lo resumiremos en cuatro letras: se trata de que los grandes clubes europeos puedan seguir tirando la casa por la ventana sin que sus economías queden maltrechas. De sobra es conocido que todos ellos (Milan, Bayer, Manchester, Madrid, Barcelona, Ajax, Liverpool, Juventus, etc) se juegan media vida si no consiguen en sus Ligas uno de los primeros puestos que les garantizan estar en competiciones europeas en el año siguiente. De no conseguirlo, el dineral que pierden amenaza con hundirlos en la miseria. Normalmente no suelen tener muchos problemas como lo demuestra el que todos los años suelen ser siempre los mismos quienes juegan la Champion, salvo algún invitado de piedra u otro al que le tocó la lotería.  Sin embargo, lo que les encantaría es tener asegurada la bicoca sin necesidad de ganársela todos los años en la liga de casa donde –además- se aburren como una ostra…

Por eso, desde hace varios años, los equipos grandes de Europa (los ricachones), vienen intentando organizar ellos solitos una Liga Europea. Naturalmente, ni la UEFA ni las Federaciones Nacionales van a consentir que se salgan con la suya pues entonces de qué van a vivir todos los parásitos que pululan en estos organismos. Además, estos “microorganismos” realizan una alta misión de “Estado”: defender a los equipos chiquititos y pobretones. Nadie se lo cree pero hay mentiras todavía más gordas que nos cuelan al populacho, así que por ahora se están saliendo con la suya. Mas como los ricachones empiezan a estar endeudados hasta las cejas, necesitan aumentar la cuota de mercado y, encima, jugar todo el año contra equipuchos del montón como que no les motiva mucho ni incrementa en demasía la caja, han decidido -al parecer- aliarse con los parásitos y organizar una descafeinada Superliga Europea, punto de partida de lo que al final intentarán lograr: que sólo jueguen entre sí los peces gordos y los pequeñuelos que se las apañen en la charca como puedan. 

¿Cómo lo ve, amable lector? Pues yo lo veo estupendamente. Basta ya de viajar a Soria, Valladolid, Getafe, La Coruña, Bilbao o Málaga para jugar unos partidillos contra los equipuchos de allí, a los que hay que ganar obligatoriamente al ser muy superiores, por lo que si se vence no tiene mérito alguno y si se pierde, luego en casa espera la soga del ahorcado. Jugadorazos que cobran millonetis de billetes no pueden tener motivación ni moral alguna cuando se enfrentan a  jugadorcitos de puebluchos perdidos en el mapa y que no llegan a cobrar –todos juntos, ojo- ni la mitad de lo que cobra la estrella principal del equipón grandón. Además, dónde se ha visto que los pobres duerman una noche en el Ritz o que vistan harapos de Valentino o Dior. Cada cual debe estar donde le corresponde. Lo mejor sería que los equipos ricachones jugasen entre ellos (y para eso hay que abrirse al espacio europeo), que los de clase media lo hagan entre sí en las competiciones nacionales y que los muertos de hambre se dediquen a la cosa autonómica, que ya es bastante.

Si son los equipos ricachones los que tienen los mejores jugadores del mundo, los mejores campos, los entrenadores más preparados, las aficiones más guapas y educadas, la prensa más adicta y cegata, no sé a cuento de qué no rompemos ya la baraja y hacemos que el furbo sea como la vida misma: cada cual con cada cual. Si ningún inmigrante o pobre  quiere vivir en alguno de los grandes barrios residenciales de las ciudades más importantes y señeras de Europa, ni se les ocurre acudir a los restaurantes Michelín a comer una riquísima tortilla de patatas, siguiendo la misma lógica económica y social, no sé porqué van a tener que convivir durante 180 minutos (en partido de ida y vuelta) los grandes dioses balompédicos del Real Madrid y el Barcelona con los falsos idolillos de cualquier equipote de provincias o de barrio. ¡Qué ganas de mezclar las churras con las merinas…!

Voto porque se haga pronta realidad esa Superliga Europea de los Grandes Equipazos del Gran Fútbolín para que se peleen sólo entre ellos y que nosotros lo veamos y, sobre todo, lo paguemos.  La morralla sobrante, sí, el 99,99 % de los equipuchos, que se repartan las migajas entre ellos y se arreen la badana en las ligas nacionales y autonómicas o regionales. Y el que no quiera, que se dedique al fútbol-playa en el verano y luego que pase el cepillo entre los bañistas. Lo único malo de este “poner las cosas en su sitio” es que los Madrid-Barcelona y viceversa que entontecen el país varias veces al año nos iban a parecer ya partidillos de pitiminí viendo a esos  pedazos equipos de allende nuestras fronteras. Mientras que llega el nuevo Edén, yo ya estoy pensando hacerme del Ajax…  

19 de marzo de 2009

EL ARDILLA ENTREVISTA AL PUÑETAS (SEGUNDO TIEMPO)


-Seguimo conel interrogatorio ar Puñetas… Ademá de sé campeón endes nucá gambas, ¿enqué tuviera gustao destacá má?
-En ser como Mingote, Forges, Idígoras-Pachi… Las viñetas del Arco vienen de esa frustración de no saber dibujar ni una rueda pinchada.
-¿Kualé tu deportista preferío?
-De ahora, ninguno en especial. De los de antes, Miguel Indurain. Reúne todo lo que exijo a un deportista de élite: discreción, modestia, autocontrol, sacrificio y ser buena persona... hasta con sus rivales. Sumo a estas cualidades el que logró superar con su poderoso físico lo que parecía imposible. Hasta su llegada era impensable que un ciclista de casi 1,90 metros pudiera batir a los escaladores en la alta montaña.
-¿Yqué tré sucesos extradeportivo tan impresionao má?
-Pues así, a bote pronto, el asesinato de 11 deportistas israelíes a cargo del grupo terrorista “Septiembre Negro” en las Olimpiadas de Munich de 1972; la tragedia en Heyssel, Bruselas, en 1985, cuando los hinchas británicos atacaron a los italianos  y se produjo el derribo de un muro de hormigón que mató a cerca de 40 personas y provocó centenares de heridos en lo que iba a ser una gran final de fútbol entre la Juventus y el Liverpool; y el apuñalamiento en plena pista de la tenista Mónica Seles, número uno del mundo, cuando disputaba un partido del torneo de Hamburgo. Tras su larga recuperación, nunca pudo volver a ser lo que había sido.
-Ytú, como as ezcritoenel Arco, ¿no tienes equipo?
-Sí, digo no, mi equipo es “Ninguno”.  Veo un encuentro de fútbol, baloncesto o el deporte colectivo que sea como pueda ver un cirujano a un enfermo en el quirófano. Sólo procuro disfrutar con las virguerías que allí se hagan, cosa nada fácil por lo infrecuente, y para de contar. Pese a todo, me lo paso bien, así que lo de implicarse política o emocionalmente con un nombre o un club determinado, me atrae menos que Madonna recién levantada de la cama.
-¿Note gustaría escribí enargún sitioimpor tante, como el Playboy?
-Sí, escribir me produce cierto placer, pero es un hobby temporal como otro cualquiera. Supongo que cuando me canse me dedicaré a resolver sudokus o a cocinar en la Termomix.
-¿Porqué tiés tanbue nas migas conla Aguja?
-Es otro como yo, pero que sabe de deporte todo lo que yo no sé. Somos dos bichejos raros en esto de las bitácoras deportivas, aunque hay por ahí algunas –desde luego mejores y mucho más leídas que las nuestras- que apuntan alto. Claro que para tíos con retranca y mala leche, nosotros. Y así nos luce el pelo, que nos leen cuatro gatos. Tampoco tenemos más pretensiones. Hago mío aquel famoso eslogan de la revista humorística de “La Codorniz”: la revista más audaz para el lector más inteligente. Cada cual tiene sus ideas, sus intereses y sus ganas de publicitarse como le dé la gana. Luego, que cada palo aguante su merecida vela.
-¿TieneRaúl que volvé a laselessión española?
-Tío, déjate de preguntas chorras, que hasta ahora vas muy bien. Deja eso para los señores de las telecacas y demás basura mediática.
-Peroal guien delas teles o arradios abrá quete hagati lín…
-Pues mira, ya que lo dices, disfruto con María Escario, la que informa del deporte en algún telediario de la Uno. (La Uno en poca vergüenza y en mucho despilfarro, quiero decir). No sólo porque es mujer sino porque es discreta, tiene una sonrisa muy agradecida y una voz que me pone. Es la única con la que no me cabreo…
-¿Y quéme dise der Jaime Lizzaqué, el mandamá deldeporte españó?
-Mira Ardilla. Una de las cualidades de éxito de un buen político es que sepa reírse en la cara del personal y que, encima le voten o le aplaudan. Y una de las cualidades exigibles a un buen ciudadano es poner en cuarentena a quienes lo tratan como un imbécil. Don Lizza juega muy bien a lo que juega y yo no quiero desmerecer en lo mío. Así que cada cual hace perfectamente su papel…
-Finámente, ¿quiéngana rá la liga?
-Alguno de los de siempre, o el Barcelona o el Madrid, aunque los de Guardiola llevan todas las papeletas para ganar en la rifa amañanada de este año. Y digo “amañada” porque si duplican, triplican o más los presupuestos del resto de los equipos, ya me dirás si no van a ganar en una competición de largo recorrido como es la Liga. Lo que me encanta de estos dos primos es el odio que se profesan (salvo las consabidas excepciones) y que los convierte en hermanos de sangre. Su rivalidad política y deportiva es el debate más estéril, inane y absurdo que puede ocupar nuestra vida nacional o lo que sea, pero ahí los tienes, formando pareja como el Gordo y el Flaco, Sansón y Dalila o Ramón y Cajal, que en paz descansen todos. Me aburren sus disputas pero reconozco que, de cara al Arco, me han dado y darán grandes tardes de gloria.
-Po muschas grasiaspor dejarte  interrogá y ezperoquel personá talla conosío unpoco má grasias amí. Y ahora, meva a invitá auna servesa, o no, agarrao…
-Sí, pero al 5 % TAE más IVA, que tú te crees que esto es Jauja, chaval…
-Jodío Puñetas…

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).