13 de octubre de 2010

DE MAYOR, QUIERO SER DE LA UEFA

Espeluznantes las imágenes y las noticias que llegaron desde Génova el martes 12 acerca del Italia-Serbia. Cómo estaría la cosa que a los seis minutillos el árbitro dio por cancelado el partido. Tras el paso de las horas empiezan las lamentaciones y la petición de responsabilidades. Natural. Ya que casi nadie se encarga de poner los medios para prevenir este tipo de cosas, lógico que al menos se les saquen los colores después a los ineptos. Nadie aprenderá lección alguna de cara al futuro pero al menos algunos dormirán unas cuantas noches con los nervios a flor de piel. Eso, siendo muy optimista…

Es sabido desde hace tiempo que el fútbol se ha convertido en un refugio de gamberros, ultras, descerebrados y tarugos. Son una minoría pero, con los medios potencialmente destructivos que hoy día tenemos, pueden hacer mucha pupa. Un suponer: bastan unos cuantos sprays que se pueden comprar en cualquier tenderete a precios irrisorios  para que –en un par de horas- una piara de gamberros dé un colorido especial a las piedras centenarias de una catedral.  Y eso sin emplear más violencia que la de unos churretes. No hablemos cuando la idea es destrozar mobiliario urbano, reventar escaparates o sembrar el terror en la calle o el estadio. Miel sobre hojuelas y a precio bien barato. Para ello, el pretexto puede ser algo insustancial o baladí: la celebración de un pírrico campeonato, el ascenso o descenso del equipo, la visita a otra ciudad o país.

Cosas peores vendrán que lo ocurrido en Génova. No hace falta ser muy adivino para saber que cualquier día de estos se inmola un gilipollas dentro de un estadio, llevándose al otro barrio –sin huríes- a felices hinchas que acudieron allí para entretenerse un rato. O que, como ocurre a menudo en colegios e hipermercados yanquis, un subnormal se líe a tiros con todo el que tenga alrededor. Para evitar todo esto se supone que tiene que trabajar determinada gente: gobiernos, policías, uefas, federaciones, clubes… Uy, me he equivocado: de este mochuelo se quitan de en medio todos aquellos que precisamente  viven del negocio y sacan jugosos beneficios. O sea, las organizaciones futboleras. Ellas mercadean, hacen su agosto, se forran, y los ciudadanos –a través de sus impuestos- pagan para que el espectáculo esté más o menos controlado a través de la policía, servicios sanitarios, etc. En realidad, es mucha gente la que chupa del fútbol, desde el sector transportes al hostelero pasando por bares y vendedores de humo, pero lo innegable es que todo parte de unos tíos –y no sé si alguna tía- que organizan unas competiciones deportivas de alto fuste y riesgo y de las que en materia de seguridad no quieren saber nada ni ponen un duro de su bolsillo para financiarla. Que se sepa…

Así que los palos ya están lloviendo por Serbia e Italia. En el país balcánico -¿o debería escribir “volcánico”?- porque tienen a una pandilla de cafres cuyo destino debería ser una camisa de fuerza. Lo mismo les vale el fútbol que el baloncesto que la política para demostrar que son más brutos que un arado. ¿Por qué les dejan salir de su país? ¿Qué hacen las autoridades que nos los tienen ya encamisados? En Italia se ve que las autoridades tampoco se han dado por enteradas de la caterva de gentuza que tienen allí mismo, a la que en ocasiones como ésta se suma la que viene de otros lugares. Es inadmisible que la policía sea más permisiva con estos brutazos que ante una manifestación de obreretes pidiendo aumento salarial o ante un grupo de ciudadanos exigiendo a grito pelado que al Berlusco la justicia le haga un traje. Y las autoridades de Génova, ¿qué hicieron por preservar su ciudad ante la llegada de los vándalos serbios? No hablemos ya del enorme sigilo y control que se hizo de los atilas serbios cuando entraron al estadio.

—¿Algo que declarar, señor cafre?
—Sí, capullo, llevo veinte bengalas y un cohete teledirigido por si la ocasión lo requiere. ¿Pasa algo, mequetrefe?
—¡Tós pa dentro!

Luego, ya se ha visto una y mil veces, pasa lo que pasa.

Pero hay gentes a las que nunca se les pedirán responsabilidades. Yo quiero ser como ellas. Yo, mamá, cuando sea mayor quiero ser de la Uefa, o de la Fifa, o un alto cargo de cualquier federación de la Cosa. Cada una en su nivel, organiza en los despachos una competición la mar de resultona, se muestra más o menos inflexible en el control de lo que pasa dentro del campo ... y lo que rodea al evento se lo cede al tonto de siempre: papá Estado. Él será quien ponga los policías, quien organice los follones de tráfico, quien prevea los planes de seguridad y emergencia, quien guíe a los jugadores hasta el estadio y mil cosas más. ¡Así quiero yo montar también mis negocios particulares!  

Si el Estado italiano y el Ayuntamiento de Génova pasase a la organizadora UEFA la factura de los destrozos, de los gastos en seguridad, de las horas extras llevadas a cabo por empleados públicos –policías, sanitarios,etc- para que el partiducho Italia-Serbia se celebrase,  seguro que los uefosos se tentarían la ropa y empezarían a organizar su negociejo particular de otra manera. ¡A su lado los bancos son unas hermanas ursulinas!  Pero ya verán cómo, salvo este menda lerenda y otros cuantos zancandiles como él, nadie de los que viven del cuento deportivesco y estatal abrirán el piquito para protestar. Unos porque no les interesa y otros porque les encantan los réditos propagandísticos que el futbolín les reporta de cara a sus mezquinos politiqueos. Además, los gastos corren a cargo del Estado, o sea, de todos, o sea, de nadie en particular. Dicho de otra manera, robar o sisar dinero a los contribuyentes no está considerado ni pecadillo venial. Es, simplemente, una golfería la mar de inteligente con la que muchos listos se han montado una gran vidorra.

10 de octubre de 2010

ELOGIO DE LOS ÁRBITROS DE FÚTBOL

Hoy he tenido un mal día. Bah, pesadillas. Que Zapatero ganaba las próximas elecciones y nos íbamos a los siete millones de parados, que Fernando Alonso se pasaba al balonmano, que Contador tiene las horas contadas, que cerraba la prensa deportiva por falta de lectores, que el Arco se iba a hacer puñetas… En fin, malos sueños. Pero la peor pesadilla de todas ha sido la de que se me ocurría un breve articulillo ensalzando la labor de los árbitros de fútbol. Y aquí va, ji, ji. 

El día que un jugador, entrenador o todo un equipo acaben un partido de furbo y afirmen ante los tres millones de micrófonos que les enchufan que “el árbitro ha estado fenomenal, magnífico, excelso, muchísimo mejor que nosotros”, ese día al Puñetas le dará un ataque de amigdalitis, pese a no tener amígdalas o anginas que criar.  Lo mejor que se suele oír de los arbitruchos es que “no influyeron en el marcador” o “que pasaron desapercibidos”. ¡Esto mismo se debería decir también de un jugador o de un entrenador, pero nunca se dice!

Un día nos sale Ronaldo, ese tipo que gana un saco de millones por marcar una veintena de goles al año, y dice que la gente le silba y que él lo que quiere es cariño. Todavía está por ver que salga un árbitro y diga lo mismo. Se oirían las carcajadas hasta en Groenlandia. Yo no sé si ganan mucho o poco, pero dado que -según cuentan los entrenadores, presidentes,  jugadores,  periodistas y aficionados- influyen demasiado en el resultado de los partidos (sólo les falta que también marquen goles), deberían ganar muchíiiiiiisimo dinero. Casi más que los jugadores, mire usted. A más influencia y poder, más pasta gansa. Digo yo….

Claro que para pasta, la que los árbitros fabrican para los demás. Gracias a que siempre meten la pata y el pito, los medios de aborregamiento audiovisual y escrito alcanzan audiencias millonarias y beneficios cuantiosos. Gracias a esos mismos árbitros, los jugadores y entrenadores se ganan la vida muy ricamente y los equipos se defienden bastante bien financieramente, algunos con categoría de multinacional. Incluso los aficionados tienen un plus de distracción y entretenimiento vital añadido a su placer futbolero gracias a que estos señores del mal pito -que siempre se equivocan a favor del equipo contrario, que siempre pitan los penaltis al rival- tienen el masoquismo de ponerse a impartir “justicia” en un campo de fútbol.

El día que impere el sentido común y no haya quisque capaz de arbitrar (lo de trabajar con miles de personas echándote insultos y maldiciones en el cogote debería estar prohibido o penalizado con multa y tres avemarías), se habrá acabado la vidorra que se pegan a costa de los árbitros tantos parásitos como pululan por el futbolín, en el césped y en las gradas. Eso no significaría la desaparición del fútbol pues su pujanza y vitalidad nace de su práctica no profesionalizada gracias a la simpleza de sus reglas que lo hacen fácil de practicar hasta en medio de un mercado iraquí.

Les deben casi todo a los tíos del pito y encima se están quejando de ellos a todas horas. ¡Anda y que les zurzan!

6 de octubre de 2010

LAS PRESUNTAS BONDADES DEL DEPORTE


A primeros de agosto de este año, Eduardo Punset publicaba en XLSemanal —la magnífica revista del grupo Vocento—  un sabroso artículo, como todos los suyos, en el que se preguntaba:  “¿El deporte mejora el ánimo  y la memoria?”

La memoria, no sé, pero sobre el ánimo hay sobradas pruebas de que a muchos más que mejorárselo, se lo empeora. Claro que no es lo mismo que el deporte practicado sea profesional o amateur, por amor a la pasta que pueda ganarse con él o por amor al arte. Pero incluso cuando se practica deporte por simple placer, mi experiencia en estas lides me dice que mucho personal se toma demasiado en serio eso de ganar y perder, aunque la práctica deportiva sea simplemente para pasar un rato o mover el esqueleto. Los que saben de esto afirman que es una manifestación de la “suelta” de adrenalina que todo individuo lleva encima por culpa del estrés, el trabajo y esas cosas que nos amargan la existencia. No sé, hoy me he levantado sabiendo que sólo sé que no sé nada, pero hasta los jubilados que juegan a la petanca en nuestros barrios se pegan sus buenos cabreos si el día no lo tienen fino o si creen que uno de sus “competidores” hace alguna triquiñuela en el juego. El Puñetas ha visto a gente pelearse cuando solo estaba jugando… al parchís. O sea que esto del ánimo jubiloso no sé yo si es algo consustancial a la práctica deportiva. Incluso ahora mismo, cuando escribo estas letrajas, me llegan de la plazoleta que tengo cerca los gritos y aullidos de una bandada de chaveas que juegan al fútbol pero que en realidad lo único que hacen es pelearse, insultarse y llamarse de todo (con la pelotita al fondo).

Un tío que le dio mucho al coco con estas cosas fue Juvenal, poeta romano, autor de la famosa frase “mens sana in corpore sano” que viene a decir que el objetivo del humanoide que se quiera preciar de serlo es tener un espíritu y un cuerpo equilibrados, esto es, que si nuestro cerebrín está más pocho que una castaña llena de gusanos, nuestro corpachón será un hazmerreir por mucho músculo que luzca. Y viceversa: si disponemos de un esqueleto en estado ruinoso, raro será que nuestras neuronas estén muy preparadas para la vida moderna. Sin embargo, han pasado tantos siglos de aquello y nos hemos degradado tanto como especie (cualquier romano de entonces –si resucitase- nos tomaría por unos blandengues, unos pichafrías y unos inválidos) que dudo mucho que el aserto del famoso poeta tenga hoy día mucha validez. Basta observar el panorama mediático, sobre todo el telemierdítico, para darse cuenta que hay gente a la que le sobra la única neurona que tiene pese a que ésta se encuentra instalada en un cuerpo escultural, siliconas y horas de gimnasio al margen. Y al revés: hay por ahí algunas gentes más listillas que el hambre a las que un octavo de torta bastaría para tumbarlas boca abajo. O sea, que encontrar hoy día a alguien que reúna el ideal de Juvenal es para nota. Seguramente hay gente por ahí que lo cumple (yo mismo, sin ir más lejos, ji, ji) pero todo este personal suele ser bastante discreto y está alejado de los focos.

El bueno de Punset afirma contundentemente que hoy “contamos con numerosas pruebas experimentales que nos han convencido de que el cuidado de la salud física produce una mejor salud mental. Las horas pasadas en el gimnasio no sólo desarrollan los músculos, sino la memoria; un cuidado diario de la dieta –el otro soporte de la salud– mejora el ánimo y la capacidad cognitiva”. No sé (sigo hoy sin saber ni papa), pero conozco mucha gente que se sabe de memoria las alineaciones de todos los equipos de la primera división del fútbol español y no recuerdan qué comieron la noche de antes. O gente capaz de memorizarse todos los componentes mecánicos del utilitario de Fernando Alonso  (marca Ferrari, creo) mientras muestran una incapacidad manifiesta para aprenderse una docena de palabras del diccionario. Que yo sepa la inmensa mayoría de los deportistas de elite no destacan precisamente por su memoria elefantiaca excepto cuando se trata de recordar hazañas en torneos y competiciones de antaño, en plan abuelo Cebolleta.

Sigue escribiendo el bueno de Punset que “experimentos muy específicos efectuados recientemente tienden a demostrar que (…) en promedio, los feos y decrépitos son más tontos y los apuestos, más estudiosos.” O sea, que la gente guapa es más lista y capaz. Es lo último que me faltaba por oír y leer: que Sara Carbonero va para premio Nobel y que el cachas de mi vecino ligón (una mezcla hispana de Toni Curtis y Alain Delon) podría haber llegado a catedrático de Física Nuclear si no llega a ser porque el tío prefiere currárselo en la cama en vez de en el pupitre. No, si listo es cantidubi… Los feos, que se jodan ¿no? Eso ya se decía hace siglos y parece que ese es el enorme descubrimiento de los científicos de pacotilla que tenemos hoy día. Tantos años de civilización y evolución para llegar otra vez al principio, es decir, a la barbarie.

Y prosigue Punset: “En todos los casos estamos descubriendo, atónitos, que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta –los soportes básicos de la salud física– tienen una repercusión en la salud mental. Lo que están sugiriendo las pruebas efectuadas en distintos laboratorios es que la memoria y la capacidad cognitiva mejoran con los soportes de la salud física. Lo que todavía no sabemos es qué tipo de deporte es el más adecuado para mejorar el ánimo, la memoria o el grado de entendimiento. Tampoco estamos seguros de cuánto tiempo se debe dedicar a estos cuidados. Con toda probabilidad es mejor pasarse que quedarse corto”.

O sea, que sabemos menos de lo que presumimos, ¿eh, pillín? Y mejor que sea así, dicho sea de paso, porque dado cómo está evolucionando el pensamiento “científico” en estas cuestiones, uno le tiene un miedo considerable a las próximas investigaciones. Porque si hoy día ya se sabe que “en promedio, los feos y decrépitos son más tontos y los apuestos, más estudiosos”, mañana nos saldrán con que, total, para lo que servimos, mejor tirarnos a la basura.  Ya sé que el bueno de Punset no va por ahí (como divulgador sólo nos ilustra con las últimas bobadas científicas), máxime cuando él tampoco ha sido nunca un adonis, pero es que hay presuntas investigaciones que deberían guardarse en el cajón hasta que se sepa todo, todito todo. Más que nada para evitar la desmoralización de esos que hacen deporte por un tubo, que se machacan en el gimnasio, la piscina, la pista de tenis, el campo de golf o la cancha de futbito y que ven cómo no sólo no mejoran su ánimo, memoria y fisonomía sino que –encima- cada dos por tres andan lesionados y hechos polvo.  Algunos científicos guays deberían investigar la práctica del deporte desde otro punto de vista: ¿empeora la salud, el ánimo, la belleza de quienes lo practican? Tengo otra vecinita que está para desayunarla, merendársela y cenársela y la tía en su puta vida ha hecho más ejercicio físico que abrirse de piernas. Oye, y no veas lo bien que ha acabado complementándose con el otro vecinito, el ligón. Dios los cría, ellos se juntan y a los feos nos dan morcilla...

3 de octubre de 2010

EL GRAN HERMANO TE VIGILA


¿Qué diría usted si le ordenasen estar localizado las 24 horas de todos los días del año y, cada dos por tres (seis), le obligasen a hacerse análisis de sangre y orina, a veces a horas intempestivas? No, no lo diga, lo escribiré yo: se ciscaría en la madre que parió a todos aquellos que interviniesen en esta sinvergonzonería dictadorzuela.

Esta situación -George Orwell, “1984, el Gran Hermano te vigila”- es la que vienen padeciendo muchos deportistas profesionales, y en mayor medida, los ciclistas. Pese a ello, nadie ha  puesto el asunto en los tribunales, ni se ha montado una huelga contra los alegres vividores del COI, la UCI y restantes malas madres, ni los gobiernos presuntamente democráticos han movido un dedo para evitar que estos deportistas –por muy ricachos o populares que sean- pierdan derechos tan elementales como el disfrutar del anonimato cuando les salga de sus gónadas o que les pinchen unos fulanos en contra de su voluntad.

Esos  gobiernos presuntamente democráticos no hacen nada. Sin embargo, cuando esos mismos deportistas consiguen algún éxito internacional glorioso, les agasajan, les dan palmaditas en la espalda, se hacen fotos con ellos y les  venden la burra de que representan al país y de que son sus mejores embajadores en el mundo mundial. Fuera de las fotos, y en la oscuridad de las cloacas,  permiten que federaciones nacionales e internacionales plagadas de chorizos y salchichones con dos patas traten a esos mismos “triunfadores”  como si fueran pura mercancía, objetos de usar y tirar.

¿Cómo se ha llegado a estos extremos de saqueo de la libertad individual? Pues porque hay algunos “deportistas” que hacen trampas, tomándose productos farmacológicos que pueden mejorar su rendimiento y, por tanto, alterar los resultados de las competiciones así como la pasta gansa que se mueve alrededor. Para legisladores y directivos, la salud  de los deportistas es lo de menos porque si así fuese ya se encargarían de humanizar el deporte profesional en cuanto a esfuerzo, viajes, competiciones, exigencias añadidas, etc. Bajo el pretexto de atrapar a una minoría de deportistas tramposos, siembran el miedo y eliminan derechos a todos los deportistas, esos que les dan de comer. Les cercenan derechos individuales sagrados que de eliminarse o disminuirse en la vida ordinaria de la ciudadanía  haría que los juzgados se llenasen de querellas y denuncias, que los políticos hablasen de fascismo cotidiano, de esclavitud, de recortes sociales y privados intolerables, etc.

Pero no ocurre nada de todo esto. Los deportistas, hasta los más puteados y ninguneados, ven bastante normal esa situación. Ayer, en el programa “La Noria” de Telepingo, Alberto Contador defendía y justificaba esas malas prácticas del COI. Nadie, que se sepa, se ha ido a los tribunales para denunciar una situación que cualquier juez, con la Constitución en la mano, calificaría probablemente de punible. Los gobiernos miran para otra parte aprovechando que los deportistas están más preocupados por ganar mucho dinero en poco tiempo aunque sea a costa de ceder en ámbitos personales que rozan la línea de flotación de la decencia y la dignidad propias.

A cuentas del publicado positivo del ciclista Contador, muy pocos denuncian la actitud de una Unión Ciclista Internacional  que filtra los resultados de un control antidoping sin esperar a la finalización de la investigación. Lo normal sería que, a cuenta de un hipotético dopaje, todo el tejemaneje de análisis, contraanálisis  y guerras médicas –cada cual tiene su recetilla, como en botica- fuera tratado con la más absoluta de las privacidades hasta el desenlace final. Así suele hacerse con los ciudadanos cuando se ponen en manos de los médicos o los jueces, ¿no? Se ve que la UCI –por citar a la federación internacional más huevona- pasa de privacidades ajenas, de respeto a las investigaciones y de presunciones de inocencia hasta que el  resultado sea concluyente y definitivo. Mientras tanto, el honor y la decencia del ciclista o deportista afectado viaja de boca en boca y de portada en portada. Jo, anda que no hay gente que disfruta con estas cosas… Luego, si al final el presunto positivo no fue tal, o no hubo garantías en los protocolos,  o tiene una explicación convincente, aquí paz y después gloria. Los platos rotos que los pague Rita. 

Volviendo a citar a Contador. El Puñetas no pone la mano en el fuego por nadie, pero lo que nunca hará será tomarse a inventario la presunción de inocencia de un deportista cuando la investigación médica está en curso. Y, aún llegada a su final, cuando se compruebe que se han dado todas las garantías en cuanto a los procedimientos y pruebas seguidas en el proceso, de acuerdo a las normas básicas del ordenamiento jurídico vigente, que no es sólo el estrictamente deportivo, sino también el civil,  el penal... Claro que aquí pinchamos en hueso cuando se trata del deporte porque quienes lo dirigen y mangonean ya se han preocupado, y mucho, de mantener bien diferenciada la legislación deportiva de la que rige en el resto de los ámbitos de la vida ciudadana. Si algún díscolo, sea club o deportista, amenaza con recurrir a los tribunales ordinarios, la expulsión del paraíso celestial deportivesco será fulminante. Por eso ni dios recurre: aguanta, agacha la cerviz, cumple las sanciones y… a seguir viviendo del cuento. La historia del Mallorca, privado este verano de poder participar en competición europea por culpa de una rigurosa norma económica particular de la UEFA, es un ejemplo clarísimo: o aceptas o desapareces del mapa.

Así dicen que actúa la mafia…
EL JEFEZUELO DE LA UCI APUNTA CONTRA EL GOBIERNO ESPAÑOL Y CONTRA LOS DIRECTORES DEPORTIVOS Y MANAGERS.  

"El 50% de nuestros... no sé el porcentaje exacto, pero un alto de nuestros casos de dopaje vienen de España y allí no parece existir la voluntad de abordar este problema. Esa voluntad debe provenir del Gobierno. Pero espero que tomen nota y comprendan que algo debe hacerse. El ciclismo es deporte importante en España. Este deporte merece el apoyo del Gobierno".

"Algunos no están siendo lo suficientemente responsables. Dejan toda la responsabilidad a los deportistas diciendo: 'Bien, estos deportistas viven en puntos muy diferentes del planeta y no podemos controlarlos 24 horas al día”. Eso no puedo aceptarlo. Creo que necesitan controlarles más, vigilar con quien se juntan, qué hacen en ese tiempo. Y creo que en cosas como las transfusiones de sangre o lo que suceda en los equipos, a quien hay que culpar en última instancia es al mánager".

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).