28 de octubre de 2009

TAMBORES DE GUERRA



Sobre el cirio que había montado en el Atlético de Madrid hasta la misma noche del domingo pasado, tenía pensado escribir sobre el particular este miércoles. La mezcla de ultras, abeles, giles, cerezos y una historia ciclotímica de un equipo capitalino que juega a ser grande pero que en realidad es casi siempre una medianía, auguraba un articulillo de lo más pinturero y sarcástico. Pero hete aquí que los problemones futboleros se solucionan muy fácilmente: se cambia de entrenador y aquí paz y después gloria. (Como ya dijimos en otra memorable ocasión, justo cuando don Cerezo nombró a quien ahora ha puesto de patitas en la calle,  “los entrenadores son el pararrayos de los directivos, que así salvan el pescuezo ante las furibundas críticas de los acríticos aficionados e hinchas. Todo sea por seguir chupando palco todos los domingos y salir en las televisiones cada dos por tres cantando la gallina”). Así que, ¡hasta el próximo cabreo, beibis atléticos!

Claro que, por si acaso, tenía en la recámara el problemazo del Barça al cual los periodistas deportivescos de turno ya habían colocado en la UVI pues llevaba un par de partidos desangrándose. Los equipazos grandes y universales –y más si se les idolatra como si fuesen un becerro de oro- tienen un serio problema: han de ganar siempre. Bastan tres partiduchos seguidos comiéndose los mocos para que las masas salgan a la calle y salten al estadio  reclamando la cabeza del entrenador, del presidente y de la señora de la limpieza. Así que el Puñetas, mientras miraba con un ojo al Atlético madrileño, con el otro echaba una visual hacia las Ramblas y su fuente de Canaletas. Por fortuna los gordos problemazos se trastocan en vulgares problemillas de fácil olvido si hay por medio unos cuantos goletes. Así que seis tantos al Zaragoza obraron el milagro dominguero: no sólo ya no hay crisis en el club de Guardiola sino que Laporta puede seguir sacando pecho sin que lo corran a gorrazos las miles de peñas barceloninas que –incomprensiblemente- pululan por fuera de Cataluña sin saber ni pizca de catalán.

He de confesar, sin embargo, que a quien estaban esperando mis ojillos miopes era a otro club elegido de los dioses, también en horas bajas porque lleva un par de partidos haciendo el ridículo: el Irreal Madrid. Como está obligado siempre a ganar y a jugar bien –como si esto fuese cosa de coser y cantar- bastan varios resultados en contra para que los buitres carroñeros enfilen su afilado pico hacia el Bernabéu, especialmente hacia el lugar donde se asienta el entrenador. Así que contemplé también la posibilidad de que al final el Irreal Madrid fuese el club al que más cantazos le iban a arrear en esta semana. Sobre todo si no goleaba por ocho a cero al Alcorcón en la Copa del Rey. Como la goleada se la han llevado los chiquillos de Pellegrini, ya tenemos montada la de dios. ¡Estaba cantado! Así que hoy miércoles –cuando escribo estas letrajas- los tambores de guerra apuntan sólo hacia el club florentinesco. El Atlético madrileño y el Barça, al final se han ido de rositas gracias al cambio de entrenador del primero y a la última goleada del segundo. La esperada leña al mono tiene ya un grandioso y único receptor.


Como no es la primera vez que el Irreal Madrid es “humillado” (ni será la última) por una derrota imprevista, lo que publica la prensa nacional e internacional nos lo pasamos aquí por el arco del triunfo. ¡Esto ya no es noticia, beibis! La noticia, queridísimos verdugos, es la siguiente: “4-0. El Alcorcón golea al Real Madrid haciendo el partido de su vida”. O algo así, pero se ve que a los chicos de la prensa lo que les encanta es despreciar a los clubes pequeños ninguneando sus hazañas pues sólo se centran en la “tragedia” del club todopoderoso y megaguay.  Y se lo toman tan mal como si a ellos mismos les hubiesen humillado metiéndoles cuatro pepinos en salvas sean sus partes.


Tal como muestran las portadas seleccionadas a modo de ejemplo, los del Marca –en plan periodistas de Puerto Hurraco- exclaman “¡Vete ya!” a un Pellegrini al que todavía no le han dado tiempo ni de conocer a sus jugadores. ¿Y quién demonios son estos tipos para echar a la calle a nadie? “Vergüenza histórica”, “y encima se pone farruco…”. ¡Señor, señor! Para vergüenza histórica las frecuentes portadas de este diario. ¿Y qué me dicen del portadón del diario “Sport”, capaz de cometer ¡cuatro faltas de ortografía! en un increíble titular de cinco palabras?

A estos funerarios y truculentos niños de la prensa deportivesca habría que recordar lo que ya escribimos en febrero de 2006 cuando el Zaragoza le metió seis castañas al “mejor equipo del mundo”, claro, el Madrid…: “Perder un partido por goleada no es ni un desdoro, ni una vergüenza, ni un crimen”. Por lo demás, no pensamos defender aquí nada más que a los chicarrones del Alcorcón, a los que casi nadie ha reconocido su juego, entrega y valor. Los millonetis del Madrid, incluido su entrenador, que vayan preparando las bayonetas y los cañones porque tienen una guerra encima dispuesta a volarles la cabeza y los testículos. (Claro que mientras que no les vuelen la cuenta corriente…). Les atacan por tierra, mar y aire gentes que piensan que el fútbol es lo único importante y que todo vale con tal de hacer caja y patria chica. Afortunadamente tienen muy mala memoria y bastará que el próximo domingo el Irreal golee a su rival para que se les pase pronto el enfado. Incluso son capaces, dado que esto de la pelotita da muchas vueltas, de convertir en héroe y mito a Pellegrini si éste sobrevive y consigue la ansiada Liga o Champions. Los mismos que ahora le humillan (aquí sí es correcta la palabra) besarán el trasero al entrenador chileno si logra aguantar, levantar vuelo y ganar alguna copichuela futura de buen ver. Yo que éste no cometería el mismo error y mantendría muy fiel la memoria: a esta soldadesca, ni agua…     

25 de octubre de 2009

COLABORACIÓN ESPACIAL: JACINTO RX



Hola, insignificantes… Perdón, perdón, pido quinientas mil veces perdón.

Me llamo Jacinto RX y procedo del planeta RX16, situado a varios años luz del planetucho Tierra.  (Uy, perdón, mil veces perdón). Ya habrán adivinado que soy un extraterrestre, aunque de tanto observarles, cada vez me siento más unido emocionalmente a ustedes. Estoy por aquí desde septiembre de este año (mi primera visita la hice en 2007) cumpliendo una misión: mezclarme y estudiar este planeta de mierda. Perdón, perdón, se me escapa sin querer mi superioridad estratosférica sobre la primitivesca realidad humanoide y, encima, parece que está fallando mi programa lingüístico-informático de “autoncensura educativo-diplomática”  que estamos obligados a usar cuando nos ponemos en contacto con seres vivos de realidad molecular  patatera, típica de los que viven aún en la prehistoria galáctica, como es vuestro caso. Los RX no solemos usar  expresiones malsonantes ni despectivas pero somos muy permeables a la realidad circundante, así que  han bastado dos meses de vidilla en su puerco planeta (uy, perdón otra vez) para que ya se me hayan pegado algunas malas expresiones a fuerza de oírselas a ustedes, queridos terrícolas.

Me pide el Puñetas –uno de los humanoides más inteligentes que conozco, así que no quiero ni imaginar la burrez de los que figuran por debajo de su escalafón evolutivo- que colabore de vez en cuando con su Arco deportivo y yo, encantado, pues precisamente la tesis doctoral que estoy preparando con mi visita a la Tierra trata sobre esta cuestión: “En los andurriales de la Galaxia todavía hay gente que hace deporte”. Es un título provisional pero por ahí van los tiros. Así que, junto a otras actividades inconfesables que me han encargado los dirigentes de mi planeta, estoy aprovechando para hacer mi doctorado de arqueología galáctica sobre algunos de sus usos y costumbres.

Una cosa que me ha llamado mucho la atención son los enormes cabreos que se pillan algunos de ustedes a cuenta del deporte, sobre todo de los deportes de equipo, y especialmente del fútbol, que es el que más les tiene comida la sesera. Ni en el Primer ni en el Segundo Mundo de la Galaxia existe el fútbol. En el Tercer Mundo –la Tierra y otros planetillas del extrarradio- hace furor y esa es una cosa que ni yo mismo –tan mega inteligente- acabo de explicarme. Uno no entiende que ustedes vayan al fútbol y a otros deportes a pasárselo bien, previo pago bastante sustancioso, y en vez de reírse, guasearse o disfrutar de lo lindo, la mayoría agarre un cabreo de mil pares de narices. (Joder, con qué poca precisión hablan ustedes… No sé a qué viene mezclar las narices con el cabreo pero, en fin, es su lenguaje, amiguitos…). En RX16, cuando pagamos por algo, lo hacemos para ser más felices, para gozar, para quedarnos después como nuevos. Yo comprendo que ustedes, con ese ridículo cerebrín que poseen (y del que no tienen ninguna culpa), no puedan hacer como nosotros (que somos un 90 % de cerebro y un 10 % de cuerpecito serrano), pero aún con tan insuficiente masa gris se pueden hacer ciertas virguerías y sensateces.

Mi consejo es que disfruten del espectáculo deportivo (ese que realizan profesionales preparados al efecto) mientras dure pues no les quepa duda que al igual que en el resto de la Galaxia  acabó desapareciendo por aburrimiento de los espectadores y de los profesionales, aquí también acabará tarde o temprano. Claro que para eso hará falta que su encéfalo y partes colindantes se tecnifiquen neuronalmente en proporciones insospechadas. Para que eso ocurra deberán pasar miles de siglos todavía así que sólo queda pedirles que al menos no cometan la insensatez de dejar su cerebrito en stanby, que es lo que suelen hacer a menudo, ayudados por sus dirigentes, sus medios de comunicación y sus costumbres tan poco edificantes, cuando no bárbaras (como practicar sexo de manera tan rudimentaria). Los extraterrestres que les estudiamos desde hace tiempo no podemos ayudarles por muchos poderes extrasensoriales que tengamos. Si no son capaces ustedes, por sí mismos, de evolucionar cerebralmente en la dirección correcta, acabarán pagándolo como lo han hecho otras especies primitivas: yéndose al carajo ustedes y el planeta. Para mi próxima colaboración espero tener arreglado el programa informático que se encarga de las cuestiones diplomáticas pues tengo la sensación que hoy he hecho pocos amigos. Bueno, no es esa la misión principal que me ha traído a estos andurriales terráqueos…

NOTA DEL EDITOR: Pido mil disculpas a mis exquisitos lectores por el lenguaje tan políticamente incorrecto que Jacinto RX ha empleado en su colaboración, especialmente en el primer párrafo. En sólo dos meses de estancia en la Tierra ya ha aprendido a hablar como un auténtico animal. Le he explicado que, por este planeta, todo se pega menos la hermosura y me ha dicho: amén. Había pensado en cambiar algunas palabras o directamente censurarlas, pero me lo he pensado mejor no vaya a ser que provoquemos un conflicto interplanetario de incalculables consecuencias. Le pedí consejo a Leire Pajín, muy versada en acontecimientos planetarios, y al final he decidido dejar la cosa como la han leído. 

22 de octubre de 2009

MALAS NOTICIAS PARA LOS OPTIMISTAS



Ya se lo venía barruntando Nostradamus Puñetas pero no era cosa de sembrar antes de tiempo las alarmas. En un mundo donde está empezando a primar la seguridad por encima de la libertad es normal que al final el personal vaya armado hasta los dientes o protegido hasta las cachas. Los alemanes, que para estas cosas son unos linces, ya se han puesto manos a la obra: “Los futbolistas internacionales alemanes sólo deberán abandonar en su tiempo libre el hotel de concentración en el Mundial de Sudáfrica 2010 equipados de chalecos antibalas y acompañados de guardaespaldas armados”.(Leído en "El Mundo").

La cosa todavía es una recomendación de la empresa de seguridad encargada de estos menesteres, lo que quiere decir que la realidad final puede ser peor. ¿Qué tal si los jugadores van desde el hotel al campo dentro de unos modernos tanques antiminas? ¿Y si los vestuarios, antes de entrar, son registrados por un equipo de la policía secreta teutona, desde las taquillas a las tomas de agua? ¿Y si veinte helicópteros vigilan desde el cielo a los miles de espectadores? ¿Y si los cuerpos de operaciones especiales se mezclan en las gradas para evitar males mayores, instintos asesinos y zumbidos de abejas como los que hubo hace poco en la Copa FIFA Confederaciones? Pero, como toda seguridad es poca, quizás lo más aconsejable sería que los jugadores jugasen protegidos por esos mismos chalecos antibalas usados al ir de compras fuera del hotel. Y todas estas medidas extraordinarias de seguridad, ¿por qué? –se preguntará el inquieto y, ya aterrado, lector. Pues porque los deportistas modernos de alto standing se han convertido en representantes de sus países de origen o adopción, tal como si fuesen altas autoridades. En consecuencia, mecachis en la mar, empieza a ser obligatorio el concederles las mismas o superiores medidas de seguridad que a los mandatarios cuando estos salen de picos pardos a otros lugarejos del planeta. Y es que hay mucho criminal y terrorista suelto por ahí dispuesto a subir a los altares de la gloria a costa de montar un sangriento cirio con los nuevos embajadores de las patrias ajenas: los tíos que hacen deporte de alta competición, empezando por los futbolistas, los preferidos de la afición.

Convertir a nuestros amados idolillos de la pelota y otras hierbas en altos representantes de su país (cuando lo único que hacen es dar patadas, correr o saltar, y representarse a sí mismos) tiene esos inconvenientes: que la gente a la que le gusta joder la marrana de manera violenta acabe por encontrar sentido al sinsentido de querer cargarse a alguno buscando cualquier pretexto político, económico, ideológico o novelesco. Nostradamus Puñetas, en su bola de cristal, ve el futuro en esta dirección y ya hay indicios –como en el caso alemán- de que algunos empiezan a tentarse la ropa, por si acaso. Mañana será en Sudáfrica y pasado en Río o en Jabalcuerno del Porrosillo. Y es que hasta los cacharros más inanes (como el móvil o el Euribor) los hemos convertido en instrumentos de acciones violentas y delictivas, así que toda precaución será poca. ¡Hasta los cepillos de dientes pueden ser armas de delito! Por de pronto, y más previsores que nadie, en el Arco hemos puesto un detector invisible de mala leche que provocará una alarma en nuestro ordenador central cuando la escala de la web supere el nivel  3 de alerta amarilla y el 5 de alerta roja. Hay que cuidarse, camaradas….

-Pi pi, pi, ¡peligro!, pi, pi, pi, pi, ¡peligro!….
-Jodé, el detector no respeta ni a su dueño… ¡Soy inocente, maldito cacharro….!

18 de octubre de 2009

DE SORPRESA EN SORPRESA


Rafael García trabajaba de obrerete en una obra (levantamiento de pisos) en un pueblo del extrarradio de Madrid. Empezaba su jornada habitual saliendo de casa a las cinco de la mañana. Como todo lo que tenía de fortachón lo acumulaba en sus músculos pero no en su cerebro, llevaba ya varios años haciendo siempre el mismo recorrido pero aún no había pillado con exactitud el horario del autobús. Así que todos los días se veía obligado a correr detrás del mismo hasta la siguiente parada pues siempre se le escapaba. Menos mal que el tráfico, aún a esa hora tan temprana, era completamente infernal, así que siempre le daba tiempo de –a paso ligero- alcanzarlo. La escena se repetía con el siguiente autobús y con el tercero. Rafaelito, ni qué decir tiene, con tal entrenamiento diario, estaba preparado para correr los diez mil metros y hasta el maratón si fuera preciso.

Cuando llegaba a la obra se ponía el casco y se subía al andamio a cargar y descargar ladrillos y lo que hiciera falta. Sus bíceps y tríceps daba gloria verlos, acostumbrados al máximo esfuerzo para levantar y soltar con cuidado el material de construcción que todos los días tenía que mover de un lado a otro. García hacía el trabajo de una grúa, pero mucho más económico. Quizás esa era una de las claves de su éxito como trabajador imprescindible. Viéndole sube que te sube y baja que te baja,  nadie dudaría en considerarle vencedor en una prueba olímpica de halterofilia o lanzamiento de peso.

Tras la hora de comer, en que se zampaba todo lo inimaginable, todavía echaba tres horitas más acarreando material hasta que llegaban las cinco, cogía el petate y se largaba de la obra, camino de casa. Y vuelta a repetir la carrera de relevos con el bus. Subía las escaleras de cuatro en cuatro (buen saltador de altura sería a poco que se entrenase un poco) y tras besar a su joven damisela, volvía a la calle camino del gimnasio. ¡Rafaelito era de los que no podía pasar un minuto sin estar moviendo un músculo! Allí se machacaba dos horas haciendo pesas, corriendo en la cinta transportadora, montando en bicicleta y hasta nadando. Cuando se echaba a la piscina, los que estaban en su calle, salían de la misma a velocidad supersónica. No era cosa de ponerse en medio de aquel monstruo que movía los brazos y piernas con la fuerza de un camión de varias toneladas. El personal lo miraba incrédulo y extasiado, pensando qué pedazo medalla de oro en los 1500 libres se estaba perdiendo el país por no tener federado a aquel tipo tan enorme. Cuando consideraba cumplida su labor natatoria, salía como el que se levanta de una buena siesta, más fresco que una lechuga. Luego se metía en la sauna y sudaba el tío durante un cuarto de hora. El calor, en vez de agotarlo, le aportaba nueva energía.

Por fin, harto de quemar calorías, regresaba a casa andando (es un decir porque cada zancada suya equivalía a cuatro de un ser normal, pues no lo he dicho pero ahora lo digo: Rafaelito calzaba un 48, medía dos metros exactos y pesaba 110 kilos en bruto. Ni un gramo de grasa, ni un michelín ni un firestone. ¡Qué pedazo de tío!). Tras subir nuevamente las escaleras a paso de trote entraba en su nidito de amor donde su damisela ya le tenía preparada una cena que no se la saltaba ni un elefante. Luego se ponía guapo y junto a su chica bajaba al pub de quien esto les cuenta, donde se tomaba siempre lo mismo: un refresco de naranja y unos cuantos cacahuetes. De verbo imposible, yo intentaba sonsacarle algo más que monosílabos. Nunca lo conseguí. Menos mal que para eso estaba su damisela, para completar el argumento.

-¿Y todos los días haces lo mismo, Rafael?
-Sí.
-¿Incluidos los fines de semana en que no trabajas?
-Sí.
-Bueno –terciaba Daniela, su chica-, como no va a la obra aprovecha para hacer unas cuantas chapuzas en la economía sumergida esa y aumenta el doble las horas de gimnasio.
-Pero alguna salida, viaje, película…., algo haréis…
-No.
-Es muy casero. Se acomoda en el sofá y se zampa todo el deporte del fin de semana. Yo me voy a dar una vuelta con unas amigas del piso de abajo.
-¿Y, Rafa,  no se te ha ocurrido probar en algún deporte donde seguro que podrías ganarte bien la vida?
-Quizás…
-No te entiendo…
-Sí –volvió a intervenir Daniela-. Hace unos meses descubrió el ajedrez. Fíjate tú que nadie imaginaría que se le diese bien, él que es un desastre para todo lo del intelecto, pero un compañero de la obra le metió el gusanillo en el cuerpo y, como por arte de magia, todas las noches se tira un par de horas jugando contra el ordenador…

Yo nunca había creído antes en los milagros, pero desde aquel día supe que Rafaelito nos iba a proporcionar uno si se tomaba aquel juego con la misma dedicación y esfuerzo que todo lo demás. Quizás nos había estado engañando con su cerebrín tan poco dado a la cosa oral y dicharachera o quizás es que un analfabeto integral puede, en cosa de damas y reyes, llegar a ser un genio. El caso es que en menos de un año nuestro mudito del refresco de naranja y los cacahuetes ya se había proclamado campeón regional. En uno de esos torneos conoció a un alto jerifalte de la política deportiva, también apasionado del ajedrez. Y, como la vida es una sorpresa detrás de otra, se lió con él dejando plantada a Daniela. Pronto ascendió como la espuma, olvidado el andamio: de guardaespaldas del político pasó poco después a asesor en temas varios. No me pregunten cuales. Cuentan las lenguas viperinas que sigue igual de cachas pero que se ha vuelto muy hablador. Sigue jugando al ajedrez pero ahora su nueva pasión es la Bolsa. ¡Joder con Rafaelito! ¡Y parecía tonto!

-¿Cómo te va la vida, Daniela?
-Estupendamente, Pepe. En buena hora se le ocurrió a aquel armario llamado Rafael García dejarme plantada por aquel politicucho. Me tenía sorbido el cerebro siendo incapaz de ver que aquel tipo sólo era un saco de músculos. Bendita la hora en que milagrosamente descubrió el ajedrez y luego a su amante.
-¿Y nunca sospechaste que le iba la marcha con los de su mismo sexo?
-Ay, Pepe, que todo te lo voy a tener que decir, pero como ya hay confianza… Aquí donde me ves tan mona, soy transexual. Soy una mujer en un cuerpo de hombre aunque ya me queda poco para dejar de serlo. ¡El mes que viene me opero de abajo! Entonces por fin podré ser libre…

Pese a la enorme experiencia mundana que me proporciona mi pub, viendo y charlando con miles de clientes, nunca pude imaginar que aquella pizpireta chica fuese un chico venido a menos. Me alegré por ella y le prometí un cubata gratis semanal durante todo un año para celebrar su cambio total de personalidad. En cuanto a Rafa, nunca he vuelto a verlo. Su amante ha sido nombrado representante en la FIFA y se ha ido con él a viajar por esos mundos del extranjero ese. Desde este episodio sólo me fío de la realidad física cuando la tengo delante en pelota picada. Cosa que, por mi oficio, me ocurre más de lo ustedes se figuran…  

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).