El fin de semana fallecía en Madrid a los 92 años Vicente Marco. Para muchos de los que ya calzamos nuestros añitos, don Vicente ha sido una referencia de nuestra infancia y adolescencia. No sé quien dijo hace poco que nuestra patria es nuestra infancia, con sus recuerdos, temores y alegrías. Especialmente en los 60 y 70, el Puñetas escuchaba religiosamente cada domingo, no la misa de la iglesia franquista si no el "Carrusel Deportivo", un programa de la Cadena Ser dirigido y presentado por don Vicente.
"Tengo 53 años y recuerdo toda mi infancia los domingos por la tarde pegado a una pequeña radio escuchando esa maravillosa voz de Vicente Marco diciendo, adelante Juan de Toro, Bilbao Antonio de Rojo, Sevilla Juan Tribuna, Valencia Miguel Domínguez, Castellón Chenco, Zaragoza Paco Ortiz, Madrid Pepe Bermejo, etc. Que tiempos! Descansa en paz, Maestro". "Gracias por tantas tardes de Domingo. El sonido de aquel Carrusel (qué diferencia con el bodrio de hoy en día) es parte de mi vida. Descansa en paz".
Estos dos comentarios encontrados al pie de la noticia en diversas páginas web ilustran perfectamente lo que quiero decir. No necesito más. El paisaje que vivimos cuando éramos unos chicuelos hace tiempo que lo destruyeron: el río de agua cristalina, la escuela donde aprendimos a leer y escribir, la era en que nos desfogábamos pegando patadas a un balón de trapo... También van desapareciendo del paisaje aquellas voces que arrullaban nuestro despertar a la madurez y a la oscura y difícil vida de adulto. Oír a Marco todos los domingos cantando las excelencias del gol es una música que muchos guardamos entre los recuerdos más queridos. Hoy nada suena igual, ni siquiera el Carrusel, quizás porque abandonada la infancia, nos hemos vuelto apátridas.