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13 de marzo de 2011

TUTTI FRUTI DE DOPAJE (1 DE 2)

El ciclista italiano Riccardo Riccò ha anunciado que abandona el ciclismo profesional tras estar implicado en varios casos de dopaje. "El ciclismo me da ganas de vomitar. No vuelvo más", ha dicho el corredor de 27 años en una entrevista que publicó ayer un diario italiano. El camarada es aquel que hará cosa de un mes tuvo que ser ingresado en un hospital en estado crítico.  Según algunas habladurías porque se había metido en el cuerpo no un buen bocadillo de jamón ibérico sino una autotransfusión de sangre mal conservada. El amigo ha tenido más de una vez problemas de dopaje así que parece que lo suyo ya pasa de castaño oscuro. Ahora se larga despotricando contra el ciclismo pero en vez de tirar de la manta se va con el rabo entre las piernas. Esta actitud me ha traído a la memoria un caso contrario que, en su tiempo, fue muy comentado: el de Jesús Manzano, el ciclista español que allá por 2004 desgranó en el diario AS toda la serie de porquerías que algunos corredores –él, entre ellos- solían meterse en el cuerpo. Ser tan valiente le costó caro pero hoy lo traigo como ejemplo ejemplarizante frente al italiano que ahora se va tan cobardemente. Arrivederci, cantamañanas…


Buscando en mi hemeroteca bloguera, he encontrado el siguiente articulillo que dediqué a la cosa del doping en una bitácora anterior a esta del Arco.

26 marzo 2004
El deporte profesional está dejando de ser un espectáculo saleroso para asemejarse cada vez más a una burda burrez. O sea, que cada vez parece la vida misma. De ahí mi renovado interés por sus tejemanejes, que ya creía superados tras el entierro de mi adolescencia hace bastantes años. Quien dijo que el tinglado vital en el que andamos metidos es un eterno retorno se equivocó en lo de “eterno” pero dio en el clavo con lo del “retorno”. Los adultos humanoides andamos cada vez más infantiles y cavernícolas, retrocedemos alegremente a etapas históricas finiquitadas prematuramente y con un poco de suerte volveremos a fabricar el bing-bang, pero esta vez con la marca registrada del homo atomicus-burrensis.

Más dejémonos de coñas filosóficas y vayamos a lo que iba. En esto del deporte ahora estoy enganchado –y la palabra viene al dedillo- con el serial que el ciclista Jesús Manzano está desgranando en el diario AS, donde explica el arsenal de porquería que se ha tomado y le han dado para que no se cayese de la bicicleta y lograse esos éxitos que nunca llegaron. No sé si me podré volver a peinar pues su acojonante declaración me ha puesto los pelos de punta.

“Yo sólo conozco la Oxiglobin, que tiene hemoglobina para los animales. Se usa para perros que tienen anemia y cosas así. Esto lo he tomado dos veces, ambas en la temporada 2003. Una vez fue en el Campeonato de España de contrarreloj y la otra en el pasado Tour, aquel día que terminé perdiendo el conocimiento y retirándome. (…) Luego he utilizado el producto Actovegin, que es plasma de ternera joven. En el argot ciclista se llama gas bus. Es un producto que oxigena más la sangre y es indetectable. Su efecto es de un día. Se pone para una etapa que sea complicada. Se inyecta en la vena. (…) La nandrolona se usa en invierno para el gimnasio. Se usa para la musculatura. Antes de diciembre se deja de tomar.” (AS, 26/03).

El ciclista desgrana en una larga entrevista todo un recetario de drogas y medicamentos que circulan por el pelotón ciclista, de los cuales afirma haber tomado algunos. Jesús Manzano más que un ciclista parece un médico… o un veterinario, de los conocimientos que demuestra acerca de los múltiples potingues que existen en el mercado legal e ilegal para hacer más resistente el cuerpo. Y eso, está claro, se lo han enseñado. Y se lo han dado. Algunos ciclistas es posible que vayan por libre, pero los conocimientos básicos de tanta farmacopea alguien se los ha tenido que enseñar y mostrar primero.

En fin, que Jesús Manzano está armando la marimorena porque aquí hay mucho pringao por medio y ya le han empezado a llegar las amenazas de muerte. El jefe médico del equipo Kelme, al que pertenecía el ciclista, se ha sentido aludido y afirma categórico que “si Manzano hizo esas cosas, será a escondidas del equipo”. Esto de que un ciclista hable de la hormona del crecimiento, la cortisona, los parches de testosterona o de la pomada de cortisona con más familiaridad que la que hablaría nuestro médico del seguro sólo significa dos cosas: que muchos ciclistas se entretienen en las aburridas etapas alpinas leyendo gordos manuales médicos o que quienes vigilan por su salud y rendimiento son impresentables matasanos. Matasanos.

No nos caeremos del guindo. Se dopa todo quisque, desde el ciclista al jugador de parchís pasando por el policía, el cura y el político. Nos dopamos con el café de las cinco, el cubata con ginebra de las nueve y las Crónicas Marcianas de las doce. Pero por no desviarnos del tema, lo que ya no tiene nombre es lo que denuncia Jesús Manzano. “El caso se tratará por vía judicial”, afirma el Secretario de Estado para el deporte. Los ciclistas que están corriendo en la Semana Catalana se han negado a firmar un documento contra Manzano presentado por los burócratas de la Asociación de Ciclistas Profesionales “porque lo que está contando Manzano es la verdad”, según refiere AS. El diario L’Equipe, el que mangonea en el Tour, se ocupa también del asunto. Al diario AS llegan cartas atacando al ciclista delator (“los que denuncian, se autoinculpan”, escribe un cretino) o dándole ánimos (“todavía hay gente que se atreve a llamar a las cosas por su nombre”).

Siempre sospeché que es imposible aguantar miles de kilómetros en veinte días de Tour, Giro o Vuelta a España, subiendo a dos mil metros y bajando a 80 kilómetros por hora, con lluvia de cara, viento de levante y sol de 35 grados, sin la ayuda llevadera de multitud de potingues que prometen hipotéticos éxitos hoy y aventuran seguros fracasos mañana (Jiménez y Pantani, sin ir más lejos). Seguro que muchos ciclistas utilizan lo indispensable (como la mayoría de los mortales), pero la gente del montón, los que le llevan el agua al líder, los que le esperan si se cae, la morrallita, señor, o pasa por el aro o se va al paro, donde hace mucho frío. No lo digo yo. Lo dice con dos cojines el arrepentido Manzano. “Si desobedezco y luego no ando, voy a la puta calle”.

Dos meses más tarde volví a la carga sobre el particular, esta vez para criticar duramente una gran redada que hizo la policía italiana durante el Giro. Aquel artículo no tenía desperdicio y sigue manteniendo plena actualidad.

31 mayo 2004
Todo el mundo sabe que el ciclismo es el único deporte de alta competición en el que la gente se mete en el cuerpo todo tipo de porquerías con el loable propósito de llegar a la meta antes que los demás y forrarse de euros. Algunas veces le acompaña el atletismo, pero el dopaje es típico del ciclismo.

Eso pretenden hacernos creer los que se creen muy listos tomándonos por imbéciles. Y a eso se dedican también ahora los que velan porque en el mundo haya menos delincuentes y chorizos. De modo que las redadas policiales empiezan a dirigirse contra quienes son ya más peligrosos que la mafia, que los etarras, que las telecos, que algunos consejos de administración de la banca, que algunos gobiernos.

“Italia declara la guerra al dopaje. Unos 700 policías participan en una operación contra el consumo y tráfico de sustancias prohibidas”. (El Mundo 27/05)

Cumpliendo con las valientes instrucciones del valerosísimo Fiscal de Roma, cerca de 700 agentes llevaban a cabo más de 140 registros en viviendas, oficinas y habitaciones de hoteles en busca de sustancias prohibidas. Entre los sospechosos había deportistas variados, aunque en su mayoría eran del mundo del ciclismo. No podía ser de otro modo. Los agentes no se fueron a visitar al Berlusconi, que seguramente se estaba chutando algún afrodisíaco de esos que le hacen decir y hacer los más vergonzantes dichos y hechos de gobierno. Tampoco fueron a visitar a los grandes ases del balompié, que a esas horas dormían a pierna suelta. Ni a famosos cantantes, actores o escritores que sólo funcionan si se han tomado diez pastillas de esas que ponen las neuronas a trabajar. Los carabinieri se fueron, en su mayoría, a los currantes de siempre: a los ciclistas. Esos tipos que se tiran ocho horas encima de una frágil bicicleta, subiendo y bajando puertos de montaña, porque unos señoritingos que van en coche y llevan corbata les diseñan carreras muy emocionantes para que luzcan cachas.

Los policías, a instancias del Fiscal romano, muy preocupado por el aumento de sustancias dopantes en deportistas amateurs, asaltaron las habitaciones de numerosos ciclistas del Giro de Italia, que en la madrugada del miércoles al jueves dormían de un tirón para reponerse de la paliza de los 200 kilómetros del día anterior y poder resistir la nueva de otros 200 del día siguiente. Así que a las cuatro o la cinco de la mañana, los polis les levantaron, cachearon y tal y tal. Después se fueron, no dieron ni las buenas noches y no hubo nada.

Al día siguiente los ciclistas siguieron la ruta marcada y hasta la próxima redada. Ninguno se plantó. Ninguno elevó la voz por encima del pelotón. Por eso los polis volverán en próximas noches. Porque estos tipos se lo merecen. No porque se dopen unos cuantos. Sí porque su dignidad como ciclistas y como personas la vienen tirando a espuertas por esas carreteras y puertos del diablo. Acabarán con el ciclismo, su profesión, y los tipos cogerán la bicicleta calladamente en dirección a sus casas para rumiar en silencio y seguir pedaleando en… la bici estática.

Ojito, que cualquier día de estos otro fiscal ansioso de fama y sadismo, es capaz de mandar a mil polis a nuestras casas particulares para ver si también nosotros nos dopamos con la estática. Y lo hará con un cigarrillo entre los dedos, chupando un caramelo de cien colorantes cancerígenos y bebiendo un trago largo de güisqui, mientras masculla por lo bajini que eso de las sustancias dopantes en el ciclismo es una tema de más alta seguridad nacional que la mafia, la corrupción, la inseguridad vial o cualquier otra nimiedad. 
 
A finales de año le dio al Puñetas por inventarse este Arco del Triunfo que ahora entra en su recta final ya que todo lo que se empieza termina por acabarse alguna vez. Todavía faltan unos meses pero hoy deseaba reflejar cómo esto del deporte, hasta en sus aspectos más escabrosos, es una noria a la que siempre le estamos dando vueltas y vueltas gracias a nuestra falta de… memoria.

18 de noviembre de 2010

PUTEANDO, QUE ES GERUNDIO

Uno de los objetivos intrínsecos al ejercicio del poder es el de putear a los subordinados. Los gobiernos están para putear a los ciudadanos y ay de aquellos que, sin mamar de sus ubres, creen que están siendo tratados magnánimamente por sus dirigentes. ¡Qué ingenuos! Los jefes de recursos humanos disfrutan como enanos teniendo cogidos por el cogote a quienes controlan vía reglamento o simple mirada. En el mundo deportivesco los reyezuelos de cualquier federación o club pierden el culo por tener bajo sus botines a lo más granado de los currantes de a pie, que no son otros que los deportistas. Incluso aunque éstos sea de elite.

Hace poco pusimos a parir a la UCI –cambien las siglas por otras similares, que da igual- acerca del soberano marcaje que hace de los ciclistas a cuenta del control del dopaje. Dicen que son tropecientos mil los productos incluidos en la lista de prohibidos, unos por razones directas y otros indirectas al estimarse que pueden actuar de agentes enmascarantes. Un día de éstos pondrán en la lista de sustancias dopantes los cereales, las bananas y los macarrones. Cualquier pretexto será válido.

—Pero, ¿cómo se le ocurre a usted, un tío sensato, señor Puñetas, escribir estas cosas? —me dirá un lector serio y formal—. ¿No estará ya chocheando a su avanzada edad?

Pues nanay del peluquín, amiguitos y amiguitas.  Sigan leyendo. En la edición escrita del diario EL MUNDO del pasado 10 de noviembre leía con los ojos llenos de asombro: “Si Contador es castigado con dos años, la UCI podría multarle con el 70 % de su sueldo, cifra que supera los tres millones de euros. Así lo marca una norma que fue recurrida por Vinokourov”. Los ojuelos se me salían de las órbitas (casi tengo que agacharme a recogerlos) cuando en el interior de la noticia se escribía lo siguiente:

“La UCI obligó en 2009 a firmar a los corredores unas normas de comportamiento que establecen que los condenados por dos años por dopaje deberán abonar el 70 % del sueldo bruto anual. (…) Las cantidades recaudadas a los ciclistas dopados van destinadas a una Fundación Antidopaje. Estas sanciones económicas han indignado a los corredores, que se sienten maltratados por un organismo que en lugar de representarles y ayudarles se dedica a “extorsionarles”. Así lo entienden en la Asociación de Ciclistas Españoles”.

Es genial, ñoras y ñores. ¡A más positivos más engordan las arcas de la UCI! O sea, en roman paladino, que a la UCI le interesa que haya muchos ciclistas dopados. Así de claro y que no me vengan con cuentos, como nos viene la DGT cuando pone multas gordísimas a los conductores por sobrepasar la velocidad permitida en sólo un par de kilómetros. ¿Medidas de seguridad y protección al sufrido automovilista? ¡Y un rábano! ¿Preocupación por la salud de los ciclistas? ¡Y dos rábanos! Pasta, mucha pasta es lo que hay en juego. 

Como era previsible algunos ciclistas ya han pagado la extorsión. Otros, como Vinokourov, recurrió al TAS (un tribunal pastelero y poco edificante, a mi entender, puesto ahí para que las tropelías ocurridas en el mundejo deportivesco no trasciendan a la esfera de los tribunales ordinales), el cual le ha dado la razón –mira tú por dónde- al sostener que no hay base jurídica para imponer la sanción económica. Una sanción de 1,2 milloncejos de euros, que no es moco de pavo. La UCI debe estar que trina.

No vamos a alabar aquí a los deportistas tramposos pero tampoco a poner a caer de un burro a quienes padecen la rigurosidad y el puteo de unas normas que se pasan tres pueblos y que, encima, facilitan el enriquecimiento ajeno. Ya bastante parné obtienen estos sacamantecas del poder ciclista gracias al esfuerzo de los sufridores de la ruta (en condiciones normales) como para que también pretendan lucrarse en las excepcionales. Sí, ya sé que hay gentes muy sensatas en el ejercicio del poder, aunque se les nota poquísimo, pero -hablando de la UCI- yo sigo su ejemplo: es sospechosa hasta que no demuestre lo contrario. Eso mismo hace con los ciclistas y mira qué bien le luce el bolsillo. Pues eso… ¡tres rábanos!

3 de octubre de 2010

EL GRAN HERMANO TE VIGILA


¿Qué diría usted si le ordenasen estar localizado las 24 horas de todos los días del año y, cada dos por tres (seis), le obligasen a hacerse análisis de sangre y orina, a veces a horas intempestivas? No, no lo diga, lo escribiré yo: se ciscaría en la madre que parió a todos aquellos que interviniesen en esta sinvergonzonería dictadorzuela.

Esta situación -George Orwell, “1984, el Gran Hermano te vigila”- es la que vienen padeciendo muchos deportistas profesionales, y en mayor medida, los ciclistas. Pese a ello, nadie ha  puesto el asunto en los tribunales, ni se ha montado una huelga contra los alegres vividores del COI, la UCI y restantes malas madres, ni los gobiernos presuntamente democráticos han movido un dedo para evitar que estos deportistas –por muy ricachos o populares que sean- pierdan derechos tan elementales como el disfrutar del anonimato cuando les salga de sus gónadas o que les pinchen unos fulanos en contra de su voluntad.

Esos  gobiernos presuntamente democráticos no hacen nada. Sin embargo, cuando esos mismos deportistas consiguen algún éxito internacional glorioso, les agasajan, les dan palmaditas en la espalda, se hacen fotos con ellos y les  venden la burra de que representan al país y de que son sus mejores embajadores en el mundo mundial. Fuera de las fotos, y en la oscuridad de las cloacas,  permiten que federaciones nacionales e internacionales plagadas de chorizos y salchichones con dos patas traten a esos mismos “triunfadores”  como si fueran pura mercancía, objetos de usar y tirar.

¿Cómo se ha llegado a estos extremos de saqueo de la libertad individual? Pues porque hay algunos “deportistas” que hacen trampas, tomándose productos farmacológicos que pueden mejorar su rendimiento y, por tanto, alterar los resultados de las competiciones así como la pasta gansa que se mueve alrededor. Para legisladores y directivos, la salud  de los deportistas es lo de menos porque si así fuese ya se encargarían de humanizar el deporte profesional en cuanto a esfuerzo, viajes, competiciones, exigencias añadidas, etc. Bajo el pretexto de atrapar a una minoría de deportistas tramposos, siembran el miedo y eliminan derechos a todos los deportistas, esos que les dan de comer. Les cercenan derechos individuales sagrados que de eliminarse o disminuirse en la vida ordinaria de la ciudadanía  haría que los juzgados se llenasen de querellas y denuncias, que los políticos hablasen de fascismo cotidiano, de esclavitud, de recortes sociales y privados intolerables, etc.

Pero no ocurre nada de todo esto. Los deportistas, hasta los más puteados y ninguneados, ven bastante normal esa situación. Ayer, en el programa “La Noria” de Telepingo, Alberto Contador defendía y justificaba esas malas prácticas del COI. Nadie, que se sepa, se ha ido a los tribunales para denunciar una situación que cualquier juez, con la Constitución en la mano, calificaría probablemente de punible. Los gobiernos miran para otra parte aprovechando que los deportistas están más preocupados por ganar mucho dinero en poco tiempo aunque sea a costa de ceder en ámbitos personales que rozan la línea de flotación de la decencia y la dignidad propias.

A cuentas del publicado positivo del ciclista Contador, muy pocos denuncian la actitud de una Unión Ciclista Internacional  que filtra los resultados de un control antidoping sin esperar a la finalización de la investigación. Lo normal sería que, a cuenta de un hipotético dopaje, todo el tejemaneje de análisis, contraanálisis  y guerras médicas –cada cual tiene su recetilla, como en botica- fuera tratado con la más absoluta de las privacidades hasta el desenlace final. Así suele hacerse con los ciudadanos cuando se ponen en manos de los médicos o los jueces, ¿no? Se ve que la UCI –por citar a la federación internacional más huevona- pasa de privacidades ajenas, de respeto a las investigaciones y de presunciones de inocencia hasta que el  resultado sea concluyente y definitivo. Mientras tanto, el honor y la decencia del ciclista o deportista afectado viaja de boca en boca y de portada en portada. Jo, anda que no hay gente que disfruta con estas cosas… Luego, si al final el presunto positivo no fue tal, o no hubo garantías en los protocolos,  o tiene una explicación convincente, aquí paz y después gloria. Los platos rotos que los pague Rita. 

Volviendo a citar a Contador. El Puñetas no pone la mano en el fuego por nadie, pero lo que nunca hará será tomarse a inventario la presunción de inocencia de un deportista cuando la investigación médica está en curso. Y, aún llegada a su final, cuando se compruebe que se han dado todas las garantías en cuanto a los procedimientos y pruebas seguidas en el proceso, de acuerdo a las normas básicas del ordenamiento jurídico vigente, que no es sólo el estrictamente deportivo, sino también el civil,  el penal... Claro que aquí pinchamos en hueso cuando se trata del deporte porque quienes lo dirigen y mangonean ya se han preocupado, y mucho, de mantener bien diferenciada la legislación deportiva de la que rige en el resto de los ámbitos de la vida ciudadana. Si algún díscolo, sea club o deportista, amenaza con recurrir a los tribunales ordinarios, la expulsión del paraíso celestial deportivesco será fulminante. Por eso ni dios recurre: aguanta, agacha la cerviz, cumple las sanciones y… a seguir viviendo del cuento. La historia del Mallorca, privado este verano de poder participar en competición europea por culpa de una rigurosa norma económica particular de la UEFA, es un ejemplo clarísimo: o aceptas o desapareces del mapa.

Así dicen que actúa la mafia…
EL JEFEZUELO DE LA UCI APUNTA CONTRA EL GOBIERNO ESPAÑOL Y CONTRA LOS DIRECTORES DEPORTIVOS Y MANAGERS.  

"El 50% de nuestros... no sé el porcentaje exacto, pero un alto de nuestros casos de dopaje vienen de España y allí no parece existir la voluntad de abordar este problema. Esa voluntad debe provenir del Gobierno. Pero espero que tomen nota y comprendan que algo debe hacerse. El ciclismo es deporte importante en España. Este deporte merece el apoyo del Gobierno".

"Algunos no están siendo lo suficientemente responsables. Dejan toda la responsabilidad a los deportistas diciendo: 'Bien, estos deportistas viven en puntos muy diferentes del planeta y no podemos controlarlos 24 horas al día”. Eso no puedo aceptarlo. Creo que necesitan controlarles más, vigilar con quien se juntan, qué hacen en ese tiempo. Y creo que en cosas como las transfusiones de sangre o lo que suceda en los equipos, a quien hay que culpar en última instancia es al mánager".

22 de septiembre de 2010

PARA ESFUERZO, EL DEL CICLISTA.


 Acabo de leer la que ha empezado a ser una de mis bitácoras de cabecera, si es que se le puede llamar bitácora: “Crónicas de Mospintoles”. Esta semana publican un cuento extra titulado “En la Bola del Mundo” donde el protagonista, un “ciclista gregario, callado y disciplinado, capaz de darlo todo por el equipo y por el líder”, disputa la penúltima etapa de alta competición de su vida, antes de retirarse del ciclismo. Y mira tú por dónde, lo hace ascendiendo -¿o debería decirse “escalando”?- a ese nuevo invento de los organizadores para masacrar aún más a los ciclistas: la subida a la Bola citada, una pendiente de algo más de tres kilómetros con rampas medias del 12,5 % y un piso de hormigón irregular y lleno de baches, poco apropiado para las bicicletas de carrera. De hecho, en la etapa, que se disputó el día 18, sólo se permitió el acceso a las motos y a los ciclistas.

El cuento refleja el estado anímico de un hombre en el ocaso de su carrera, a sólo 24 horas de abandonar la bicicleta de competición, más quemado que el palo de un churrero, mascullando sapos y culebras mientras asciende dificultosamente por la puñetera Bola. Como se dice en el mismo cuento, y reflejó la cruda realidad de la etapa, en sólo tres kilómetros de subida la gran mayoría de los ciclistas perdieron entre 4 y 30 minutos respecto a los primeros clasificados. Un dato verdaderamente escalofriante que refleja la extrema dureza de la subida, precedida por 170 kilómetros donde hubo que subir  dos veces el Puerto de Navacerrada y alguna que otra cota montañosa. O sea que la Bolita del Copón era la guinda sádica que le faltaba a la etapa. Eso sin contar que los ciclistas ya llevaban entre las piernas 20 días de competición y unas 80 horas sobre la bici. ¡Y menos mal que la tarde fue agradable, sin viento, lluvia y frío!

No haré más sangre sobre el particular porque el cuento refleja con claridad todas estas cuestiones y porque en el Arco ya hemos escrito en otras ocasiones sobre el asunto, pero aprovechamos la ocasión para referir a algunos indocumentados que, comparado con el ciclismo, el esfuerzo de otros deportes, entre ellos el aclamadísimo fútbol o el baloncesto, no tienen ni punto de comparación. El articulillo que así lo refleja muy didácticamente lo he encontrado en el desván de mi ordenata y responde al título de “Ciclismo vs fútbol”, con los datos de “sport.es” y la fecha de “6/7/2007”. He buscado en la mencionada página deportiva para ver de encontrarlo y poner un enlace pero no lo he hallado, así que lo pongo aquí íntegro dado que ilustra muy lo que decimos en el titular de hoy y lo que estupendamente refleja el cuento de las crónicas mospintoleñas. Léalo, querido lector, y si se atreve a seguir diciendo que los señoritos del fútbol son unos esclavos del esfuerzo físico, yo me atreveré a decirle entonces que no entiende muy bien lo que lee. Seguro que no es ese su caso, pero el que avisa no es traidor, ji, ji.
Siempre se ha dicho que las comparaciones son odiosas. Pero no está de más echar un vistazo a las diferencias existentes entre el ciclismo y deportes de equipo como el baloncesto y el fútbol. Empezamos por las horas de entrenamiento. Quim Rodríguez entrena cada día pero realiza dos sesiones por semana de siete horas diarias. Casi lo mismo que la plantilla del Barça de fútbol, que entrena 5 días a la semana (después del partido tienen descanso) durante hora y media. Las dos jornadas de siete horas y los 400 kilómetros recorridos también sirven para superar en horas los entrenamientos de los jugadores del DKV Joventut, que trabajan unas dos horas al día.

Pero Quim no se queja: “Entreno por lo que hago. Si entrenara dos horas diarias no haría nada”. El ciclista catalán no quiere compararse con otros deportes. “Me gusta el ciclismo. ¿Qué tienen que pensar atletas o nadadores?”. A tenor de las palabras de ‘El Purito’, se nota que ser ciclista se lleva en la sangre.

Si sumamos las horas de competición entre el ciclismo y los otros deportes las diferencias son abismales. El FC Barcelona jugó 59 partidos oficiales durante la temporada 2006-07. Un ejemplo de derroche físico como Carles Puyol, que ha sido uno de los jugadores más utilizados por Frank Rijkaard, habría sumado 88,5 horas de competición oficial de haber disputado todos los minutos. Ferran Laviña, otro ejemplo de profesionalidad en el DKV Joventut, habría jugado un total de 44 horas en los 66 partidos que ha disputado el equipo verdinegro la pasada campaña. Vamos con el ciclismo. Un corredor que disputa el Tour de Francia y la Vuelta a España hace un total de 338 horas de competición en tan sólo cinco meses. Y traducido en kilómetros (13.730) nos permitiría ir y volver desde Barcelona a Moscú dos veces.

Para poder resistir tal desgaste físico, los ciclistas tienen que cuidarse también fuera de la carretera. La comida y el reposo juegan un papel fundamental. No en vano, un corredor consume una media de 6.000 kilocalorías durante una etapa ‘normal’ del Tour mientras que una persona ‘quema’ de media unas 2.000 kilocalorías durante 24 horas. Un jugador de basket gasta entre 300 y 500 kilocalorías por partido mientras que un futbolista puede llegar hasta las 1.200. Las interrupciones en un encuentro de basket hacen que se requiera menos gasto calórico que en otras especialidades deportivas.

La clave para el ciclista consiste en dormir diez horas diarias para recuperar fuerzas. No existe el ‘fin de semana’ o el descanso. Para Quim Rodríguez, el día de reposo consiste en correr ‘sólo’ 80 kilómetros. Para que luego digan que se puede correr el Tour tomando una pastilla. Ingenuos. El ciclismo es esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo.

16 de septiembre de 2008

SUBIENDO EL ANGLIRU

(Cualquier parecido con la realidad pudiera ser mera coincidencia imaginativa. O no...)

“…Después de chuparnos casi 200 kilómetros, ahora llega el Angliru éste de las narices. Once kilómetros de cuesta que te cagas. Parece que las carreras las hagan para jodernos vivos a los ciclistas. Echaré un trago de agua, que no veas la que me espera… Empieza el maldito infierno y ya va al 7 %. Ellos como van tan tranquilitos ahí montados en su coche… Ojalá se les parase en mitad de la cuesta y empezara a irse para abajo. Lo que me iba a reír…
… Esto es pasarse. No hay derecho a que nos hagan esta putada a la mayoría, que no somos ni Contador ni Sastre ni esos primeros espadas. Nosotros somos gente normal, yo un rodador que me juego la vida en el llano y en la meta, pero que aquí no puedo andar porque peso demasiado. ¡Que le pongan el Angliru sólo a los jefes de fila y a nosotros que nos dejen en paz! ¿Qué necesidad hay de esta salvajada de puerto?
…Voy echando los higadillos y todavía no llevo ni seis kilómetros de subida. Seguro que el Contador ya habrá llegao a la meta. Y mira estos tíos, ahí delante de la carretera, que no nos dejan ni verla. Si parece que todos estén mamados… ¡Venga, que tú puedes, cobarde! –me ha dicho uno. No me he bajao de la bicicleta para darle dos tortas porque encima me la cargo yo. Su padre y su santa madre… Lo que tienen que hacer, af, uf, es dejarnos tranquilos, despejar el terreno para que el oxígeno nos llegue mejor y callarse, que ya no sólo me duelen las piernas y el alma si no también los oídos de escuchar tantas idioteces. ¡Y dejarme el culo quieto, con tanta palmadita ni leches! (Otro traguito de agua con vitaminas antes de que reviente. Glu, glu, glu…).
…¡La madre que los parió! Ya voy por la zona de Llagos y es que no aguanto más y eso que voy a paso trotón. Luego, cuando suba arriba, si llego, encima me querrán pinchar los sádicos éstos para ver si voy limpio. ¿Limpio? Como pongan en duda mi honor y limpieza me los como vivos… Si llevo cuatro días con moquillo, uf, af, y sólo puedo curarlo con pañuelillos de papel... Lo que tendría que hacer, si tuviese agallas y otro empleo, es bajarme de la bicicleta, llamar a los pringaos esos de la tele y que me enfocasen viendo cómo la tiro por el barranco. No hay derecho a que nos hagan pasar este infierno a la gran mayoría y, encima, mañana otra montañita para acabar de rematarnos. Estos dirigentes hipócritas que nos exigen esfuerzos sobrehumanos para sacar pecho ellos. Si aquí la gente más honrada somos la mayoría de los que vamos montados sobre estas dos ruedas. ¡Serán mamones! Uf, af, of, ya no aguanto más, voy a tirar la toalla antes que eche la pota. Eh, tú, no me des la palmadita en el culo, a ver si encima me vas a tirar… ¿Sabrán algo de ciclismo estos capullos?
…Me bajo, sí, me bajo y me voy pal pueblo. No quiero saber más de ciclismo putero… Pero…, Angelillo, no seas malaje, aguanta… que ya sólo queda un kilómetro, total, ná de ná, sólo un kilómetrillo con rampas del 20 %... Yo querría, pero es el olor a embrague quemado de los coches que se me está metiendo en el cerebro… Si es que al final parecía que me iba a librar de vomitar y voy a echar todos los macarrones que me tomé esta madrugada… No hay derecho que nos hagan esta putada, no hay derecho... Y mal pagada, encima, que los jefes cobran mucho pero los gregarios vamos que nos matamos. De verdad que si llego… (¡quitaros de en medio, mamones, que ya no veo ni la carretera…!), si llego voy a decir cuatro palabritas a los que juegan de esta manera con nuestra salud… Claro que… qué voy a adelantar con eso, que me pongan una multa, que me echen, salir en los papeles, que me llamen cobarde, que no pueda regresar al pueblo… y a ver qué hago con mis dos churumbeles y la Rosa, me los como con patatas, ¿no? A ver si ahorramos algo y compro un huertecillo… , pero es que no hay derecho a que nos hagan esta putada... El Angliru deberíais de metéroslo donde os quepa, mamonazos… Uf, af, allí se ve la meta, por fin se acaba la pesadilla, ánimo hombre, que ya estás cerca, uy, no veo bien la carretera, y ya no veo a mucha gente, ¿qué me pasa?, noto algo raro aquí adentro… Oh, ¡dios mío…! “
(¡Tarí, tarí, tarí…! ¡Paso a la ambulancia! ¡A ver, apartarse, que haya aire para el ciclista…!)

-¿Qué le ha pasado?
-Irá dopado hasta las orejas y ya ves, la ha palmado…
(Una voz desde las alturas, bastante cabreada).
  
-¡¡¡ HIJO DE ... !!!

5 de diciembre de 2007

SADE, ENTRE EL CICLISMO Y LA GIMNASIA

SADE CABALGA DE NUEVO. “Estamos saliendo de una situación muy delicada en el ciclismo, y hemos tenido que hacer algo para que la gente volviera a hablar del deporte en sí", ha declarado el director de la Vuelta Ciclista a España 2008, un tal Víctor Cordero. Dicho y hecho: para evitar que los ciclistas le den al frasco carrasco más de la cuenta (vulgo dopaje), les vamos a poner cinco etapas acabadas en alta montaña, de las que una será una cronoescalada a Navacerrada (bah, una minucia…) y otra la subida al Alto de L'Angliru, en Asturias, con rampas de hasta un 23,5 %, en una etapa de 200 kilómetros. Y para que se vea que no tenemos nada contra los ciclistas y que sólo nos mueve el espectáculo y el buen rollito, se las vamos a poner en el tramo final de la carrera para que el que aún quede vivo pueda disfrutar de unas jornadas heroicas y pasar a la posteridad como un auténtico rey de la bicicleta. ¡Hay que recuperar las viejas proezas y las legendarias epopeyas, córcholis! Ah, y todo ello haciéndoles constantes controles antidoping porque –pese a nuestros desvelos- todavía hay mucho mamón suelto que se chuta lo imbebible con tal de llegar vivito y coleando al final de la Vuelta. ¡No saben con quien se están jugando el pellejo!

AHORA SE DAN CUENTA LOS MUY HIPÓCRITAS. Leo en el papel del periódico que envuelve mi bocadillo de media mañana (el Puñetas es un tipo moderno que no olvida las viejas tradiciones de antaño, es decir, sus ancestrales señas de identidad identitaria y cortijera) que la Federación Internacional de Gimnasia se “está planteando el prohibir la presencia de atletas menores de 16 años en las competiciones internacionales posteriores a los juegos olímpicos de Pekín 2008”. El ataque de cordura no se sabe si le durará mucho. Todo dependerá de si las cuentas cuadran y los beneficios se mantienen. ¡Faltaría plus! En vez de ser cuestionados como tratantes de niñas, a estos tipos se les viene permitiendo que menores de edad vivan en un acuartelamiento cuasi militar, con estrictos y leoninos horarios. No hablemos de la severidad de los entrenamientos, ya de sobra conocidos. Sí, ya sabemos que otros deportes están siguiendo la pésima senda de la gimnasia, pero ya es hora que empiece a mostrarse un social rechazo hacia tanto papaíto ansioso de dinero a costa de la salud física y mental de su retoño o retoña. Porque para una mocita que llega a la cúspide del éxito, miles de muñecas rotas han quedado en el camino. No hablemos si encima el país del “infanticidio” se pasa por el forro los derechos humanos y democráticos. Por ejemplo, la Chin-Chin-China. “Primero la gimnasia, después la vida” –titula un reportaje de EL MUNDO sobre el tema. Ahora, algunos hipócritas parece que empiezan a caerse del guindo: antes de que los abatan a gorrazos, claro.

28 de septiembre de 2007

MUNDIAL DE CICLISMO: ENTRE LO CIVIL Y LO CRIMINAL


Yo es que alucino, vecino. Ya saben mis lectores ocasionales que el ciclismo me la repampinfla. No por el dopaje, que parece que sea el único deporte en que lo hay, si no porque sus principales actores –los ciclistas- vienen año tras año mostrando una docilidad, una falta de dignidad y una cobardía ante el asunto, que hace que sus hazañas y su espectáculo deportivo me parezca secundario frente a lo primero. Pero como toda situación calamitosa es digna aún de empeorarse, el desmadre que se está viviendo con los campeonatos del mundo de ciclismo que estos días se celebran en Sturttgat (Alemania) hace que hasta santos varones como el Puñetas (que pasan del ciclismo hasta en su versión más inocentona, como es la bicicleta estática) tengan que empuñar daga, faca, lanza y hasta metralleta para hacer un articulillo en defensa de unos corredores incapaces de defenderse ellos mismos, salvo excepciones.



A galeras enviaba el Puñetas a esos cagamandurrias de políticos y periodistas alemanes que han abierto una caza de brujas contra los ciclistas, considerándolos delincuentes, sin presunciones de inocencia ni gaitas. “Este, que venga a correr, que será bien recibido. A este otro, si viene, le haremos un registro policial como si fuese un capo de la mafia. Aquel otro, que no venga, que lo metemos en la cárcel”. Algunos de estos sacamantecas (para que veamos que hasta en la fría y ordenada Alemania hay impresentables como en la France o Spain) se han retrotraido a los tiempos nazis, faltándoles sólo la noche de los cuchillos largos en algún hotel repleto de ciclistas. Mientras que a un delincuente, violador o asesino, sólo se le condena cuando hay juicio, pruebas y sentencia en firme, cualquier mindundi o robaperas, a poco que sea concejalucho o ministrillo o periodisto, se siente con el derecho de condenar, vetar y perseguir a un ciclista al que presuntamente se le ha detectado una sustancia dopante. Ya sabemos que hasta un vulgar jarabe para la tos es considerado dopaje, así que no veas la altura intelectual y médica de estos gurripatos acusicas.


A trabajos forzados, sin derecho a café, copa y puro, enviaba el Puñetas a los organizadores del Mundial y a la UCI, que siguiendo los pasos de sus cafres politiqueros y periodísticos, han abierto una caza de brujas, sin mirarse en el espejo. ¡Hasta han querido vetar al abuelo Eddy Merckx para que no acudiese al Mundial, simplemente a mirarlo como espectador privilegiado! ¿También lo acusan de doparse con la pastilla diaria de la tensión arterial? La caza de ciclistas, por lo civil o lo criminal, ha hecho que algunos no acudieran al Mundial, asqueados por el espectacular recibimiento que se les preparaba, aunque varios de ellos –como el español Valverde o el italiano Bettini- se han hecho fuertes y le han echado bemoles al asunto. Valverde ha recibido finalmente el visto bueno del Tribunal de Arbitraje Deportivo, con el cabreo consiguiente de los organizadores. Lo de Bettini ha sido más fuerte y merece un punto y aparte.


Los organizadores del Mundial han desafiado abiertamente a la UCI al presentar ante la justicia ordinaria un recurso de amparo para impedir que tanto él, vigente defensor del título, como Danilo di Luca, el ganador del Giro de Italia, intervengan en el campeonato. Querían vetarles a toda costa como supuestos violadores de unos principios éticos que ni la UCI ni los organizadores se aplican a sí mismos. Y aunque Di Luca ha dicho que no irá (parece ser que está siendo investigado en su país), Bettini se ha presentado en Sttuugart para disputar la prueba del domingo. Como era de esperar fue recibido como si fuera Jack el Destripador: un agente de la policía criminal le recibió nada mas aterrizar. Y todo por una denuncia de dopaje divulgada por los medios locales (caso Sinkewitz, un corredor alemán suspendido por positivo y que acusa al italiano de suministrarle sustancias dopantes).


En fin, yo es que estoy pensando que la próxima vez, en vez de ir al médico voy a acudir a la consulta de cualquier ciclista profesional, dado que -según algunos- saben más de medicinas que los mismísimos galenos. Los cuales, por cierto, siempre salen indemnes de todos estos presuntos casos. ¿Trabajarán gratis para los equipos? En el capítulo estrictamente deportivo la cosa del Mundial está resultando un desastre y el menda, encantado. Por supuesto, no pienso ver ni medio segundo del desolador espectáculo salvo que me entere que algunos ciclistas –heridos en su amor propio- piensan llevarse por delante con sus bicicletas a dos jueces, siete periodistas, treinta organizadores y doscientos tíos de la UCI. Ya que te tratan de criminal, que sea de verdad y con todas las consecuencias.

20 de marzo de 2007

INDURÁIN, EL CAMPEÓN HUMILDE


No soy nada fetichista. Ni siquiera me gustan las fotos personales o de los lugares a donde viajo alguna vez. Pero en casa tengo una estantería donde, mezcladas entre decenas de libros, hay dos bicicletas de carrera en miniatura y un muñequito de plástico. Entre los libros, uno de Javier García Sánchez titulado “Induráin, una pasión templada”. Una de las bicicletas es la famosa “Espada” con la que el ciclista navarro batió el record del mundo de la hora en 1994, la otra una copia de las utilizadas habitualmente en sus famosas carreras contrarreloj del Tour. El muñeco representa una pose habitual de Miguelón, saludando tímidamente con una mano y en la otra un ramo de flores, tras un sufrido triunfo.


Hace poco se cumplía una década desde que Induráin dejó el ciclismo activo y me tenía prometido un breve recuerdo sobre su figura y lo que representó. De hoy no pasa, ahora que la actualidad nos deja un hueco.



Como señalaba hace poco el citado Javier García “con Miguel se terminó toda una época del ciclismo, aquélla en la que este bello deporte aún parecía noble y con un sentido épico de la existencia”. A Induráin le debemos el asombro de haber roto barreras que parecían infranqueables, la planificación concienzuda en un país lleno de improvisadores, la capacidad de sacrificio con la mayor de las modestias, el saber ganar sin menospreciar jamás a los rivales, el tomarse las victorias con la misma humildad con que sufría las derrotas y el conseguir unos triunfos deportivos jamás soñados por el deporte español.



Pensar que un tío de 80 kilos podía superar, y hacerlo a veces el primero, cimas tan míticas como el Tourmalet era impensable antes que llegase Induráin a sus años de mayor gloria. Nadie, ni sus descubridores, pudo imaginar nunca que subiría las montañas de Francia tan bien como para ganar cinco veces consecutivas el Tour. Todos le veían inicialmente como un hombre de pista o un clasicómano cuando a los 18 años ganó el campeonato de España de aficionados con su 1,88 y casi 90 kilos de peso. Ocho años más tarde gana su primer Tour, donde siempre destacará gracias a una concienzuda preparación anual orientada hacia la prueba francesa y sin la cual nunca hubiera logrado sus triunfos pues el hándicap del peso y la estatura era considerable. Sus triunfos los cimentaba en unas contrarreloj fabulosas por las que le llegaron a llamar “el extraterrestre”, una defensa férrea en la montaña donde siempre acababa cazando (y a veces ganando) a los grandes especialistas, una técnica depurada sobre la bicicleta tanto en el llano como en la montaña y en los peligrosos descensos, un ahorro de esfuerzo innecesario, una mente privilegiada para aplicar tácticamente lo que más le convenía y un saber prever el peligro en cada curva. El sol le daba alas y la lluvia y el mal tiempo se las cortaba, así que lo suyo también dependía de los dioses y de su propio autocontrol y leal saber.


Los cantamañanas empezaron a valorar poco las sucesivas victorias del “extraterrestre”, como si tener un equipo acompañante muy inferior a otros equipos y el inconveniente del peso y la estatura no fueran suficientes elementos en contra como para pensar que Miguelón pasaba las de Caín cuando la carretera se empinaba. Pero todo esto queda en un segundo plano si el campeón es un ser odiado por los rivales y poco respetado por los suyos. En el caso de Induráin la unanimidad es plena: nunca quiso acaparar todos los triunfos (tipo Merckx, Hinault o Amstrond), siempre respetó a sus oponentes (y estos le respetaron) y jamás mereció un reproche por falta de deportividad, falso orgullo o exceso de protagonismo. Fue, y sigue siendo aunque ahora no corra, un deportista de los pies a la cabeza que actuó con esa deportividad y fair play que hoy echamos en falta a tantísimos deportistas fatuos y creídos. Siempre me viene a la mente su proceder en el Mundial de Colombia 95 cuando -controladísimo por sus rivales- mandó escaparse a Olano, mientras él se quedaba al frente del pequeño grupo templando y frenando la persecución, pese a que era consciente que se le escapaba la medalla de oro. Una actitud de generosidad y de disciplina que él siempre mantuvo hasta cuando, estando plenamente capacitado para ganar el Tour, su jefe de filas era Pedro Delgado.



Luego llegaría el último Tour del 96, en cuya preparación demostró que estaba con una fuerza plena para ganarlo y ser el primer ciclista que conseguía seis victorias de la famosa prueba gala. Los primeros días de lluvia bloquearon los músculos del navarro y sufrió las consecuencias con una gran pájara en la primera etapa montañosa. Cualquier otro hubiera abandonado al día siguiente, pero su orgullo profesional le impidió bajarse de la bicicleta y aguantó hasta el final. Aquel Tour fue la demostración (y quizás ya, el hastío de tantos años de brutal sacrificio) de que la hora del adiós se acercaba. Un mes después acudió a los Juegos Olímpicos de Atlanta para darse el gustazo de ganar el oro en la contrarreloj, aunque su sueño –nunca lo ocultó- fue siempre el Tour, así que poco después anunció que se retiraba. Lo hizo con la misma modestia y deportividad con la que llegó. Por eso, diez años después, no sólo el Puñetas sigue teniendo en sus laicos altares (habitados por muy poquita gente y escasísimos deportistas) a don Miguel, si no que todavía muchísima gente se acuerda de sus hazañas y su humilde forma de ser: a finales del año pasado la Junta de Castilla La Mancha le concedió su Premio Nacional del Juego Limpio, destinado a estimular a los chicos y chicas para que sepan que, en la vida, como en el deporte, hay que practicar el juego limpio".


Así que le debía este comentario a Miguelón, con la misma admiración que la de Javier García en un artículo recordatorio reciente que finalizaba así de bien: “La vida toda, y ahí se incluyen las pasiones que despierta el deporte, se fundamenta, en buena medida, en los recuerdos. Pues bien, nosotros estamos orgullosos de haber conocido la época de Miguel, y ese milagro no nos lo quitará nadie. Así sea”. Amén.

14 de noviembre de 2006

NO ME LO PUEDO CREER: ¡LOS CICLISTAS SE REBELAN!


Prometí hace ya tiempo que no iba a prestar atención al ciclismo (“A la porra el ciclismo” titulaba el 2/09/2005) hasta tanto el pelotón de los profesionales de la cosa no recobrase una dignidad y una autoestima absolutamente desaparecidas en combate. “A ver cuando les entra un poco de orgullo, se plantan y les meten los cuernos de sus bicicletas por salva sea la parte a tanto abusón, a tanto drácula y a tantísimo malandrín como pulula por las organizaciones y federaciones ciclistas”.



Cuando comenzó el serial “Operación Puerto” por el que las fuerzas vivas vendieron la moto de que medio pelotón internacional se dopaba hasta las orejas, los ciclistas respondieron como ha sido lo habitual: en plan conejo y a casita con el rabito entre las piernas. Se fueron a pique equipos como el Liberty y Comunidad Valenciana y las presiones de los órganos federativos, mediáticos y policiales empezaron a provocar un efecto devastador: todo ciclista es sospechoso hasta que no se demuestre lo contrario. Justo lo opuesto al Código Civil y Penal y a las normas básicas de un Estado de Derecho que, en el caso español, más parece de Desecho visto lo que se ve y enjuicia habitualmente. Pero como los chicos de la bicicleta seguían tragando, pues ancha es Castilla y el río Ebro.


Queda la duda de si habrá continuidad y si no es un esporádico espejismo, pero hace poco me desayunaba con este titular del diario El Mundo: “El pelotón se rebela”. ¡Ostras, Pedrín! –me dije, atragantándome con el bocata de jamón y a punto de espicharla por ahogamiento. Miré, remiré el titular y empecé a leer las dos páginas que lo desarrollaban como supongo lo hace un maniaco sexual en busca de su presa. La baba me chorreaba por las comisuras de los labios y los ojos me hacían chiribitas. ¿Será posible –me preguntaba- que estos tíos sean capaces ahora de juntarse unos cuantos y empezar a repartir hostias por un tubo? Pues, bueno, no será para tanto probablemente, pero aquella lectura acabó sentándome divinamente (y el jamón no digamos), hasta el punto que me conjuré para escribir este articulillo con la malévola intención de recordar a los sufridos ciclistas profesionales (tan sufridos que rozan y superan el masoquismo) que si ellos mismos no se quieren y defienden, no esperarán del prójimo que se parta los cuernos por sus puteados caretos.



Según leía en el periódico “un grupo de 57 ciclistas se ha lanzado a tumba abierta por las sinuosas sendas de los despachos de los juzgados” habiendo presentado demandas varias contra diversos equipos y la Asociación de Equipos de Ciclismo Profesional, firmantes de un “código ético” que excluye de la competición a los ciclistas inmersos en procesos judiciales y castiga un positivo con dos años, más otros dos para no fichar por un equipo de élite. O sea, ciclista al paro y si se suicida, mejor. Pura ética mafiosa. Porque, repitámoslo por si no se han enterado estos sátrapas de medio pelo, hasta que no hay sentencia en firme no debe haber condena, pero ellos se saltan a la torera lo legal (como lo hacen Federaciones como la FIFA o la UEFA, sin ir más lejos). No son jueces, pero actúan como si lo fueran. Y los corredores, uy qué miedo, amén, OK, yes, sí señor, lo que usted mande, mi comandante… De Juana Chaos o Ben Laden tienen más presunción de inocencia y derechos personales que Oscar Sevilla, Ullrich y compañía. Hasta que se les han inflado las gónadas testiculares y -parece ser- que de perdidos, al río, que ya está bien y que se acabó la libertad condicional que unos mamones que no saben ni montar en triciclo les vienen imponiendo desde hace años por toda la cara. Lean, como yo leí en el diario, algunas normas a las que deben estar sometidos los ciclistas participantes de ese engendro llamado UCI Pro Tour: “Los profesionales deben presentar cada tres meses un plan detallado de sus actividades personales y profesionales”. “Están obligados a facilitar el número de su móvil y el de otra persona que pueda informar de su paradero para pasar un control de dopaje en cualquier momento”. “El ciclista tendrá que comunicar el domicilio propio y documentar otras direcciones temporales de familiares y casas de amigos”. “Deben informar de sus viajes personales y profesionales así como ceder sus datos confidenciales a diversas entidades igual de mafiosas que la UCI” (Esto último lo ha escrito el Puñetas, claro).


El Mundo concluía muy juiciosamente: “Los ciclistas están obligados por contrato a comunicar su paradero las 24 horas del día y con tres meses de antelación. Deben estar permanentemente localizados para someterse a controles por sorpresa en entrenamientos o fuera de temporada. Algunos han recibido la visita de los “vampiros” cuando se encontraban cenando en su casa junto a un grupo de amigos”.


Si con estas rastreras e ilegales exigencias, (más el trato criminal que se da a los ciclistas cuando hay atisbos de dopaje, que después quedan en nada o en tremendos escándalos por falta de control y de vergüenza), los del pelotón siguen con los brazos cruzados y este inicio de rebelión les dura sólo dos días y veinte segundos, lo mejor que podríamos hacer la gente decente es dar la espalda completamente a semejante pandilla de cobardes. Antes el arado o el andamio, muchísimos más dignos, que la bicicleta. Y a los de la UCI y todos los mamarrachos que chupan de los ciclistas, que les vayan dando por donde daban a la Bernarda en sus noches de gloria y francachelas.

26 de mayo de 2006

¿CICLISTA? ¡NI HABLAR DEL PELUQUÍN!



Voy a ser claro como la Cocacola. Si un hijo mío me dice que quiere hacerse ciclista profesional, lo desheredo. Incluso prefiero antes que aspire a la presidencia del Gobierno o que se meta a director de cine. Pero ciclista, ¡vade retro, Satanás!



No es por la que está cayendo en el ciclismo hispano. Es por lo que ha llovido y lo que lloverá. Creo haber sido suficientemente explícito en algunos comentarios de hace tiempo, pero hoy –ya digo- voy a ser más claro que la Cocacola o un vino de Rioja. El ciclista es el deportista más puteado y ninguneado de todos los existentes. Y quienes así lo tratan debieran estar picando piedras en vez de dirigir importantes eventos deportivos, esconderse tras el disfraz de médico o, incluso, arroparse con la vitola de entrenador experimentado. Está a punto de acabar el Giro de Italia 2006. Como leía en EL MUNDO a primeros de mayo: “Una ronda brutal y exagerada: 21 etapas de las que 7 son llanas, 5 de mediamontaña, 4 llegadas en alto, 2 contrarreloj individual y dos días de descanso”. Días en los que desplazan a los ciclistas a tropecientos kilómetros de distancia. Las subidas más exigentes están concentradas en la última semana (para rematar a los que queden vivos). En la jornada 17, además de subir a cerca de 3.000 metros durante más de 17 kilómetros, los últimos 5 no había ni asfalto, con rampas del 25 % y tramos del 16 %. ¿A qué demoniaca organización se le ocurre llevar a los ciclistas a una estación de esquí? A los mamonazos del Giro. Después vendrán los del Tour, la Vuelta a España y todo lo que haga falta, porque para ellos los ciclistas son unos peleles, unos pobres desgraciaos que harán los que les manden y que si no tienen más remedio que darle al trinqui doppinguero para poder pasar todos estos malos tragos, la mayoría lo hará, eso sí, muy medicalizados y controlados no vaya a ser que les dé por espicharla subiendo una rampa y la gente se escandalice. Todo sea por el jornal, la gloria y el sí, señorito.


¿Cómo va a extrañar que sea precisamente en el mundo del ciclismo donde se den los mayores casos de dopaje? ¡Pues naturalmente! O te dopas para aguantar las tres semanas de carrera, en que no puedes pillar ni un vulgar resfriado porque no te dejan curarlo, o la cagas. No hace falta ser un lince para darse cuenta que sin sobredosis artificiales (más allá de los macarrones, el arroz, las barritas de cereales y el Acuarius) no habría dedos de una mano con que contar a los ciclistas que acabarían el Giro o el Tour. ¡Y encima tienen la desfachatez de ponerles un tiempo límite de llegada a la meta! Sin doparse (aunque sea de manera legal), veríamos en cada etapa pirenaica o alpina bajarse de la bicicleta cada día a una veintena de “esforzados de la ruta”. Así que o se plantean carreras menos exigentes para esta pobre gente o seguirán dopándose como único medio de seguir cobrando a fin de mes. Salvo que les entre un ataque de dignidad y decidan buscarse un trabajo menos masoquista. De modo que el escándalo actual (estamos sólo en el principio) que afecta al dopaje en el ciclismo español estaba cantado desde hace mucho tiempo. Todavía recuerdo cómo en un ya lejano Tour los guardias franceses entraron a saco en el autobús y hotel del equipo de la ONCE, dirigido entonces por Manolo Saiz, al que parece ser que ahora han pillado con las manos en la masa (en la sangre, quiero decir). ¿Y quién era entonces el médico del equipo? Un tal Fuentes, ahora imputado. Aquellas sospechas (que a más de uno les parecieron intolerables, por aquello del patriotismo mal entendido) se hacen ahora realidad. A veces no hay pruebas, pero tarde o temprano aparecen pues los tramposos nunca se sacian.



Los pobres ciclistas profesionales llevan siendo carne de cañón desde hace muchos años y en vez de intentar humanizar su profesión y las carreras, a los dráculas que viven de ellos y a los políticuchos que holgan a costa de todos, sólo se les ocurre aumentar la dureza y exigencia de las pruebas ciclistas e imponer controles de dopaje para cazar a los más osados, no vaya a ser que en vez de morirse cuando ya estén jubilados, lo hagan en plena etapa dolomítica, con el escándalo consiguiente de los que nunca se enteran de nada porque siempre les pilla mirando para otro lado.


Incluso cuando se entrenan por esas carreteras del diablo, siguen siendo carne de picadillo. Todos recordamos como hace poco más de cinco años un conductor atropellaba a los hermanos Ochoa en una carretera de Málaga. Según la jueza, una “leve distracción” del conductor hizo que invadiera parcialmente el arcén derecho de la vía por donde circulaban ambos ciclistas. Uno de ellos murió y el otro es un muerto en vida, obligado a depender de otra persona hasta para las acciones más cotidianas. La sentencia –recién salida del horno- impone al conductor una sanción de 1.800 euros y le retira el carné de conducir durante un año. A los padres de los ciclistas la aseguradora Axa tendrá que pagarles 363.768 euros en concepto de “perjuicios morales y gastos funerarios”. (Estos cachondos jueces están en todos los detallitos, menos en lo fundamental). También hay que pagar todos los gastos médicos habidos y la incapacidad permanente, por lo que la aseguradora deberá abonarlos en una cuantía de más de un millón de euros. Y para que todo el mundo que está vivo quede contento, hasta el equipo Kelme recibirá una indemnización de seis mil eurillos por el daño sufrido por sus bicicletas. Mucha pasta pero una sola realidad: atropellar mortalmente a un ciclista e incapacitar de por vida a otro sólo cuesta 1.800 euros. A los irresponsables que idean Giros brutales como el de este año, la cosa les sale gratis. La paradoja cruel del accidente de los Ochoa es que el conductor que se los llevó por delante era el director general de Deportes de la Universidad de Málaga. Un dirigente deportivo, aunque modesto. Lo hizo sin querer (y le sale casi gratis), pero hay otros que lo hacen queriendo y enciman cobran por ello. Creo que se me entiende, ¿no? Así que prefiero que un hijo mío sea tonto de capirote antes que ciclista profesional. Correrá menos riesgos y no lo putearán tanto…

17 de febrero de 2006

LA VIDA EN UN SILLÍN

Está disputándose la Vuelta Ciclista a Andalucía, una de las primeras pruebas de alto nivel que se celebran en España, al inicio de la temporada. Cuando todavía hace un frío que “pela” (excepto en mi Costa del Sol) y la lluvia amenaza por cualquier esquina (excepto ídem), los ciclistas están ya pegados a la bicicleta, dale que te pego a lo pedales y a los controles antidoping, que parece que son los únicos que meriendan porquería para rendir más y mejor. Adivina tú cuántos miles de kilómetros se meterán entre pecho y piernas, jugándose el pellejo y la dentadura para llegar a fin de mes con las alforjas medio vacías. Siempre se ha dicho que el ciclismo es el deporte más duro de todos los que se celebran. Hoy quiero recuperar varios párrafos de un artículo de prensa escrito por Camilo José Cela (nuestro último premio Nóbel) cuando empezaba a entrar triunfalmente por la senda de la literatura, o sea, cuando era un jovencito que se dedicaba a epatar al personal. (Burla burlando, fue haciéndose famoso y escribiendo –de vez en cuando- un buen libro). Razonaba don Camilo tiempos ha: “Quizás la fórmula más cruel del ciclismo –el más cruel de los deportes- sea la de la lucha contra reloj, la pelea del hombre en soledad, del hombre con su propio esfuerzo. Sobrecoge el ánimo el ver a un hombre pedaleando en solitario furiosa y desesperadamente, sin el consuelo de oír el jadear del enemigo, calentando el alma en su propio calor. El ciclista que galopa a solas siempre parece un poco ese demente al que alguien engañó diciéndole que al final de la carretera le aguarda el paraíso, un paraíso que abrirá sus puertas al que tarde menos tiempo en llegar, que es mucho más difícil que llegar el primero. El ciclista que corre las carreras de la salida en bloque- todos con un pie en un suelo y esperando escuchar el pistoletazo de la partida- puede siempre permitirse unos kilómetros de siesta, unos kilómetros en que la paz cae sobre el pelotón como un acuerdo que el sudor firmó en todas las frentes, como un acuerdo que –aún sin firmarlo nadie- todos respetan para poder subsistir. Pero el ciclista que pelea contra el reloj no puede conocer el descanso, porque el descanso, como el olvido o como la paz, es siempre un pacto y el ciclista en solitario no tiene con quien pactar. Pedalear “todo lo que se pueda” es mucho más difícil, mucho más penoso, que pedalear más deprisa que nadie. Se aguanta mejor el límite del esfuerzo cuando ese esfuerzo es concreto –ir en cabeza de un pelotón- que cuando es abstracto e inaprensible –ir en cabeza de las sombras-.” Viendo pasar al pelotón ciclista echando leches (dos horas esperando a los esforzados de la ruta para ver desaparecer su estela en unos cuantos segundos), uno piensa si corren tanto (mejor, vuelan) porque anda el mismísimo demonio persiguiéndoles para echarles el guante y meterles un puro con lo del doping. O si es que los ciclistas saben mejor que nadie que la vida empuja y nos hace correr inevitablemente siempre hacia adelante y hacia ninguna parte. Filosofaba don Camilo en el artículo citado: “Vivimos -queramos o no queramos- contra el reloj, como el ciclista de la carrera cruel. Pedaleamos para llegar -¿a dónde?- antes -¿qué quién?- y a solas. Y a veces, cuando el tiempo nos permite pensar, nos preguntamos: ¿A qué fin nos conduce esta carrera desbocada, sin reglas y, lo que es peor, sin piedad?”. Estas evocaciones celianas me vinieron a la mente cuando el otro día veía pasar en un pis-pas al pelotón ciclista de la Vuelta a Andalucía. Parecía un grupo de almas en pena llevadas en volandas por un enemigo infernal en dirección a un destino inalcanzable e inasequible. ¡Qué prisas! ¡Qué velocidad! Y eso que está empezando la temporada. ¿Qué no será cuando estos hombres estén en plena forma? Acababa Cela su artículo señalando: “No. No corramos como los ciclistas, contra reloj. Corramos las carreras en línea. Aún nos quedan contendientes caballerosos que, a última hora, son capaces de echarnos una mano. Como en la Olimpiada griega”. En la agonía solitaria de la contrarreloj, o en la fuga infernal de la carrera en línea escondido en el pelotón, el amigo ciclista parece que esté escapando continuamente de un enemigo invisible, obligado a ir siempre hacia un lugar de donde volverá a huir en cuanto se le evapore el sudor. Encima, cuando llega a la “meta” (en la que no estará ni cinco minutos), unos draculines esperarán con la aguja entre los dientes para morderle la yugular en busca de esteroides y otras químicas. Unas pocas horas más tarde, tras echar un reparador sueño, vuelta a coger el manillar, enganchar los pies en los pedales y a seguir huyendo. Claro que, para metáfora deportiva y vital, la de los chicos de la Fórmula I: éstos –encima- se tiran toda la carrera dando vueltas a la misma noria, regresando una y otra vez al mismo puerto de salida y llegada, en un sin sentido que deja enana toda posición nihilista. ¿Quién dijo que la práctica deportiva no tiene nada que ver con el sentido más profundo de la vida?

23 de septiembre de 2005

UNA CAMPEONA COMO LA COPA DE UN PINO

Hay deportes que practicarlos supone un enorme sacrificio diario. Siempre pongo como ejemplo y modelo al ciclismo. Cuando entrenas por esas carreteras del diablo, llevas el corazón en un puño porque cualquier automovilista puede llevarse por delante tu caja torácica. Cuando logras entrar en una pequeña élite, esa que te permite cobijarte en un equipo profesional y poder disputar las grandes carreras, debes andarte con muchísimo ojo ante médicos y preparadores sin escrúpulos que intentarán sacar de tu cuerpo lo que no está escrito en los análisis de sangre y de orina. Las carreras serán muy importantes, pero los hoteles miserables y el ninguneo y sadismo de los organizadores no te los quitará nadie. Si, encima, tu sexo es el vaginal, apaga y vámonos. El sábado se retirará de la alta competición (o se despidió, si lees ésto días después) Joane Somarriba. Estoy seguro que millones de españoles no saben siquiera quien es, cuanto más si son de otros países. Refresquemos brevemente la memoria. Joane es una ciclista española que ha ganado 3 veces el Tour de Francia, dos Giros de Italia, tres medallas (oro, plata y bronce) en Mundiales de ciclismo y un montón de premios más. La plata mundial la conquistó ayer mismo, tres días antes de su adiós. O sea, que salvo Indurain, en este país no hay un practicante de las dos ruedas con el historial de doña Joane. Sólo le han faltado las medallas olímpicas, pero si no tienes un buen equipo nacional que te eche dos manos, ya me dirán como se logra. Pero este enorme historial me la repampinfla. Quiero decir que su historial humano me parece aún mejor. Hay que tener lo que muy pocos tienen para subirse a una bicicleta hace ya 25 años (empezó a los ocho añitos) cuando el resto de tus amigas se dedican a algo tan poco arriesgado como jugar a las casitas o a las muñecas. Hay que tener bemoles para superar una hernia discal sin ceder a la clásica opinión de los sabihondos médicos (chica, hay que operarse y lo mismo te quedas para vender cupones), chuparse más de un mes de silla de ruedas y más de un año con un corsé a ver si hay suerte. Y, como pionera, hay que jugársela y emigrar de tu país hacia Italia en busca de un equipo, de un cariño y de una protección que aquí se le negaba. Con todos estos redaños ha logrado alcanzar ese fantástico palmarés y ser durante varias temporadas la mejor ciclista del mundo. Escuchaba hace tiempo una anécdota de Joane que ilustra perfectamente su carácter aguerrido y ganador. Cuando lo pasó tan mal a raíz de la hernia, su madre la consoló con las palabras socorridas para estos casos de que “esto es que Dios no quiere que montes más en bicicleta”. La respuesta de Somarriba debería figurar en cualquier antología del deporte: “Pues Dios va a tener que cambiar de opinión”. Así que, siempre que he podido y han sido pocas porque las televisiones españolas han pasado siempre de ella (sí, esas mismas que a todas horas sacan a meretrices, famosillas y demás cornúpetas), he intentado animarla en directo desde la distancia. Especialmente en las grandes citas. Ayer consiguió la plata en el mundial de contrarreloj que se disputó en Madrid. Mereció el oro pero da igual. Podría intentarlo otro año porque fuerza tiene para rato, pero ya ha tomado su decisión de despedirse y le alabo el gusto. Los grandes campeones deben irse cuando aún lo siguen siendo en la lucha diaria. Nos deja Joane un ciclismo femenino español alejado de la élite (excepto por su caso), aunque más organizado. Pero como ella misma afirmaba tras su último éxito: “hace falta el apoyo de patrocinadores e instituciones públicas”. Ese que nunca tuvo y que, mucho me temo, no van a tener sus seguidoras. Otro enorme campeón (éste no se va, sino que llega), Fernando Alonso, lo va a dejar claro el próximo domingo tras su probable victoria en el campeonato del mundo de Fórmula I. En muchos deportes hispánicos, o te lo guisas y te lo comes tú solito o te mueres de asco. Eso sí, de llegar los éxitos, te darán un abrazo hasta las ánimas del purgatorio.

2 de septiembre de 2005

A LA PORRA EL CICLISMO

Terminaba la temporada pasada mi último comentario, antes de largarme con viento vacacional, haciendo una referencia general al ciclismo y particular al Tour de Francia. “No hay deporte más duro que el ciclismo, salvando quizás al boxeo. Desloman a sus protagonistas con pruebas tan exigentes como el Tour y encima se ríen de los ciclistas poniéndoles a orinar a las cinco de la mañana, sacándoles sangre a la salida del sol, registrándoles sus maletines como si fuesen vulgares delincuentes. Asco me da ver semejante espectáculo. Así que si no fuese por la epopeya de un tal Armstrong, ganador del más duro Tour, el cáncer, este menda no iba a mirar en estos tiempos el desfile de la socorrida "serpiente multicolor" en la pequeña pantalla ni harto de vino”. Pero prometí hacerlo este año. “Quiero disfrutar viendo a ese americano subirse al olimpo del Tour, cuando siempre lo están puteando, un año tras otro, que si se la enchufa, que si es un antipático y un creído, que si tal y cual. Será un placer infinito. ¡Armstrong for president! Qué cabeza tiene el tío. Y qué güevines…. Y es que vencer en plena juventud a una enfermedad tan puñetera y traicionera como el cáncer, que te pillo y aquí te mato, infunde un carácter indeleble. ¡A mí Tourmalet, ja, ja! ¡Vengan Alpes y Pirineos, mezclados o en estado puro!” Y el amigo no defraudó. Acudió a la carrera con todo estudiado, analizado y calculado. Con la fuerza especial que le daban los 42 millones de personas que habían adquirido la pulsera amarilla “Livestrong” para luchar, por medio de su fundación, contra el cáncer. Y ganó el Tour por séptima y última vez con la autoridad habitual y la envidia de los de siempre. “La verdad es que el cáncer es lo mejor que me ha pasado nunca, hizo maravillas en mi vida”. Ahí empieza el mito Armstrong: superando un cáncer de testículos con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Sufriendo varias operaciones a cara de perro. Padeciendo con una quimioterapia que para destruir las células malignas se come todo lo que encuentra a su paso, lo que provoca una bajada de las defensas tan atroz que eres hombre muerto a la menor infección. Curiosamente, para potenciar a los glóbulos rojos, al bueno de Lance le tuvieron que suministrar a manos llenas Epogen (eritropoyetina). La EPO (¿a que suena el nombre?) era una de las cosas que lo mantuvo vivo hasta que su cuerpo fue reaccionando y echando fuera (si es que alguna vez se echa del todo) al maldito cáncer. Ahora, cuando el corredor norteamericano ha decidido colgar la bicicleta a causa de la edad, nos salen los chicos listos del diario L’Equipe, que se forra todos los años a costa de la sangre y sudor de los ciclistas, con que unas misteriosas muestras de orina de Armstrong del año catapum (el primero de su era de tour-victorias) muestran que se dopó con EPO. “La mentira Armstrong” titulaban los gabachos en primera plana. Hala, ahora que ya no vamos a sacar un euro más del yanqui, hagámosle un homenaje final en plan aquí te pillo, aquí te mato. Mientras que el laboratorio dice que no puede confirmar si la orina congelada corresponde al texano o no, L’Equipe se lanza a tumba abierta, se pone a investigar en plan Mortadelo y Filemón y encuentra lo que tantos años llevaba buscando. ¡Epa ya, aquí hay epo! Para uno de los pocos y agradables mitos que nos iban quedando, llegan estos franchutes de papel y quieren destrozarlo vilmente: sin contraanálisis, sin garantías jurídicas ni nada de nada. Y claro, muchos se han subido al carro más pronto que tarde: “Cazado”, “A mí no me sorprende” o “Era un secreto a voces”. Bien, el primer Tour fue gracias a la EPO. ¿Y el segundo? ¿Y el tercero? ¿Y el cuarto? ¿Y los otros tres que han venido detrás? Quizás la verdad no se sepa nunca, pero prefiero creer –yo, que soy un descreído total- que quien ha visto la muerte tan cerca de su gaznate como la vio el bueno de Lance, que quien ha tenido que meterse en su cuerpo toda la porquería químico-medicinal que no está escrita para poder salvar el pellejo, se queda tan harto de tragar tanta mierda que de ahí en adelante jamás se meterá entre pecho y espalda más potingues que un buen solomillo o un exquisito pescado al horno. Si me decanto porque Armstrong dice la verdad (“nunca me dopé”) es porque tras haber mamado EPO hasta la saciedad en su proceso curativo, cuando salió del túnel (o cuando resucitó, que dicen los malvados), hizo tabla rasa sobre todo lo que tuvo que tragar para poder seguir vivo por estos andurriales. Que se lo pregunten a quienes han pasado por su mismo trance (más gente de la que nos imaginamos) y verán que a todos les pasa lo mismo: odian todo lo que huela a aquellos dramáticos momentos. Claro que todo este linchamiento y todas estas putadas y todas estas sinvergonzadas pasan porque los ciclistas tienen unas tragaderas más anchas que el Danubio. A ver cuando les entra un poco de orgullo, se plantan y les meten los cuernos de sus bicicletas por salva sea la parte a tanto abusón, a tanto drácula y a tantísimo malandrín como pulula por las organizaciones y federaciones ciclistas. ¿Es que no es de juzgado de guardia, o de asalto al palacio de invierno que, como está pasando en la actual Vuelta Ciclista a España, las horas de salida de muchas etapas sean entre las 12 y las 13 horas, con un calor del carajo, y en donde por mucho que se beba –con temperaturas rondando los 40 grados- eres hombre muerto? ¡Y todo para poder llegar a la meta a la hora que conviene al negocio televisivo y publicitario! Una vez retirados Indurain y Armstrong, mientras que el rebaño ciclista tenga tan escasa dignidad personal y profesional, el Puñetas le va a hacer un corte de mangas perpetuo al Tour, la Vuelta y a la carrera ciclista de Jabalcuerno del Porrón. ¡Si ya hasta me produce repelús ver a un tío montado en una bicicleta estática!

8 de julio de 2005

TOUR DE FRANCE: ENTRE LA ÉPICA Y EL SADOMASOQUISMO

Reconozco, padre, que durante muchos años tuve al Tour de Francia en los altares del deporte como una competición deportiva modélica, la más importante del mundo, plena de épica y gestas, en la que los españolitos siempre andábamos como segundos platos hasta que llegó un mozarrón navarro y les dio a los franchutes en todas las muelas.

Ya sé que no se debe hablar así, padre, que es pecado de soberbia, pero siempre soñé con ver los éxitos en tierras francesas de un españolón, no en plan "se me apareció este año la Virgen de Lourdes", sino en plan estajanovista, machacante, planificador y serio, para demostrar que los que vivimos más abajo de los Pirineos no somos enanos, ni tíos con bigote, ni olemos a ajo.

Así que, padre, uno vivió durante muchos años, desde su más tierna infancia, disfrutando con el Alpe D’Huez, el puerto de la Magdelaine, el Tourmalet.., donde siempre veíamos algunos compadres nuestros, pero siempre añorando un ciclista capaz de ganar en las largas contrarrelojs, donde nos sacaban siempre una minutada. Hasta que llegó don Miguel, el Indurain, y el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Perdón, padre, póngame 80 avemarías por el exceso verbal, pero que nos quiten lo bailao y bien bailao...

"Indurain, considerado el 8º mejor ciclista, por el diario L’equipe". (????)

Que nos quiten lo bailao, ya digo, padre. Sin mi Miguel, el Tour ya no es lo que era. Pasó la épica y la epopeya y llegamos al sadomasoquismo. Ver, desde hace varios años, cómo hacen auténticas perrerías a los ciclistas, levantándolos incluso a las cinco de la mañana para enchufarles la jeringa y sacarles sangre, cuando al día siguiente tienen que recorrer 300 kms a pleno sol o lluvia, y comprobar como lo consienten mis otrora héroes con una fatalidad y una mansedumbre incomprensibles, me está llevando al olvido del Tour y de casi todas las pruebas ciclistas, padre. No hay deporte más duro que éste, salvando quizás al boxeo, desloman a sus protagonistas con pruebas tan exigentes como el Tour y encima se ríen de los ciclistas poniéndoles a orinar a las cinco de la mañana, sacándoles sangre a la salida del sol, registrándoles sus maletines como si fuesen vulgares delincuentes. Asco me da ver semejante espectáculo. Así que si no fuese por la epopeya de un tal Amstrond, ganador del más duro Tour, el cáncer, este menda no iba a mirar en estos tiempos el desfile de la socorrida "serpiente multicolor" en la pequeña pantalla ni harto de vino.

Pero este año casi voy a hacer una excepción, padre. Quiero disfrutar viendo a ese americano subirse al olimpo del Tour, cuando siempre lo están puteando (perdón, padre, écheme 20 avemarías de castigo), un año tras otro, que si se la enchufa, que si es un antipático y un creído, que si tal y cual. Será un placer infinito. ¡Amstrond for president! Qué cabeza tiene el tío. Y qué güevines…. (otras 20 aves más, padrecito). Y es que vencer en plena juventud a una enfermedad tan puñetera y traicionera como el cáncer, que te pillo y aquí te mato, infunde un carácter indeleble. ¡A mí Tourmalet, ja, ja! ¡Vengan Alpes y Pirineos, mezclados o en estado puro! Comprendo perfectamente a Luisito. Algo así debía pensar el Miguelón cuando los enteraos de siempre sonreían por lo bajini pensando que a donde iba ese caballo percherón, verás cuando llegue la alta montaña, éste se baja de la bicicleta y regresa al pueblo andando…

Pues sí, padre, hoy quiero cometer todos los pecados del mundo viendo a mi Amstrond y recordando a mi Indurain. Quiero ponerme el cielo por montera (sí, padrecito, ya sé que acaban de caerme 50 padrenuestros), porque estos dos gachones han sabido engancharme a ese deporte tan sufrido y agónico como es el ciclismo, a mí, je, je, que no sé montar ni en patinete. Aunque, padre, a usted y al muá, siempre nos quedará la bicicleta estática y el recuerdo de estos dos monstruos. Salga del kiosko, padre, convídeme a un vaso de buen vino y deje para otro día la penitencia, que en media hora va a comenzar la retransmisión de la etapa de hoy.

23 de mayo de 2005

LOS PUTEADOS DE LA RUTA

Los otros días, en el Giro de Italia, ocurrió casi lo de siempre: la policía registró el hotel donde se hospedaban los equipos del Saunier y el Davitamon. Requisaron una cámara hiperbárica así como sueros glucosados. La médica del equipo español tuvo que declarar en la comisaría.

Nada nuevo bajo el sol. Mira que habrá droga en las calles de Italia, mafiosos en los casinos y garitos romanos, delincuentes de cuello blanco y chorizos de pantalón raído circulando por altos salones y bajos barrios, pero los jueces y el personal antidroga y dopaje se va directo hacia donde saben que tendrán publicidad gratis: los ciclistas. Seguro que en un plató de televisión se dopan más que todos los corredores del Giro juntos, pero la valiente justicia de algunos países la tiene tomada con los ciclistas porque tiene garantizada la cabeza gacha de éstos, el sí señor, lo que usted diga y el tragar con todo. Así son los ciclistas si usted, señor, no manda otra cosa. Al día siguiente los corredores del Saunier Duval amagaron un plante, pero no encontraron apoyos y al final tomaron la salida. Un pelotón de… corderitos. Como está mandao.

El 14 de febrero de 2005 más clarito no lo pude escribir al referirme a los ciclistas con el título de “PISOTEADOS Y NINGUNEADOS”. A dicho comentario me remito, según se va al archivo, a mano derecha. Hoy no tengo ganas de repetir argumentos (ya llegará el Tour), así que me pondré nostálgico exponiendo aquí el texto (no publicado antes) que le hice a Marco Pantani un 17 de febrero de 2004, cuando me enteré de su suicidio. Como homenaje al Pirata y como recuerdo de todo lo que tienen que aguantar los pobres ciclistas, incluidos a los valientes polis y jueces.

PANTANI, EL PIRATA PIRATEADO.
Qué bien me caía el jodío. Uno ha sido y será siempre Indurianesco, pero las hazañas de Don Miguel no lo serían tanto de no haberse topado por el camino a este pirata simpático, enanillo y fibroso al que se le empinaba todo el cuerpo en el momento sublime que la carretera comenzaba a jorobarse. Sólo un caballo percherón como Indurain podía acabar cogiendo a este galgo al que se le alegraban las pajarillas y las fibras musculares en cuanto oteaba el horizonte de las cimas alpinas y pirenaicas.
Mas ya se le acabó la cuerda. En realidad se la han ido rompiendo y destrozando en los últimos años, aunque Marco también puso sus granitos de arena. No era un dechado de virtudes y es probable que estuviera a lo largo de su carrera en manos de doctores poco escrupulosos con el respeto al cuerpo y a la ética. Pero fue en sus últimos años, cuando empieza a llegar el declive y hay que ajustarse bien los pantalones para no mostrar las vergüenzas que aparecen en ese triste momento (otra soberana lección de Miguel Indurain, retirándose a la hora oportuna), cuando hay que demostrar a la gente que uno tiene, además de fuerza y coraje, un mínimo sentido común, un saber estar y una tonelada de realidad. Eso le faltó al pirata. Como le sobró un destino demasiado aciago en el descenso de su carrera, con un accidente de tráfico y varias caídas demasiado graves. Cuando se llega a lo más alto (y él estaba muy acostumbrado), hay que saber descender de la cima rápido pero seguro. A Pantani le fallaron las ansias de mantener la bandera pirata bien enarbolada a pesar de que ya estaba la pobre muy ajada por años de excesivo trabajo y esfuerzo. Poco a poco, como pasa en estos casos, le fueron fallando todos: sus fuerzas, su novia, su equipo, la gente, los médicos…
“A perro flaco todo son pulgas”, dice el más sabio de los refranes. En sus últimos años, a Marco Pantani sólo le faltaba que le echaran mal de ojo. Y llegó en forma de control antidoping y de tribunales de justicia. Un exceso de hematocrito no era para destrozar a un hombre ya camino del destrozo deportivo. Pero así de injusta es la justicia de los que están para impartir no sé sabe qué. Cuando tanto chorizo y asesino (algunos de alto pedigrí) andaba suelto por las calles italianas, el pobre pirata venido a menos era sacrificado en el altar de la vejación, el escarnio y la envidia tan típica de los pueblos latinos. No lo pudo aguantar ni superar. Se quedó más solo que Mindolo. Y la factura empezó a pagarla. Hasta la última lira de euro.
Ahora ya sólo quedará el recuerdo de aquel calvete simpático que, cuando llegaban las cumbres, intentaba siempre superar al invencible gigantón perseverante y parco venido de tierras navarras. Quedará su pañuelo al viento y sus tardes de gloria, más gloriosas que las de cualquier otro gladiador de la bicicleta. Ahora todos se acuerdan de él, lo alaban, le despiden con aires de héroe y hasta le harán una estatua. Sólo la madre de Marco sabe la auténtica verdad: “Han matado a mi hijo”. Al pirata lo han pirateado bien pirateado.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).