25 de noviembre de 2005

FÚTBOL XXX

Algo podrido hay en el mundillo futbolero cuando se destaca en las primeras planas de los telediarios y periódicos (incluso a nivel de otros países), el milagro de que la afición del Real Madrid aplaudiese educadamente el recital pelotero del Barcelona en su última visita al Bernabeu. Seguramente que si algunos seguidores madridistas hubiesen tirado al campo la cabeza de un cochinillo o un piano de cola, a estas alturas de la semana ya nadie se acordaría del partido. Pasa con la labor arbitral. Si el trencilla de turno se equivoca o le equivocan los jugadores, la tangana y sus efectos duran una buena temporada, hasta que el escándalo es sustituido por otro de igual tenor. Pero si la actuación arbitral es impecable, oiga, es que ni dios se felicita del milagro. En estos momentos estamos asistiendo al acoso y derribo de un entrenador: Luxemburgo. Gran parte de la prensa escrita y radiada, junto a los altavoces de los memos que ladran deporte en las teleles, están con la escopeta cargada contra ese inepto, ignorante e inútil brasileño que maldirige las riendas del Real Madrid. Para entrenadores sabios y magníficos, toda esta patulea de periodistas y opinantes que no logran pergeñar dos letras seguidas de acuerdo a las más elementales normas gramaticales y semánticas, pero que de fútbol saben un montonazo. ¡Luxemburgo, a la hoguera! Y la masa, detrás, como fieles corderillos pastueños. Cuánta pornografía, cuanto descerebramiento y cuanta tontería. Han convertido un bello deporte en un hazmerreír. Mientras que a veces los protagonistas y rivales se besuquean y abrazan como amigos, algunos aficionados afilan los puñales y desfogan sus bajos instintos contra el prójimo o el mobiliario urbano. ¡Cabestros, imitad a vuestros ídolos! Ya hasta se pitan los himnos nacionales de la selecciones rivales, lo que va a obligar a la FIFA a prohibirlos en los encuentros. (Ciertamente, nunca deberían haberse introducido en los estadios, pues si hay algo más tonto que un obrero de derechas, eso es un nacionalismo futbolero). Cuando mandaba en España aquel señor tan bajito y aflautado, tan poquita cosa, pero al que todos temían, el fútbol se utilizaba como válvula de escape y atontamiento de aquella sociedad ensimismada y reprimida por el camarada furriel. Cuando, algo más de 30 años después, gobiernan gentes que se dicen de izquierdas (eso que antes era sinónimo de solidaridad, honestidad, principios morales y éticos, libertad y no sé cuantas bagatelas más), seguimos con el mismo uso torticero del fútbol (pese al fútbol mismo) para seguir adormeciendo y narcotizando a la “ciudadanía”. Peor estamos, porque la drogadicción ha alcanzado cotas de máximo refinamiento y propaganda. A todo esto yo lo llamo “pornografía”. La porno del seso. La que cualquier persona sensata debería prevenir o, cuando menos, dosificar. Pero nos la están echando a toneladas y nos la estamos tragando con mucho gustirrinín. Nos la sirven con un descaro, una desfachatez y una carota que ríase usted del uso que del futboleo hacía aquel generalito que movía a la risa, aunque fue él quien se rió de todos nosotros durante 40 años, hasta que no pudo más y la espichó de ella hace ahora exactamente 30 años y 5 días. Para más inri, y como los tiempos avanzan y se modernizan que es una barbaridad, al espectáculo pornográfico se han sumado como lindos corderitos muchas féminas (¿”por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas?” –decía una muy antigua canción, hoy ya superada felizmente). Y, sobre todo, se han subido al carro, los niños. Carne de cañón futbolera. Basta verlos disputar su partido en el recreo, para darse cuenta que juegan al fútbol en su mayoría como si fuesen deportistas profesionales: gritos, patadas, simulaciones, protestas… Eso sí, marcan muchos más goles. Algo es algo. Lo peor de todo, es que esos niños se tragan (literalmente) todo lo que hacen, dicen y maldicen sus ídolillos. Sean éstos del Barça, del Racing o del Bollullos. En pocos espejos tienen donde reflejarse con sano juicio. El colmo se da cuando muchos de estos chavales acuden a los campos de fútbol, donde a su alrededor –en las gradas- el adocenamiento de la plebe alcanza las mayores cotas barriobajeras. -¡Arbitrucho, vete a tomar….agua de Carabaña! ….¡Me cago en la… mar divina! Contemplar extasiado como, a tu lado, tu mismo padre, o el vecino ese tan educado, o la amiga de la mamá, pierden los estribos y lanzan por sus boquitas piñoneras toda clase de improperios y maldades contra el árbitro y los jugadores rivales, eleva el nivel cultural y educativo de nuestros chiquillos, sanos espectadores del circo peloteril. Abajo caretas. Que sepan pronto de qué paño están hechos sus progenitores y gente afín. Así que, como hemos visto ya demasiadas veces, al final el mozuelo imita al papuchi o al tío o al amigo de mamá y se lanza también a insultar por peteneras y soleares, pues en este bello espectáculo todo vale con tal de conseguir el gran fin: que gane nuestro equipo, aunque sea de penalti injusto en el último minuto del encuentro. En fin. Dado que hoy me he levantado tan casto, digo yo: si el espectáculo taurino está considerado como demasiado fuerte para las pobres meninges de nuestros chaveas, ¿por qué no se aplica el mismo cuento con esto del futboleo en directo? ¿Por qué no se prohíbe la entrada de la chavalería a los campos de fútbol, hasta que el espectáculo se adecente un poco? Me van a llover tortas por todos lados por plantear pregunta tan estúpida. Pero ya digo, desde hace varios días ando con la líbido de capa caída. Prefiero mil veces lo que se llama habitualmente pornografía (esa de la entrepierna y el meneo) a este porno duro que levanta gratuitas pasiones, exacerbados ardores, abundantes soñarreras y eternos atontamientos. -Duerme, pueblo, duerme… -¡Y pensar que una vez le cantaron lo de “habla, pueblo, habla!” (Este comentario XXX ha sido patrocinado por la fábrica de colchones Relaxing, la antigua casa de Carabaña y la Cofradía de las Buenas Costumbres. Han enviado fraternales saludos Luxemburgo, Ronaldinho, Franquito y Rocco. Las referencias al franquismo han sido ineludibles dada la paliza que por tierra, mar y aire se nos ha dado por los autosatisfechos de hoy, al conmemorar la efemérides de la muerte del sátrapa. Cualquier tiempo presente es mejor que el pasado, especialmente si fue en una dictadura, pero no por ello cualquier tiempo presente es para sentirnos como pavos reales. A ellos dedico, a los del fútbol y a los de la política, este casto y tierno comentario de hoy. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado).

2 comentarios:

La Aguja 1/12/05 3:06  

Pues como para darte la razón, anoche he visto en la telele (me aconsejaron ver un filme, "El efecto mariposa"; de vez en cuando se ven cosas buenas) un anuncio de un videojuego. De esos en los que hay que cumplir una especie de misión. El anuncio del juego parecía el anuncio de una de esas pelis del John Woo (¿cómo puede hacer esto?; entra en el enlace y verás que el tipo está trabajando en 7 películas a la vez).

A lo que iba; sangre por todos los lados; tíos en la trena; vuelcos de coches, hostias y explosiones a diestro y siniestro.

Ya puestos, en el FIFA 200X(XX) podian implementar esos escupitajos, esos cánticos racistas, esas quemas de banderas, esos agarrones, esas patadas, esos cabezazos. El vídeo promocional, con el Javi Navarro con un Jungle Kid en la boca, uno de esos cuchillos de Rambo.

Seguro que las ventas se disparaban. ¡Siente la emoción de un campo de juego!; buen eslogan publicitario. Tendrían compradores entre los futboleros y entre los violenciadictos (o como quiera que se diga). Después empapelan a unos críos por un jueguecillo tumbando cofrades. Y ese videojuego se vende con anuncios en la tele de cara a la campaña navideña.

Juan Puñetas 1/12/05 22:02  

Lo del Woo no tiene ningún mérito. Sólo sabe hacer una película y la repite, la repite, la repite...Al hacer varias a la vez aprovecha los decorados, los coches, la pólvora y las latas de tomate. Yo, en el cine, es que me quedé en aquellos cines de matiné donde la chavalería nos inflábamos de comer pipas viendo a la Blancanieves jugar con sus enanitos. (Años después nos revelaron que los reyes magos eran unos tramposos y que la Blanca ejercía de meretriz en aquel bosque tan enanil). Desde entonces sólo veo una película en presencia de de mi abogado.

Me extraña muchísimo que todavía no haya aparecido ningún lince haciendo un videojuego donde los jugadores y público actúen como en el mundo real. Cuando algunos tienen el descaro de hacer uno en el que se trata de acosar escolarmente a otros, que el fútbol siga siendo tan idílico en la Play no deja de sorprenderme.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).