El dichoso fútbol: monólogo (1)
Hace 1 día
| Hace falta en este mundo del espectáculo y la pachanga un chivo expiatorio, un payaso que reciba todas las bofetadas: el árbitro. En un entorno donde se mueven miles de millones, los de la élite cobran 1.200 euros por pitar un partido. ¡Encima salen baratos! Claro que les está bien empleado: por masoquistas. Con lo fácil que sería que alguna vez hiciesen una huelga de pito. Total, si lo suyo es tan fácil que arbitre el presidente del Español o Schuster, o Curro Torres o Juanito, jugadores del Valencia y del Sevilla, algunos de los mendas que han ladrado contra ellos este fin de semana. Menos criticar y más dar soluciones viables y positivas. Y si no, que arbitre Rita la Cantaora. (Publicado el 1/1/2005: “Los payasos de las bofetadas”) |
| Chicos buenos estos árbitros. Oye, ni una queja, ni una huelga, ni una denuncia en el juzgado a tanto forofo agresivo, ni un desplante torero ante esos niñatos millonarios que se dedican todo el partido a buscarle las cosquillas. Sólo recuerdo un árbitro de por ahí, las Américas, que harto de tanta historia y persecución, decidió por una vez ser él quien llevara la voz agresora en el partido. Supongo que si ya no está criando malvas, andará redimiendo pena en una cárcel de alta seguridad. Y es que hay tradiciones que jamás deben romperse. Aunque uno, tan heterodoxo para algunas cosas, desearía más de una vez que el trencilla de turno le arrease un buen soplamocos a ese tonto del haba que sólo sabe protestar y fingir delante de sus narices buscando que pite un decisivo penalti, aunque sea injusto y en el último minuto. Pero siempre me quedo con las ganas. Será que a estos huérfanos del pito les va demasiado la marcha. (Publicado el 27/06/2005: “El árbitro, esa oveja negra de un rebaño de oro.”) |
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1 comentarios:
¡Vaya cara!
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