12 de septiembre de 2006
8 de septiembre de 2006
PERO QUÉ DIVER...
A lo largo del año, nada más que en España, más de 70.000 animales son utilizados en esas fiestas populares tan divertidas de nuestros pueblos. Utilizados como objeto de tortura y escarnio. Por ejemplo, esa donde tipos que se creen unos cachondos valientes, lancean al pobre toro hasta dejarlo para el arrastre. ¡Pero qué diver…! Corridas de toros ilegales, la vaquilla a la que se emborracha con aguardiente, peleas de carneros, toros embolados, de fuego o ensogados, el salto de la cabra, las peleas de gallos, la suelta de vaquillas, patos al agua... Una gran ristra de barbaridades cometidas a indefensos animales y todo para que los miembros más impresentables de la comunidad o del pueblo (se llame éste Tordesillas, Toro o Cipotillo de Arriba) se relaman de gusto, se corran de placer y prosigan –eso dicen los muy paletos- con la tradición que a veces se remonta a cinco siglos. Gente cobarde y violenta a la que, puestos a seguir la tradición, no se le ocurre comer a cuatro manos, vestir como lo hacían sus antepasados medievales o morir de la peste o la lepra, cosas tremendamente habituales y típicas hace 500 años.
Otras muchas fiestas son menos bárbaras pero aún más estúpidas. Batallas campales en el pueblo tirándose toneladas de uvas, agua, vino, tomates o cualquier manjar que se les ocurre a los descerebrados de turno. Derroche obsceno de viandas y productos naturales que merecerían un destino mejor que estamparse contra las paredes del pueblo o en el careto de un tonto del haba que juega a divertirse con las cosas de comer. A veces hay suerte y, como sucedió el año pasado en uno de esos pueblos, parte del personal coge una ligera enfermedad o sufre molestias a consecuencia de tanto divertimento, lo cual es de justicia y hasta conveniente.
En otros lugares y lugarejos les da por armar un ruido ensordecedor (con lo bueno que es para la salud) tirando cohetes por un tubo, lanzándose petardos los unos a los otros o quemándose vivos. Gracietas de gente satisfecha a la que había que enviar a Irak, Afganistán o simplemente a los barrios residuales de las grandes ciudades para que paseen por ellos a las 3 de la madrugada, les suba así la adrenalina y tengan emociones fuertes, no haciendo el petardo con tanto petardo y tanta gaita.
Pero los festejos más festejados por todo este ganado de gente pueblerina que sólo sabe divertirse de manera tan borreguil y cipotera, son los famosos encierros. Te pones en el carril por el que van a pasar unos toritos bravos, echas a correr que te las pelas delante de ellos y ya está, machote, ya has demostrado que eres todo un hombre. Pero si por casualidad el tipo ese de los cuernos te da un mandoble y te hace un siete en el trasero, entonces mamá, pupa, y al hospital a que te curen que para eso trabajamos de sol a sol la inmensa mayoría, para que los médicos le pongan de nuevo el culo sanote al gilipuertas que conscientemente lo ha puesto en grave riesgo porque con ello se divierte cantidubi. Mientras tanto, las famosas autoridades aplaudiendo desde la barrera y organizando todo el tinglado para que varios miles de tiñalpas corran felices delante de unos morlacos. Tiene perendengues la cosa, que en un día normal vayas al hospital con la vesícula en cortocircuito y te den cita para dentro de tres meses mientras que a un niñato de los que participan en el encierro, si el asta de un toro le roza un sobaco, tenga ambulancia en la puerta y un equipo médico dispuesto ipso facto -sin cita previa- a curarle sus males, excepto la idiotez, que esa no tiene cura en según qué casos. Estos, por ejemplo.
En fin, cada uno se divierte como puede y como sabe, aunque sea jodiendo a seres inocentes como los pobres animales. Pero que el coste de todo este insensato cachondeo salga de nuestros bolsillos, que reciba el beneplácito de los que gobiernan y que se justifique con el cuento chino de la antigüedad y las buenas costumbres, eso ya roza la patología más patológica, o sea, el psiquiátrico.
PD: Al lado de estas bárbaras y estúpidas celebraciones, el comportamiento de los espectadores en muchos deportes (cien mil almas aguerridas y calenturientas en un campo de fútbol no es moco de pavo) ronda lo ejemplar, lo tierno y hasta lo culto. Dónde va a parar...
Publicado por Juan Puñetas a las 12:05 a. m. 3 comentarios
Etiquetas: Críticas, Enfados, Escándalos
5 de septiembre de 2006
CAMPEONES DENTRO Y FUERA DE LA CANCHA
Confieso que lo que más me pide el cuerpo es aprovechar el exitazo del baloncesto español en el Mundial de Japón para darle en “tós” los morros a esos señoritos de postín del futboleo, a toda esa caterva de medios de incomunicación que sólo ven fútbol por los cuatro costados y a esa inmensa inmensidad de gente que no sabe lo que se pierde poniendo sólo sus ojitos ojerosos sobre la pelambrera o calvorota de unos millonarios a los que tenemos ultraconsentidos y megacaprichosos simplemente porque practican el deporte rey. Pero no sería justo que en estos momentos de felicidad baloncestística perdiéramos el tiempo hablando de esos ineptos del césped. Lo dejaremos para otra ocasión.
No hay ningún otro deporte en que pueda haber más tensión en una cancha y posibilidades alternas de victoria que en el baloncesto, cuando se llega con un marcador igualado a los últimos minutos. Esa magia única nos la han birlado los chavales de la selección española en el recién acabado mundial porque en todos sus partidos, excepto uno, llegaron al último cuarto con el partido ganado. Es lo que no me gusta del baloncesto: que las palizas en el marcador convierten un prometedor partido en un montón de minutos finales insulsos y aburridos (los clásicos minutos de la basura). Así que eso es lo que, cariñosamente, tengo que reprochar a Gasol, Garbajosa y la compaña. Han ganado tan de calle, con tanta suficiencia, que excepto el partido con Argentina –por lo ajustado del marcador- y la final –por lo simbólico de la misma-, en el resto del campeonato el Puñetas se ha aburrido como una ostra en la segunda parte de los encuentros. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, se ha aburrido felizmente, porque aquella persistente superioridad jamás la había visto en nuestra selección en los cincuenta tacos que me adornan, ni siquiera cuando muchos de estos jugadores ganaron el campeonato mundial junior en Lisboa allá por 1999.
Probablemente la diáspora nacional que ha sufrido la extinta URSS y la fenecida Yugoslavia, junto al ciego orgullo de los altivos yanquis de la NBA, haya contribuido a hacer más fácil esta victoria. Pero cuando –como en el balonmano- se junta una generación de jugadores valientes y decididos, a los que se les da continuidad y confianza; cuando se tiene unas ligas nacionales potentes (con una excelente élite internacional), en las que hay una competitividad real y efectiva entre al menos media docena de equipos; y cuando se junta todo esto con unos cuadros técnicos y seleccionadores que saben lo que hacen y se enfrentan con valentía a los retos, entonces es inevitable que algún año explote todo ese potencial y dé sonoras alegrías. Cómo no comparar la extensa y potente preparación que ha tenido antes del Mundial la selección de baloncesto con la miseria y la pachanga que suele acompañar a la de fútbol, cuyos encuentros amistosos suelen ser con selecciones de ínfima categoría, que no sirven nada más que para perder el tiempo aunque engrosen el historial de victorias de cara a la galería.
Pero, además, ves a estos jugadores, seleccionador y clubes nacionales de la canasta y compruebas que están en otro planeta respecto al personal del futbolín. (Lo siento, no puedo reprimir la comparación). Se entregan en todos los partidos, forman una piña, estudian su deporte, están al día de lo suyo, respetan pero no temen a los rivales, no viven del cuento y en su mayoría es gente valiente capaz de dar el salto a lo desconocido para mejorar, afrontar nuevos retos y superarse a sí mismos. ¡Qué hubiera sido de Gasol o Calderón si se hubiesen anquilosado en la ACB! Por eso Sergio Rodríguez, Garbajosa y otros más a los que no dejan salir por ahora, saltan el charco para hacer las Américas. Aunque al final corran el riesgo de llevarse un soberano trompazo.
Lo que hace falta es que el éxito de nuestros baloncestistas trascienda a los festejos de rigor, el “semos los mejores” y el olvido mediático y todo se traduzca en un incremento ostensible de la práctica deportiva del deporte de la canasta en nuestros colegios, institutos y calles. Ese sí que sería el auténtico éxito derivado del triunfo que ahora todos celebramos.
Las imágenes de Gasol en el banquillo sin poder disputar la final pero viviéndola como si estuviera en la cancha, la respuesta emotiva de sus compañeros (“Pau también juega”) y los ojos enrojecidos del seleccionador Pepu (un pedazo entrenador y mejor persona) evocando en la victoria a su padre, fallecido la noche anterior a miles de kilómetros de distancia, siempre nos recordarán que las grandes victorias aparte de lograrse con enorme sacrificio, trabajo e ilusión junto a un poquito de suerte, se alcanzan- sobre todo- superando las adversidades personales. Ahí es donde Gasol, Pepu y todos los jugadores demostraron que son unos verdaderos campeones. Dentro y, de qué manera, fuera de la cancha.
Publicado por Juan Puñetas a las 1:04 a. m. 5 comentarios
Etiquetas: Baloncesto
1 de septiembre de 2006
¡ MUY BUENAS !
¡Muy buenas, amigos deportistas!
Decíamos ayer, o sea, el 12 de julio, que el uno de septiembre estaríamos nuevamente por estos lares, puntuales como un reloj suizo. Pues, ¡voilá!, ya estamos aquí porque hemos llegao. La mar de descansaos y dicharacheros, con el florete en plan Alatristre (hoy se estrena la película) pero en son de paz, que aquí no pretendemos hacer sangre. A lo máximo, sangría refrescante, que no es poco viendo lo aborregado que está el patio.
Siguiendo la máxima gubernamental de turno, hemos realizado unos arreglillos al tenderete para que parezca que algo cambia cuando, en realidad, todo sigue igual. Ahora el diseño gráfico asemeja un auténtico arco del triunfo por el que pasaremos olímpicamente dos veces por semana hasta que llegue el próximo veranillo, Alá mediante. También se han cambiado los coloretes de la pantalla, pero manteniendo los tonos suaves y relajantes para que no se diga que no cuidamos los ojos del personal amigo.
En la columna de la izquierda, cada mes cambiará parte de los contenidos: el podium, las citas puñeteras y el test. Lo restante es material programático para que nadie piense que le hacemos ascos a la filosofía y a la historia. Por el lado derecho incorporamos una encuesta. Aquí todo el mundo ya las hace, de ahí su falta de credibilidad, pero la nuestra va a batir todos los records. Cada dos meses le hincaremos el diente a otro tema de alto calado.
Dicho todo lo cual, Pascual, ya mismo vamos a empezar a tocar las narices al mundillo deportivo. El veranazo fue pródigo en algunas cosillas de interés que intentaremos recordar brevemente en los próximos días. El circo del furbo ya ha empezao la función (había “mono” en la afición), así que tendremos la polémica servida un día sí y otro también. En estos momentos nuestros muchachazos del baloncesto se parten las muelas en el campeonato del mundo canastaril y el Fernandillo Alonso se las trae tiesas con su loco cacharro frente al Schumacher de los Ferrari. Todo se andará a su debido tiempo y a nada haremos ascos.
Sólo recordar que aquí le damos al lingotazo de la sátira y la ironía más de lo debido, aunque con la suficiente delicadeza para no herir más que lo estrictamente necesario. Si lo nuestro fuese sadismo nos habríamos apuntado desde hace tiempo a un partido político y hasta es posible que ya estuviéramos provocando calamidades desde alguna poltrona. Más lo nuestro es puro y duro entretenimiento en plan ajo y agua, sin ánimo de lucro ni de enmienda. Nos gusta el deporte y, encima, lo practicamos en nuestras horas de ocio. Nos meteremos con el fútbol para compensar tantos cuentos e historias como nos largarán sobre el mismo los medios de descerebramiento de masas y las telecacas, pero que conste que amamos dicho deporte con la misma pasión con la que somos capaces de comernos un plato de langostinos de Huelva. Nos encanta el cielo y el infierno pero el limbo nos aburre, así que nadie podrá quejarse de que por aquí no nos mojamos el trasero. (Si es que ya lo tenemos hasta chamuscao…) Eso sí, nos enrollamos más que las persianas, pero el Puñetas es de esa vieja guardia en vías de extinción acostumbrada a leerse hasta la última línea de los prospectos de las medicinas. En unos tiempos en que las ideas se acortan a los tres renglones y medio, aquí seguimos enganchados al troglodítico discursete del folio completo, con su preámbulo, nudo y desenlace clásicos.
Y ná más por hoy, que ya siento nacer las agujetas en la yema de los dedos, de tanto darle a la tecla. Tras no dar golpe bitacoril en mes y medio, el esfuerzo de hoy es digno de merecer el premio Príncipe de Asturias del deporte. Por lo menos…
Publicado por Juan Puñetas a las 12:05 a. m. 2 comentarios
Etiquetas: Vísperas






