11 de noviembre de 2005

PSEUDO IMITADORES DE "ELCANO"

Va a comenzar la Volvo Ocean Race. -¿Y eso qué demonios es? –preguntará un amigo de esos que sacándolo del fútbol no sabe ni papa ni pepe. Vamos a intentar explicarlo de la manera más didáctica y amena que nuestra escasa inteligencia pueda. A ver si así nos enteramos de algo (yo el primero) y, de paso, nos reímos un rato. Resulta que hace casi cinco siglos, hubo un señor llamado Juan Sebastián Elcano que dio la vuelta al mundo en un barquichuelo llamado Victoria, tras dos años de aventuras y odiseas por esos mares del diablo. Aquello fue una hazaña sin precedentes que permitió demostrar que en todas partes cuecen habas, que las personas nos parecemos como dos gotas de agua vivamos donde vivamos y que el hombre es capaz de hacer las mayores excentricidades con tal de contar luego a sus vecinos y amigos sus aventurillas y peripecias. Más no perdamos el hilo. Lo de Elcano tuvo un mérito del carajo, mil veces repetido desde entonces, ya sin tanto pedigrí ni tanta aventura. Pero hete aquí que el mundo del “deporte” no podía quedar al margen de esta historia y desde hace tres décadas, cada tres años, se celebra una competición por equipos que simula lo de Elcano pero en plan ricachón y mediático, simplemente porque sí, porque hoy día hay mucha gente que se aburre soberanamente, a la que sobra la pasta gansa en los bolsillos y necesita echarse de vez en cuando unos esfuerzos así de grandiosos. Llegamos así a la Volvo OCean Race. Este año toca festejo. Siete equipos de seis países diferentes (entre ellos, uno español) emplearán 7 meses, recorrerán 57.870 kilómetros y se jugarán la vida para ver si al final del asunto llegan sanos y salvos y pueden decir eso de que se lo han pasado tan ricamente y que se han divertido cantidubi. Al ganador le darán un pequeño trofeo de cristal valorado en 20 euros y a casita, machotes, que ya se acabó la feria. Los navegantes “deportistas” transitarán por los mares de Tasmania, el temido Cabo de Hornos o el frío Antártico. Para poder hacerlo, cada equipo –formado por 10 tripulantes- ha tenido que reunir un presupuesto entre los 10 y 20 millones de euros. No está nada mal. Ya sé que algunos preferirían gastárselo en vino, mujeres/hombres o viajes por tierra (donde al menos se ven edificios, personas y restaurantes), pero como sobre gustos no hay nada escrito, pues eso, que estos 70 tripulantes de la Volvo Ocean Race tienen todo el derecho del mundo y del bolsillo en gastarse la pasta (junto a sus patrocinadores) de la manera que les sale, que no es otra que arriar velas durante meses y meses, navegar sin descanso, tragar comidas que no se echaría al coleto ni un mendigo hambriento, dormir como se pueda y rezar para no caerse al agua porque entonces serían hombres muertos (a lo mejor, hasta hay alguna mujer en el asunto, que no lo sé). Eso sí, la organización de semejante evento “deportivo” ha instalado en cada barco un total de siete cámaras y un equipo de edición de vídeo y audio ya que los participantes están obligados cada semana a enviar 20 minutillos con sus mejores peripecias y habladurías. Y es que eso de la discreción y el anonimato ya no se lleva. Las cosas hay que hacerlas de cara a la galería, las televisiones y otras gaitas publicitarias, pues si no aquí nadie se levantaría del sofá ni de la cama, que es donde en verdad se pasa tan ricamente. -¡Aquí Galera IV! Hoy tenemos en exclusiva las imágenes de nuestro extripulante Macario García cuando, atándose un zapato en la popa, vino una ola gigante y se lo llevó al fondo del mar. Alguien dirá que su muerte no ha servido para nada. Mentira: ha servido para que ustedes vean las imágenes de su adiós. ¿Les parece poco? Bueno. Calificar a esta patochada de ricos aburridos como “deporte” es absurdo. Digo yo que también sería “deporte” lo que hizo Elcano en su vuelta al mundo. O a lo mejor no, porque según algunos cortitos de mente para que haya “deporte” se precisa una competición entre varios. Da igual. El caso es que hay gente para todo, que es capaz de jugarse el gaznate con tal de salir en los vídeos o de hacer las cosas más estrafalarias. Esas que no conducen a más conclusión que ésta: “Pero qué locos están algunos”. Porque si se trata de soltar adrenalina de la buena durante unos meses, yo les invitaría a irse de garbeo todas las noches a algunos barrios de las afueras de algunas ciudades del mundo, esos en los que ni la poli entra a dar porrazos. Eso sí que es emoción de la buena (y gratuita). Claro que si de lo que se trata es de gastarse una porrada de euros en poco tiempo, jugarse un poquito la vida, torrarse como los garbanzos y salir en las teleles del mundo, pues a lo mejor no les falta razón a estos intrépidos navegantes. En fin. Yo es que ya vivo sin vivir en mí esperando las imágenes que estos imitadores de Elcano nos van a ofrecer a partir de los próximos días. ¡Mon Dieu, qué locos están algunos romanos!

4 comentarios:

Anónimo 13/11/05, 19:11  

Muy bueno el chiste de la patera, Puñetas. Te leo desde hace tiempo porque eres muy ameno y crítico y pones ademas ese humor que tanto se echa en falta en el deporte. Aunque no suelo hacer comentarios hoy quiero hacer la excepcion y animarte a seguir así.

Anónimo 13/11/05, 19:17  

¡Qué bueno! "Habló la afición y dijo mú!" La mejor frase que jhe leido en mucho tiempo. Y es que tus citas puñetero-deportivas no tienen desperdicio.

la aguja 14/11/05, 2:07  

Pues estos de la ruta Magallanes, digo Elcano, con ese imperativo legal, digo comercial, de los veinte minutos diarios me recuerdan a eso que dan en la telele, el Gran Hermano o cualquiera de sus secuelas.

Porque, y digo yo, qué diferencia habrá entre esos programas cutres y las imágenes que nos sirvan si se meten 7 meses en un barco. Veinte minutos da para mucho. Al principio no, pero al segundo mes ya no habrá mucho más que decir.

Veinte minutos por siete tripulaciones son dos horas y veinte minutos diarios. A mí me da 29.400 minutos en siete meses, o lo que es lo mismo, 490 horas, o 20 días y medio seguidos de edición. Después nos darán un resumen de cinco minutos a lo sumo. El que tenga que seleccionar y montar ese vídeo seguro que se merece un altar.

Y todo este embrollo por la módica cantidad de (una media) 105 millones de euros que han puesto las siete tripulaciones para poder participar. Y el trofeo dices que tiene un precio de 20 euros.

Bueno, pues eso sí es deporte, en su sentido más amplio. Aquí no creo que haya profesionalismo. Yo tampoco lo entiendo, pero tampoco pido que me entiendan a mí y mis gustos, ja ja.

Anónimo 17/11/05, 12:11  

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