21 de abril de 2006

VICIOS PÚBLICOS, VIRTUDES PRIVADAS



A ver si logro explicarme bien para que se entienda un poco el titular del presente comentario. Y es que hoy ando un poquillo espeso de mollera, al estilo del esperpéntico Maragall. Espero despertarme a tiempo.


La cosa va sobre la epidemia que se avecina en junio. Ese mundial de fútbol que nos va a arreglar la vida durante todo el mes. Resulta que el nuevo canal de telecaca (“la Sexta” viene a llamarse) ha adquirido los derechos exclusivos de retransmisión del Mundial de Ronaldinho y cía. Esto de que una sola empresa se lleve toda la tarta, junto con los platos, los cuchillos y los tenedores, mientras que las restantes se quedan a dos velas, es algo que nunca he entendido. ¿Por qué una sola televisión tiene que disponer de la exclusiva de la Fórmula I, o de la Champion, o del Tour, o de la NBA…? ¿Y por qué el Mundial de fútbol sólo lo puede adquirir una telecaca? Imaginémonos –en otros órdenes de la vida- que Telepizza tuviese la exclusiva de las pizzas comerciales: o comes las suyas o no hay pizzas. O que los libros de texto fuesen vendidos a todo el mundo sólo por una editorial, previa subasta a ver quien paga más. Absurdo y ridículo, ¿no? ¿Por qué no pueden retrasmitir la Liga Europea de Baloncesto tres o cuatro televisiones del mismo país, pagando la parte que se estipule? Pero regresemos al futbolín, donde el caso es más sangrante porque, al ser el deporte de masas por excelencia (y el opio del pueblo), resulta que los poderes públicos –o sea, con dinero de todos los ciudadanos- le inyectan cuantiosos recursos sea en instalaciones, recalificaciones urbanísticas, ayudas a fondo perdido, publicidad…


De nuestro bolsillo sale también la pasta que cobra la policía y los equipos sanitarios de emergencia en cada partido de fútbol importante (casi todos), en vez de costear el gasto los equipos correspondientes. No hablemos de los altos precios de las entradas que abonan los seguidores y aficionados, a todas luces exagerados en relación al espectáculo que se les proporciona y a cualquier otro que sea en directo. (Pero bueno, ahí el pago es voluntario…) Y ni hablar de los medios de comunicación y confusión, muchos de ellos públicos, que gastan millonadas para hacerse con los exclusivos derechos para retransmitir partidos. (Caso, por ejemplo, de las telecacas autonómicas con la Liga de fútbol). Enorme caudal dinerario que sale también de nuestros bolsillos, vía impuestos. Resumiendo: El fútbol, como el mayor vicio público, a pagarlo entre todos, aunque a muchos (no es mi caso) les apeste hasta la redondez de la pelota.


Pero…, et voilá. Aquí todos apoquinamos “democráticamente”, pero al final siempre hay unos cuantos privilegiados que se llevan los mayores beneficios que da el fútbol a su privado bolsillo. De ahí lo de “vicios públicos, virtudes privadas”. Y aquí es donde entra “la Sexta”. La nueva televisión (que con suerte llegará a tener un 70 % de cobertura allá por junio) se ha hecho con los derechos de emisión del Mundial en esa exclusividad ilógica y absurda que rige la cosa de los grandes acontecimientos deportivos. La nueva cadena telecaquil ofrecerá los partidos de la selección española (previsiblemente tres o cuatro, porque pronto quedaremos eliminados, como es costumbre), la final y el partido de inauguración. Aquellos que tengan cobertura o un descodificador digital se podrán emborrachar de emoción, goletes y tal. El resto de los mortales, participamos en el pago del invento pero no veremos ni la carta de ajuste. ¿Y el resto de los partidos? ¿Serán puestos a la venta a todas las cadenas de W.C. para que cada una compre los que más les apetezcan, o todos, y así podremos ver un Brasil-Inglaterra en Telepingo o un Italia-Argentina en Antena Puaff? No señor, porque entonces sería hacer las cosas bien y repartir el pastel, con el consiguiente beneficio para los consumidores (en esto del futbolín, se supone que una gran mayoría). La Sexta ha vendido parte de los derechos de emisión sólo a una cadena, Digital Plus, que será la que emitirá en directo los 64 partidos del campeonato. Y el que quiera verlos, como Digital Plus es una cadena DE PAGO, tendrá que pasar por el aro de hacerse cliente suyo durante al menos un año, aunque el mundial se acabe en el mes de junio. Bonito negocio a cargo de un tal señor Polanco, el empresario que desde hace 40 años, siempre se las apaña para quedarse con los mejores platos mediáticos y deportivos. ¿Qué les da a los gobiernos, sean del color que sean, para ser tan excelentemente bien tratado? Así que el que quiera ver el mundial enterito, a pasar por el aro, esto son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas. Un negocio redondo de Polancolandia.


Concluyendo, que es gerundio: los ciudadanos pagamos el fútbol como vicio nacional (algunos en contra de nuestra voluntad, pero Hacienda no entiende de eso) y casi siempre don Jesús del Gran Poder (permanentemente a la sombra amiga del gobierno de turno) recoge en exclusividad los beneficios, las nueces y lo que haga falta. ¿Dónde hay que apuntarse para ser tan listo, tan rico y …tan progre como el camarada?

3 comentarios:

Anónimo 24/4/06, 13:16  

Se supone que las televisiones recuperan lo que invierten en fútbol a través de la publicidad, y si no pierden dinero no veo ningún problema, aunque sea dinero público.

la aguja 25/4/06, 2:49  

Yo de mayor quiero una tele. Pero no un electrodoméstico, sino una emisora.

En otros países existe otro concepto del dinero público. El Estado no invierte, como dice el anónimo comunicante, para recuperar dinero en publicidad. El Estado no es una empresa.

El Estado invierte en los ciudadanos y no especula con dinero público. Si al final el Estado fuera una empresa yo no sería ciudadano, sino accionista.

Hay una diferencia, y el totum revolutum en el que estamos navegando lleva a que la gente pierda el norte en sus apreciaciones.

El Estado sí debe mantener una televisión pública, pero sus contenidos no deben rivalizar económicamente con la iniciativa privada. El déficit que genere la inversión en un ente como RTVE se recupera en bienestar, cultura, información, conocimientos, y un largo etcétera del que los ciudadanos (que no accionistas) del Estado debemos ser los primeros beneficiados.

No recuerdo que el fútbol específicamente suponga una fuente de ingresos para TVE. No me voy a remitir al déficit sangrante que se ha hecho célebre estas semanas atrás porque ya nadie sabe de dónde han salido esas cifras, si de las retransmisiones del fútbol o de los programas de variedades o de los ágapes de los comilones de turno (quizá de todo ello, pero no sabremos en qué proporciones).

Pero sí me voy a referir a la final de Copa del año pasado, cuando nadie quería retransmitir el partido por gravoso y poco rentable.

Yo pido moderación a la hora de aprobar el gasto público. Y que sea la iniciativa privada quien arriesgue en la retransmisión de los partidos.

Eso de que un partido sea de interés general no deja de ser un eufemismo, porque la mayoría de los españoles no ven el fútbol. El día que un partido tenga 21 millones de espectadores, entonces lo estará viendo la mitad de la población.

Leonardo 26/4/06, 17:55  

La situación que relatás, al asemejarse, me hace acordar mucho a un juego de mesa: Monopolio.
Además queda en claro que "el libre juego de la oferta y la demanda" se da sólo en un mercado de competencia perfecta, el cual por lo visto no está dado.

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