6 de febrero de 2007

SE VEÍA VENIR PERO TODOS ESTABAN CIEGOS


Era previsible que ocurriera y ocurrió. Ha sido en Italia, donde el descerebramiento futbolero alcanza cotas de paranoia, pero que tire la primera piedra aquel país que se crea libre de seguir estos derroteros: muertos, heridos, violencia desaforada, altercados en los campos y fuera de ellos. La batalla de Catania ha abierto a algunos los ojos. Esto no es Irak, ni siquiera Palestina o el País Vasco, pero la cosa ya empieza a parecérsele. Y todo con el fútbol como pretexto.



Según algunos listos, habría que hablar de política. Pues no necesariamente, que ya está bien de que a la susodicha se le echen todos los muertos y en su nombre se justifiquen todas las psicopatologías sociales e individuales. Tampoco creo que deba hacerse al fútbol único responsable de tanta estupidez colectiva, rayana en casos como el de Sicilia en lo mafioso y criminal. Estamos en una caída de culo y cuesta abajo que está arramblando al infierno a millones de seres humanos por hambre, miseria, sobrealimentación, depresiones, accidentes gratuitos como los del tráfico… y que acabará llevándose al garete al mismísimo planeta, como centenares de científicos vaticinan, aunque cualquier par de ojos con ganas de ver la realidad sabe que más que vaticinio es una certeza. Un ejemplillo: para beber agua en condiciones ya tenemos que consumirla envasada a precio de oro. Llegará el día en que habrá que hacer lo mismo con el aire que respiremos.


Pero volvamos al ámbito estrictamente deportivo para ver si hay algún atisbo de solución a corto plazo. El sábado 27 de enero, en el diario EL MUNDO, había tres páginas dedicadas a los ultras del fútbol. Se fechaban en Argentina, pero la localización geográfica yo creo que es lo de menos. Los titulares: “Curso para ultras: operadores turísticos organizan, por sólo 100 euros, encuentros con los grupos más violentos del fútbol argentino. Hooligans españoles viajan a Buenos Aires para aprender cómo actúan los temidos Barras Bravas de Boca Juniors”. En la información se detallaba el periplo turístico de estos imbéciles, los nativos y los visitantes, algunos de ellos hinchas ultras de equipos españoles como el Real Madrid. Pero hay más: se hace mención a que estos grupos organizados argentinos (algunos con nombres tan ilustrativos como “Los canallas”, “Los leprosos”, “La Guardia Imperial” o “Los borrachos del tablón”) reciben un porcentaje de los ingresos de los fichajes de algunos equipos. Eso sí, la empresa que maneja los derechos de televisión en régimen de monopolio, se frota las manos y el bolsillo. Ya saben: unos sacuden el árbol y otros se quedan con las nueces.


¿Y qué hacen los poderes públicos mientras tanto, sea en Argentina, Italia o el Porrosillo? Mirar hacia otro lado, cuando no tolerar unas prácticas violentas que cada vez tienen más de negocio y de tejemaneje de poder. Y los clubes, ídem de ídem. Ahora, con esto de Italia, se ponen todos muy serios, nerviosos y nos salen con el rollete ese de “así no se puede seguir”. Según parece, al menos en el país de las pizzas, van a tomar ciertas medidas, que cuando se les pase la congoja, quedarán seguramente en agua de borrajas. Se pretende que sólo haya público en los campos que cumplan las medidas de seguridad fijadas en 2005 por el decreto Pisanu que nadie ha cumplido hasta la fecha excepto dos equipos: tornos en las puertas, un sistema cerrado de vídeo-vigilancia dentro de la instalación, billetes nominales, una amplia zona de control y registro fuera de los estadios o localidades todas de asiento. El pobre señor amante del fútbol, ese que insulta y vocifera pero que no es capaz de pasar a mayores, va a ver que se le trata como un delincuente por asistir al campo. Y encima, pagando un pastón.


El ministro del Interior italiano ha llegado a decir en esos momentos de baja autoestima que excepcionalmente tienen los políticos cuando se quedan en cueros vivos ante el pueblo, que “no enviaré a la policía a los estadios en estas condiciones” o incluso que “si los equipos tienen para pagar diez o veinte millones por un jugador, también deberían tenerlos para garantizar la seguridad”. Cuando cualquier mindundi o desgraciao piensa una cosa sensata le toman por loco: “los niños no deberían ir a los estadios de fútbol pues son escuelas de mala educación y violencia”, “no deberíamos pagar con nuestros impuestos a personal policial y sanitario para cubrir eventos deportivos de tipo privado”. De estas dos perlas sabrán los lectores habituales del Arco o la Aguja. Pero ahora se les ocurre a un pringao que ocupa un puesto de alto copete en un gobierno o en un partido político y todo el mundo las ve como unas medidas maravillosas que ojalá se hubieran puesto en marcha mucho antes. A buenas horas mangas verdes.


Pero no seamos ingenuos y candorosos, que ya nos conocemos el percal. Como he escrito también en alguna ocasión, el fútbol –muy a su pesar- es un medio de entretenimiento gracias al cual se gana muy bien la vida la mayor parte del circo mediático al tiempo que las masas permanecen ensimismadas y obtusas ante la dura realidad, lo cual le viene estupendamente bien a los que detentan el poder. Pan y fútbol, remedo del otrora “pan y circus” de la gran Roma. En fin, que esto no tiene arreglo, como casi nada de lo que nos ocurre y que tenemos un porvenir en éste y en casi todos los sentidos más negro que la visión de un ciego. El homo sapiens está desapareciendo del mapa aquejado de una rara enfermedad mental. Su sucesor, el homo gilipollensis, lleva años ganándole terreno y tendrá el dudoso honor de ser él quien nos lleve definitivamente al ocaso definitivo. O a la locura...

4 comentarios:

la aguja 7/2/07, 0:56  

Amén. Yo también pienso que pasado el acongoje la cosa quedará en el olvido. Hasta la próxima, claro.

Para qué cojones hacen leyes que después no tienen pelotas de hacer cumplir.

Aquí pasa otro tanto. Que me digan qué ha pasado con aquella ley para que los perros de presa fueran paseados con bozal y traílla.

Se han olvidado de ella hasta que los perros de un amo loco vuelvan a devorar a un niño pequeño. Entonces radicalizarán las medidas que no implementaron en su día.

El bozal para los políticos, que ponen el grito en el cielo en vez de poner las manos sobre la legislación y en el poder ejecutivo que tan celosamente defienden.

Rafael García Librán 8/2/07, 15:09  

¿Otra vez hablando de fútbol? ¿Qué está pasando?

Yo también creo que todo quedará en nada en cuanto se sacudan el susto. Un poco cómo lo que pasó con el tema de los partidos comprados y tal este verano.

Y sí, es lamentable que, ahora, se den cuenta de todo eso, pero ni aún así valdrá para nada.

¡Saludos a los dos!

Anónimo 10/2/07, 22:00  

Buena pregunta, Rafa: ¿Otra vez hablando de fútbol? La verdad es que, aparte de que el 90 % de la información gira en torno a este deporte, resulta además que lo más noticiable, escandaloso o polémico también se circunscribe al mismo, con lo cual -como decía el amigo de la Aguja en uno de sus comentarios- el virus del fútbol no hay quien nos lo quite. Une a ello que la cosa del deporte es bastante rutinaria un año tras otro, que andamos ya con dos añitos y medio a nuestras espaldas con esto del Arco y comprenderás que cada vez hay menos temas y novedades que echarnos a la boca, salvo que estemos todo el día enchufados a la interné para buscar cosas extrañas o raras, que no es mi caso.

Dicho lo cual, puedes suponer que cuando acabe la presente temporada tendré que pensar si hay cuerda para otra (pues no pienso hablar de fútbolín todo el tiempo, claro) o si hay que cerrar el kiosko. O a lo mejor reduzco el chiringuito a la afoto cachonda y tres líneas mal contadas.

Los tres pensamos que pasado el susto todo seguirá igual. Y no me gustaría porque sería un buen experimento científico (que debería sufragar la ONU, la UE y la OMS) estudiar a fondo las repercusiones que en el humanoide tiene no ver fútbol en directo durante una temporada larga. ¿Aumentarán los cánceres de bigote? ¿Habrá depresiones a gogó, hasta en los niños de teta? ¿Regresarían las cruzadas? Sólo por ver las consecuencias de tantas tardes seguidas sin fútbol (a lo sumo viéndolo por las telecacas) merecería la pena que en Italia fuesen valientes. Que piensen un poco en la ciencia, leñe...

Anónimo 7/3/07, 22:16  

que bonito es paris¡¡¡¡¡¡¡¡
$$(·`.amor.¨·)

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