2 de octubre de 2007

CUANDO LOS CONTROLADORES DEL DOPAJE SE MEAN EN LAS LEYES DEMOCRÁTICAS. (Y LOS POLÍTICOS LO TOLERAN)


Cuando me enteré el domingo por la tarde que Bettini había ganado el campeonato del mundo de ciclismo en ruta en Stuttgart, di un un salto de alegría tan grande que casi me cargo la lámpara del salón. Los organizadores del evento habían intentado evitar por todos los medios que el italiano corriese. Le acusaban de nada, porque nada han podido demostrar. A lo máximo, de no haber firmado una carta antidopaje que algún burócrata gilipollas se sacó de la manga. Cuando, pese a todo, se presentó en Alemania, le enviaron a la poli para amedrentarlo. Ni por esas. Luego recurrieron a los tribunales de justicia y el juez, finalmente, tuvo que decir que no había ninguna base legal para impedir la presencia de Paolo en la carrera. Es más, certificó que la famosa carta antidopaje era una gilipollez. Bueno, no lo dijo con estas palabras, si no que no tenía validez legal alguna, aunque hubiera quedado más bonito y exacto emplear un término semejante al que el Puñetas aquí emplea. Por todas estas cosas, me alegré sobremanera que el simpático Bettini ganase la carrera. Ya habrán visto su foto en la llegada: haciendo el gesto de disparar. Contra los políticos, los organizadores, la UCI, la televisión alemana, los periodistas amarillentos. No era para menos.

Al españolito Oscar Freire también quisieron empapelarlo con la infamia y la calumnia. De la noche a la mañana salió su nombre en una lista de sospechosos, esta vez, de la muy sospechosa Unión Ciclista Internacional. Muy cabreado, decía el cántabro: “De sospechosos de no sé qué. Se han divulgado datos sin mi permiso y les voy a denunciar. (…) Yo no he dado permiso a nadie para me ponga en una lista junto a corredores que han dado positivo, o que están inmersos en procesos por dopaje, junto a otros que tampoco sé por qué están. Nadie me ha dicho todavía por qué estoy ahí”. Y acto seguido señaló que denunciará a la UCI cuando llegue a Suiza, donde tiene su casa él y su sede la citada unión de vividores y chupones de los ciclistas. A ver si es verdad y no da marcha atrás. Un tío que sólo en el último mes ha pasado 12 controles antidoping en la Vuelta Ciclista a España y dos más en su propia casa, parece libre de toda sospecha. Así que, al juzgado y a ver si a los miembros de la UCI les cae una multa que tienen que poner en venta hasta los calzoncillos de hojalata y los colmillos de oro.



Pero vayamos de lo particular a lo general. No es que el Puñetas justifique el dopaje, pero sí que está hasta el gorro de leer y escuchar en boca de algunos deportistas valientes que hay métodos de control anticonstitucionales, mafiosos e indignos. Que los ciclistas y otros famosos atletas los toleren, allá ellos, pero aseguro desde aquí que algunas de las prácticas realizadas por el Comité organizador del Mundial de Ciclismo, de la UCI y de otras instancias similares rozan el juzgado de guardia. Yo, como deportista, jamás permitiría que unos “guarros” vinieran a mi propia casa a la hora que les saliera de las pelotas para hacerme un análisis de sangre y orina al objeto de comprobar si estoy “limpio”. (Si no puede entrar la policía en nuestro domicilio salvo con el permiso de un juez, no va a hacerlo un medicucho enviado por la UCI o la madre que los parió). Y, por supuesto, jamás permitiría que a las tres de la mañana, antes de correr una etapa de 250 kms, un vampiro entrara en mi habitación del hotel para despertarme y chuparme la sangre. Lo echaría por la ventana o le clavaría la aguja en el culo.



En cualquier caso, parece que el nulo respeto por el deportista no sólo se da en el ciclismo. Acabo de leer una extensa entrevista a Rafael Nadal en XLSemanal en la que dice algo que me ha puesto los pelos de punta: “El año pasado pasé 17 controles antidopaje y este año llevo más de diez. De sangre, de orina, de todo. Lo peor es que terminas el partido y no te dejan ni ducharte. Tienes que hacerlo con la puerta abierta para que te vean los inspectores, cuando saben perfectamente que no tienes nada más que una toalla. ¿Estamos locos o qué? ¿En qué mundo vivimos? (…) Cuando terminas la temporada y tienes unos pocos días de vacaciones, tienes que rellenar un formulario para indicarles dónde vas a estar y qué vas a hacer cada día. Que a las nueve de la mañana de un sábado, que a lo mejor es mi único día libre, me piquen la puerta de casa para hacerme un control me parece increíble. Es una falta de intimidad total. (…) Es un show tan grande que no te puedes tomar ni una Aspirina. El Vicks Vaporup, ese que se inhala para respirar mejor, da positivo. Es la locura total. (…) Pero lo increíble es que los periodistas escriban sin tener ni idea”.



Está más claro que el agua. Aquí los únicos dopados son estos majaderos y mercachifles a los que la estricta aplicación de las leyes democráticas más elementales debería llevar a la cárcel y a pagar de su bolsillo las multas más elevadas. Por fachas y por ineptos.

2 comentarios:

la aguja 10/10/07, 0:05  

Con la perspectiva de los acontecimientos se entiende el gesto de Bettini. Un gesto de rabia, un gesto de ahí os quedáis. Pero no hizo un gesto de "yo estoy limpio" (que por otro lado tampoco sé cómo se podría hacer).

Yo sigo en mis trece, como dijo el Papa Luna. No me creo ciertas performances.

Y como para muestra vale un botón, ahí tienes a la Marion Jones, con lagrimita incluida.

Y como ya hay confianza, aquí te dejo mi visión sobre el particular en versión escritura relámpago: Desconfianza.

(Si pinchas en el enlace que hago en "De tertulia", verás lo de la lagrimita).

Servidor ya no se cree nada. Y mira que lo lamento. Pero es a donde ellos (todos ellos) me han llevado (incluido el hermano de la Marion Jones, que se llama Paco —el chiste no es mío—).

Juan Puñetas 15/10/07, 20:45  

Perfecta tu capacidad de síntesis: "¿Todavía hay quien cree que en el deporte de elite hay gente limpia de mácula? Más rápido, más alto, más fuerte, más químico". Y en ello podemos coincidir muchos. Pero todos los que coincidamos somos, al fin y al cabo, ciudadanos normales, sin poder ejecutivo, ni legislativo ni mucho menos judicial.

Son aquellas personas que tienen estos poderes (porque les son conferidos por las leyes, las elecciones o los negocios particulares) las que no pueden permitirse ese lujo de sospecha que los demás podamos tener y las que están más obligadas que ninguna otra a actuar sin saltarse los principios básicos y elementales de un Estado más o menos democrático. Entre ellos está la presunción de inocencia (sabemos a veces que se deja en libertad a un criminal, pero porque no había pruebas; sabemos que hay muchos políticos corruptos, pero con la intuición o la sospecha no se les puede condenar). ¿Por qué, sin embargo, no hay presunción de inocencia en el caso de muchos deportistas? ¿Y por qué no se les respetan derechos elementales como el de la intimidad o el de no tener que dar cuentas a nadie de a donde van, con quien se acuestan o cómo mean?

No hubiera estado mal que Bettini, aparte del gesto de rabia, hubiera hecho otro de "yo estoy limpio", pero -siguiendo con otra regla elemental que nos hemos dotado las sociedades más o menos civilizadas- lo que hay que demostrar es la culpabilidad ajena y no la inocencia propia.

De todas formas, en el negocio del deporte superespecializado, en el que un título o un record te puede llevar de la miseria a tener la vida resuelta para toda la vida (por no hablar de la fama, el ego y esas cosas), lo normal es que se queden en el camino los más tontos y destaquen y suban como la espuma los más "listos" (o los más "quimicos"). De ahí la desconfianza de la que tan certeramente hablas.

Por cierto, una pregunta totalmente maliciosa: ¿Por qué no hacen controles antidoping a los dirigentes, entrenadores, médicos y gente que rodea a los deportistas o que mangonea en las federaciones, consejos superiores de deportes, y ecétera? Porque en el negocio deportivo mucha de esta gente vive mejor que dios. Caso Villar, por ejemplo. Y cuando digo controles antidoping no sólo estoy hablando de “química” (que también) sino de economía, política, horas de trabajo, etc. Hay federaciones deportivas –como la española de fútbol, tengo la sospecha- que sometidas a un férreo control antidopaje acabarían por cerrarse a cal y canto por culpa de los esteroides de la corrupción o los anabolizantes del tráfico de influencias. Y más cosas que suenan fatal…

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