5 de octubre de 2007

LA SEMANA DE LOS ESCÁNDALOS


Finaliza la primera semana de octubre, donde los escándalos y las trampas han batido todo un récord. Tipos que engañan, estafan y mienten siempre los ha habido, pues es consustancial a una parte importante del género humanoide. Si encima hay dinero por medio, más trampa y más cartón. Desde el dopaje para sobresalir artificialmente sobre los demás hasta la mentira más burda, pasando por la falta de respeto a los rivales o los árbitros, que es otra forma de no jugar limpio. O el uso del dinero público en manos de unos irresponsables para menospreciar a un sector de la población. De todo ello hemos tenido en esta semana que se está yendo a freír espárragos. Se ve, pues, que las habas duras no sólo se cuecen en los despachos y entre la clase dirigente si no también en los deportistas de cualquier deporte (¡hasta en el golf, mare de deu!). Veamos cinco hechos gloriosos habidos esta semana:



* El Hamilton de las narices realizaba una serie de maniobras irregulares en la salida del Gran Premio de Japón de Fórmula I, una de las cuales llevó a provocar un accidente. Investigado por la FIA, al final le han dado un tirón de orejas solamente, pero cualquiera que vea el vídeo se da cuenta que ese día y a esa hora más que el coche lo que le patinaba al inglesito eran las neuronas.



* En el torneo de tenis de Metz (la France) un tenista llamado Koubet, por una decisión arbitral que no iba a impedirle poder ganar el encuentro, empezó a montar un pollo de tal calibre que ríanse ustedes del de la Pantoja. Por su boca salieron rayos, culebras e insultos vomitivos hacia el árbitro del partido, quien no tuvo más remedio que enviar al jugador austriaco a los corrales, con los aplausos del respetable que había pagado su entrada para ver un partido de tenis y no un monólogo de descalificaciones y borderías. Para mí que el tipo se hartó de jugar y no encontró mejor modo de abandonar el encuentro que mentarle toda la parentela a los jueces de silla y árbitro.


* Algunos catetos del Metro de Madrid, sector marketing, decidieron presentar en sociedad un bodrio de video-anuncio elaborado para ganar clientes. Como son tan listos, no se les ocurrió mejor idea que presentar a un tipo del Real Madrid yendo en metro al partido, mientras que metían en un coche a otro que representaba claramente a un seguidor del Atlético de Madrid. Un chaval tontuno, que mientras conduce habla por el móvil o fuma y que, claro, llega tarde al partido. Los atléticos se han cabreado, y con razón, no sólo por la memez del anuncio si no por el maniqueismo del mismo. ¡Con qué facilidad dilapidan el dinero público unos chiquilicuatros que se creen la mar de ingeniosos!


* Ya no te puedes fiar ni de las chicas guapas. La de veces que el Puñetas ha visto correr a Marion Jones, admirando su cuerpo serrano y su poderío atlético. Sus cinco medallas en los JJOO de Sydney todavía la hicieron más grande a los ojos de sus anónimos admiradores. Y mire usted por donde, ahora se descuelga la chavala con que le daba a los esteroides y a otras sustancias dopantes. Aunque al menos la moza ha demostrado que tiene conciencia, la conclusión es que de ahora en adelante –visto como está el patio- ¡ya no nos vamos a poder fiar ni de nuestro padre!



* Pero el escándalo más gracioso y burdo se ha producido en un campo de fútbol. Como no podía ser menos, allí donde más trampas y escándalos suele haber. Una obra de teatro en toda regla. Un portero llamado Dida, un aficionado escocés que salta al campo en los últimos minutos y que se va al otro córner, pasando por delante del portero milanista. En estas que le da un cariñoso manotazo, de esos que no matarían ni a una mosca, y en esas que el Dida –tras la sorpresa- sale detrás del espontáneo y decide que lo mejor es tirarse al suelo y simular una lesión, o una lipotimia o un yuyu. Total, que tras la salida de las asistencias, se lo llevan en camilla y aquí se cierra el telón. El teatrero no tuvo la deferencia ni de salir a saludar al centro del campo, una vez finalizada su magistral interpretación. Si el jugador brasileño tuviera vergüenza, no volvía a salir nunca más a un campo de fútbol. De ahora en adelante que se dedique al cine o a las bambalinas.



Y luego dicen algunos que el deporte es aburrido. Hay semanas en que da más de sí que el espectáculo más tramposo y escandaloso que ha parido mamá: el de la política. Esta semana los chicos del deporte mundial han ganado por goleada.

2 comentarios:

la aguja 10/10/07, 22:00  

Trampas y más trampas; trampas por doquier. Y detrás de las trampas está siempre el mismo agente: don Dinero (con mayúscula, porque hablamos de grandes beneficios).

¿Y si no existiera el profesionalismo en el deporte dejaría de haber tramposos? Pues no; siempre habrá quien por notoriedad o/y ansias de grandeza haría lo imposible por ganar de cualquier forma.

Pero serían pocos, estarían controlados, y no tendrían quien les secundase o ayudase a hacer trampas.

Y lo más importante: no encontrarían quien les elevase templos de las trampas. Sabes que me gusta decir que meter un gol con la mano es trampa aunque se haga ante un equipo venido de un país enemigo políticamente.

Siempre me he preguntado qué habría sido de Maradona si tras meter su gol con la mano frente a Inglaterra en el Mundial de 1986 se hubiese parado y hubiere dicho al árbitro que había sido con la mano.

Me gusta creer que sus compatriotas le habrían homenajeado. Y su gesto, precisamente por las circunstancias internacionales que rodeaban al partido, hubiese sido el ejemplo deportivo del siglo XX.

Y quiero creer también que tal vez su vida hubiese sido diferente, porque ese gesto le hubiera engrandecido (para los neuronicortos debo aclarar que lo que estoy diciendo no es que sus problemas con las drogas vengan por haber metido el gol con la mano, que tenemos una facilidad para establecer bicondicionales…).

Juan Puñetas 15/10/07, 20:56  

Ya has visto que tras el varapalo del post anterior a los que se saltan las normas acusando a los deportistas de viciosos y drogatas sin pruebas y conculcando sus más elementales derechos, no iba a tardar mucho en pasar por el Arco a algunos de esos mentirosos, tramposos y dopados "ya demostrados" que, como abejas, revolotean por la miel hasta que se hartan de chupar y, claro, la cagan.

Estoy contigo en que lo del Dinero es la clave principal, pero basta ver a un grupo de chaveas jugar entre sí sin la autoridad de un adulto ojo avizor, para darse cuenta de que también cojean de similares vicios tramposos, aunque reducidos a su infantil estatus. En ello hay mucho de aprendizaje externo (y de ahí la tremenda responsabilidad de los deportistas de élite, en quienes se miran muchos sectores sociales, como los chaveas), pero tengo para mí que la cosa tramposa también se aprende entre los amigos, algo en casa, otro poco en las telecacas y hasta es posible que venga manufacturada algunos de los millones de genes que traemos consigo desde los tiempos de Adán y Eva o del Bigban.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).