27 de abril de 2008

DIOSES DE BARRO


El otro día leía el Puñetas una entrevista a Juande Ramos en el suplemento dominical del diario El Mundo. Ya saben, el entrenador del Sevilla que este año, a mitad de temporada, dijo que se iba a Inglaterra a entrenar al Tottenham, que dijo que se iba y que se iba y que cuando quisieron darse cuenta en el club sevillano, ya se había ido. Así son las cosas del futbolín, donde los contratos suelen estar de adorno.

El bueno de Juande ha levantado al equipo británico del abismo donde se encontraba y hasta ha conseguido un titulillo. Por todo ello, y dado que por las islas británicas esto del fútbol se lo toman muy a pecho, no puede extrañar la sinceridad del amigo: “La gente me trata como si fuera una especie de dios”. ¡Qué ordinariez!

Otro que también es considerado otro dios por los lares del Reino Unido es el niño Torres. (A este paso llegará a la tercera edad y todavía seguiremos llamándolo “niño”. Otra cosa boba del furbo). Tras la eliminación del Arsenal en la Champion Li, hace unas semanas, lo subieron a los altares los medios de comunicación ingleses, si bien ya estaba en la peana de la deidad gracias a los hinchas del Liverpool, que para estas cosas son unos hachas. El diario sensacionalista “The Sun” escribía : "No existe un lugar mejor en el mundo para estar cuando el Liverpool arranca una victoria como la de anoche. Las paredes tiemblan, los techos se derrumban y los oídos explotan”. Todo, gracias a un gol marcado de volea por Torres, que le pareció al diario el no va más de la genialidad. The Guardian, otro diario que tal y cual, escribía: “Su gol, su giro y su disparo están llamados a millones de repeticiones”. ¡Una pasada!

La verdad es que vamos de pasada en pasada hasta el desastre final. Rara es la jornada de Liga o de Champion en que no se marca un gol genial. Algunos regates son catalogados por los correveidiles de los micrófonos deportivos como auténticas obras de arte y los principales artistas de semejantes maravillas son halagados hasta tal extremo que cualquier día de éstos tenemos a toda la afición diabética perdida, tal es el exceso de azúcar y lisonjas que se le ofrece. ¿Extrañará, por ello, que cualquier medianía traspasable, como el croata Luka Modric, sea fichada por el Tottenham por la friolera (más bien, calentura) de 26 millones de euros? Como esto de los euros es muy engañoso, convirtamos la anterior cantidad en pesetas de las de antes: 4.800 millones de pelas. ¡Una burrada!

Pese a la tremebundez de la cifra, es lo habitual en los equipos punteros del futbolín. ¡La de cosas útiles que podrían hacerse de emplear esa inversión en fines menos caprichosos! Pero ya se sabe, los artistas y los genios de la actualidad son estos chicos de la bota y la pelota. No extraña que los más aseados sean tratados como dioses, incluyendo a los entrenadores de elite. ¿Y qué ocurre habitualmente cuando todo el mundo –la familia, la prensa, los aficionados, las casas comerciales, los bancos...- te endiosa y sobrevalora hasta extremos inimaginables y esperpénticos? Pues que tú empiezas a creértelo, a pensar que eres un genio nacido para el triunfo y que Miguel Ángel, Velázquez o Einstein eran una colilla a tu lado. Es el momento en que, si lo que tienes entre ceja y ceja sólo son vanidades y pocas luces intelectualoides, empezarás a autodevorarte. Y al final, cuando caigas en el precipicio, no habrá lugares en el planeta donde cobijar tu cuerpo serrano. Es lo que le ha pasado al bueno (¿?) de Ronaldinho, que de ser el mejor jugador del mundo, y con contrato barcelonino hasta el 2010, ahora anda buscando equipo donde acabar vegetando hasta el final de su vida deportiva.

Pero los divinos fracasos no sólo ocurren en el endiosado mundo del futboleo. Hace un mes leí en algún sitio de la Interné, de cuyo nombre no puedo acordarme, lo siguiente: “Un estudio de la Asociación de Jugadores de la NBA establece que el 60% de los jugadores de la Liga estadounidense están en situación de bancarrota cinco años después de su retirada”. Estos se lo montan todavía peor, pero para el caso es lo mismo. De dioses a parias en cuanto se les acaba la fama. Lo cual quiere decir que mejor haríamos en mantener humanizados a los deportistas en vez de auparlos a un pedestal divino del que lo más normal es que acaben cayendo, dándose el gran hostiazo. La culpa, desgraciadamente, no será sólo suya.

4 comentarios:

Anónimo 28/4/08, 23:05  

Te diré algo: NO PUEDO ESTAR MÄS DE ACUERDO CONTIGO.
Esto viene pasando ya desde tiempo atrás, los pedestales ya están muy altos. Todo esta sobrevalorado y es por eso el muy bajo rendimiento futbolístico que hemos estado viendo en todos los lares del globo.

Saludos
Kevin - Londres 1863

Juan Puñetas 30/4/08, 16:40  

Si estamos acertados en el diagnóstico (tengo la impresión que muchos no comparten, pese a que es muy evidente), tocaría reflexionar sobre cómo deben hacerse las cosas para regresar a la "normalidad", que no es otra que tomar al fútbol exclusivamente como lo que es: un espectáculo y una diversión en la que sus actores principales pueden ganar mucho dinero (no debería ser tanto, pero si lo generan...) aunque nunca ser considerados poco menos que como dioses. Cuando en los telediarios españoles (supongo que pasará igual en los del resto de los países) dedican más tiempo a informar sobre el fútbol profesional que sobre el resto de la información general (no digamos sobre los otros deportes), es que algo no funciona bien. Pero bueno, allá cada cual siempre que no se nos imponga a los demás que comulguemos con ruedas de molino.

El asunto da para muchos artículos y comentarios. Gracias y ánimo con vuestra bitácora.

la aguja 4/5/08, 1:18  

Pues por mi parte, hoy me voy a limitar a recomendarte sendas películas de aquellas que se filmaron en blanco y negro (en realidad en escala de grises).

La primera protagonizada por Kirk Douglas, es considerada una cinta magistral: "El ídolo de barro" (1949). La segunda, protagonizada por Humphrey Bogart, está considerada una obra maestra: "Más grande será la caída" (1956). Ambas fueron dirigidas por Mark Robson.

Sencillitas pero densas (y no llenas de efectos especiales pero huecas, como las de ahora).

(Me suena que he escrito esto mismo hace poco en algún lado; tal vez en mi bitácora, en respuesta a alguien o a algo; ya te he dicho en otro comentario que te acabo de hacer que llevo quince días bastante espeso; espero que se me pase la tontuna pronto).

Ya hablamos por privado cómo podemos hacer si no las consigues.

Juan Puñetas 8/5/08, 19:45  

La última que citas recuerdo haberla visto en mis años de mocedad. La primera no recuerdo. Los títulos de ambas ya lo dicen todo. Sería bueno que alguien se encargase (en estos tiempos de estadísticas abusivas) de hacer un ligero recuento de ídolos de barro o de tipos que se la pegaron bien pegada. Los guarismos no saldrían pequeños, no...

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).