31 de enero de 2010

TODAVÍA HAY INGENUOS QUE SE CREEN QUE CON UNA PELOTA EN LOS PIES SE HACE PAÍS


LOS HECHOS:
8 de enero de 2010. El autobús de la selección de Togo es tiroteado en la frontera entre el Congo y Angola, país donde se disputará la Copa de África, organizada por la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Dos días después se contabilizan cuatro muertos. El capitán informa que la intención del equipo es, dadas las circunstancias, no participar en la competición. Incluso están tratando de convencer de la misma idea a los otros tres equipos encuadrados en el grupo. Al mismo tiempo, la CAF y el gobierno angoleño empiezan a presionar a Togo para que no abandone, pero el capitán Enmanuel Adebayor lo dice muy clarito: “Conversaré con mi equipo y tomaremos una decisión por el bien de nuestras carreras, nuestras vidas y nuestras familias. Al final, sólo es fútbol. Muchos jugadores se quieren ir. Ellos han visto cerca la muerte y quieren regresar con sus familias." Poco después decidían dejar el torneo. Por la otra orilla, mientras tanto, no tenían dudas: "Nuestra prioridad es la seguridad de los jugadores, pero el torneo seguirá adelante", cacarea el portavoz de la Confederación Africana de Fútbol.

Poco después los jugadores volvían a deshojar la margarita. El centrocampista togolés Alaixys Romao afirmaba que “el conjunto de la delegación nos hemos reunido y hemos acordado estar en el campo el lunes para jugar contra Ghana. La decisión ha sido unánime. Algunos compañeros han muerto y otros han resultado heridos por acudir a la Copa de África. No podemos defraudarles y huir como cobardes. Permaneceremos aquí por ellos, pero también para no darles la satisfacción de huir a los rebeldes. Nuestro Gobierno no parece que esté de acuerdo con nosotros, pero todos hemos decidido que vamos a disputar esta competición." Efectivamente, las órdenes del gobierno togolés eran claras y terminantes: “Se prohíbe a la selección jugar en la Copa de África”. El primer ministro, Gilbert Houngbo, advierte que "si algún equipo o alguien se presenta bajo la bandera togolesa, será una representación falsa”. Y añade: “La decisión del Gobierno no ha cambiado, es una decisión meditada y firme. Entendemos el punto de vista de los jugadores, que quieren honrar a sus compañeros caídos, pero sería irresponsable por parte de las autoridades permitir que continúen". Los jugadores, finalmente, acceden a la petición de su gobierno y se retiran de la Copa de África. Los señoritos de la CAF y del gobierno angoleño se quedan con un palmo de narices, mascullando por lo bajini: “cobardes, lo vais a pagar”.
EL ANÁLISIS PUÑETERO:
Llevamos sosteniendo aquí, desde el Pleistoceno, que los jugadores de las selecciones nacionales no representan a sus países sino a las federaciones deportivas nacionales correspondientes. A sus federaciones, que  son pura y llanamente unas entidades privadas, con sus propias normas de funcionamiento, su afán explícito de hacer negocio y su voluntad de hacer de su capa un sayo mientras les dejen, lo que no significa que no quieran aprovechar la importancia social de su deporte (sobre todo, las federaciones de fútbol) para intentar sacar los cuartos a papá Estado –más parné para sus particulares bolsillos- y hacer colar la mistificación absurda de que los jugadores que ellas seleccionan no sólo les representan sino también al país del que son origen.

El invento de mezclar nacionalismo con pelota (que no otra cosa son las selecciones “nacionales”) engorda las arcas de las Federaciones de Fútbol y satisface de rebote las ansias de comunión identitaria de poblaciones acríticas a las que se les da de comer todos los días toneladas de anuncios, propagandas, cuentos y otras merdés ideologizadas para que pierdan la noción precisa y exacta de la dura realidad, de “su” realidad. Así, la Real Federación Española de Fútbol, que hace en su casa lo que le da la gana sin que nadie de fuera le rechiste, participa en torneos y competiciones deportivas bajo el nombre de “España”, en un uso torticero e impresentable de una marca (España) que no le corresponde; nombra a dedo a un señor como seleccionador, presentándolo ante la opinión pública como el seleccionador “español” (en vez de seleccionador de la Federación); éste escoge a los jugadores que desea de acuerdo a sus gustos e intereses pero dichos jugadores ya no son los futbolistas de Luis o Del Bosque, sino los futbolistas “de España”; luego, tanta ficción propagada y propagandística, acaba lógicamente con millones de gargantas coreando el “España, España”, como si en el campo de juego aquellos gladiadores representasen al país y estuviesen defendiendo en el césped el honor nacional. ¿En nombre de qué y de quién, demonios, si sólo se representan a ellos  mismos y a quienes les eligieron?

A su vez, los gobiernos respectivos también se muestran encantados con la ficción representativa denunciada más arriba. Un relativo éxito en una competición deportiva les permitirá sacar pecho y recibir a los jugadores en el palacete del primer ministro, rey o presidente como si aquellos fuesen héroes nacionales, cual si fueran un James Bond al servicio de su majestad, del gobierno y del país. Por otro lado, esa ficción “nacional” permite la integración territorial del personal, que odiándose o dándose mamporros los días de diario, en los de partido de la selección se unen como hermanos para aupar hacia la gloria a sus idolillos de sangre, bandera, himno y camiseta común. Ya no hay, un suponer, Real Madrid ni Barcelona. Todos son ya España, y el país, a una, insufla sus ánimos a los tíos de corto para que logren elevar a los altares del exitazo futbolero el buen nombre y el pabellón de la patria mía, afligida casi siempre menos en tiempos de ganancia de algún campeonato peloteril. Entonces, para celebrarlo, se hacen manifestaciones de alegría pública, con banderas y pancartas, como si se estuviese celebrando el primero de mayo o la toma de la Bastilla.

Las privadísimas Federaciones nacionales y los públicos gobernantes tienen un punto en común: aborregar al gentío con la tontez de una representatividad nacional de los equipos, cuando es más falsa que Judas. Claro que a ambos les interesa semejante embuste pues mutuamente salen beneficiados. Tanto que los mismísimos gobiernos –en nombre del bien común- dedican ingentes dineros públicos para construir estadios e infraestructuras, tomar las oportunas medidas de seguridad con cientos de policías, etc para que la Gran Competición Deportiva (pongamos por ejemplo, la Copa de África congoleña) sea un escaparate para el país. Una vitrina que será vista a través de millones de pequeñas pantallas, con lo de propaganda y fama que da eso, mientras que los federativos engordan su calcetín con ganancias completas que luego depositarán en desconocidas cuentas corrientes. Dinero público para bolsillos privados.

Pero de pronto, mira tú, un mal día esos interés compartidos saltan por los aires y entonces las Federaciones salen con la cantinela de que ellas son instituciones privadas, con sus propias reglas de juego, no sujetas ni al ordenamiento jurídico de su país pues dependen directamente de sus organizaciones superiores (la FIFA, la CAF…).  Algo de eso ocurrió no hace mucho con la RFEF en uno de los más bochornosos episodios que uno recuerda y eso es lo que acaba de pasar ahora con la CAF de las narices.

Aquí mando yo, ha venido a decir la CAF al gobierno togolés. Los jugadores de Togo están a mis órdenes, tienen ficha federativa de la Federación de Fútbol de Togo, que es una sucursal directa y disciplinada de nosotros. Así que usted, primer ministro, dirá misa en su país pero nosotros estamos al margen de su ley. Los jugadores tienen que jugar porque nos deben obediencia debida (laboral y contractual) y usted no es nadie para inmiscuirse en nuestros asuntos. Y como los jugadores, al final, decidieron hacerles caso a ustedes, su gobierno, en vez de a nosotros, la CAF, aquí tienen  ahora el resultado: "Hemos tomado la decisión de suspender al equipo nacional de Togo para las dos próximas ediciones de la Copa de África y de imponer una multa de 50.000 dólares a la federación nacional de fútbol togolesa, de acuerdo con el artículo 78 de la Copa de África de Angola 2010".

Así, con un par. Y encima tienen la desfachatez de hablar de “equipo nacional de Togo”. Pues si, en verdad fuese el equipo nacional de Togo, a quien deberían obedecer y acatar los jugadores y la federación togolesa sería a su gobierno y a no a esta pandilla de vividores mafiosillos de la CAF que, por no respetar, no respetan ni la memoria de los difuntos, siguiendo la máxima de “el muerto al hoyo y el vivo y el vivales, al bollo”. Si hay ciegos que todavía no quieren ver, es su problema, pero este ejemplo de la sanción de la CAF es como un relámpago en mitad de la noche: por si alguien no se había enterado, ellos -los federativos y sus chiringuitos futboleros-, son de otro planeta y hacen con "sus" jugadores lo que les viene en gana.

¿Y qué debería hacer el gobierno de Togo ante el órdago de la CAF? Pues muy sencillo: no permitir de ahora en adelante que el nombre de su país lo lleven en la camiseta unos jugadores que, por muy togoleses que sean, en realidad no representan al país sino a una organización privada enmarcada dentro de otras organizaciones supranacionales, las cuales aplican sus propias normas pasándose por encima las directrices de los gobiernos, cuya representatividad sobre el país que dirigen es muy superior a la que puedan tener la CAF, la FIFA y la madre que las parió. (Y a todo esto, para más inri, se llevan gratis a los futbolistas mientras que los clubes que los mantienen a precio de oro se quedan con un palmo de narices, rezando porque Diarra, Etoo o Kanouté no regresen del torneo de selecciones con un agujero en la tibia o el peroné. Mayor trinque y desvergüenza, no cabe. Y que encima lo revistan con el patrioterismo habitual, ya clama al cielo. ¡Cielo, envía un rayo purificador y convierte en fosfatina a estos trileros profesionales!).
CONCLUSIÓN:
Ya verán que ni el gobierno togoleño se atreve a mi propuesta de las camisetas, ni a declarar personas non gratas (dignas de ser llevadas al patíbulo o a la cárcel) a estos tipos de la CAF en cuanto pisen suelo togoleño. Y es que, salvados estos momentos estelares en que se descubre el pastel con nata que tienen montados unos y otros, la confraternización les conviene muy bien a ambas partes. Unos, los federativos, para su privadísimo negociete de mucha pasta y poco esfuerzo, y otros, los gobernantes, para el suyo del borreguismo popular y la “conciencia” nacional de su gente, a la que así distraen y entretienen evitando que se preocupen de asuntos muchos más importantes que ganar a Somalia por cinco goles a dos. Señor, señor…, todavía hay millones de ingenuos que creen que con una pelota en los pies se puede hacer país. ¡Alabados sean los pobres de mente porque de ellos será el mundo de la vana ilusión!

4 comentarios:

la aguja 2/2/10, 1:17  

¡Olé!

Y yo aún diría más... (que diría uno de aquellos inspectores del cómic de Tintin). Apuesto a que hay acuerdo entre la CAF y el gobierno togolés, y se firma un desagravio bilateral (o sea, en mutuo beneficio). Al tiempo...

Otros que tal bailan son los "señores de los anillos", que ya han conseguido sentarse a la mesa de los gobiernos... Les han dado no sé qué sillón en las Naciones Unidas, ni más ni menos que a la altura de organizaciones como Cruz Roja. ¿Cuándo estos barones decadentes del COI --comenzando por el niñato del Samaranch hijo-- han salvado una vida en nombre del deporte?

Ya lo hemos visto con el asunto este del atentado...

Tomeu Riutord 4/2/10, 0:31  

Buenas,
He tenido el agrado de visitar su Web http://porelarcodeltriunfo.blogspot.com/, con lo que debo felicitarle por el buen trabajo que has echo, publicando entradas de calidad sobre el Futbol.
Decirte que voy a ir siguiendo el blog ya que me ha parecido muy interesante. Por otro lado, aprovechar para presentarte mi blog: http://www.doctorapuestas.com/
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Saludos Cordiales,
Tomeu

Juan Puñetas 4/2/10, 20:57  

Buenas, señor Tomeu. Le agradezco sus piropos (inmerecidos, según diría cualquier forofo futbolero). Aquí estamos para lo que guste menos para lo que me solicita. En mi vida he apostado un duro a nada; no juego a las quinielas ni a nada parecido; las apuestas me aburren y tampoco me hacen mucha gracia. Cada cual tiene sus rarezas. Deseo que su blog tenga éxito. Un cordial saludo.

Juan Puñetas 4/2/10, 21:20  

A mí esto de las representaciones en nombre de otros me parece pura filfa. No sólo en esto de las selecciones nacionales. Las personas nos representamos sólo a sí mismas, e incluso hay algunas que ni siquiera son capaces de eso.

Comprendo que este individualismo sea exagerado pero me parece aún mayor el que se nos imponga una visión de la representatividad que nada tiene que ver ni con la lógica ni con la legalidad. Mucho cuento y farfolla es lo que hay aquí.

Quizás la selección española represente al fútbol español (a sus clubes, futbolistas e incluso federaciones). Al fin y al cabo, sus componentes son la "crem de la crem" del mundo de la pelota y salen de él. Pero trascender ese tipo de representatividad más o menos lógica a que esos jugadores representan al país y a sus habitantes es un salto demasiado arriesgado y exagerado.

¿Representa Microsoft a EEUU simplemente porque es una empresa norteamericana? ¿Nos representa Telefónica cuando compra o presta servicio en cualquier otro país? En todo caso representará a sus accionistas y trabajadores o a un concepto de llevar a cabo la telefonía con el cual yo estoy en total disconformidad. Desde luego, a mí no me representa Telefónica o Iberia o Fernando Alonso en el mundo por muy de capital español que sean (que no lo creo) o porque su sede central la tengan en Madrid. De Alonsico, él ya se basta por sí solo de representarse a sí mismo y yo, muy gustoso, puedo seguir alguna de sus locas carreras, alegrándome si gana, no porque sea español como yo sino porque ha sido quien más ha volado sobre la pista.

Por decirlo más crudamente: sólo me representa quien a mí me da la gana.
Cuánto menos me van a representar unos millonarios a los que les importo e importamos tres pimientos. O el señorito Botín del Santander, por muchos bancos que ponga en Londres. Un suponer.

En fin, de todo este asunto lo más indignante no es el uso torticero de la representatividad o no de los seleccionados sino que para la CAF lo único que importa es el circo y los beneficios que le reporta. Y si hay muertos por el camino, ese no es su problema. Lo cual, pensando que quien organizaba el Campeonato era ella misma, suena un poco a mirar para otro lado. Una desfachatez.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).