21 de marzo de 2011

TUTTI FRUTI DE DOPAJE (2 DE 2)

Si más pronto escribíamos la semana pasada sobre el tutti fruti del dopaje, mostrando cómo la tienen tomada casi exclusivamente con el ciclismo y cómo el asuntejo –para muchos políticos y jueces- es más importante que la propia seguridad ciudadana (ya saben, crimen organizado, corrupción, violencias varias, etc), más pronto aparecen en los medios algunas veladas referencias al dopaje ¡futbolero! Y para llamar la atención, el foco se puso en el Barça galáctico. Estaba claro que quienes lanzaban semejante globo sonda sabían muy bien lo que hacían.


AL CICLISMO Y ATLETISMO LOS TOMAN POR EL PITO DEL SERENO

¿Qué tienen el ciclismo  y el atletismo para que sean los deportes en que más aparece el dopaje? Aunque ambos son dos deportes muy duros, nadie nos convencerá que el resto son peritas en dulce. Hasta para jugar profesionalmente al ajedrez hay que tener un corazón a prueba de bombas y jaques mate. ¿Hay alguna predisposición genética en los ciclistas y atletas para meterse porquería en el cuerpo, mientras que el resto de los deportistas son unos “angelicos del Señor”? Nadie, salvo que sea un ser puro y virginal (o sea, idiota) podrá creer semejante sandez. La cosa, pues, está clara: en la lucha contra el dopaje se viene apuntando y disparando básicamente contra estos dos deportes. Los ciclistas y atletas suelen ser gente indidualista, procedente del tercer mundo o de las clases bajas, personal muy sacrificado y de poco tirón social y mediático.  Detrás de ellos no hay grandes clubes ni multinacionales ni cientos de televisiones ni millones de aficionados. Oiga, gente estupenda para servir de pim-pam-pum contra el dopaje, de chivo expiatorio. Comparen la mayoritaria procedencia social de los deportistas de otros deportes "individuales"  (tenistas, golfistas, pilotos…) con la de los casi siempre modestos atletas y ciclistas. La igualdad social de oportunidades, en algunos deportes todavía está por descubrir. Sí, hay deportes como el fútbol donde muchos de sus practicantes exitosos proceden de estratos sociales y países de la cola del mundo pero ellos no están solos ante el peligro sino que forman parte de un engranaje bien engrasado en forma de prestigioso club. El potencial económico, social y tal y cual de cualquier entidad, llámese Barça, Madrid, Chelsea, Los Ángeles Lakers, etc, actúa de pantalla de protección de sus integrantes más aventajados y glamourosos. El que a buen árbol se arrima, ya se sabe...

Es tan burdo y evidente el sistema selectivo en relación al dopaje que una vulgar pregunta lo pone patas arriba. ¿Cómo es posible que haya más casos de dopaje en deportes minoritarios en  practicantes (y en espectadores) respecto a deportes tan mayoritarios como el fútbol o el baloncesto, un suponé? Sólo por el número extenso de practicantes, por el altísimo nivel de exigencia deportiva y social, por el impresionante negocio económico y publicitario que mueven, sólo por eso, estos dos  deportes deberían figurar en el ranking de los que tienen más casos de jugadores dopados. Nada de eso. Algo huele a podrido en esta pirámide invertida.

PREGUNTITAS CON MUCHA GUASA

Riámonos un rato porque tanta seriedad nos acongoja. ¿Se aplican las mismas normas, los mismos análisis, idénticos controles y celo a todos los deportistas? Je, je, permítame que me ría a mandíbula batiente. Ji, ji, jo, jo. A Contador (un tipo al que en un año le realizan más controles clínicos que a usted o yo en toda nuestra vida) le quieren crucificar porque en un análisis aparecieron unas cantidades irrisorias y minúsculas de clembuterol. El análisis fue realizado por uno de los laboratorios más avanzados del mundo, preparado para encontrar rastros infinitesimales de cualquier porquería. ¿Se imaginan llevando a dicho laboratorio, todas las semanas, las muestras de los más afamados futbolistas mundiales? Ji, ji, ja, ja. Sigan imaginando cosas risibles. ¿Puede decir alguien bien informado –don Lissaqué, por ejemplo- cuántos controles pasó Contador el año pasado y cuántos Cristiano Ronaldo o Messi o cualquier jugador afamado de la Liga española, o inglesa o alemana? Si contesta que un número equivalente,  algunos somos capaces de morirnos de la risa.  Y otra preguntilla más: ¿tienen la misma profundidad investigadora los análisis que se realizan a los ciclistas y a los futbolistas, baloncestistas, etc? Ji, ji, jo, jo. ¿Ha escuchado quejarse a algún futbolero de que, a las cinco de la mañana, en el día del partido, le han despertado para enchufarle una jeringa y sacarle sangre? Ju, ju, es que me meo de la risa. ¡Que me meoooo!

Seamos serios, ji, ji. Hay deportistas privilegiados que reciben trato de favor, usted perdone, si no le sabe mal me orina aquí un poco, y luego, no se moleste, necesito pincharle un poquito para sacarle una gota de su millonaria sangre. Es sólo un paripé, oiga.Exigencias del guioncillo para que gente como el Puñetas no larguen tanto por ahí...

¿Qué pasa, que los futbolistas no comen solomillos? ¿Son todos tan serios y responsables en tomar todas las precauciones posibles que a casi ninguno se les detecta alguna cosilla inconveniente entre sus leucocitos y plaquetas? Eso no se lo cree ni el que asó la manteca. ¿No será que el control que se les realiza es mínimo, chapucerillo y poco exigente… comparado con lo que se hace a los ciclistas o atletas?  ¿Hay que ser un lumbreras para llegar a semejante convicción?


TORQUEMADAS DEPORTIVESCOS 

Otra cosa bien diferente de las dudas y convicciones arriba expuestas de manera general, es  acusar directamente a determinados clubes y futbolistas de que se dopan y hacerlo sin aportar prueba alguna. A esa actitud se le llama calumniar, difamar y otras cosas igualmente venenosas. Es a eso a lo que se dedican algunos periodistuchos deportivescos,  gente que gana sus buenas perras moviendo la mierdecilla ajena para mayor gloria de los señoritos que les pagan. Acusar de doparse a los chicos del Barça o del Valencia (o de cualquier otro club) sin poner a disposición del respetable los resultados analíticos correspondientes, debería estar penalizado con años de suspensión profesional, multa estratosférica y poner el careto de los difamadores en las paredes de todos los aeropuertos del país y parte del extranjero.

Acabemos de una vez con este tutti fruti del dopaje. Sentada la presunción de inocencia como principio inviolable, otra cosa es que algunos no nos chupamos los dedos de las manos ni de los pies. Es indudable que no se trata con el mismo rasero en el control y análisis a todos los deportistas. En base al más elemental principio de igualdad entre los unos y otros, debería ser exigible en, por y desde todas las instancias. Y ya me largo. Dejaremos para un siglo de estos otro tipo de dopajes tanto o más sangrantes que los de la EPO, Clembuterol y otras mierdas.  Empezando por los económicos. Ja, ja, je, je, ji, ji, jo, jo, ju, ju...    

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).