...PUES NO LO HACE TAN MAL CAPELLO...
Escuchaba el otro día un corte de la rueda de prensa con Capello en el vestuario tras finalizar el partido de Liga entre el Sevilla y el Real Madrid. Un periodista, haciéndose seguramente el gracioso, preguntaba a Capello:
-Este Real Madrid, ¿a qué juega?
A lo que don Fabio, agotado tras la tensión mantenida durante el partido, y aburrido porque los tíos de la plumilla y el micro siempre están con la misma cantinela, decidió responder en plan aséptico:
-Al fútbol.
De verdad. Se trata de esas veces en que uno desearía estar en la mente de otro. Como en este caso, en que el Puñetas (disfrazado de Capello) hubiera respondido así:
-Mire usted. El Real Madrid juega al baloncesto, al tenis, al balonmano y a lo que haga falta. Lo que no sé es a qué juega usted…
Y es que ya se están pasando. ¡Pesados, que sois unos pesados!
Desde que llegó don Fabio lo andan crucificando con el cuento chino de siempre: sus equipos no juegan al fútbol, tiene un concepto ramplón e instrumental del juego y así no hay forma de ayudar a vender una escoba a los chicos de la prensa, radio y televisión. Y como el Puñetas se las veía venir, ha tenido la santa paciencia de ver casi todos los partidos del Real Madrid (al tiempo que se tragaba una aspirina para evitar el dolor de cabeza) con objeto de tomar una postura ante la persistente e insolente lluvia mediática que le aplican desde tierra, mar y aire al entrenador italiano. A estas alturas, la conclusión puñetera es que estos periodistos de pitiminí cuando la toman con alguien no paran hasta destrozarle. Unos buitres de mucho cuidado, que encima se las dan de sabios futboleros cuando lo más redondo que han visto en su analfabeta vida es una onza de chocolate y no un balón de fútbol.
Vamos a ver, periodistillos listillos. Como preámbulo hay que decir que ya está bien de hablar hasta la náusea del Madrid. Y de hacerlo en plan cotillas, con la misma autoridad moral e intelectual que la de un trilero en una feria de magia. O sea, ninguna. Dicho lo cual, lo primero que hay que sentar como principio es que Capello es un buen entrenador de fútbol, que ha dirigido a algunos de los mejores equipos de Europa y que con ellos ha conseguido los éxitos de rigor. O sea, que no es ningún pelanas para estar cuestionándolo desde que llegó al Bernabéu hace ya unos cuantos meses. En segundo lugar, tiene cierta idea de lo que es el fútbol (un deporte bastante aburrido) y la aplica consecuentemente, lo que no se puede decir de otros entrenadores. Vamos a la tercera y principal: como en todos los deportes, el objetivo básico es ganar a los rivales, se haga buen o mal juego. Tenistas hay que viven instalados en los primeros puestos del ranking simplemente porque disponen de un descomunal saque y una volea decentita. Juegan en pistas rápidas y cuando llega la tierra batida cogen vacaciones para las Chimbambas. Verlos en combate es no parar de bostezar, pero eso a ellos les importa muy poco si de vez en cuando cae algún triunfo de su lado y, con él, su buen dinerito. Volviendo al futbolín, los aficionados disfrutan como posesos si gana su equipo y se cabrean si pierde, aunque practique un juego la mar de primoroso. Sólo con la belleza no se come. Cierto que ganar y jugar bien les produciría un orgasmo doble, pero son conscientes que los milagros no se dan ya ni en la religión, aunque su equipo del ánima sea el más laureado de todos los tiempos. Del recuerdo ya no viven ni los historiadores.
Capello va a lo que le pide el club y sus jugadores: buenos resultados y triunfos. Cada año raro es que no le caiga algún titulillo. Pero, en el actual caso que nos ocupa, muchos de estos listos de salón, parecen olvidar lo que el Real Madrid ha sido en los últimos años: un grupo de amiguetes, algo pijos, bastante vagos y muy consentidos en todos sus caprichos. En unos meses los ha transformado de cabo a rabo. Ronaldo corre hasta en el medio campo. A Guti le arrean los rivales más que a una estera, pese a lo cual el famoso niñato no saca el hacha. A Beckham lo pone cuando tiene la seguridad que va a pensar en la pelota, no en el anuncio de Gillette, así que el inglés empieza a darse cuenta que como no cambie de mentalidad, en un año no vende ni pomada para las almorranas. Con un equipo descompensado y pleno de vejestorios, algunos de ellos recién llegados y en fase de adaptación, se mantiene entre los tres primeros de la Liga, ganó al Barcelona y está en la Champion todavía.
¿Qué es el éxito sino un triunfo inestable que dura lo que tarda un suspiro? Dejémonos de cursiladas. Don Fabio está sacando petróleo de donde hay poco combustible o donde ya había desaparecido en los años atrás. Sus jugadores corren, atacan y defienden y a cada grito del italiano se acojonan por si las moscas. No juegan muy bien, pero también impiden que los rivales lo hagan. Celebran los goles en bloque y no haciendo la cucaracha. En el vestuario se acabaron las habladurías y algunos se pelean entre sí, no porque uno sea más guapo que otro sino de rabia porque le están quitando el puesto.
De verdad, hay que estar ciegos y sordos como ese periodista de Sevilla para no darse cuenta que Capello ha transformado a la antigua banda de jugadores madridistas en una orquesta que, aunque desafina y aburre hasta a las ovejas, al menos toca algo parecido a una melodía. Todavía no es bella, pero el que busque hermosura en el fútbol moderno... que se vaya apuntando a la Organización Nacional de Ciegos. Claro que ahí enfrente está el Barça…, pero algunos son tan ingenuos (o tan tontos) que se creen que los milagros existen por duplicado o triplicado. Venga ya con tanto rollo… Y estos pelanas, ¿a qué juegan? Porque si hay que mirar la calidad de la prensa, la radio y la televisión deportiva de este país, entonces afirmo que –a su lado- Capello es un genio y medio. Por lo menos…






