12 de diciembre de 2006

...PUES NO LO HACE TAN MAL CAPELLO...


Escuchaba el otro día un corte de la rueda de prensa con Capello en el vestuario tras finalizar el partido de Liga entre el Sevilla y el Real Madrid. Un periodista, haciéndose seguramente el gracioso, preguntaba a Capello:



-Este Real Madrid, ¿a qué juega?



A lo que don Fabio, agotado tras la tensión mantenida durante el partido, y aburrido porque los tíos de la plumilla y el micro siempre están con la misma cantinela, decidió responder en plan aséptico:



-Al fútbol.



De verdad. Se trata de esas veces en que uno desearía estar en la mente de otro. Como en este caso, en que el Puñetas (disfrazado de Capello) hubiera respondido así:



-Mire usted. El Real Madrid juega al baloncesto, al tenis, al balonmano y a lo que haga falta. Lo que no sé es a qué juega usted…



Y es que ya se están pasando. ¡Pesados, que sois unos pesados!



Desde que llegó don Fabio lo andan crucificando con el cuento chino de siempre: sus equipos no juegan al fútbol, tiene un concepto ramplón e instrumental del juego y así no hay forma de ayudar a vender una escoba a los chicos de la prensa, radio y televisión. Y como el Puñetas se las veía venir, ha tenido la santa paciencia de ver casi todos los partidos del Real Madrid (al tiempo que se tragaba una aspirina para evitar el dolor de cabeza) con objeto de tomar una postura ante la persistente e insolente lluvia mediática que le aplican desde tierra, mar y aire al entrenador italiano. A estas alturas, la conclusión puñetera es que estos periodistos de pitiminí cuando la toman con alguien no paran hasta destrozarle. Unos buitres de mucho cuidado, que encima se las dan de sabios futboleros cuando lo más redondo que han visto en su analfabeta vida es una onza de chocolate y no un balón de fútbol.



Vamos a ver, periodistillos listillos. Como preámbulo hay que decir que ya está bien de hablar hasta la náusea del Madrid. Y de hacerlo en plan cotillas, con la misma autoridad moral e intelectual que la de un trilero en una feria de magia. O sea, ninguna. Dicho lo cual, lo primero que hay que sentar como principio es que Capello es un buen entrenador de fútbol, que ha dirigido a algunos de los mejores equipos de Europa y que con ellos ha conseguido los éxitos de rigor. O sea, que no es ningún pelanas para estar cuestionándolo desde que llegó al Bernabéu hace ya unos cuantos meses. En segundo lugar, tiene cierta idea de lo que es el fútbol (un deporte bastante aburrido) y la aplica consecuentemente, lo que no se puede decir de otros entrenadores. Vamos a la tercera y principal: como en todos los deportes, el objetivo básico es ganar a los rivales, se haga buen o mal juego. Tenistas hay que viven instalados en los primeros puestos del ranking simplemente porque disponen de un descomunal saque y una volea decentita. Juegan en pistas rápidas y cuando llega la tierra batida cogen vacaciones para las Chimbambas. Verlos en combate es no parar de bostezar, pero eso a ellos les importa muy poco si de vez en cuando cae algún triunfo de su lado y, con él, su buen dinerito. Volviendo al futbolín, los aficionados disfrutan como posesos si gana su equipo y se cabrean si pierde, aunque practique un juego la mar de primoroso. Sólo con la belleza no se come. Cierto que ganar y jugar bien les produciría un orgasmo doble, pero son conscientes que los milagros no se dan ya ni en la religión, aunque su equipo del ánima sea el más laureado de todos los tiempos. Del recuerdo ya no viven ni los historiadores.



Capello va a lo que le pide el club y sus jugadores: buenos resultados y triunfos. Cada año raro es que no le caiga algún titulillo. Pero, en el actual caso que nos ocupa, muchos de estos listos de salón, parecen olvidar lo que el Real Madrid ha sido en los últimos años: un grupo de amiguetes, algo pijos, bastante vagos y muy consentidos en todos sus caprichos. En unos meses los ha transformado de cabo a rabo. Ronaldo corre hasta en el medio campo. A Guti le arrean los rivales más que a una estera, pese a lo cual el famoso niñato no saca el hacha. A Beckham lo pone cuando tiene la seguridad que va a pensar en la pelota, no en el anuncio de Gillette, así que el inglés empieza a darse cuenta que como no cambie de mentalidad, en un año no vende ni pomada para las almorranas. Con un equipo descompensado y pleno de vejestorios, algunos de ellos recién llegados y en fase de adaptación, se mantiene entre los tres primeros de la Liga, ganó al Barcelona y está en la Champion todavía.


¿Qué es el éxito sino un triunfo inestable que dura lo que tarda un suspiro? Dejémonos de cursiladas. Don Fabio está sacando petróleo de donde hay poco combustible o donde ya había desaparecido en los años atrás. Sus jugadores corren, atacan y defienden y a cada grito del italiano se acojonan por si las moscas. No juegan muy bien, pero también impiden que los rivales lo hagan. Celebran los goles en bloque y no haciendo la cucaracha. En el vestuario se acabaron las habladurías y algunos se pelean entre sí, no porque uno sea más guapo que otro sino de rabia porque le están quitando el puesto.


De verdad, hay que estar ciegos y sordos como ese periodista de Sevilla para no darse cuenta que Capello ha transformado a la antigua banda de jugadores madridistas en una orquesta que, aunque desafina y aburre hasta a las ovejas, al menos toca algo parecido a una melodía. Todavía no es bella, pero el que busque hermosura en el fútbol moderno... que se vaya apuntando a la Organización Nacional de Ciegos. Claro que ahí enfrente está el Barça…, pero algunos son tan ingenuos (o tan tontos) que se creen que los milagros existen por duplicado o triplicado. Venga ya con tanto rollo… Y estos pelanas, ¿a qué juegan? Porque si hay que mirar la calidad de la prensa, la radio y la televisión deportiva de este país, entonces afirmo que –a su lado- Capello es un genio y medio. Por lo menos…

8 de diciembre de 2006

PITERMAN VUELVE A LAS ANDADAS Y LOS POLÍTICOS SE RETRATAN


Si alguien dudaba que el tío había sentado la cabeza a base de bocadillos de jamón y cervezas sin alcohol, iba muy desencaminado. El camarada Piterman, ese tipo metido a dueño de un club de fútbol –el Alavés- para alegrarse las pajarillas en su vidita de millonario aburrido, ha vuelto a ser noticia en las páginas de sucesos de los periódicos gracias a que, excelente relaciones públicas, tiene a toda la afición vitoriana en contra, a toda la plantilla de jugadores, a la prensa, a todos los partidos políticos, a la Diputación alavesa, al Ayuntamiento, a las Juntas Generales y hasta al mismísimo Presidente del Senado, Gregorio Rojo, accionista y exsocio del Alavés, quien ha llegado a decir que hay que "hacer todo lo posible para sacar a Piterman del club y de la ciudad". El ucraniano desvergonzado y lenguaraz es un experto en hacer amigos y como siga en este plan cualquier día le zurran la badana y le cuelgan de una farola. No diré que se lo tendrá merecido pues aquí –a diferencia de semejante bestia- no hacemos apología de la violencia sino de la inteligencia y al camarada le sobra de lo primero y le falta totalmente de lo segundo, pero hay gente que lo tiene enfilado y veremos a ver como acaba. Torres más altas cayeron.



Fascista, xenófobo, dictador, burro… Por Álava le llaman de todo, gracias a que el millonario se cree con patente de corso porque es propietario del 51 % de acciones del equipo de Vitoria. “Tenía que haber limpiado antes el vestuario de mierda” dijo los otros días tras ver que los cantamañanas de los jugadores hacían una piña con uno de los suyos, al que el Dimitri había insultado, metiendo de paso en el saco a todos los catalanes. Así que el zumbado millonario de la lengua bífida tuvo poco después que pedir disculpas para añadir a continuación que lo de los insultos “es un lenguaje habitual en todos los vestuarios”. Sobre todo en el suyo… Este hombre no tiene enmienda. Será por eso que en Vitoria ya han dicho basta y le van a montar un pollo de no te menees. Las peñas iniciarán una sentada, aunque lo pertinente sería no acudir al campo. Los jugadores intentarán mantener la compostura aunque en el último partido la perdieron por 6 a 1. Así que el equipo está cerca del precipicio de los puestos de descenso. Todos los partidos políticos municipales han pedido la intervención del Comité Español de Disciplina Deportiva acusando a Piterman de conducta antideportiva. El Ayuntamiento estudia el contrato de cesión del estadio, de carácter municipal para ver qué represalias puede tomar sin dañar en exceso al club. Y la Diputación ha rescindido el convenio con el Alavés para el 2007, que se acerca al millón de euros, con el argumento de que el Dimitri de las narices "veja los sentimientos, valores y forma de ser de Álava y de los alaveses". El camarada sólo tiene un aliado, alguien que le baila el agua fétida: el entrenador Chuchi Cos, un apesebrado que pone el carné para que el ucraniano –entre insulto e insulto- se distraiga entrenando al equipo. Siempre hay gente para todo a cambio de cuatro chavos y la voluntad.


Visto lo cual dos lecciones saca el Puñetas del asunto y que me perdonen los bienpensantes. La primera es que al famoso Piter le va la marcha y sabe que lo suyo ha prosperado hasta ahora (y lo que queda) gracias a que está en un país lleno de fantasmones, corruptos y sinvergüenzas como él. De haber hecho de las suyas en Francia, Inglaterra o Alemania, a estas horas ya calzaría unos grilletes entre los tobillos o le habrían puesto una camisa de fuerza. Mas en España los chorizos retozan artística y alegremente, a veces hasta con el visto bueno de la Audiencia Nacional y el Gobierno Central o Autonómico de turno. ¡Cuánto no dejarán hacer a un millonario excéntrico y verbenero –ciudadano del mundo- al que se la sudan todos los pringaos que tiene a sus órdenes y que llevan años lamiéndole las botas! La segunda lección es que nuestros políticos de caspa y puñal no tienen tampoco los más mínimos escrúpulos en dilapidar el dinero de los ciudadanos en subvenciones a fondo perdido a entidades privadas (tan privadísimas como el Alavés Club de Fútbol) mientras las necesidades públicas siguen estando claramente desatendidas, desde las farolas que no lucen a las escuelas con problemas de calefacción o cualquier otra menudencia por supuesto menos importante que la marcha de un club de fútbol. Depositar en éste los “valores y forma de ser” de los ciudadanos del terruño sería una de las mayores estupideces que uno ha oído en mucho tiempo, si no fuera porque a estas alturas del partido ya estamos completamente curados de espantos.



Total, que entre uno y otros, la casa sin barrer y llena de porquería. El primero con sus verdulerías mafiosillas y los segundos con el despilfarro de un dinero que no es suyo y que tanto trabajo cuesta ganarlo al prójimo al que se lo rilan vía impuestos. Al parecer el gran problema de Álava (el único en que todas las fuerzas políticas son capaces en ponerse de acuerdo, por encima incluso de la acción conjunta contra el terrorismo etarra) es que su equipo de fútbol más “representativo” está dirigido por un millonario facha, maleducado e impresentable. Cómo está el mundo, Facundo…

5 de diciembre de 2006

AL VALENCIA LE HAN ECHADO UN MAL DE OJO. O LE HA MIRADO UN TUERTO. O TIENE UN GAFE EN EL VESTUARIO. O EL DIABLO EN EL CUERPO…


Para cuando a uno no le sale nada ni al derecho ni al revés y todo son adversidades, se ha inventado una frase: “te ha mirado un tuerto”. Pues eso, más o menos, es lo que parece que le ha pasado al Valencia Club de Fútbol, pero no con un solo tuerto sino con un centenar de ellos. Porque hay que ver lo que le está pasando al equipo de Quique Sánchez Flores (el entrenador) y de su presidente, el promotor inmobiliario Juan Soler. Hombre, ambos paisanos no son la alegría de la huerta, pero no creo que se merezcan tantas desgracias juntas, que lo único que pueden hacer es avinagrarles aún más el careto.


A esta altura de la temporada, en que sólo van jugados una docenilla de partidos de la Liga y una ronda de la Champion Li, tiene el Valencia una enfermería con overbooking, donde ya no cabe nadie más, repleta como está de lesionados de corta, media y larga duración. A causa de ello los prometedores resultados balompédicos de inicio de temporada han caído en picado. Si en los cinco primeros partidos de Liga obtuvo trece puntos, en los últimos ocho encuentros sólo ha podido lograr cinco. Se puede decir que el club levantino tiene dos equipos claramente delimitados: el de los lesionados (un auténtico lujo) y el de los que juegan hoy pero mañana pueden pasar también a formar parte del primero.



Echemos una visual al hospital ché. Regueiro ha sido el último en caer con la lesión que está de moda, la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla. No quería ser menos que otros compis, más precoces que él: Gavilán, Marchena o Edu. Unas lesiones con las que pueden estar fuera de los campos de juego entre cinco y siete meses, dándoles tiempo a leerse los cuarenta y tantos tomos de los Episodios Nacionales de Galdós más el Quijote de propina. A la lista también se han sumado en los últimos tiempos Moretti, Albelda, Del Horno, Baraja, Vicente y alguno que no recuerdo. La semana pasada, cuatro jugadores se lesionaron de una tacada, aunque la convalecencia sólo duró unos días: Villa el domingo, Miguel el martes, Morientes el miércoles y el citado Regueiro. De record Guinnes, vamos…



Desde el club valencianista ya no se conforman con la explicación habitual de la casualidad y la mala suerte. ¡Aquí pasa algo! Y se han puesto como locos a buscar alguna causa que justifique tanta desgracia. ¿La preparación física? ¿La dieta estricta a que es sometida la plantilla? ¿El terreno de juego? ¿Las zapatillas ultramodernas que calzan los jugadores? ¿Una pandilla de tuertos? ¿Una bruja piruja que anda haciéndoles el vudú, a sueldo de algún otro equipo? “Qui lo sá”. La cosa ya empieza a sonar a cachondeo. Y es que más vale reírse un poco que llorar a moco tendido por tanta mala pata. El día menos pensado el mal se extiende a los aficionados mediante una pandemia de gripe o de sarampión. O al presidente se le empiezan a caer los pisos con los que se ha ganado bien la vida. Así no hay quien viva, gritan por Valencia. Y es que todo se “pué aguantá” menos que el primer equipo de la ciudad ande con las extremidades inferiores echas cisco.



Así que yo propondría varias acciones para averiguar el origen de tan escalofriante asunto. Un concurso público internacional con los mayores magos del mundo para descubrir al cenizo o gafe. Una investigación de la Interpol con la Guardia Civil en la retaguardia para desenmascarar a quien ha echado mal de ojo al equipo. Un exorcismo en el vestuario para volatilizar los demonios. Un conjuro en toda regla (con su queimada y todo) para alejar los malos espíritus. Algo habrá que hacer, digo yo…., antes de que tengan que salir a jugar el masajista, el entrenador y hasta los que venden las entradas.


Comprendo que no haga ninguna gracia a los valencianistas esta racha de desventuras. Pero el que no se consuela es porque no quiere: es en la adversidad donde se forjan las heroicidades y donde maduran los espíritus y las ánimas. Luego, cuando lleguen los días de éxitos y jarana, el disfrute será mayor. Así que, seamos optimistas, no le echemos tanta mala hiel al tema, practiquemos un poco el sanísimo humor negro y, queridos, sigan buscando al culpable de la mala racha. Porque tantas casualidades no pueden ser tan casuales. Por cierto, yo que la plantilla del Valencia, compraba décimos de lotería por un tubo, siguiendo esa presunción tan hispánica que afirma que a quien lo pasa requetemal luego le toca la el gordo de Navidá. Aunque la sabiduría popular ronda el analfabetismo funcional, es cosa de probar…

1 de diciembre de 2006

CACHONDEÁNDONOS DE LOS DEPORTES EXTREMOS


Como hay gente “pa tó”, desde hace unos años abundan cada vez más los practicantes de eso que en el argot se llama eufemísticamente “deportes extremos”. No, no hablo del parchís, la oca, la petanca o la siesta. No. Si nos atenemos a la definición de “deporte” que dan los que mejor usan la Lengua (los académicos de la cosa) se llama así “a toda actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas”. La definición es suficientemente amplia como para albergar en ella cualquier actividad física que se nos ocurra, incluido el deporte de la cama. En vista de tanta manga ancha y de que la palabreja gusta al personal, si encima buscamos una práctica lo suficientemente rara, cara y peligrosa, entonces nos cubriremos de gloria, envidia ajena y orgullo por los cuatro costados. Presumiremos de practicar un deporte extremo.



Hay muchos deportes a los que se les califica así. Entre los más socorridos tras visitar varias webs al uso, hago una breve referencia según el medio en que tienen lugar. Si el agua, nos encontraremos con el buceo y submarinismo, el surf, las motos de H2O, el darle a la vela, descensos a toda leche en aguas bravas o por barrancos y, en general, todo tipo de actividades acuáticas donde jugarnos el pescuezo y los pulmones. Realizados en el aire, podríamos señalar el paracaidismo, la caída libre, el parapente, el puenting... Y en tierra las ofertas se multiplican para los gustos más estrafalarios: escalada, quads, rapel, rapting, todo tipo de luchas...


La mayoría de estas prácticas aparecen muy poco en las páginas de los medios deportivos y mucho en las de las agencias de viajes. Para realizarlas se necesita tener un bolsillo normalmente holgado, disponer de tiempo libre superior al habitual, no padecer problema físico alguno y tener cierto apego hacia el peligro.



-¿Y cual es tu deporte favorito, tío?


-El Gotcha, tío.


-¿Y eso como se come, tío?


-Consiste, tío, en derrotar al mayor número de oponentes utilizando una especie de escopeta que dispara balas de pintura, tío. Es muy diver y descarga adrenalina que te cagas, tío.


-Pues yo practico el Muay Thai, tío.


-¿Y eso qué coño es, colega?


- Es una especie de boxeo, tío, pero en el que se pueden usar todas las extremidades del cuerpo como la mano, el codo, el brazo, el pie, la pierna y agarrar al contrincante, tío.


-¡Qué molón, ¿no?!


-Yes, tío. Te deja las meninges más sopladas que si estuvieras diez noches seguidas de botellón, pero para lo que sirven, tío…



Dejando a un lado caricaturas y coñas, el Puñetas –de natural tranquilo- no comprende cómo puede haber alguien que se juega incluso la vida por hacer estas cosas tan raras. En su práctica debes cagarte las patas abajo, seguramente, y a la finalización debes sentirte como si hubieras parido cuatrillizos, pero uno creía que lo sensato y sanísimo es rehuir el peligro, buscar la tranquilidad y los buenos alimentos. Pues no, para muchos colegas (algunos peinan canas hasta en los bajos) hay un no se qué, un plus requeteplus, un descacharrante desparrame de todo su ser practicando estas ociosidades, de cuyo mono y adicción algunos sólo se curan con el desenlace fatal. RIP. Y el dineral que cuestan, oyes. Pero ¿y las horas que da para contar las hazañas y mostrar las afotos? Claro que el submarinismo es precioso. También volar por los aires mecidos por el viento… Mira éste. Y ver la Tierra desde una plataforma espacial. Pero llamar deporte a esto… Claro que si algo falla (ese alud de nieve, el ala delta que se descuajaringa, el pedrusco que se interpone a la canoa y te parte la crisma…), entonces “mami, pupa”, que vengan los especialistas profesionales a rescatarnos, estemos vivos o tiesos como la mojama. Y que arriesguen su vida para salvar a los que lo hacemos por placer. Ah, y que pague Rita, o sea, el Estado, porque yo tengo derecho a practicar deportes extremos pero sin seguro a todo riesgo con Mapfre o Santa Lucía, que entonces se encarece el asunto y no lo hace tan divertido.



Cuando algún conocido se las tiene de valentudo, presumiendo de hacer algún deporte extremo o de riesgo mientras el resto de los mortales nos sorbemos los mocos, siempre le digo lo mismo.



-Mucho rollo tienes tú. ¿A que no te atreves a meterte en la barriada de los Pajaritos de Sevilla, o en la Palma Palmilla de Málaga, o en el Pozo del Tío Raimundo de Madrid, o en La Mina de Barcelona solo y a las cuatro de la mañana? ¡Eso sí que es deporte de riesgo, barato y sin salir del país! Así que déjate de cuentos y ponle los cuernos a otro.


Aseguro que jamás vuelven a presumir ante mis narizotas de practicar tontolinadas pseudodeportivas en las que se juegan el pellejo a cambio del mero placer de correr el riesgo y tener unas buenas vistas. Si al menos, como Fernandito Alonso u otros, se inflasen la chequera con dólares y euros a porrillo, pues vale, buen olfato para el negocio, pero encima es que la broma les cuesta un ojo y parte del otro. O sea que no sé de qué presumen si se dejan media cara en la agencia de viajes. Y después no les queda ni una propinilla para que en Corporación Dermoestética les recompongan el careto.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).