12 de octubre de 2007

LA REPÚBLICA CATALANA DEL BARCELONA


Todos los años, por estas fechas, se celebra en Fráncfort (Frankfurt-Alemania, para los amigos de las salchichas) una feria comercial de libros. Dicen que es una de las más importantes del mundo, junto a la de Buenos Aires. Aquello, dicho en plata, es una reunión de amigos del mundo editorial, de la publicidad, de las empresas multimedia y tal, donde se dedican a chalanear y negociar los derechos publicitarios y de venta de sus productos, ante las narices invitadas de miles de periodistas. (En el 2004, uno por cada tres visitantes). Mucho negocio y demasiada propaganda. Eso es la cultura actual.



Este año una de las estrellas invitadas era Catalunya y su cultura autóctona. O sea, la hablada y escrita sólo en catalán porque los señoritos del tripartito desgobernante están politizadamente convencidos de que el castellano allí sólo deben hablarlo los guiris y los emigrantes de paso. Eso sí, a cambio no reniegan ni un ápice del tremendo negocio económico que reporta al país la masiva producción editorial en castellano, que se exporta al resto de España y Sudamérica. Ver para creerlo.


Derivando hacia lo deportivo, era esperable que el Barça no faltara a la importante cita cultural y libresca alemana, aunque fútbol y libros se lleven a matar. Nadie mejor que su presidente, el camarada Laporta, para darse un baño de masas ante los cientos de micrófonos y cámaras de televisión y largar lo bueno, bonito y barato que es su club (algo más que un club). De tanto repetir las mentiras, algunos hasta se las creen.



Que el fútbol profesional sea considerado “cultura” es algo que dice muy poco de la cultura que hoy día se lleva, ya suficientemente devaluada y depauperada. Y que ese fútbol plagado de mercenarios venidos de todos los confines del mundo sea considerado como una manifestación cultural de un pueblo o país, roza lo esperpéntico. Ya lo he escrito alguna vez: el Barça, el Madrid o el Bollullos sólo se representan a sí mismos. Me parece muy bien que ahora al personal se le lave el cerebro con tanto fútbol y tanta leche, pero algunos no nos chupamos el dedo. El Barça es un club privado que gana y gasta el dinero a espuertas gracias a un negocio muy sencillito y banal: meter unos golitos en una portería.


Como ese día de Frankfurt don Joan estaba cachondo (o se había pasado en la cata de vinos del Priorat) y se sentía mucho más importante que cuando está en el palco del Nou Camp, dejó para la posteridad algunas perlas que recogeré a continuación en colorines desvergonzados:


Quiero que el Barcelona continúe siendo en el futuro un instrumento de promoción de la cultura catalana. (…) Me gustaría que mejore el uso del catalán para no tener que crear la República Catalana del Barcelona. (…) El Barça es un nervio esencial de Catalunya. (…) El Barça tiene el catalán como idioma oficial. Tenemos cien millones de seguidores que, como mínimo, "saben el himno", que es en catalán, "rasgo fundamental" de la cultura catalana.



¿Pero cómo pueden decirse tantas sandeces seguidas? ¿Desde cuando Ronaldinho, Deco, Etoo, Mesi, Henri y otros famosos cracks barçeros representan a la cultura catalana? ¿Qué tiene que ver con la cultura el pegarle cuatro patadas a un balón? ¿Acaso es cultura un himno deportivo que –como todos- no dice más que vulgaridades? Y si millones de personas de todo el mundo se saben el himno del Barça, ¿qué? ¿Ello prueba que la cultura catalana llega a todos los confines del planeta? (También el menda se sabe de memoria, en inglés, el Yesterday de los Beatles, y no por ello me considero culturalmente anglófono). ¿Por qué no obliga don Joan a sus jugadores profesionales a que parlen en catalá, si ese es el idioma oficial del Barça? (Una duda: ¿debería presumir el Real Madrid de tener como idioma oficial el castellano o el Arsenal, el inglés?). ¿Y eso de la República del Barcelona, qué demonios quiere decir? ¿Acaso que –llegado el momento- veríamos a Etoo de ministro de Asuntos Exteriores o a Oleguer de jefe de los Mossos D’escuadra? No, si yo hasta los preferiría en tales menesteres antes que a los actuales incapacitados del tripartito…, pero lo que ya sería insufrible es tener al camarada Laporta como president de la República Catalana del Barcelona. ¿Sustituiría el himno del Barça al actual de Els segadors? ¿Y los colores amarillo y rojo de la actual bandera pasarían a ser azul y grana? Y lo más importante y crucial: ¿Sería obligatorio –por republicano Decreto- ser socio del Barça?


¡Mare de Deu, cuántas tardes de gloria nos están dando los presis del nuestros miillonarios clubes futboleros, ese Madrid calderoniano y este Barça portiano! Tanta pasta como manejan (su única patria) no les da derecho a tomarnos por idiotas un día sí y otro también, sea desde España o desde Alemania. Como dijo aquel, ¡sólo es fútbol, majarón!

9 de octubre de 2007

TIEMPO DE CHORIZOS


El chorizo no es sólo una tripa rellena de carne picada (normalmente de cerdo, puerco o guarro) que frito en aceite, a la plancha o con sidra está para relamerse el gaznate. Ya no hay chorizos como los de antes, esos que preparaban nuestras tías y abuelas allá en el pueblo, tras matar un gorrino, y que -guardaditos en aceite o colgados de la techumbre en una fría habitación- servían para hacer un buen apaño gastronómico (junto con las morcillas, salchichones y otras menudencias) durante todo el año.


Ya digo, la calidad de los chorizos comestibles ha caído en picado, al haber desaparecido lo artesanal. En cambio, los chorizos de dos patas han crecido como setas y no se andan con chiquitas. (Nota aclaratoria: llámase también “chorizo”al ratero, al descuidero, al ladronzuelo que arrambla con cualquier cosa que no le pertenece). Hoy día roban los cables telefónicos o de la luz, dejando incomunicados o a oscuras a barriadas enteras o pueblos. Pero no sólo está el trincador andrajoso, que luego vende en el mercadillo el fruto de su chorizada. Hay otra rama choricera que luce más que un sol, viaja en coche de lujo y hasta tiene tratamiento de excelencia o ilustrísima. Unos dirigen bancos, otros empresas de telecomunicaciones, otros presiden gobiernos…



-¿Y a cuento de qué viene esta ristra de chorizos? –se preguntará el amable lector-. ¿No nos irá a contar usted ahora que en el deporte los chorizos también pululan por doquier, ora en los campos de juego, ora en los despachos? ¡No será usted capaz, señor Puñetas!



No va el lector muy descaminado. Pero como ya hablamos metafóricamente de ello, sin nombrar la palabreja, en los dos articulillos anteriores, hoy nos ceñiremos estrictamente a la definición más habitual del término “chorizo”, cercana a otros como “mangante”, “caco”, “ratero”…


En la ciudad en que uno vive abundan más de debido. En las navidades algunos se llevan las plantas que el Ayuntamiento pone en ciertas calles para adorno y alegría de los viandantes. Pero lo que nadie podía esperar es lo ocurrido hace unos días: “Sustraen de la rotonda del Marqués de Larios el enorme balón instalado por la NBA con motivo de la visita a Málaga del Memphis Grizzlies. (…) El esférico, de más dos metros de diámetro, precisa tres horas para desinflarse. El edil de Deportes cree que tuvieron que pincharlo para poder llevárselo”. (Diario SUR).



Hay que ser muy chorizo y muy sinvergüenza para robar un balón que no podrá guardarse en un armario, ni dejarlo en un patio, ni venderlo, ni siquiera con el que poder jugar a baloncesto. Cuesta imaginar para qué demonios se entretuvo o entretuvieron los chorizos en desinflar un balón de dos metros de diámetro, pinchándolo y esperando más de tres horas a que se desinflara, sin que nadie se percatara de ello y lo denunciara. Un balón que estaba amarrado al suelo a través de varios vientos terminados en cierres.


Es más que probable que al chorizo (y a sus cómplices) jamás se les llegue a localizar y detener. Tampoco creo que les pudiera caer encima demasiado castigo o multa. Aunque el menda, en plan justiciero, si se lograra detenerlos les obligaba a dejar el balón de nuevo en el mismo sitio de donde lo hurtaron y en las mismas condiciones. O sea, que tendrían que inflarlo en plan artesanal, soplo tras soplo hasta el llenado total. A ver si a estos majarones se les quedaban los pulmones más tiesos que la mojama. Aunque, como todo es posible, lo mismo a los tiparracos les da por llevárselo a Gasol para que les firme un autógrafo en el logotipo de la NBA.



........MÁS...........

QUEJA CHORICERA: Un crítico punto de vista.

5 de octubre de 2007

LA SEMANA DE LOS ESCÁNDALOS


Finaliza la primera semana de octubre, donde los escándalos y las trampas han batido todo un récord. Tipos que engañan, estafan y mienten siempre los ha habido, pues es consustancial a una parte importante del género humanoide. Si encima hay dinero por medio, más trampa y más cartón. Desde el dopaje para sobresalir artificialmente sobre los demás hasta la mentira más burda, pasando por la falta de respeto a los rivales o los árbitros, que es otra forma de no jugar limpio. O el uso del dinero público en manos de unos irresponsables para menospreciar a un sector de la población. De todo ello hemos tenido en esta semana que se está yendo a freír espárragos. Se ve, pues, que las habas duras no sólo se cuecen en los despachos y entre la clase dirigente si no también en los deportistas de cualquier deporte (¡hasta en el golf, mare de deu!). Veamos cinco hechos gloriosos habidos esta semana:



* El Hamilton de las narices realizaba una serie de maniobras irregulares en la salida del Gran Premio de Japón de Fórmula I, una de las cuales llevó a provocar un accidente. Investigado por la FIA, al final le han dado un tirón de orejas solamente, pero cualquiera que vea el vídeo se da cuenta que ese día y a esa hora más que el coche lo que le patinaba al inglesito eran las neuronas.



* En el torneo de tenis de Metz (la France) un tenista llamado Koubet, por una decisión arbitral que no iba a impedirle poder ganar el encuentro, empezó a montar un pollo de tal calibre que ríanse ustedes del de la Pantoja. Por su boca salieron rayos, culebras e insultos vomitivos hacia el árbitro del partido, quien no tuvo más remedio que enviar al jugador austriaco a los corrales, con los aplausos del respetable que había pagado su entrada para ver un partido de tenis y no un monólogo de descalificaciones y borderías. Para mí que el tipo se hartó de jugar y no encontró mejor modo de abandonar el encuentro que mentarle toda la parentela a los jueces de silla y árbitro.


* Algunos catetos del Metro de Madrid, sector marketing, decidieron presentar en sociedad un bodrio de video-anuncio elaborado para ganar clientes. Como son tan listos, no se les ocurrió mejor idea que presentar a un tipo del Real Madrid yendo en metro al partido, mientras que metían en un coche a otro que representaba claramente a un seguidor del Atlético de Madrid. Un chaval tontuno, que mientras conduce habla por el móvil o fuma y que, claro, llega tarde al partido. Los atléticos se han cabreado, y con razón, no sólo por la memez del anuncio si no por el maniqueismo del mismo. ¡Con qué facilidad dilapidan el dinero público unos chiquilicuatros que se creen la mar de ingeniosos!


* Ya no te puedes fiar ni de las chicas guapas. La de veces que el Puñetas ha visto correr a Marion Jones, admirando su cuerpo serrano y su poderío atlético. Sus cinco medallas en los JJOO de Sydney todavía la hicieron más grande a los ojos de sus anónimos admiradores. Y mire usted por donde, ahora se descuelga la chavala con que le daba a los esteroides y a otras sustancias dopantes. Aunque al menos la moza ha demostrado que tiene conciencia, la conclusión es que de ahora en adelante –visto como está el patio- ¡ya no nos vamos a poder fiar ni de nuestro padre!



* Pero el escándalo más gracioso y burdo se ha producido en un campo de fútbol. Como no podía ser menos, allí donde más trampas y escándalos suele haber. Una obra de teatro en toda regla. Un portero llamado Dida, un aficionado escocés que salta al campo en los últimos minutos y que se va al otro córner, pasando por delante del portero milanista. En estas que le da un cariñoso manotazo, de esos que no matarían ni a una mosca, y en esas que el Dida –tras la sorpresa- sale detrás del espontáneo y decide que lo mejor es tirarse al suelo y simular una lesión, o una lipotimia o un yuyu. Total, que tras la salida de las asistencias, se lo llevan en camilla y aquí se cierra el telón. El teatrero no tuvo la deferencia ni de salir a saludar al centro del campo, una vez finalizada su magistral interpretación. Si el jugador brasileño tuviera vergüenza, no volvía a salir nunca más a un campo de fútbol. De ahora en adelante que se dedique al cine o a las bambalinas.



Y luego dicen algunos que el deporte es aburrido. Hay semanas en que da más de sí que el espectáculo más tramposo y escandaloso que ha parido mamá: el de la política. Esta semana los chicos del deporte mundial han ganado por goleada.

2 de octubre de 2007

CUANDO LOS CONTROLADORES DEL DOPAJE SE MEAN EN LAS LEYES DEMOCRÁTICAS. (Y LOS POLÍTICOS LO TOLERAN)


Cuando me enteré el domingo por la tarde que Bettini había ganado el campeonato del mundo de ciclismo en ruta en Stuttgart, di un un salto de alegría tan grande que casi me cargo la lámpara del salón. Los organizadores del evento habían intentado evitar por todos los medios que el italiano corriese. Le acusaban de nada, porque nada han podido demostrar. A lo máximo, de no haber firmado una carta antidopaje que algún burócrata gilipollas se sacó de la manga. Cuando, pese a todo, se presentó en Alemania, le enviaron a la poli para amedrentarlo. Ni por esas. Luego recurrieron a los tribunales de justicia y el juez, finalmente, tuvo que decir que no había ninguna base legal para impedir la presencia de Paolo en la carrera. Es más, certificó que la famosa carta antidopaje era una gilipollez. Bueno, no lo dijo con estas palabras, si no que no tenía validez legal alguna, aunque hubiera quedado más bonito y exacto emplear un término semejante al que el Puñetas aquí emplea. Por todas estas cosas, me alegré sobremanera que el simpático Bettini ganase la carrera. Ya habrán visto su foto en la llegada: haciendo el gesto de disparar. Contra los políticos, los organizadores, la UCI, la televisión alemana, los periodistas amarillentos. No era para menos.

Al españolito Oscar Freire también quisieron empapelarlo con la infamia y la calumnia. De la noche a la mañana salió su nombre en una lista de sospechosos, esta vez, de la muy sospechosa Unión Ciclista Internacional. Muy cabreado, decía el cántabro: “De sospechosos de no sé qué. Se han divulgado datos sin mi permiso y les voy a denunciar. (…) Yo no he dado permiso a nadie para me ponga en una lista junto a corredores que han dado positivo, o que están inmersos en procesos por dopaje, junto a otros que tampoco sé por qué están. Nadie me ha dicho todavía por qué estoy ahí”. Y acto seguido señaló que denunciará a la UCI cuando llegue a Suiza, donde tiene su casa él y su sede la citada unión de vividores y chupones de los ciclistas. A ver si es verdad y no da marcha atrás. Un tío que sólo en el último mes ha pasado 12 controles antidoping en la Vuelta Ciclista a España y dos más en su propia casa, parece libre de toda sospecha. Así que, al juzgado y a ver si a los miembros de la UCI les cae una multa que tienen que poner en venta hasta los calzoncillos de hojalata y los colmillos de oro.



Pero vayamos de lo particular a lo general. No es que el Puñetas justifique el dopaje, pero sí que está hasta el gorro de leer y escuchar en boca de algunos deportistas valientes que hay métodos de control anticonstitucionales, mafiosos e indignos. Que los ciclistas y otros famosos atletas los toleren, allá ellos, pero aseguro desde aquí que algunas de las prácticas realizadas por el Comité organizador del Mundial de Ciclismo, de la UCI y de otras instancias similares rozan el juzgado de guardia. Yo, como deportista, jamás permitiría que unos “guarros” vinieran a mi propia casa a la hora que les saliera de las pelotas para hacerme un análisis de sangre y orina al objeto de comprobar si estoy “limpio”. (Si no puede entrar la policía en nuestro domicilio salvo con el permiso de un juez, no va a hacerlo un medicucho enviado por la UCI o la madre que los parió). Y, por supuesto, jamás permitiría que a las tres de la mañana, antes de correr una etapa de 250 kms, un vampiro entrara en mi habitación del hotel para despertarme y chuparme la sangre. Lo echaría por la ventana o le clavaría la aguja en el culo.



En cualquier caso, parece que el nulo respeto por el deportista no sólo se da en el ciclismo. Acabo de leer una extensa entrevista a Rafael Nadal en XLSemanal en la que dice algo que me ha puesto los pelos de punta: “El año pasado pasé 17 controles antidopaje y este año llevo más de diez. De sangre, de orina, de todo. Lo peor es que terminas el partido y no te dejan ni ducharte. Tienes que hacerlo con la puerta abierta para que te vean los inspectores, cuando saben perfectamente que no tienes nada más que una toalla. ¿Estamos locos o qué? ¿En qué mundo vivimos? (…) Cuando terminas la temporada y tienes unos pocos días de vacaciones, tienes que rellenar un formulario para indicarles dónde vas a estar y qué vas a hacer cada día. Que a las nueve de la mañana de un sábado, que a lo mejor es mi único día libre, me piquen la puerta de casa para hacerme un control me parece increíble. Es una falta de intimidad total. (…) Es un show tan grande que no te puedes tomar ni una Aspirina. El Vicks Vaporup, ese que se inhala para respirar mejor, da positivo. Es la locura total. (…) Pero lo increíble es que los periodistas escriban sin tener ni idea”.



Está más claro que el agua. Aquí los únicos dopados son estos majaderos y mercachifles a los que la estricta aplicación de las leyes democráticas más elementales debería llevar a la cárcel y a pagar de su bolsillo las multas más elevadas. Por fachas y por ineptos.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).