12 de septiembre de 2010

DEMASIADOS HOMENAJES

Este veranillo, cuando el Arco estaba cerrado durmiendo la siesta, conocí a un tipo la mar de interesante. Fue en el ascensor de casa. Un anciano de unos 80 años muy bien llevados, pelo blanco, elegancia natural, discurso fácil e ilustrado. Era el padre de una nueva vecina y venía a pasar unas semanas con ella. Se le notaba con ganas de entablar conversación cuando ambos coincidimos en la puerta del ascensor. En días posteriores nos encontramos, de modo casual o a conciencia, para charlar y matar el tiempo. Me contó que tuvo que exiliarse en sus años mozos antes de que la poli franquista le echase el guante. Todo porque, con una herencia paterna, montó una pequeña librería donde se puso a vender clandestinamente libros y autores prohibidos: Bakunin, Malatesta y hasta Carlitos Marx. Libros que conseguía importar desde Francia con mil triquiñuelas.  Se largó a Suiza y luego estuvo por Alemania, Inglaterra y Francia. Trabajó en diversas profesiones y disfrutó de la vida lo que pudo. Regresó a España unos años después de que el dictador Franco se fuese a cultivar gusanos debajo de una lápida del Valle de los Caídos.  Cuando regresó de nuevo a su país sufrió tal desilusión que a punto estuvo de largarse otra vez pero ya andaba por el medio siglo de vida y si salía otra vez huyendo quizás ya nunca volvería. Su hija había decidido quedarse así que él acabó convenciéndose de que el final de sus días debía pasarlo en el país donde su madre lo había parido. 

Desencantado de tantas cosas, ahora contemplaba la vida con gran serenidad, aunque me reconocía que demasiadas cosas de las que ve y oye le repatean los higadillos. Si traigo a colación hoy a Romualdo –que así se llama este viejecito tan resultón- es porque hace un par de días me enteré que el seleccionador Vicente del Bosque había recibido el enésimo homenaje por la victoria mundialesca de Sudáfrica. Recuerdo que un día de agosto, sentados en un refrescante banco del parque, estuvimos hablando precisamente de estas cosas.

—Mire, vecino. Yo he sido un deportista vocacional. Soy de los que creen a pie juntillas que un cuerpo sano produce una mente sana. Y para que haya un cuerpo sano hacen falta saludables hábitos, alimentación frugal pero variada y mover el esqueleto de manera correcta. O sea, haciendo un poquito de ejercicio físico, desde andar bastante a poner prietas las carnes. Todas estas cosas ya las sabían los griegos y los romanos o sea que fíjese usted lo ignorantes que nos hemos vuelto la mayoría. Porque se habrá dado cuenta que hoy mucho personal ha abandonado estas bellas costumbres, empezando por bastantes jóvenes, a los que ver ya tripudos me causa pasmo y desolación.

Me soltó una larga parrafada sobre las bondades del ejercicio físico y cómo, gracias a haberlo practicado de manera continuada y rutinaria durante muchos años, ahora se encontraba con menos achaques de salud de los previstos. Estaba convencido de ello.

—Frente a esa gente que lo único que mueve es la mandíbula, pues a todas horas está masticando algo, está el otro extremo: el de los que machacan su cuerpo a niveles casi prohibitivos, sea a nivel profesional o de aficionado. Gente a la que todos han convertido en ídolos, dioses, seres de otra galaxia pues hoy sólo se valora el triunfo espectacular y el ser número uno en las cosas más insustanciales, incluyendo el deporte ultra competitivo. Eso no tiene nada que ver con desarrollar unos hábitos físicos y saludables, claro. Usted me entiende, ¿o no?

Cómo no le iba a entender si es algo que vengo pensando desde que era un mocoso con chupete.

—Es que estamos tan descerebrados que ya poca gente entiende este discursito mío. Perdone la pedantería, pero es que me duelen las muelas cada vez que veo lo que veo. Por ejemplo, eso de la Roja o Amarilla. Vale, los chicos esos de la selección han ganado un  difícil Mundial de fútbol, además de una millonada de euros. Puedo entender que los periódicos y televisiones los retraten hasta cuándo van a mear al retrete. Pero, ¿quiere usted decirme a qué viene tantísimo homenaje popular como les están dando? Ya ve que todos los jugadores han sido homenajeados en sus pueblos y barrios, han sido recibidos por las autoridades, agasajados con regalos, nombrados hijos adoptivos y predilectos, ecétera. ¿Usted cree que esto es normal?
—Será que en este país somos muy agradecidos… —le contesté a ver por donde salía.
—¡Y una mierda, con perdón! Este es uno de los países más desagradecidos del mundo. No le hablo de cuando yo era joven en medio de una dictadura asquerosa. Le hablo de ahora, en que muchos compatriotas tienen que irse fuera para poder comer caliente o que los aprecien en su trabajo. Le hablo de miles y miles de ciudadanos que trabajan de sol a sol y son ninguneados y hasta puteados sin que nadie les reconozca su buen hacer y su sacrificio. Por eso me extraña que en todos los rincones se estén dando tantos homenajes a unos tíos que no creo que se lo merezcan. Porque, a ver, ¿qué bien han hecho al país, han inventado un remedio médico eficaz, han creado puestos de trabajo, son líderes de opinión intelectual? Esta gente, jugadores y técnicos, no tiene la culpa de nada, claro, incluso algunos de ellos pueden estar sintiéndose muy incómodos con tanto agasajo absurdo, pero tanto homenaje popular no logro entenderlo.
—No sé, don Romualdo, quizás han hecho felices a millones de personas gracias a su triunfo…
—Vaya forma más idiota de felicidad… Estoy hasta el gorro de tanto homenaje a los campeones del mundo. No se lo merecen, amigo mío. Así de claro. Ya tienen suficiente premio con la millonada de pasta que le han dado a cada uno. Esto parece una charlotada, a ver qué ciudad y corporación municipal muestra más énfasis en el homenaje y el peloteo. ¡Hay tanta gente de la ciudad o pueblo mucho más merecedora de homenajes que estos cantamañanas! El pobre basurero que lleva 40 años recogiendo la porquería de la vecindad y que acabará jubilándose uno de estos días sin que nadie le haya dado ni las gracias. O ese profesor del viejo colegio de las afueras, que durante muchos años se ha desvivido porque los jóvenes de la ciudad fuesen gentes preparadas y más o menos cultas. O el tendero de la esquina, con tres décadas tras el mostrador, sirviendo mercancías a la pobre gente, o el peluquero Francisco, por cuyas manos han pasado todas las cabezas de la barriada. Amigo mío, ¿usted ha visto algún ayuntamiento que haya homenajeado a la gente que se ha desvivido, durante varias decenas de años, por servir decentemente a sus vecinos sea cortándoles el pelo, vendiéndoles pescado, limpiando las calles, enseñando a los chaveas, o cosas así? ¿Ha leído en algún periódico algún agradecimiento, una crónica de despedida, una referencia amistosa a años y años de modesto pero necesario trabajo hacia la comunidad? ¡Y ahora nos vienen a tocar las narices a algunos con tanto homenaje y tanto bombo a unos futbolistas cuya única ocupación consiste en alimentar de olvido y gansadas a las masas para que así no piensen en cosas menos estúpidas!

Noté que Romualdo empezaba a acalorarse pero fue una falsa alarma. Le indiqué mi total acuerdo con lo que afirmaba pero que las cosas son lo que son y que no es fácil cambiarlas. Si hasta criticarlas está mal visto... Luego nos pusimos a charlar de otros temas llegando casi a la misma conclusión.: parece que en estos tiempos de globalización lo único que se ha generalizado a nivel planetario es la idiotez. Eso piensa don Romualdo y eso mismo piensa el muá.

8 de septiembre de 2010

QUÉ CARA ES LA VUELTA AL COLE Y QUÉ BARATO EL FÚTBOL


Adivina, adivinanza. ¿Sabe, lector, qué museo de Cataluña es el más visitado? ¿El de Dalí, el de Picasso, el de …? Sí, acertó, inteligente lector:  el museo del Barça. Es un dato más para que cualquier hispano enamorado de la cosa cultural y educativa salga huyendo Pirineos hacia arriba, camino del exilio, pero es un dato que refleja lo que hay: la obsesión enfermiza del personal por el mundillo del futbolín y del futbolón. De esto sabemos en el Arco un rato largo (llevamos seis añitos predicando en el desierto) y de eso ya hemos escrito lo nuestro, al punto de calificar heréticamente como “modernas catedrales” a esos mastodónticos y fríos estadios de fútbol a los que todos los años acuden miles y miles de peregrinos buscando al dios San Gol siguiendo el famoso Camino de la Champions y otros caminillos de menor porte pero no menos concurridos que el de Santiago.

Hagamos un brevísimo aparte. La entrada al Museo del Barça (incluyendo la visita al Nou Camp y al Espacio Multimedia) cuesta 19 eurillos al adulto (precios año 2009), según hemos averiguado en su web,  y si el visitante es niño o jubilado el coste baja a 15,50.  Por poner un ejemplo comparativo el Teatro-Museo Dalí de Figueras cuesta 11 euros, es gratuito para niños hasta los 8 añitos y hay precios reducidos para jubilatas, estudiantes y otras gentes sin un euro en el bolsillo.  Al personal no le importa pagar más, como en el museo culé, si  se lo pasa pipa mirando y remirando fotos y copichuelas, que es la manera más moderna de aumentar el acervo cultural propio.

Intrigado el Puñetas por estos datos tan sociológicamente esclarecedores, y teniendo a gala no haber pagado nunca por ver un partido de fútbol, y siendo habitual amante de museos pero de esos en que sólo se ven obras de arte y otras aburridas memeces, me he dado otro garbeo por la internet para ver a cuanto está el kilo de partido de fútbol del bueno. Y para no alejarnos mucho del centro de estudio (la modernista Barcelona) he podido comprobar en la web del Barça  que la entrada más barata del próximo partido liguero con el Hércules (cuyo único aliciente es cuántos goles se va a llevar el equipo alicantino a casa) cuesta la friolera de 32 euros y de ahí para arriba. El partido de Champions del próximo miércoles con el Panathinaikos griego, otra perita en dulce, cuesta de 42 euros para arriba. El Barcelona-Valencia del próximo 17 de octubre tiene fijada la entrada más barata a partir de los 60 euros y el inevitable Barça-Madrid (allá por noviembre) empieza con un precio de salida de 78 euros. Bah, una minucia al alcance de cualquier bolsillo.

¿Sabe, inteligente lector, que espectáculos tan sabrosones como los que próximamente brindarán en España el grupo musical U2 o el Cirque du Soleil, tienen unos precios de salida inferiores al de un partido normalucho de los aquí citados? Ahora deje su inteligencia aparcada en el perchero, salga a la calle a cuerpo y neurona descubierta y entreviste al personal. Casi todo el mundo dirá que ver el circo canadiense es carísimo, como lo es escuchar los gorgoritos y guitarrazos de la banda irlandesa. ¡Dónde va a parar lo que ofrecen estos pobres mendigos de la cosa de la cultura circense y musical con lo que brindan los genios del Messi, Xabi e Iniesta! “Para conseguir la victoria necesitamos que tú seas uno más del equipo” —dice la web del F.C. Barcelona donde se ve a estos tres figuras de la pelotita, al tiempo que uno les mira la cara de tristeza que destilan, como de no haber comido un bocata en una semana por culpa de un sueldo miserable, y entonces dan ganas de ir a socorrerles humanitariamente pasando por taquilla y dejándoles en ella de 40 euros en adelante para bocatas, copas y tiritas.

Oiga, lector, le doy un euro libre de impuestos si me presenta a alguien –desde individuo a medio de comunicación- que haya manifestado en los últimos tiempos que el fútbol es carísimo, que lo que cuesta comparado con lo que ofrece –como espectáculo archiconocido y repetitivo- da para una ridícula relación calidad/precio y que, encima, al menos cada quince días el tinglado exige rascarse el bolsillo, lo cual hace que al cabo de toda la temporada el desembolso alcance cifras de mareo y vómito. ¿Ha encontrado ya a algún protestón? Me temo que no. Ahora repare en que desde mediados de agosto las telecacas y otros mierdos de comunicación vienen dando la vara y la castaña sobre la enorme carestía de la vuelta al cole.

—Se me va un dineral, vecino, en apañar los libros, los lápices, los cuadernos, las zapatillas, la mochila, las gomas de borrar y el despertador para que el puñetero niño vaya al colegio a aprender unas cosas rarísimas que luego no le van a servir para el día de mañana.

Sí, desde mediados de agosto, todos los años, la cantinela de los mass media llega a los dulces oídos del paisanaje, que asiste tembloroso a los gastos que le esperan con el regreso del colegio. ¡Un libro de Matemáticas, 25 euros, madre del amor hermoso! ¡Un robo a mano armada! Y una mochila, que no le dura al crío ni dos meses porque tiene la mala costumbre de meterla en los charcos, se va a los 20 euros en cuanto tiene dos dibujitos en la tela. ¡Otro robo, vecino!

Total, que el personal se echa las manos a la cabeza y no para de protestar por lo carísimo que está todo lo relacionado con la vuelta al cole. Incluyendo las zapatillas y el despertador, que también son incluidos en el lote, por si acaso. Y uno se pregunta, y usted, inteligente lector: ¿Qué es más importante, el fútbol o la educación del niño? ¿Qué es más caro, un libro que durará todo un curso escolar o una entrada para 90 minutos de un Barça-Madrid? ¿Qué bula tiene el fútbol para que nadie le haga ascos por muy abusivo que sea el coste de la entrada, mientras que surge el clamor popular y mediático –casi en plan de linchamiento- por el “elevadísimo” precio de unos artículos destinados a ayudar a nuestros hijos a desasnarse, a ser personas formadas, inteligentes y libres? Ah, inteligente lector, que por eso mismo los medios y mucho personal ponen el gritazo en el cielo… Claro, claro, ahora lo entiendo…

—Sí, vecino, el libro de Lengua otras 25 castañas del ala. Y digo yo, ¿no tiene el niño ya una lengua, para qué quiere otra?
—Venga, déjate de quejarte y vámonos para el estadio que las entradas se acaban y nos quedamos sin ver al Ronaldo y al Mou…        

5 de septiembre de 2010

EL PODIUM DEL VERANILLO


Desde que cerramos el chiringuito del Arco allá por el 17 de julio hasta su reapertura el 1 de septiembre, ocurrieron muchas cosas en el mundillo deportivo o paradeportivo. Algunas dignas de figurar en las mejores antologías del disparate, incluyendo nuestro Arco. Así que hoy a vamos a confeccionar un podium veraniego con las tres noticias que más nos han alegrado las pajarillas en el tiempo de vacaciones. Ha sido ardua la selección pero creo que ha merecido la pena.

MEDALLITA DE BRONCE:

Varios imanes de Malasia salieron este verano con el cuento medievalesco de que los musulmanes no deberían llevar la camiseta de equipos de fútbol, como el Manchester United o el Barcelona, o de selecciones como Brasil, Portugal, Noruega… porque en sus escudos aparecen dibujitos muy malignos como la cruz o un diablillo. “Es muy peligroso. Somos musulmanes y no deberíamos idolatrar los símbolos de otras religiones o del diablo" –dijo un pobre botarate al que no daremos publicidad alguna. “Es algo que hace tambalearse nuestra fe” –acabó por sincerarse el ignaro imancillo. Si algo tan insustancial como el dibujo de un escudito de una camisola futbolera hace tambalear las creencias religiosas de algunos, habría que ir pensando en que esa religión tiene un porvenir bastante negro. En realidad es la historia siempre repetida desde que se inventaron los curas, rabinos, clérigos, imanes y otros profesionales de la cosa pseudo-religiosa: buscar enemigos donde no los hay o dedicarse a trolas y cuentos que en nada ayudan al personal a humanizarse. Me temo que los únicos imanes creíbles son los magnéticos, con su polo Norte y su polo Sur. Dicho lo cual, ya sólo faltaría que por lucir una camiseta de un club deportivo el personal se condenase a la vida eterna… Menudo porvenir… Por cierto, ¿habrá Liga en el más allá?

MEDALLONA DE PLATA:

Los directivos del Granada C.F. (o alguno de ellos) nos sorprendieron en el veranillo loco con una noticia de lo más estrambótica: bolsas con billetes de curso legal eran tiradas a la basura por error y luego, deprisa y corriendo, todo el mundo –policía incluida- movía el culo para recuperar la pasta antes de que el camión de la basura la convirtiese en papilla. Un sainete con mucha miga que al final quedó en nada porque sobre el mismo cayó el silencio de una losa sepulcral. El presidente del club, antes de colocar la losa, sólo comentó que el asunto había sido un despiste: “El administrador contaba el dinero, que metió en un paragüero y se fue al servicio, momento en el que la trabajadora confundió el recipiente con una papelera metiendo su interior en bolsas de basura.” Habrá que creer la versión oficial porque las extraoficiales todavía nos causan más risa. Si la escena rebuscando en el contenedor de basura ya es digna de los hermanos Marx, las imágenes del administrador saliendo escopeteado hacia el servicio por culpa de una imprevista cagalera, sin darle apenas tiempo a meter la pasta en la caja fuerte o en la cartera, harían furor en Youtube si, por un casual, alguna cámara oculta las hubiera registrado para la posteridad. La pena es que nos hemos quedado sin imágenes y sin palabras por culpa de la losa sepulcral. Sólo nos queda la imaginación y las risas que todavía duran y eso que ya ha pasado tiempo… Al final la que ha quedado bien tonta ha sido la mujer de la limpieza al no saber distinguir un paragüero de una papelera. Yo que ella habría acudido a los tribunales, ji, ji, ji, pidiendo daños y perjuicios morales…

MEDALLÓN DE ORO:

Hay gente “pa tó”, que quiere decir, hay personal del que puede esperarse cualquier cosa. Un ejemplo de que no miente el dicho popular es el objeto de nuestro primer puesto en el podium deportivesco del veranillo. Anneke y Wesley son dos tortolitos belgas a los que se les ocurrió la idea más original del verano: llamar "Barça" a su futuro bebé si nacía niño. Y nació. Y con ese nombrecito tan pinturero lo inscribieron en el registro civil, donde se cuenta que alguien dijo por lo bajini: “Esto es de psiquiátrico”. La familia de los tortolitos no tuvo más remedio que tragarse la jugada, incluyendo el que todos los regalos al crío tuvieran que estar relacionados con el Barcelona C.F. Un dineral. “Puestos a semejante memez –cuentan que dijo el abuelo materno- le podían haber llamado Anderlech”. Acto seguido los papis dieron de alta al chavea como socio del club de sus amoríos. Menos mal que la gracia la pudieron hacer por internet. Luego convocaron a la prensa, pagaron unas copas de cava, y mostraron a todo el orbe su feliz ocurrencia. Por fortuna el abuelo paterno está encantadísimo. Anda que no va a fardar el tío cada vez que diga a los vecinos que se va a ir a ver al Barça… Lo que ya no contarán las crónicas futuras es que al chaval, cuando se haga grande, le pirrará el Real Madrid (los belgas son más bien merengones) y entonces no veas la que se va a liar… 

1 de septiembre de 2010

ABRIMOS DE NUEVO EL CHIRINGUITO


Cerrábamos el Arco a mediados de julio con la autoestima por las nubes gracias a la selección del camarada Vicente Del Bosque, ganadora de un Mundial futbolero que contaremos a nuestros nietos con pelos y señales cuando seamos abuelos un siglo de éstos. Hoy, uno de septiembre, lo abrimos de nuevo, tal como habíamos prometido entonces, a pesar de la depresión postvacacional de caballo que nos embarga. ¡Qué mal sienta regresar de nuevo al trabajo, al curro, al trajín, a la faena! Después de mes y medio sin rascar más bola que la de la barriga, hoy se nos echa encima todo el peso de la cruda realidad: el Puñetas está hecho unos zorros por culpa de las vacaciones, desentrenado y en baja forma física y mental. ¡Una hora llevo para intentar escribir estas simples letrajas! Pero no se preocupe, estimado lector o deseada lectora. Comenzamos hoy nuestra séptima temporada arquera así que tenemos ya una dilatada experiencia en salvar estos baches. Somos capaces de hacerlo solitos, sin   psiquiatra de guardia ni entrenador personal.

Esta temporada cambiamos pocas cosas pues no están los tiempos para derroches ni leches. Nos amenazan con que tardaremos diez añitos en salir de la crisis económica (de la de valores, no hay fecha) así que no podemos permitirnos muchas alegrías. Hemos cambiado algunas pequeñas cosas del diseño y va que chuta. Al Ardilla y al Pepe Pi les hemos renovado el contrato –un par de cervezas más al mes- para que nos cuenten sus paridas en forma de faltas ortográficas y de cuentos deportivescos. Seguiremos peleándonos –en el buen sentido de la palabra- con la prensa de la pelota y el peloteo porque nos hace mucha gracia las mentiras y trolas que cuenta. Incluso ampliaremos nuestro radio de acción hacia las telecacas y radiosblablabla, que son las que ahora cortan más el bacalao de la filfa y la engañifa. Y, en fin, prometemos darnos más baños de vida cotidiana porque en la última temporada dedicamos demasiada atención a los ilustres del deporte cuando nosotros somos muy de pueblo y nos encanta disfrutar con el personal de a pie.  Como  Enriquito, que cuando en el gimnasio coge las pesas siempre una se le cae encima de sus larguiruchos pinreles y entonces se ve obligado a cantar la Traviata a grito pelado.
Como Josefina, que cuando hace la postura  del Matsyasana  luego hay que ayudarla porque es incapaz de volver a la posición de descanso. Gentes y cosas sencillas de pueblo, ya digo, no las admiradísimas obras de arte que hacen Ronaldo y Messi. (El primero, fabricante de bicicletas y el segundo, fabricante de libros, je, je).

Pero basta ya de palabritas hueras. Aquí estamos de nuevo, fieles a nosotros mismos, dispuestos a sacarle los colores al mundo del deporte con toda la ironía y sátira que nuestras descarriadas neuronas puedan tejer. La temporada promete mucho, nos ha puesto la libido a cien  y para eso estamos aquí, para quitarle la ropa y ponerla dos veces en semana –miércoles y domingo- en pelota picada. Eso sí, con buen humor –blanco, negro, ácido, dulzón- porque sin una sonrisa este invento del deporte no hay quien lo aguante ni quien lo entienda. ¿O todavía no se han dado cuenta que siempre estamos dando vueltas a la misma noria?


YA ESTÁN VISIBLES LOS EXTRAS DE SEPTIEMBRE. 
PARA ECHARLE UNA OJEADA IR AL SUR DE LA BITÁCORA.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).