31 de enero de 2005

LOS PAYASOS DE LAS BOFETADAS

La última jornada de Liga de fútbol nos deparó una jornada gloriosa en cuanto a errores arbitrales. Eso es lo que cuentan las crónicas y los programas deportivos, sean de radio o de televisión. Todos contra los árbitros. Se ve que aquí los únicos que meten la pata son estos tíos vestidos antes de negro y ahora de lo que les sale del pito.

Los jugadores nunca se equivocan. Y mira que son malos. Y mira que fallan goles cantados. Y mira que pegan patadas a los rivales porque llegan tarde al encuentro del balón. Y mira que mienten para hacer que pique el árbitro. Pero no pasa nada: “tuvimos mala suerte”, “cosas del furbo”, “otra vez será”….

Tampoco se equivocan mucho los entrenadores, que siempre aciertan con la táctica justa, dando ejemplo de ecuanimidad y autocontrol. ¿Y qué decir de las directivas de los clubes? Sacrificadas ellas, que hasta ponen sus dineros en el invento por “amor al arte”. Y los aficionados no digamos: como ellos pagan, siempre aciertan. Qué pocos ven correcto el penalti pitado a su equipo, la patada de un defensa rival les parece de juzgado de guardia, pero si el carnicero es Pocholete, nuestro crak, entonces es que el rival es un quejica. Por supuesto, la prensa tampoco se equivoca. Nunca se inventa las noticias, nunca las exagera, nunca miente en sus apreciaciones, etc.

Aquí los únicos que meten la pata, la gamba y hasta el percebe son esos señores del pito que no saben lo que llevan en la entrepierna: no tienen criterio unificado, siempre pitan a favor de los equipos grandes, no pagan sus errores, son unos incompetentes… Eso sí, nadie les ayuda (ni la prensa, ni los jugadores ni los aficionados) a realizar mejor su labor. Y los dirigentes deportivos no buscan estrategias o tecnologías que pudieran complementar las decisiones en los casos dudosos o presuntamente conflictivos. ¡Que arbitren a pelo! Si los designa un ordenador, malo. Si lo hace el propio estamento arbitral, peor. Si los elige la Federación, horrible. ¿Y si probáramos a jugar los partidos sin árbitros? Total, la gente del fútbol, tan ecuánime y equilibrada, tan sincera y deportiva, se pondría de acuerdo fácilmente en cada jugada. ¡Así juegan los chavales en los colegios, sin árbitro, y no corre la sangre!

Más seamos serios. Hace falta en este mundo del espectáculo y la pachanga un chivo expiatorio, un payaso que reciba todas las bofetadas: el árbitro. En un entorno donde se mueven miles de millones, los de la élite cobran 1.200 euros por pitar un partido. ¡Encima salen baratos! Claro que les está bien empleado: por masoquistas. Con lo fácil que sería que alguna vez hiciesen una huelga de pito. Total, si lo suyo es tan fácil que arbitre el presidente del Español o Schuster, o Curro Torres o Juanito, jugadores del Valencia y del Sevilla, algunos de los mendas que han ladrado contra ellos este fin de semana. Menos criticar y más dar soluciones viables y positivas. Y si no, que arbitre Rita la Cantaora.

28 de enero de 2005

EL TENIS DEL ABUELO


Lo que cambia la gente...

El tenis ya no es lo que era, jolín. Ya sé que soy viejo, chaval, pero aún recuerdo cuando ibas a ver un partido de tenis y te ponías la chistera, el bombín y los zapatos de charol. Llegabas a la pista, sacabas el pañuelo para ponerlo en el asiento y dejabas reposar en tan pulcro sitio tu culito rechoncho para disfrutar, como un gentleman, de un bello partido disputado al tiempo que hiciera falta por dos caballeros de la raqueta, espigados, vestidos de punta en blanco, amables y educados, que reverenciaban con un saludo al árbitro de turno y al público presente con los deseos de que el acontecimiento que allí se iba a celebrar fuese del agrado de todos.

Qué tiempos tan lejanos que ya no volverán. Sentado en tu asiento, nunca se te ocurriría ponerte a comer como un cerdito mientras que allí abajo, aquellos dos esforzados caballeros de blanco impoluto, se batían de bella manera desplegando todo un altísimo repertorio de golpes maestros. Hacían con la bola lo que les salía de la raqueta. Qué quietud, qué tranquilidad. El personal calladito para no molestar a los jugadores, aplaudiendo a ambos, sin discriminación por edad o procedencia. Sólo mi cuello viajando de izquierda a derecha, de derecha a izquierda… hasta que la pelota en juego dictaba su veredicto: punto a favor de Fulanico. Y si la cosa estaba dudosa y no se sabía muy bien si la bola había entrado o no, se ponían de acuerdo los jugadores (te cedo el punto, que no que te lo cedo yo…) pues hoy por ti y mañana por mí.

Desde hace años ya no voy a las canchas de juego. Demasiado ruido. Es que soy viejo, chaval, y eso que estoy medio sordo. Cuando no los churretes de la hamburguesa del vecino (¿el tío a qué viene al tenis: a comer o a comer?) que te salpican al pantalón de Armani; cuando la bronca del irrespetable hacia el jugador extranjero; o los gestos obscenos del jugador hacia el árbitro, al que llama tontodelculo porque él es multimillonario y el tipo ese subido a la escalera un muerto de hambre. Y esas vestimentas, que parece que los jugadores sean modelos de pasarela. Y si es las mujeres, no digamos. Y esos gritos, que no sabe uno si es que a alguna la están matando o follando. En fin, que esto del tenis ha perdido muchos enteros desde que se fueron mis años mozos.

Si ya, en muchos partidos, ni juegan. Pumba, servicio que va y tanto que te crió a 200 por hora. Pumba, otro punto sin rascar bola. Si eso es tenis que vengan Santana y Newcombe, y Rod Laver y tantos mágicos jugadores y que lo vean. Lo de ahora es tirar pedradas o zurriagazos. ¡Si algunos niñatos de la raqueta no saben hacer ni una dejada! Eso sí, gestitos, aspavientos… toda la gama. Y tanta tecnificación, que los tíos y tías parecen robots, que se tiran más horas en el avión que en las pistas, que hasta algunos se aplican terapia de ondas para reducir errores técnicos. Y lo del doping, ¿qué? Si es que antes a lo más que se atrevían era a beberse una cerveza antes del partido y ahora no salen de la creatina cuando entran en la efedrina.

En fin, chaval, que ya estoy viejo para estas cosas tan modernas. Que he visto tan buen tenis en mi larga vida que lo de ahora (salvo algún que otro partidillo) me aburre. Que prefiero verlo a ratos por la tele antes que aguantar en directo a miles y miles de gritones, incluidos los que juegan. Compréndeme chaval, soy de otros tiempos y de otra historia. Ya estoy demasiado viejo para comprender ciertas cosas. Cualquier día me llega la bola de partido y me voy a hacer puñetas por 6-0, 6-0 y 6-0. Pero, mejorando lo presente, que me quiten lo bailao, jolín.

26 de enero de 2005

FUTBOLISTAS A LA ESCUELA

De todos los deportistas, generalizando y caricaturizando, los que le dan patadas al balón y tienen prohibido cogerlo con las manos (excepto el portero), son los más torpes con el micro en la boca. No sé porqué extrañas razones, a todas horas tienen un micrófono delante de la mandíbula para que expresen su visión de la vida, sus sentimientos y emociones. Más las pocas cosas que salen de su boquita de piñón, aparte algún que otro salivazo (que no se muestra en pantalla porque el horario de difusión es la hora de la comida y causaría mal efecto en el televidente), son simplezas y leladas que ya firmaría un niño de cinco años. ¿Cómo es posible que estos genios de los pies –aunque frecuentemente no rascan ni bola- tengan una parte corporal superior tan poco desarrollada? ¿Será cosa de tantos golpes como sufren sus cabezas con el dichoso balón?

Oye uno a un deportista cualquiera y aseguro que sin conocerlo de nada, en dos segundos adivino cual se dedica al arte del fútboleo: el que peor habla, el que dice más bobadas, el que parece que acaba de salir de un estado catatónico o amnésico. Y digo yo que esto debería tener algo de arreglo, ¿no? Con lo que ganan de dinerín estos tipos es para exigirles que la elegancia en el pase al círculo central venga correspondida con un saber estar y decir ante un micro. Y si no, que no se los enchufen a todas horas, pardiez. Claro que hay una solución salomónica. No sé como los clubs más señeros no les ponen varios profesores tres o cuatro días a la semana para que aprendan algo de dicción, gramática, vocabulario, un poco de cultura general y una pizca de oratoria y dialéctica.

Los futbolistas son escaparate público en los partidos y fuera de ellos y millones de personas, bastantes de ellas chavales, beben en sus carnes. Son, en cierta manera, espejos públicos en los que se miran y a los que imitan muchísimos prójimos. Y cuanto más bello y menos palurdo sea el espejo, más fácil será que sus imitadores alcancen mayores niveles de calidad para así poder lograr el certificado AENOR. Lo único que sé es que cada vez veo por la calle más gente, de todas las edades, que va escupiendo al suelo con total indiferencia a la estética y a la limpieza. Un ejemplo reflejo de las costumbres de sus héroes peloteros favoritos, que siempre están en el partido salivazo va, salivazo viene, aunque sean conscientes de que los están viendo millones de personas.

Así que menos escupitajos y menos “é un partío mú difisil pero tó pué pasá pué el furgo é así”. Florentino, da ejemplo y pon a trabajar en la escuela a tus galácticos muchachos. Como aquí todo se imita, otros te seguirán y quién sabe si en un futuro cercano todo lo que no ha conseguido la Logse lo alcanza el niño Torres, el patachula del Raúl o el perla del Ronaldiño.

24 de enero de 2005

PERIODISTAS FOROFOS

Hubo un tiempo, en la prehistoria de la radio y la televisión, en que los locutores deportivos que radiaban los encuentros o los comentaban procuraban ser lo más objetivos posibles, de manera que nadie notase sus simpatías por éste u otro equipo. ¿Alguien puede decir de qué equipo era Matías Prats? Pero todo eso se perdió y ahora no tienen el más leve escrúpulo en mostrar su predilección por unos colores determinados, convirtiendo sus opiniones y reseñas en puro chauvinismo y forofismo. Así que para dejarlos en el más absoluto de los ridículos aquí va una ligerísima parodia de estos periodistas tan poco equilibrados.

-¡Salta al campo nuestro gran equipazo! ¡A continuación se ve que llega el equipo forasterucho!

-Alfonsón, nuestro delanterón centrón, coge la pelota, se la envaina, corre que se las pela, da un gran pase a Pepón, el galáctico, y éste envía un maravilloso disparo… a la tribuna, aunque pasó rozando la portería enemiga.

-El equipucho contrario contrataca. Es un ataque sin importancia, fruto de la mala suerte de nuestro genial medio campo. El delanterillo centro visitante se lleva a trancas y barrancas la pelotita, regatea a varios de nuestros grandísimos defensas y dispara con su piernecita izquierda un tirote que… entra en nuestra portería rozando el poste de puro milagro. ¡Bah!, ha sido un golucho de poca monta.

-Ataca de nuevo el portento de nuestro equipón. La lleva Juanón, pasa a Tintón, este resbala pero tiene la culpa el jugadorcito rival que no le sujetó a tiempo. El arbitrucho, que está compinchado con el equipito rival, pita falta a favor de los nuestros. La saca Juanón y pega un zurdazo que sale…por la línea del corner. ¡Mala suerte ha tenido nuestro crack!

-Coge un rebote el delanterín centrucho del equipo oponente, cuyo nombre desconocemos, se cruza todo el campo regateando a nuestros jugadorazos, se planta delante de nuestro sideral guardameta, también le regatea…. y mete un golito sin importancia. Yo creo que ha sido penalti del jugador rival.

-Y ahora corre como una liebre nuestro extremazo izquierdón, empuja al defensa pero el árbitro no pita nada porque está distraído mirando un caracol que se pasea también por la banda. Sigue Juanón, pasa a Macarrón, ¡este dispara a puerta, la pelota da en el culo de un rival, gira en un radio de 89 grados centígrados y Alfonsón la mete con la mano en la portería rival! ¡¡¡GOOOOOOOOOL!!! ¡Señores, qué golazo, genial de ejecución, de inteligencia y de intuición futbolera!

-Acaba el partidazo jugado por nuestro estratosférico equipo contra el equipillo rival con el resultado de dos goluchos de éste por un gran golazo de nuestro soberbio equipo. Ha habido mala suerte con el resultado porque nuestros muchachotes se han batido el cobre como unos soberbios gladiadores frente a unos oponentes flacuchos y desgarbados que han metido dos goles porque se les aparecieron todos los santos juntos. ¡Así cualquiera!

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).