28 de febrero de 2010

COMENTA... QUE ALGO QUEDA (2 DE 2)


Donde el Puñetas se cachondea abiertamente de la “internacionalización” de las Grandes Vueltas Ciclistas dando sabrosas ideas sobre la nuestra.

"Si es por dar ideas, yo las doy: Si el Tour de la Francé y el Giro de la Italié optan por abarcar etapas europeas, la Vuelta Ciclista a España tiene una alternativa aún mejor:

1ª) Convertirse en la vuelta ciclista a las autonomías. Cada Comunidad autónoma confeccionaría la etapa que mejor le favoreciera a sus intereses (muestreo de su gastronomía, peculiaridades lingüísticas, acervo cultural, costumbres y tradiciones…).

2ª) Para completar el gallinero (perdón, el Girotour a la Españé), podría haber también unas cuantas etapas internacionales: una contrarreloj en Gibraltar (con descuento del 20 % en todas las compras de recuerdos y souvenirs); una etapa de montaña en Andorra (con regalo de una entrada para la estación de esquí más cercana); dos etapas por Ceuta y Melilla, pasando la frontera hacia Marruecos, donde nuestros ciclistas disputarían varias etapas, estrechando de paso nuestros lazos culturales y geoestratégicos con el bendito pueblo marroquí, aún con el riesgo de que al volver a la Españé trajeran escondidos en el tubular a unos cuantos inmigrantes. Es aquí donde se podrían celebrar esas etapas llanas que comentas, plenas de emoción y sabor a épica y a polvo (del camino, ojo, que los ciclistas en este tipo de carreras largas no tienen tiempo ni fuerzas para echar un kiki). Aunque me parece a mí que como sigan apretándoles las tuercas a los ciclistas, al final nos vamos a tener que conformar con la Vuelta Ciclista al Retiro. O al Santiago Bernabéu…" (28.04.2005).

Donde se enjuicia con el más alto cachondeo un estudio “científico” de la Universidad de Durham en Inglaterra que “demostraba” que, "especialmente en los deportes competitivos y de combate en los Juegos Olímpicos, el rojo parecía conferir una ventaja a los individuos que lo usan”. Todavía me duran las risas…

"Yo también realizo de vez en cuando mis propias investigaciones. Caserillas, pero investigaciones al fin y al cabo. Y he llegado a la conclusión (no es científica, pero es que lo único científico que hay en esta vida es la muerte) de que el 90 % de las investigaciones que se pretenden de científicas tienen de esto lo que yo de cura. Una segunda conclusión más avanzada es que el 99 % de las investigaciones churriguerescas que se realizan en nombre de la ciencia dan como resultado lo que quienes las pagan pretendían demostrar. Y una tercera conclusión científica obtenida tras mis propias investigaciones: cuanto más gilipollesco es el tema investigable, más probabilidades hay de que también lo sean sus investigadores. Dicho lo cual, la “investigación” que comentas me parece a mí que se encuadra perfectamente en el currículum de las mías: no tiene nada de científica, el resultado es una chorrada y sus autores corren el riesgo de pasar a los anales de la ciencia como unos auténticos gilipuertas.

Hablando en serio, pa mí que quien está detrás de estas cosas es alguna marca de bitter, para endilgarnos dentro de unos meses algún anuncio publicitario que hable sobre el rojo de la emoción, el rojo de la victoria y el color rojo del bitter Perengano. Y si no, al tiempo". (19.05.2005)

Donde se dicen unas cosas sensatas pero que resultan insensatísimas para los gobiernos y gobiernillos de turno.

"A mí me parece que (como casi en todos los órdenes de la vida) el tema es de prioridades. Si el dinero no da para todo y son muchas las necesidades a atender, me parece “económicamente indecente” que se subvencione a los equipos de futbol profesionales (la inmensa mayoría  son sociedades anónimas) mientras que la educación infantil no es obligatoria todavía, los empastes no los cubre la seguridad social, las pensiones siguen siendo ridículas y otras menudencias que sólo hacen llorar. Sí, de acuerdo que ya hay familias que dedican más dinero al ocio y el cachondeo (incluido ese monstruo de televisor de plasma que vale un güevo) que a la comida (para comer, cualquier cosa….) o a la cultura. Pero soy de los que piensa que primero hay que atender a la salud y a las necesidades primarias antes de tirar los impuestos en subvencionar acontecimientos que perfectamente podrían pasar sin ellos. Y si tenemos el equipo en regional, pues no pasa ná. Que yo sepa, nadie se ha muerto de ello". (14.06.2005)

Donde dábamos las gracias porque Madrid no fuese elegida ciudad olímpica. Luego intentaría repetir la jugada con igual suerte. Los hay que no aprenden…

"Organizar un embolao como los Juegos olímpicos de la actualidad yo creo que siempre saldrá deficitario. Pero aquí es como en tantas cosas de la vida: a muchos les encanta disfrutar del presente un ratito aunque luego se hipotequen para un ratazo. En España tenemos ejemplos muy claros, con instalaciones fabricadas especialmente para unos campeonatos y que después quedan semiutilizadas o abandonadas, con instalaciones provisionales o portátiles que resultan carísimas o a menudo con grandes festejos que dejan un caudal de deudas enorme y casi para nada. Aquella Expo sevillana es un ejemplo de manual. Tengo mis dudas que los juegos de Barcelona fuesen un éxito económico pues se invirtió en ellos y en infraestructuras muchísimo dinero y de los resultados que nos dieron los políticos y los economistas me fío menos que de Jack el Destripador. Los unos porque sólo viven ese presente de gloria que les da fotos, votos y pasta y los otros porque vienen engañando desde que se inventó su profesión. De modo que gracias por no haber sido elegida Madrid para sede olímpica porque nunca sabremos la de pasta gansa que nos habremos ahorrado". (12.10.2005)

24 de febrero de 2010

COMENTA... QUE ALGO QUEDA (1 DE 2)


Soy poco amigo de escribir comentarios en bitácoras ajenas. Primero por pudor pues mis opiniones son bastante heterodoxas y quizás molesten o no hagan gracia en la casa del vecino. Segundo, porque sólo si tengo algo que decir, lo digo. Y tercero, porque viendo lo mal hablado y poco respetuoso que anda el personal (sobre todo en el ámbito politiquero, que en el deporte todavía nos salvamos), dan pocas ganas de mezclarse con los que escasean de educación y formas. Pero hay una excepción: "El Espectador" (antes "Aguja de Bitácora"). Allí comento habitualmente y no me cuesta esfuerzo alguno. El mérito no es mío, claro, sino de su autor, que con su bisturí bien afilado sabe tratar cualquier tema hasta diseccionarlo y abrirlo en canal. Luego uno estará más o menos de acuerdo con la exposición, pero lo expuesto y razonado allí siempre invita a soltar unas palabritas, alguna acotación, cualquier idea. Hoy he releído algunos de mis comentarios primeros (allá por el 2005), transportándolos al hoy. Pese al transcurso de un lustro, todavía me siguen pareciendo la mar de actuales. 

Donde se criticaba el pésimo afán politiquero de hacer instalaciones deportivas suntuosas allí donde no había ni suficiente demanda ni gente para usarlas. Eran los tiempos de las vacas gordas, claro…

"Nada, nada, un palacio de congresos en cada pueblo y villorrio… para que jueguen los agüelos a las cartas y hagan croché las viejecitas. Una piscina olímpica en cada villa para que el turista despistado que llegue pueda darse un chapuzoncito reparador antes de proseguir viaje hacia la playa. Un palacio de deportes para que los chiquillos puedan jugar al pilla-pilla bajo techumbre. ¿Y eso quién lo paga? Pues los paletos de turno, quién si no. Una vez hechas las obras (y el 3 % o más en el bolsillo), si te he visto no me acuerdo. En el palacio de deportes no habrá luz por falta de presupuesto, en la piscina sólo tendrán agua las duchas (y fría) por ahorro ecológico-económico y en el palacete de congresos los abuelos tendrán que jugar al mus en el suelo por falta de mobiliario (Kioto, ya se sabe). Y es que, aunque pagan los paletos de turno, de donde poco hay, poco se puede sacar. Eso sí, algunos viven del cuento durante al menos cuatro años con tanto sacar punta a un lápiz con el que no saben hacer ni un maldito número." (16.03.2005)

Donde la Aguja se quejaba porque le habían robado una camiseta en un vestuario y donde el Puñetas le hacía ver que vivimos en un país donde abundan los chorizos de dos patas.

"Ya no hay lugares sagrados. Hasta en un cementerio te pueden robar la cartera. O un vivo… o un muerto. Si algo abunda en este país son los chorizos con dos patas: los autóctonos y los foráneos. Parece que el terreno invita al delinque. Y da igual que sea una camiseta, un osito de peluche o un pascuero. (En Málaga, por las navidades, el Ayuntamiento pone miles de pascueros para adornar las calles, y cada día debe reponer cientos de ellos porque los amigos de lo ajeno se los llevan a su casa. Ya me dirás para qué quieren una planta que, en cuando pasan los Reyes, ya se queda sin hojas). Sólo hay una cosa que el personal no roba ni aunque le pongas un cartelito atractivo diciendo: “Cógeme…”. Los libros. Deja libros por donde quieras, que los volverás a encontrar en el mismo lugar donde los abandonaste. ¡Y sin que nadie los haya abierto para simplemente echarles una ojeada al índice! (Y cuando digo libros, hablo de libros, no de la basura que hoy día publica cualquier meretriz famosilla, cualquier gilipuertas que canta o sale en la tele o las memorias del payaso de turno). Saludos y a ver si hay suertecilla y la camiseta no es de la talla del chorizo o de su jai." (08.03.2005)

(Han pasado algunos añitos pero el país sigue en sus trece: con mucho chorizo suelto y sin leer un puñetero libro).

Donde le sale a uno le vena carpetovetónica al comprobar que la masa (que no los ciudadanos, que a esos hay que tomarlos de uno en uno) sigue adorando a los ídolos de barro.

"Tienes más razón que cien mil santos. Veinticinco años de democracia, siglo XXI, tropecientos años de imperio, otros tantos de guerritas y cantinelas, pero todo sigue como siempre: un pueblo inculto que se va detrás del primer trono que pasa por la calle, de cualquier ignorante de sonrisa embaucadora, de cualquier farandulero o soplagaitas vestido de corto o de luces. Si no llega a ser por los romanos, los árabes, los griegos, los cartagineses y toda la enorme patulea de gente que nos visitó, colonizó y hasta conquistó, todavía estaríamos en la Edad de Piedra. Sí, ya sé que exagero un poco, pero a unos pocos nos revuelve el estómago que lo que importa verdaderamente a la masa, en vez de cosas como las que mencionas en tu lista, sea que a unos millonarios que no rascan bola les hayan eliminado de un torneucho deportivo. ¡Al pilón con ellos y a preocuparse de lo que verdaderamente nos afecta! Vamos, digo yo…"  (15.03.2005)

Donde nos sale el ramalazo ácrata que llevamos dentro, poniendo a parir el trapicheo politiqueril que se traen con el deporte.

"Cada vez que ha cambiado el partido en el gobierno en este país poliédrico y fantasmal, ha cambiado el Secretario de Estado para el Deporte. Ahora le toca el turno a uno del PSOE, este señor de nombre tan impronunciable. Sólo quiero dejar una pregunta en el aire: ¿hasta a las mismísimas aguas del deporte tiene que llegar la contaminación de la política de partido? ¿Es que no puede haber un remansillo de paz y de libertad donde no pongan sus sucias manos estos funcionarios de la política?" (26.04.2005)

(El tal Lissavetzky, aún sigue amarrado al sillón, que no sillín. ¡Qué tío!).

21 de febrero de 2010

MARCHANDO UNA DE ENLACES

 -¿Oy, dequé vas a hablá, Puñeta?

El Ardilla ha venido hoy a casa a hacerme compañía y, de paso, a comer paella. Los domingos, ya se sabe, paella. También "pa él" y "pa mí". El caso es que, tras meter en nuestro estómago los granos de arroz correspondientes, hicimos un repaso a la actualidad y no encontrábamos nada digno de figurar hoy en el Arco. Los Juegos Olímpicos de Invierno nos aburren. Escribir sobre la Liga nos aburre. Parir cualquier cosilla para llamar la atención o provocar al personal nos aburre. Llevamos unos días de lo más aburrido. ¿Y a qué se debe tantísimo aburrimiento? –preguntará con razón el sagaz lector. Pues a que en este Sur nos alimentamos de Sol y llevamos una larga temporada en que sólo vemos caer agua de las nubes. Por eso nos aburrimos. Porque no podemos salir a la calle, porque ya no tenemos dinero de tanto comprar paraguas, porque la vida es muy tristorra sin el señor rubio que luce habitualmente por estos pagos costasoleños.

-¿Y si vuscamo porla interné esa unos enlases deportibos questén guays?

¡Eureka! Algunas veces el Ardilla tiene ideas geniales y esta idea tan “original” nunca se me había ocurrido. Así que nos pusimos manos a la obra. Después de varias horas de interneteo conseguimos unos cuantos enlaces para llevarnos a la boca. Es lo máximo que ha dado hoy nuestro lluvioso aburrimiento.

* Para empezar a des-aburrirnos nos fuimos en busca de fotos graciosas Y encontramos esta página que tiene nada menos que 97 para escoger. Hay para todos los gustos, así que alguna le hará tilín, amigo lector. A nosotros, fue ésta:

* La historia de Uliana Semenova. Medía 2,13. Pesaba 115 kilos. Calzaba un 58 de pie. Jugadora de baloncesto por la URSS, destacó en las décadas de los 70 y 80.

* Sus maridos son aclamados o pitados por medio mundo. Son futbolistas famosos que hacen las delicias o provocan la envidia de los aficionados. Sin embargo, seguro que todos están de acuerdo en alabar su buen gusto a la hora de elegir sus parejas sentimentales. ¡Marchando unas fotillos de algunas de las mujeres de futbolistas más atractivas!

* Empezó Nadal con la moda de mordisquear las copichuelas ganadas en los torneos (todo a petición de los periodistas gráficos) pero se veía venir que algún torpe se dejaría un diente en el intento. Lean lo que aconteció el otro día al campeón alemán de 'luge' David Möller, allá en los Juegos Olímpicos de Vancouver. Tanto practicar un deporte extremo para acabar pifiándola en lo más sencillo…

* Pobres niños, tener unos padres tan desgraciaos. Y es que algunos tienen la sesera en la parte baja de la espalda. Hace unos días, en San Mames, se liaron a mamporros los desgraciaos de uno y otro signo (siempre suelen ser pocos pero arman mucho ruido) y en Gibraleón (Huelva), lo hicieron delante de sus propios hijos.

17 de febrero de 2010

ESA PALIZA DEL FURBO

A principios de febrero la Liga de Fúrbo Profesioná (LPF) y la Federasión Egpañola de Furbo (FEF) llegaron a un acuerdo para tener furbolín todos los días de la semana, sean laborables o festivos. Y televisado, naturalmente, porque lo que no sale por televisión ya se sabe que no existe o, si existe, no se enteran de él ni cuatro gatos, lo cual no da fama ni perras a quienes tanto las necesitan. De modo que ahora habrá fútbol también los lunes y los viernes. Los que viven sin vivir en ellos por culpa de dos días sin fútbol en directo ya pueden dormir y pagar tranquilos. (Ojito al dato: no sólo ocurre en España esto de la comunión diaria en la misa del fútbol. Al menos en alguna cosa ya no somos tan diferentes a los alemanes o ingleses.).

Esta paliza de futbolín debería empezar a ser estudiada ya por el Ministerio de Sanidad. ¿Creará drogadicción? ¿Puede provocar un incremento espectacular de la gripe A, del cretinismo, del colesterol? Urge que la ministra Trinidad Jiménez y sus 17 enanitos autonómicos se pongan las pilas y, cual si se tratara del cambio climático, del futuro coche eléctrico, del pacto zapateril de los Montes para salir de la crisis un par de horitas o del problemazo educativo (sólo estudian los tontos), se dediquen a examinar concienzudamente el tema éste de tanta paliza futbolera pues puede traer consecuencias irreparables para el terrícola hispano-adicto. Igual que hay quien se gasta todo en vino o en el bingo, seguro que ya hay drogodependientes económicos del fúrbo. Segurísimo, vaya, que no llegan a fin de mes por culpa de tanto abono, entrada y viaje para ver a sus idolazos de la pelotilla. Seguro que muchos divorcios tienen su origen en que él o ella (consiga usted la igualdad para perder ahora las tetas por Ronaldo) sólo prestan atención al As o Marca, al Plus y a la Sexta, perdiendo la vista y la sesera por culpa de las tropecientas mil letras e imágenes que nos sepultan diariamente hablando de la Nada. En fin, que si los que se encargan de velar por nuestra salud nacional se pusieran a currar en un serio estudio sobre las repercusiones que en el individuo y la sociedad tiene esta hartura de futboleo, a la vista de las previsibles conclusiones, más de uno se llevaba las manos a la cabeza y empezaba a posicionarse por su prohibición. Como con los toros. Porque malo es que un cornúpeta la espiche a manos de un tipo con estoque que encima te ha toreao antes, pero peor es que millones de cerebritos la palmen neuronalmente por culpa del seguimiento y tribulaciones de un maldito balón que ni siente ni consiente.

Sentada mi preocupación preocupada y preocupante sobre esta paliza del fúrbo, no quiero quedarme sólo en la superficie del asunto. Por muy bueno que sea un buen vino de rioja o el jamón ibérico, nadie discute que beber tintorro a todas horas o comer Jabugo muy a menudo no sólo es malo para el cuerpo y el bolsillo sino que, lo que es peor, causa hartazgo a largo plazo. Los señoritos que rigen y trapichean con el fútbol no parece que hayan caído en esta cuestión tan simple. Acabarán matando a su gallina de los huevos de oro, convirtiéndola en simple polluelo estéril. Llega un momento en que el vaso rebosa y todo se va a la merde. Claro que el futuro no les interesa a estos mastuercillos (ya estarán criando malvas), pero a los que pensamos que detrás de nosotros vendrán otros y que merecen recibir algo más que porquería, nos parece que habría que dosificar los placeres para que no se agoten por sobreexplotación, sean vino, jamoncillo o futbolete. Con la gravedad añadida para este último de que lleva degenerando desde hace años (aunque parecen siglos) por culpa de un estado constante de polémica, de melodrama (señor, señor, la que nos espera como el Lyon elimine al Irreal Madrí), de estupidez y de un arrastre de multitudes que todavía no hay psiquiatra que lo entienda.

-Oiga, no me insulte. Pierdo la picha por el fútbol pero aún estoy en mis cabales…
-Amigo, eso piensan todos los que se creen cuerdos.

Cuando yo era niño me gustaba ver el fútbol. Y me gustaba porque lo practicaba con la pandilla a la salida del colegio. En la adolescencia dejé de practicarlo cuando comprobé que era un deporte de chupones, donde casi todo el mundo iba a su avío. De joven descubrí que era una manera fácil y elegante de aprender geografía, de charlar en la barra de un bar con los amigos y de entretenerse en días en que sólo los privilegiados disponían de televisor. Luego empezó a llegar la desilusión tras comprobar que era utilizado por la dictadura agonizante como medio de idiotizar a las masas. Más tarde, ya en democracia, comprobé que tiene un poder ilimitado para el atontamiento (y por eso los gobernantes lo siguen usando para tales fines) y, sobre todo, para el negociejo fácil, en el que –encima- cientos de millones del erario público (aportados por los sufridos contribuyentes) se traspasan a las sociedades anónimas de los clubes con el visto bueno, pero ciego, de todo el mundo. De vuelta de todo, en ocasiones sin haber ido a ninguna parte, compruebo que me cuesta mucho trabajo sobrevivir a la burrez e idiocia que rodea al fútbol por doquier. Lo sigo en el plano informativo, claro, porque lo de irme a otro planeta a vivir todavía no es posible (aunque le estoy tirando los tejos a mi extraterrestre favorito, Jacinto RX), y aunque procuro evitar las quemaduras que produce el bombardeo que por tierra, mar y aire me llega nítido y perpetuo desde todos los medios informativos, confieso que no logro salir indemne. Ni aún metiéndome en un búnker. Menos mal que ya he creado mis propios anticuerpos (esta bitacorilla, por ejemplo), pero no es suficiente. Por eso, en vista de que ya no vamos a disponer ni siquiera de un día de descanso con el trapicheo de la FEF y la LFP, recurro urgentemente a la guapetona ministra de la cosa sanitaria (y a sus 17 enanitos autonómicos) para que haga algo y me salve, nos salve, les salve de la que se nos viene encima. Un horror, oyes.

Y ahora me disculpará porque hoy tengo pensado ver cuatro partidos en el Plus y no es cosa de que me los pierda por este libelo oral que me acaba de salir, señor psiquiatra, sentado aquí, en su diván. Tome sus 100 eurillos de la sesión y me voy a casa echando leches porque dentro de diez minutos empieza el primer partido. ¿Me pide un taxi, por favor?

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).