17 de enero de 2005

PARA VIEJOS



Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Las nuevas generaciones apenas suelen tener que ver con las anteriores. La tecnología lo invade todo. Incluso las escuelas ya no se parecen en nada a las de hace 30 años, excepto en que todavía pervive en muchas de ellas la tiza y la pizarra. Sólo hay algo inmutable, único, eterno: el fútbol.

Si quitamos todo el montaje escénico, económico y viajero del fútbol actual, veremos que el juego –como tal- apenas ha evolucionado desde que hace la tira de años a unos masoquistas ingleses se les ocurrió pegarse patadas jugando con un balón en vez de jugar a policías y ladrones.

Salvo por algunas pequeñas reglas (como las tres sustituciones) casi todo lo demás continúa tal como si no hubieran pasado los años. Sí, ya sé que hoy día los jugadores pegan las patadas a los rivales más certeramente y eficamente (véase la gracieta de Figo al maño César Jiménez en el último partido Real Madrid-Zaragoza: ocho meses de convalecencia). Sí, ya sé que hasta el autista más oculto del planeta sabe quien es Ronaldinho o Beckham. O que los grandes clubes del mundo mueven más millones que algunos países del segundo y tercer mundo. Pero si vamos a la esencia del fútbol y a sus reglas, la cosa sigue decimonónica.

Muchos partidos aburren hasta a las ovejas. A veces meter un gol es una proeza superior a volar hacia la Luna en barco. Los jugadores, por no saber, no se saben ni las reglas del juego que practican (como les ocurrió hace ocho días a los del Sevilla). Y los árbitros… Corramos un tupido velo. Ya no van de negro pero por muchos colorines que algunos se pongan, siguen fallando en sus apreciaciones más que una escopeta de chocolate.

¿Tan difícil es introducir normas que aviven el juego, que se traduzcan en más posibilidades de gol o en más goles? ¿Tan difícil, en estos tiempos de superabundancia tecnológica, es conseguir que los árbitros puedan ser ayudados a cometer menos errores? En una pista de baloncesto hay tres árbitros y un chorro de jueces. En un campo de fútbol, muchísimo más grande, sólo arbitra un señor, dos actúan de pasmarotes y veintidós jugadores van a ver quien engaña mejor al tío del pito. El pito. A estas alturas de la película y todavía siguen con el pito en la boca. Y el fuera de juego, que ni un águila real (y mira que tiene una vista impresionante) sería capaz de discernir en ocasiones. Y el penalti, una jugada decisiva que se señala de higo a brevas, según el balance testicular del árbitrillo o arbitrazo (el primero lo señala en contra, el segundo a favor).

En fin, que los espectadores de los partidos de fútbol deberían acudir a los estadios vestidos con trajes de época para hacer honor a la añosidad de un juego-deporte que ya ni es juego ni deporte sino simplemente una máquina de hacer y despilfarrar millones. Pero esa es otra historia que contaremos el próximo día.

14 de enero de 2005

MENOS PICO Y MÁS PALA

Hablaba en un comentario anterior sobre la manía de muchos deportistas y dirigentes de abrir la boca antes de tiempo o de hacerlo para emitir sonidos guturales más cercanos a la llamada de la selva que del campo de juego.

No comprendo como gente tan poco dotada para la gramática, la dialéctica y los juegos lingüísticos, está a todas horas largando delante de los micros y de los bolígrafos de los periodistas. Alá no la ha llamado para la oratoria y la concordancia entre sujeto-predicado sino para que trabajen, se entrenen y consigan éxitos históricos en los coliseos deportivos.

Pero no aprenden, la tentación es mucha y la vanidad infinita. La ventaja es que con sus frases deslumbrantes el espectador o aficionado algo crítico y con sentido del humor se puede divertir un rato largo, que es a lo que me dediqué un poco en las épocas navideñas, cuando estuve unos días tirado a la bartola. (Más o menos lo que hacen muchos de estos bocazas). Veamos algunos ejemplillos:

* Casillas, portero del Real Madrid: “Iremos a Cibeles a final de temporada”. Sí, ¿pero a celebrar un éxito deportivo o a refrescaros la cara en la fuente?
* Virginia Ruano, tenista, mejor deportista nacional femenina: “En la panadería del barrio, mi cara ni les suena”. Consuélate pensando que tampoco les suena la cara del Premio Nóbel de Medicina y es gente más importante y necesaria que tú.
* García Remón: “No me considero un entrenador de transición”. Lo dijo el 28 de diciembre. Dos días después era cesado como entrenador del Real Madrid.
* Luis Aragonés, seleccionador español de fútbol, criticado por sus manifestaciones racistas en un entrenamiento: “Lo único que hice fue motivar al gitano diciéndole que era mejor que el negro”. Luis no es racista. Eso lo sabemos todos. Pero, ¿quién fue el gracioso –o el subnormal- que hace muchos años le apodó “el Sabio de Hortaleza”?
* Enrique Cerezo, presidente del At. De Madrid, en relación a la venta del estadio Calderón: “El que diga que no hay transparencia, que vaya a Ulloa Ópticos”. O sea, donde él encarga sus gafas.
* Partido de baloncesto Caja San Fernando-Estudiantes: “Estudiantes le dio la vuelta al partido tras la expulsión de su entrenador, quien dijo a los árbitros: Yo me voy a casa, no aguanto más, me estáis buscando y esto es una vergüenza”. Lo que es una vergüenza es que sus jugadores jueguen mejor cuando él no está sentado en el banquillo.

Lo dicho: menos darle al pico y más currar con la pala.

12 de enero de 2005

EL CIRCO DEL DAKAR



El Rally Dakar 2005 (perdón, Barcelona-Dakar, que si no me matan los nacionalistas catalanes) está cubriéndose de gloria. O mejor dicho: de mierda.

No me gusta emplear palabras perfumadas pero después de dos muertos en los últimos días, del abandono de un considerable número de pilotos, del elevado número de accidentes y del casi inhumano cansancio que arrastran los supervivientes, los eufemismos sobran.

El Dakar es un circo. Estando en Barcelona en los días de su salida, pude comprobarlo in situ y en directo. El problema es que trasladar el circo a unos territorios tan inhóspitos como los africanos, donde los nativos se mueven entre la pobreza extrema y la mera subsistencia, lo convierte encima en una obscenidad insultante.

-¡Ya llega el circo! –piensa más de un africano, mascullando entre dientes. ¡Con fieras, locos cacharros y la mejor música del momento! ¡Broooooom, broooommm!

Ver a cientos de tíos disfrazados hasta las orejas y moviéndose a velocidades siderales por aquellos andurriales mientras les miran atónitos los escuálidos africanos, con sus desnudeces crónicas y su impasibilidad histórica, es un espectáculo que debería ser calificado XXX. Yo quisiera ver cómo dejan estos niñatos del Dakar (aunque más de uno ya peina canas) el paisaje desértico, las “calles” y “ciudades” por donde pasan volando. Dónde quedará tanta basura, tanta tonelada de petróleo despilfarrada y tanta cobertura altamente tecnológica. ¿Le puede extrañar a alguien que haya lugares donde los nativos en vez de aplaudir sus numeritos circenses-motorísticos, se dediquen a apedrear a todo el que pasa por allí?

En 27 años de prueba, ya lleva el Dakar casi cincuenta muertos. Que esa es otra. El personal motorizado pierde el culo y las tetas por participar en una prueba donde lleva un billete de lotería para irse al otro barrio, donde acaba hecho puré y donde –encima- tiene que pagar por participar en el invento. Esto ya supera el masoquismo.

Pues nada, majetes. A seguir dakareando hasta que la espicheis al bajar de una duna o al chocar contra una palmera. La idiocia no tiene límites ni fronteras, pero unida a la obscenidad eso sólo se da en un único evento deportivo: el rally Dakar. Perdón, este año, Barcelona-Dákar.

10 de enero de 2005

BOCAZAS

Llámase bocazas al que habla más de lo discreto, al que tiene la lengua muy larga para presumir pero muy corta para desdecirse. El bocazas como está más guapo es calladito y en la cama o delante del televisor, pero a muchos les encanta el deporte. Incluso lo practican.

El mundo de los deportistas está lleno de bocazas. Y el del fútbol se lleva la palma, la pierna y hasta la rabadilla del culo. Pongamos algunos recientes ejemplillos para ejemplificar el asunto.

Durante todas las Navidades hemos estado oyendo a infinidad de bocazas. Para Laporta, presidente del Barcelona, la Liga está chupada y la Champion merendada. Eso que el invento no ha hecho más que empezar. ¡Sólo le faltó decir que los culés también ganarán la UEFA y la Copa de América, pese a no jugarlas!

En la acera capitalista de enfrente, el Real Madrid, bastó que ganaran un minipartido aplazado de 6 minutos para olvidarse de cómo vienen arrastrándose por todas las competiciones desde que empezó el curso futbolístico. “Ganaremos todos los títulos” – manifestaron en el vestuario los jugadores. La cosa tiene mérito porque no habían probado ni una gota de alcohol.

Pero es en los grandes eventos cuando el personal pierde la boca y se desboca. Con ocasión del derbi At.Madrid-Real Madrid de ayer, los atléticos no quisieron ser menos y aprovechando que las teleles y arradios les pusieron tropecientos mil micros y cámaras en los hocicos, se hincharon… No a goles (al final perdieron por 0-3) sino de cantar machadas. Empezó la guasa el Pato Sosa, quien además de poner a caer de un burro a los cojitrancos galácticos realmadrileños, soltó perlas como estas: “Tenemos que ganar como sea”. “Saldré con el cuchillo entre los dientes”. ¿Este hombre es futbolista o carnicero? Después, cuando llegó el partido, estuvo más blandengue que un chicle y más ceporrón que un alcaparrón. Le siguió Salva, delantero centro: “Tengo mucha seguridad de que vamos a ganar el derbi”. Lo tuyo, machote, ni es meter goles ni adivinar el porvenir. Menos mal que sabes pilotar aviones, que si no menudo futuro te esperaría. El niño Torres (que cada vez tiene cara de abuelo resabiado) fue más comedido ahorrándose el sonrojo de después del partido, donde falló más que una escopeta de perdigones. Y para que todo el club estuviera representado en la bocacería insensata, su presidente –habitualmente comedido- presumió de victoria previsible pues “el Atletic es mejor y juega en casa, donde no nos gana nadie”. Si esta cereza, Sr. Cerezo, estaba pocha, no digamos la siguiente: “Lo mismo no pasamos ni apuros”. Aunque a tenor del partido, en que el Madrid disparó tres veces a puerta en los noventa minutos y marcó tres goles, ¡quizás no le faltase razón!

En fin, que mejor estarse calladito antes del partido no vaya a ser que luego llegue un Ronaldo y con la pata chula nos deje con el culo y la boca al aire. En boca cerrada no entran moscas, dice un sabio refrán. Algunos no la cierran ni aunque les metan tres goles en propio campo. Ferrando, entrenador del Atletico, en rueda de prensa tras el partido: “Esto pasa porque tienen 40 kilos más de presupuesto”. Tras esta bocanada de aire fresco, fuese y no hubo nada. Ni una triste risa, oyes.

Un consejo a tanto bocazas futbolero: Menos darle al pico y más a la pala.

  © Blogger template 'Greenery' by Ourblogtemplates.com 2008

¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).