12 de mayo de 2006

NO VEAS LA QUE NOS ESPERA TODAVÍA



Vaya por delante que el Puñetas se alegra de todos los éxitos del fútbol local, provincial, regional, nacional, español, europeo, continental, terrícola y hasta marciano o jupiterino. A tanto no llega su maldad, ni siquiera su frialdad de pingüino con las cosas del futbolín. Pero es que llevamos ya tres celebraciones exitosas en lo que va de curso –en realidad dos, porque lo del Español con la Copa no llegó a tanto, dado que al equipo periquín lo tratan en Cataluña como si fuera un paria apestado. Hace poco la celebración del Barça con su nueva Liga bajo el brazo fue apoteósica, contando las crónicas que más de un millón y medio de barcelonistas barceloneses se echaron a la calle para festejar el acontecimiento (a su lado, el clamor social del Estatut queda en florecilla silvestre o de pitiminí). A estas horas en que escribo, cuando ya han pasado más de dos días desde que el Sevilla ganó la copa de la UEFA, todavía habrá aficionados que anden por las calles de tan bella ciudad cantando el oé, oé, somos los mejores y esto no se pué aguantá…



¿Es preciso montar tamaños espectáculos de masas, abrir las puertas de la catedral de par en par, vitorear a los jugadores y directivos como héroes, retransmitir durante horas y horas todos los festejos, poner el micrófono delante a cualquiera que baile por la calle para que –ronco y algo bebido- nos dicte una lección de barcelonismo o sevillismo, como si lo más bueno que le haya pasado en la vida sea el haber colaborado con sus gritos en la consecución del título de este año de su amadísimo equipo? ¿No estaremos sacando las cosas de quicio, de madre y del más elemental sentido común?


Sigo con las preguntas, más que nada porque no tengo respuestas. ¿Es que el fútbol es lo más importante que nos pasa en la vida? ¿Qué exceso de sentimientos pasionales puede llevar a que miles y miles de personas se gasten un pastón y un enorme derroche físico para ir a ver jugar a su equipo del alma a tres mil kilómetros, pudiendo hacerlo gratis y tranquilísimamente en el sofá de su casa? ¿Realmente representan los equipos a sus ciudades o todo es una enorme comedura de coco? ¿Qué pintan tantos políticos –desde el Príncipe de España al último concejal de barrio- en una final europea de fútbol: están haciendo campaña real, electoral, fotográfica o también ellos pierden los sentidos ante asunto tan místico? ¿Por qué la televisión pública o la digital polanquera dedican decenas de cámaras y periodistas a un partido de fútbol, en su antes y su después, mientras que en asuntos mucho más serios y transcendentes para el país, suelen enviar medio reportero y un cuarto de cámara, emitiendo la noticia en diez segundos y entre un anuncio de yogur y otro de compresas femeninas?



Si lo del Barcelona ya fue la caraba, el éxito del Sevilla ha sido la repanocha. Sabemos que los sevillanos son en exceso narcisistas con su ciudad y todo lo que ésta representa (no hay ciudad en el mundo más cantada y más piropeada), pero –francamente- tanto hartazgo es demasié. “Esto es lo más importante que me ha sucedío en mi vida”. “Después de esto ya me puedo morir tranquilo” –ha dicho el siempre modesto presidente del Sevilla. “Es que no pué uno expresar con palabras lo que se siente”. “Llevo a mi Sevilla (se refiere al equipo, y supongo que a la ciudad) en mi corazón”. Se ve que para muchos el fútbol está adquiriendo carácter religioso (con su fe y su liturgia) cuando –por mucho que recemos a San Cucufato o a la Virgen de los Dólares-, sigue siendo un juego bastante profano y simplón. Pero en fin, allá cada cual con sus ideas y sus excesos…



Lo malo es que el éxtasis litúrgico-futbolero no ha hecho más que empezar. Dentro de unos días volveremos –ojo, afortunadamente- a celebrar la victoria del Barça en la Champion Li, y el ascenso de los equipos de Segunda División a Primera (tres nuevas ciudades se incorporarán a las celebraciones masivamente masivas). No nos queda ná que aguantar a los que nos tomamos los éxitos con la misma filosofía que los fracasos: tranquilidad, buenos alimentos y la vida sigue. Y no hablemos si ocurre un milagro y la selección española gana el Mundial de Alemania. ¿Declarará ZP una semana de fiesta plurinacional? Menos mal que en los fracasos, normalmente el personal suele portarse mucho más tranquilamente: la de psiquiátricos, valiums y vendajes que nos estamos ahorrando.


Bueno, pues ya está dicho. Tranqui, forofos y periodistas. Tranquilos. No saquemos las cosas de quicio que tampoco es para tanto. El fútbol es, simple y llanamente, una sencilla distracción y entretenimiento, no una feria de las vanidades. Si tratamos como héroes a unos jugadores peloteros, ¿cómo habría que tratar al inventor de la cama, al pescador que se juega la vida para que luego nos comamos unos salmonetes riquísimos, al albañil que pone yeso en la fachada con medio cuerpo en el vacío, al policía que desactiva una bomba, al inventor de la penicilina o al intelectual al que sólo conocen cuatro gatos y medio porque leer es muy pesado? No quiero ponerme borde, pero por mal camino vamos cuando a unos cuantos futbolistas (por cierto, la mayoría no de Barcelona o Sevilla, sino de medio mundo) los reverenciamos como héroes por haber ganado un título futbolero mientras que a muchos profesores y médicos (un suponé) los tratamos de villanos y les zurramos la badana. En fin, no veas la matraca que nos espera en los próximos días de éxitos y ascensos a Primera y a Segunda y a Tercera División.

9 de mayo de 2006

UN DEPORTE LLAMADO SEDENTARISMO



Ahora que estamos metidos en finales europeas en las que (dada la superioridad técnica de los equipos españoles finalistas sobre sus rivales) previsiblemente tengamos dos equipos campeones, con la consiguiente borrachera nacionalista y deportiva que suele acompañar a los triunfales fastos, es el momento más oportuno para hablar del auténtico deporte: ese que practican (o apenas practican) los españolitos de a pie, sea cual sea el cortijillo autonómico, nacional o peripatético en que residan. Un informe reciente del Ministerio de Sanidad –en el que se afirmaba con muy poco fundamento que los españolitos tenemos la mejor salud del continente europeo- señalaba que el 47 % de la población española es sedentaria, lo que nos sitúa como uno de los Estados europeos con más alta inactividad física. En estos días en que a Eindhoven y a París se van a desplazar miles y miles de nacionales amantes del “deporte”, es oportuno señalar que es estupendo que brindemos por nuestros equipos queridos, pero más bonito todavía sería el brindar por nosotros mismos, por nuestra salud y por nuestros huesos. (Encima, nos saldría más barato).


Hay que sudar la camiseta haciendo deporte, no viéndolo desde el estadio o la telecaca. Cuando veo a esos aficionados tripudos y encebollaos que critican e insultan a los jugadores de su equipo porque los resultados vienen mal dados, diciéndoles de todo menos bonicos (de vagos para arriba), sueño con que alguien los coja de la manga de la camisa y los ponga a dar una vuelta al campo. La inmensa mayoría (que a esas horas debería estar trabajando, ganándose el pan, en vez de perder el tiempo en un entrenamiento futbolero) no aguantarían ni 50 metros a medio trote. Mucho deporte de boquilla, de aplauso y pito, de salón y sillongol, pero de quemar calorías meneando el esqueleto, ná de ná. (Algunos, por no menear, no mueven ni el cerebro).



La cosa ya empieza por los pequeñajos, cada vez más apoltronados con las videos, los ordenadores y los Simpson. Sigue con una alimentación basada básicamente en productos procesados (bollería, dulces, embutidos….) que sólo invita a una mala y vacuna digestión y acaba con que seguimos manteniendo en Hispania la pésima costumbre de invertir el orden natural de las comidas: en vez de cenar como pobres y desayunar como ricos, lo hacemos al revés. Así que no valemos un duro a las 10 de la mañana y cuando almacenamos más energía resulta que ya estamos soñando con los angelitos y roncando. Si ascendemos en la cosa hormonal, ya por la adolescencia, veremos que muchos se mueven menos que el ojo de un tuerto. Menos mal que está el estirón óseo de la edad, que alarga y estiliza la desgarbada figura, aminorando la cada vez mayor tasa de mozalbetes gordos y gordas. Pese a ello, empieza a sobreabundar la gente rolliza, fruto de un estilo de vida y de alimentación que invita al suicidio.


Hay personalidades del mundo de las letras y la cultura que presumen de no haber hecho deporte en su vida. Lo raro es que muchísimos iletrados les imiten, sin haber leído ni una sola línea de semejantes seres (¿o debería decir “enseres”?. Dicen las estadísticas (y alguna habrá que creer) que el 98 % de los niños y jóvenes españoles presenta carencias nutricionales en minerales y vitaminas, excediéndose en cambio en grasas y sodio. Cuando sean mayores, les espera un futuro cardiovascular la mar de apañao. El deporte lo evitaría porque está comprobado que “los niños y adolescentes que practican al menos 30 minutos de deporte reducen un 30 % el riesgo nutricional, lo que refleja que la actividad física lleva a consumir más y mejores alimentos”. (Revista Consumer). O sea, que haces deporte, te pones cachas, comes mejor, tu salud mejora y ya sólo hace falta que te toque la lotería para alcanzar la dicha completa. Si la juventud va de capa caída (excepto aquella que abusa del deporte, gracias a la cual las estadísticas globales y medias nos hacen a la mayoría un poquito deportistas), los adultos, ni te cuento. Ahora que empieza la playa, sugiero un estudio de campo sobre el terreno, examinando el porte y la figura de la mayoría del personal. Y una pastilla euforizante para después del estudio, pues la depresión siempre acecha ante las decepciones y adversidades.


De modo que sería mejor que las administraciones, politiquillos y gente de mal vivir se aplicase al cuento de fomentar el deporte por el deporte (porque es salud, bienestar, ganas de vivir, buenos alimentos y templa gaitas) en vez de tirar el dinero o regalarlo a las telecacas para que retransmitan partidos opiáceos, de subvencionar a los clubes profesionales que deberían apañarse por sí mismos en su negocio o de construir instalaciones deportivas mastodónticas para un par de competiciones al año, mientras los chaveas las pasan canutas para encontrar un lugar público donde poder tirar a canasta o hacer gol. Mas no espero rectificación de tan torpe proceder. Algunos sólo rectifican cuando se equivocan y esta gentecilla nunca mete la pata ni el corvejón.

5 de mayo de 2006

UNA DE INVENTARIO



Está acabando el curso deportivo (Ligas, Champions y otras hierbas) y los acontecimientos se agolpan de tal manera que los aficionados andamos como estresados perdidos para no perdernos ningún acontecimiento importante. El Puñetas también se incluye en el invento pues aunque ve el asunto con la frialdad de un pingüino, siempre le resulta grato disfrutar del deporte de más alto nivel, aunque a veces el fiasco sea de campeonato. En un abrir y cerrar de ojos han pasado en unos días muchas cosas y otras que están por llegar. Hagamos un breve inventario.



* Pasó la finalísima de la Liga Europea de Baloncesto y los dos equipos “españoles” (un día comentaremos qué es eso de adjudicar nacionalidad a equipos multinacionales) no se comieron ni una rosca. Una decepción que no se merecen los aficionados de la canasta, tan entusiastas ellos, normalmente tan deportivos y casi siempre con la miel en los labios cuando llega la final de la cosa. Así llevamos varios años y los que te rondaré morena. Ni Barça ni Tau lograron pasar de las semifinales, después de hartarse de jugar bien durante toda la temporada. Exactamente lo contrario, aunque muy poco bombo se le dé al tema, es lo que ocurre con el Campeonato de Europa de Balonmano. No sólo llevamos varios añitos en que los equipos de acá le mojan la oreja a los de allá, si no que en ocasiones convierten la final en una fiesta hispana. Así ocurrió el año pasado y así ha vuelto a ocurrir en éste. El BM Ciudad Real ganó al Pórtland San Antonio, cuando el año pasado perdió en la final con el Barcelona. De manera discreta y casi como pidiendo perdón, el balonmano en España está situándose como el deporte colectivo con más éxitos en los cinco últimos años. Y encima, democratizándolos, pues son varios los equipos que se los reparten. A eso se le llama hacer bien las cosas, incluyendo en el paquete a la selección.


* Don Fernando, el Alonso, ya anda el primero en el campeonato del mundo de Fórmula I y aunque las va a pasar canutas con el Schumacher ferreril, nos entretiene cada domingo desde que empezó a darle al acelerador en esta nueva temporada, aunque algunos tengamos que apagar la voz de la telele para no oír a los pesados y empalagosos locu-pelotas de Telepingo. Junto al asturiano, el raquetero balear Nadal ya empieza a ganar torneos de nuevo, en espera del Roland Garros que es lo que verdaderamente le pone a cien. Si es que hay cosas que ya empiezan a ser costumbre, como la llegada de la primavera, las mentiras de los tropecientos mil gobiernos que nos acosan y la subida de la vivienda por encima del 20 % anual.


* Siguiendo este inventario (que es un momento de respiro antes de que en los próximos comentarios retornemos de nuevo al clásico “duro y a la mollera”) no pueden faltar los éxitos del Barcelona del señor “Sonrisas” y del Villarrreal del señor “Carapalo”. Ya todo el mundo (hasta mi abuela, que murió hace 30 años) sabe que en la Champion Li hemos hecho doble historieta, con equipo rico como el catalán y con equipo pobre como el castellonense. ¡Viva la concordia social! Incluso otro once autonómico se ha subido al carro del éxito europeo (el Sevilliya) y disputará la final de la UEFA dentro de unos días. Ya sólo falta que en el Mundial España no haga el ridículo para que cerremos el año con un notable y el ego por las nubes. Aunque para los dineros que el personal le pone a esto del futbolín, lo suyo sería el sobresaliente y todo rendimiento por debajo de esto debería ser considerado un sonoro fracaso. Pero bueno, me conformo con que el susodicho sepa digerir los éxitos, que no es poco viendo cómo algunos ni con ellos saben ocultar la barbarie. También el Barça ya es campeón de Liga y como es natural, todos sus aficionados están la mar de contentos proclamando eso tan original de “campeones, campeones”. Campeones serán los jugadores, porque los espectadores, socios y aficionados de cualquier equipo triunfador lo único que hacen es pagar las entradas, sentarse en las gradas a aplaudir o gritar o, en su defecto, ante el televisor con un cubata en la mano. Digamos las cosas tal como son, pese al delirio de grandeza que a algunos les entra por el exitazo de “su” equipo. E incluyamos entre ellos a los políticos de turno que –como siempre- se suman a las celebraciones con un morro superior al contenido en una piara de mil ejemplares.


* Y mientras que todo esto ocurre y se prepara la gran orgía futbolero mundialista, un informe reciente del Ministerio de Sanidad –en el que triunfalmente se afirmaba que los españolitos tenemos la mejor salud del continente europeo- señala que el 47 % de la población española es sedentaria, lo que nos sitúa como uno de los Estados europeos con más alta inactividad física. A ver cómo se come lo de la mejor salud, los éxitos deportivos del inventario, el campeones, campeones, oé, oá, y el estar tirados a la bartola en los ratos de ocio en vez de sudar la camiseta propia. Pero de eso nos vengaremos en el próximo comentario puñetero.

2 de mayo de 2006

DOS NAUFRAGIOS: EL TITANIC Y LA PATERA




Hoy tomo prestada la pluma del escritor malagueño Antonio Soler, autor de éxito y fino analista de la actualidad, que el domingo pasado publicó en el diario SUR un artículo titulado “Fútbol” en el que recoge algunas ideas ya expresadas modestamente por el Puñetas en algunos comentarios, aunque más bellamente puestas en negro sobre blanco, así como otras la mar de sugerentes: ese Málaga, descendido a Segunda División, comparado con una patera a la deriva, en contraste con el Real Madrid Titanic... De las dos ilustraciones, la primera se publicaba en el mismo diario y día por el genial Pachi mientras que la segunda es original del Puñetas. A disfrutar mientras se pueda, amigo deportista...


“TRATANTES de ganado fino. Pura fibra atlética, pieles de color caoba, mulatos. Los viejos esclavos animando el circo. Ronaldinho, tanta magia retransmitida por todos los satélites que flotan alrededor de nuestro planeta. Vikingos, sarracenos, legiones extranjeras. El fútbol es el mundo. Una vez vi un portento de inteligencia que se llamaba Cruyff, sus piernas trabajaban como el compás de un arquitecto. Su cabeza también era la cabeza de un arquitecto. Sólo que a su lado estaban los constructores, los dueños del suelo que pisamos. Ese púlpito que desde los circos romanos y las iglesias se ha trasladado al palco de los estadios. Un aire irrespirable de puros de medio metro y políticos en trance. Gobiernos en la sombra, ellos otorgan el pan o la desgracia cada domingo por la tarde.

Los telediarios se abren a veces con ellos, futbolistas y patrones de futbolistas, como si fueran un terremoto en África o un infarto en Wall Street. El Real Madrid es el Titanic, dice Antonio Banderas. Ese naufragio anda removiendo la economía de la capital, de media España. Hay alianzas, frentes comunes, apoyos financieros, estrategias para las elecciones de los saltimbanquis más poderosos en la historia del planeta. Opas y contraopas. Un presidente anciano que remontándose a la profundidad de la caverna se define como español, una cooperativa extranjera enterrada en dinero. Galácticos.

El Titanic. Sí. Y aquí, a orillas del Mediterráneo, como no podía ser de otro modo, tenemos una patera a la que un marengo aburrido le ha tatuado un escudito con barras azules y blancas al lado de una leyenda con seis letras. Málaga. El Málaga es una patera con gente desmayada y a punto de la hipotermia. Subsaharianos con el hambre que da no haber marcado un gol en medio año y mercaderes que cobran el pasaje como si fuese el billete de un crucero de lujo. Un presidente culé y un presunto entrenador llamado Hierro que achaca su pésimo trabajo a las brujas, al complot de los poderosos, a los árbitros que se confabularon contra él. Seguirán en sus puestos. Roldán optimista -tal vez por la marcha del Barça- y Hierro haciendo honor a su apellido, dando cansinos golpes en la misma fragua. Una patera de saldo en la que cualquiera que destaque es rápidamente vendido al Celta de Vigo o a quien esté dispuesto a meter unos cuantos euros en la despensa del club. Hay que vivir. El aficionado puede estar en el infierno, pero el palco siempre estará en los aledaños del cielo. Los propietarios de las pateras viven en apacibles moradas de Tánger o Tetuán y no conocen el helor del agua. Un club de fútbol también tiene algo de buque pirata. Hay banderas de conveniencia, butrones en Hacienda que echarían a pique a cualquier otra empresa con la mitad de deudas, privilegios, estragos.
Y a veces incluso hay algo parecido al deporte”.

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¡Gracias por vuestra plantilla! (El Puñetas, agradecido).