Tras la derrota del martes ante el Manchester United, en can Barça y sus aledaños suena a rebato.
-¡Hay que cortar cabezas! ¡Sangre, sangre! ¡Esto no puede seguir así, sin un título que llevarnos a la boca!
El mismo frenesí que les entra cuando ganan (presumiendo en exceso) les sale cuando pierden (cosa más habitual que la victoria). Y no será porque no sepan de sobra que no se puede ganar siempre. Que por mucho poderío económico que se tenga y mucho más que un club que se sea, lo cierto es que sólo en Europa hay una docena de equipos con el mismo potencial que el culé y que, por tanto, dado que sólo uno puede ganar la Champion, el resto se va a quedar cada temporada con un palmo de narices. Y si echamos el ojo a lo doméstico, comprobaremos que –afortunadamente- en España hay unos cuantos equipos capaces de dar la sorpresa cada temporada y hacer que Barça y Madrid se queden sin ese título liguero que pretenden tener en propiedad. (Porque son unos clubes ricachones se creen con derecho obligatorio a pernada y a título).
Pues no, amiguitos y amiguitas. Digámoslo clarito como el agua, ya que hoy estamos escribiendo a la pata la llana: ni el mejor club del mundo puede garantizar un título futbolero al año pues son muchos los llamados y poquísimos los elegidos. Decir que la plantilla barçera de este año era superguayestupendísima es minusvalorar a las plantillas de los rivales, que tampoco son moco de pavo. Así que ahora te gana el Madrid o el Villarreal, mañana el Valencia y pasado mañana esos hijos del Gran Ferguson. Entonces, los descerebrados de siempre, un montón de montones, saltan como buitres pidiendo dimisiones, ceses y algún día hasta ahorcamientos. Pero no, amiguitos y amiguitas. El club barcelonino ha realizado una temporada brillante. Sí, sí, brillante Quedarse semifinalista de la Champion, de la Copa y segundo o tercero de la Liga demuestra que las cosas se han hecho bien (dentro de lo que cabe). Claro, cabía la opción de haber ganado un título al menos pero ya deberían saber estos descerebrados tan exigentes con el club laportiano y tan poco exigentes consigo mismos que ganar un titulillo cuesta horrores, que también es cosa de suerte y que de tres posibilidades que hay al año, lo más normal es que se pierdan las tres, quedándose con la miel en los labios. Los títulos suelen ganarse de higos a brevas. ¿Cuántas Champions, por ejemplo, ha obtenido hasta ahora el dichoso Manchester? Una miseria (2), y eso que es uno de los grandes de Europa. Incluso el Real Madrid, el mayor dueño de esta copichuela, apenas llega a la decena cuando ya se llevan disputadas más de 50 ediciones. Quitemos sus cinco primeras, cuando el tinglado empezaba y las oportunidades de ganar eran mayores, y ya verán en qué ridículo número queda la famosa “gloria” del club merengón.
Lo importante en un club de tamaño considerable como el Barcelona es estar siempre en los primeros puestos y llegar a las últimas eliminatorias. Mientras que eso ocurra y de vez en cuando caiga un titulín, los objetivos deberían darse por conseguidos. Nadie, en su sano juicio, puede aspirar a más. Nadie salvo esos miles y miles de descerebrados ansiosos (aquí incluimos a muchas directivas y algunos jugadores) que se creen que ellos son más guapos que nadie y que el resto de los rivales sólo tienen una misión histórica: actuar de comparsas mientras ellos se beben el néctar del triunfo.
Un poquito de cerebrín y de sentido común no vendría mal tras la derrota última del Barça. Ya dimos el mismo consejo en aquellos años en que los “galácticos” del Madrid no ganaban tampoco nada, aunque siempre se quedaban en las puertas. Es lo que seguiremos diciendo siempre, les pese a quienes les pese. Lo único que hay garantizado, en el fútbol como en todo, es la derrota. Lo demás, incluidas las victorias, son cuentos y sueños. Confundirlos con la cruda realidad demuestra que su poseedor tiene un caletre más hueco que un tonel de vino vacío.