¿PARA CUÁNDO MÁS ESTATUAS?
El bueno de Iniesta manifestaba a principios de agosto su pesadumbre por la marcha de Etoo del Barcelona al Inter. El jugador camerunés tuvo que coger al final la maletita, pese a que todavía tenía contrato, para irse al país de la pizza y los macarrones. Algo normal en el mundo del fútbol donde si cumples un contrato a rajatabla (seas directivo o jugador) es que te has vuelto majareta.
(Punto y aparte. Esta semana la FIFA sancionaba al Chelsea por el “irregular” fichaje del francés Kakuta, al que más de uno llamará Kakita en cuanto juegue mal un par de partidos. Los fifosos acusan al club inglés de incentivar al jugador francés para que rompiese el contrato con su anterior equipo, el cual le demandó por incumplimiento y luego presentó la denuncia pertinente. Los tipos del Chelsea se han quedado como marmomillos (de piedra), pues esa práctica es tan habitual que está incluida en los libros de estilo de los clubes más prestigiosos del planeta. Se ve que a los fifosos les pilló con la gripe A en plena efervescencia y han roto aguas y sanción con el Chelsea, sin darse cuenta –bueno, les da igual- que si se aplica el cuento a los fichajes más rimbombantes no habría equipo sin su correspondiente sanción. En fin, estos tarambanas de la FIFA deben desconocer que, por ejemplo, a Etoo lo largó Laporta al Inter haciendo trizas el contrato existente y contra la voluntad del jugador, aunque finalmente todo se hizo “de mutuo acuerdo y consenso” por ambas partes, que es lo que suele decirse hipócritamente en estos casos, aunque todos intuimos que por en medio siempre suele haber coacciones, el no sabes quién soy yo o el te vas a enterar. Fin del punto y aparte).
Decía que don Andrés, ante los hechos consumados de la marcha de Etoo de Can Barça, en una entrevista a la Vanguardia manifestaba su pesar de la siguiente manera: “A Samuel hay que recordarlo como lo que ha sido. La historia dice que como delantero hay muy pocos como él desde que el club es club. (…) El Barça tendría que hacerle una estatua. Samuel ha sido fundamental en los años que ha estado y en los títulos que se han conseguido”.
¡Hacer una estatua a un futbolista! Quizás Iniesta empleó la frase en sentido figurado, pero el Puñetas considera que debería aplicarse literalmente. Si los estadios de fútbol y de algunos otros deportes son hoy auténticos santuarios (en junio del 2008 los tildé de “modernas catedrales”); si los deportistas más famosos son los más guapos, ricos y envidiados; si sus gestas son desplegadas al viento de las ondas mediáticas a todas horas, relatadas y vividas cual si fuesen seres de otro planeta o genios de la humanidad; y si el personal se desvive por ellos, los acosa, los endiosa e imita en la medida de lo posible –el corte de pelo, el tatuaje, la marca de las zapatillas…-, no me diga –lector que lees con amor y recochineo- que no tiene perfecta lógica que la expresión de Iniesta se haga realidad no sólo para Etoo si no para cualquier deportista afamado, galáctico y megatodo.
Si antes lo que se llevaba era poner en las plazas públicas, museos y parques las estatuas de músicos, poetas, reyes, militares o intelectuales, la nueva modernidad chiripitifláutica que nos adorna y adormece en el sueño de los idiotas, debería empezar ya por elevar al bronce las emblemáticas figuras de los mejores deportistas del planeta, país y localidad. En la actualidad ya existen algunas estatuas a futbolistas ilustres: Maradona, Eusebio, Pelé…, pero lo que proponemos es su extensión y generalización. ¡Estatuas, muchas estatuas! ¡Empecemos por llenar de ellas el interior de los estadios, gradas incluidas! Luego podrían ir situándose en el exterior, en todo tipo de plazas y parques públicos. El siguiente paso sería introducirlas en los museos. ¡Hasta es posible que la de algún pelotero superilustrísimo acabase presidiendo la entrada de un Parlamento nacional!
Lo malo es que (volviendo a aquel “punto y aparte” del segundo párrafo), una gran mayoría de deportistas (especialmente los de equipo, como los futbolistas) duran muy poco en los clubes porque los contratos son saltados a la torera, porque son culillo de mal asiento, porque no son fieles a unos colores y porque su olfato de linces les lleva siempre al lugar donde más pasta (no, pizzas y macarrones, no: parné) pueden ganar. Eso impide una sintonía completa con la afición, los clubes y las ciudades y lógicamente disminuye el número de posibles candidatos a ser elevados a la categoría de “estatua”. Por eso mismo, a pesar de lo que sugiera Iniesta, a Etoo no le harán una estatua. Aunque tampoco pasa nada si las usamos de “quita y pon”. Incluso podrían ir incluidas en el traspaso al nuevo club…







